22 jul. 2011

Pamukkale, Sultanhani, Aksaray


Regresamos a la carretera y enfilamos hacia el interior de Anatolia, dirección Dazkiri, concretamente hasta Pamukkale (literalmente, en turco, "Castillo de algodón"), declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1988.


Al sudoeste de Turquía, concretamente en el valle del río Menderes, en la provincia de Denizli, donde se disfruta de un clima templado la mayor parte del año, se encuentra Pamukkale, una zona natural que es al mismo tiempo una famosa atracción turística.

La antigua ciudad de Hierápolis se construyó en lo alto del ‘castillo’ blanco, que en total tiene 2700 m de longitud y 160 m de altura.

Los movimientos tectónicos que tuvieron lugar en la depresión de la falla de la cuenca del río Menderes no sólo causaron frecuentes terremotos sino que también ocasionaron la aparición de numerosas fuentes de aguas termales. Fueron esas aguas, con su alto contenido en minerales –creta, en particular- las que crearon Pamukkale.

Este fenómeno natural produce gruesas capas blancas de piedra caliza y travertino que bajan en forma de cascadas por la ladera de la montaña, lo que da la sensación de estar ante una catarata congelada en forma de medialuna.


Estas terrazas contienen una capa de agua poco profunda dispuestas en el tercio superior de la ladera formando escalones, que oscilan de 1 a 6 metros de altura, o estalactitas que sostienen y unen estas terrazas.

(Texto extraído de la Wikipedia)

Pues es tan y tan turística que me he llevado una de las más grandes decepciones de mi vida. Estuve aquí en 1989 y sólo estaban las "piscinas", con algunos bañistas y todo el conjunto sin urbanizar; hoy, frente a nosotros, hay una taquilla para "pasar por caja", seguida de un caminito que sube hasta la parte superior de las piscinas. Y en la parte inferior de estas pozas se ha construido un lago artificial, rodeado de césped y con unos patitos nadando en su interior.


Si tenemos en cuenta que este lugar ya era de uso habitual en tiempos romanos y helenísticos por sus propiedades terapéuticas, tanta "urbanización" superflua me deja enojada.

Al anochecer llegamos a Dazkiri y encontramos alojamiento en el hotel Ekim, muy recomendable tanto en el precio como en la ubicación.

Por la mañana temprano, seguimos el trayecto marcado disfrutando de los paisajes y pueblos que nos ofrece la Anatolia camino a la Capadocia: Dinar, Isparta, Egirdir a orillas del lago de su mismo nombre, Eğirdir Gölü.

Este lago tiene unos 480 Km2 y es el segundo -de agua dulce- en tamaño de Turquía. Cuenta con dos islas, conectadas a tierra firme por una larga calzada hasta la ciudad de Egirdir.

La carretera va siguiendo el contorno del lago, ofreciéndonos el bellísimo contraste entre campos verdes con florecillas amarillas y blancas, el azul intenso del agua y, al fondo, una cadena montañosa con cumbres nevadas con el volcán Barla, de casi 2.800 m.


Así, rodeados de este paisaje de ensueño llegamos a Gelendost, en el que comemos a pie de carretera.


Proseguimos la ruta, rodeando Konya, hasta Sultanhani adonde llegamos a las siete de la tarde.

Y qué mejor en esta ciudad -punto importante en la Ruta de la Seda- que alojarnos en una pensión llamada Kervansaray, desde donde se divisa el verdadero Kervansaray, motivo por el que hemos venido hasta aquí.

Este khan o posada, es uno de los más grandes de Turquía (4.866 metros cuadrados) y está considerado como uno de los khans mejor conservados del período selyúcida. Construido en el año 1229, de planta rectangular y amparado por altos muros, el Kervansaray servía de alojamiento y refugio a los caravaneros y sus animales, que llegaban de oriente con sus mercancías: sedas, perfumes, especias…


Las últimas luces del día nos dan unas bellísimas imágenes de este edificio, cerrado a estas horas y que visitaremos mañana, muy a primera hora, antes de que lleguen los autobuses con turistas provenientes de Konya.

A las ocho la mañana accedemos por el altísimo portalón -construido en mármol y decorado con los bellos ornamentos de la arquitectura musulmana- hasta el inmenso patio interior rodeado de un pórtico, en el que se encontraban los dormitorios, la cocina, los baños y, en el centro, una pequeña mezquita (todo el interior está en proceso de restauración).




Al fondo del patio hay una enorme sala compuesta de cinco naves, con techo abovedado, donde se guardaban los animales y carruajes con las mercancías. Y en un rincón estaban las cocinas.



Regresamos a la pensión donde nos espera el dueño, Mustapha, que, amablemente, nos acompañará a hacer una pequeña ruta.

En el cruce de las rutas que conectan el sur con el norte y el este con el oeste, y en una extensa meseta en las faldas del Hasan Dağı (Volcán Hasan) de 3.253 m., encontramos Aksaray, ciudad que ha sido testigo del florecimiento de civilizaciones, como la hitita y del establecimiento de otras como la romana, bizantina y otomana.


Aksaray fue un importante núcleo comercial en la Ruta de la Seda y es una de las ciudades más importantes de la región histórica de Capadocia.

En el centro de la ciudad se levanta el Minarete de Eğri, una de las obras más antiguas de período de los selyúcidas, construido entre 1221 y 1236 en ladrillo rojo. Es de cuerpo cilíndrico con adornos de azulejos en verde y azul -que han ido desprendiéndose con el paso del tiempo- y de base cúbica.


La particularidad de este minarete es su inclinación -no se sabe a ciencia cierta cuándo empezó a ladearse- y se le conoce como la Torre de Pisa de Turquía.

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