26 sept. 2011

Lahidjan, cuna del té rojo


Desde Ramsar, un minibús nos lleva durante una hora y media hasta Lāhidjān, situada en la región de Gilan, al sur del mar Caspio y en la cara norte de las montañas Alborz.


Fuente: free-stock-illustration.com

El nombre de la ciudad está formado por dos palabras: Lah, que significa seda, y Jan, lugar donde se hace alguna cosa. Por lo tanto, el nombre se puede traducir como "lugar donde se obtiene la seda".

Pero en realidad se la conoce por ser la primera ciudad iraní en dónde hubo las primeras plantaciones de té. Y, actualmente, también hay grandes plantaciones de arroz.

La historia de la cultura del té en Irán empezó a finales del siglo XV, pero hubo muchos fracasos en el intento de su cultivo. Anteriormente el café era la bebida principal, sin embargo como los países productores estaban muy alejados era muy difícil la importación.

En 1899, el príncipe Mohammad Mirza conocido como "Kashef Al Saltaneh", nacido en Lahijan, fue quien importó té rojo de la India y empezó a cultivarlo en su ciudad natal.


Foto de Iran Review

Kashef, que fue el primer alcalde de Teherán y embajador de Irán en la India bajo el dominio británico, sabía que éstos no le permitirían conocer los secretos de la producción de té, ya que era su mejor negocio en la India.

Con un francés fluido, el príncipe se hizo pasar por un trabajador francés y empezó a trabajar en las plantaciones y en las fábricas para aprender a producir el té. En su mente, tenía el propósito de conseguir algunas muestras y llevarlas a Irán para cultivar. Y así lo hizo, llevando 3000 jóvenes árboles del norte de la India a su país.

En 1934 se construyó la primera fábrica moderna de tratamiento de esta preciada planta. Actualmente hay 107 fábricas y un total de 32.000 ha de granjas de té.


Camarero sirviendo 15 vasos de té con una mano

Lāhidjān es una ciudad con una estructura urbana iraniano-europea y su condición climática favorece para que sea un lugar turístico al norte de Irán.

En el centro mismo de la ciudad y en un lugar muy cutre, encontramos alojamiento.


Unos bonitos y cuidados jardines, representando lo más destacado de la región, nos acompañan hasta llegar al lago artificial, o piscina como lo llaman los lugareños.




Pasamos frente a varias tahonas abiertas a la calle, donde se ve cómo hacen el pan de esta zona; es sin levadura y parece una hoja de periódico grande y soso.


Nos gusta el ambiente de la ciudad. Las avenidas son amplias y con poco tráfico, los jardines y parterres están muy bien cuidados y destaca la amabilidad de sus habitantes.

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