2 feb. 2011

Beirut: bombardeos israelíes del verano de 2006


Beirut es una de las ciudades más diversas de Oriente Medio, dividida entre las diferentes ramas cristianas y musulmanas. La ciudad fue destruida por intensos bombardeos durante la Guerra Civil del Líbano, que se desarrolló entre 1975 y 1990, y fue dividida entre Beirut occidental (musulmán) y oriental (cristiano).


Foto: Wikimedia.org

Durante el viaje que realizamos en marzo del 2007 por Jordania y Siria, decidimos ir hasta Beirut para ver cómo habían quedado las zonas bombardeadas por Israel -ocho meses antes- con toda clase de proyectiles, incluidas las prohibidas bombas de racimo. En el sur de la ciudad, de mayoría chií, es dónde más sufrieron las consecuencias de la guerra: allí se encuentra la Sede Nacional de Hezbollah y un gran número de simpatizantes y afiliados.

La Guerra del Líbano de 2006, conocida en Israel como Segunda Guerra de Líbano, fue un conflicto armado asimétrico entre las Fuerzas de Defensa de Israel y el brazo armado de la organización chiíta, Hezbollah. Dicho enfrentamiento comenzó el 12 de julio y finalizó el 14 de agosto al entrar en vigencia la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que estableció un alto al fuego a partir de las 05:00 horas de ese mismo día.

Origen del conflicto

El 12 de julio la organización Hezbollah (que se traduce como «Partido de Dios»), a través de su televisión Al-Manar, comunicó que había capturado a dos soldados israelíes, en el sur del Líbano, en un enfrentamiento que se habría producido contra fuerzas israelíes, que habrían penetrado en la ciudad fronteriza de Aitaa al-Chabb. En la misma acción habrían bombardeado varios poblados y asentamientos agrícolas israelíes, hiriendo a cinco civiles y atacado una patrulla israelí, resultando muertos ocho soldados israelíes mientras que otros dos fueron capturados.

Israel afirmó que el ataque se produjo en su territorio y que fue invadida y atacada por Hezbollah. El Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, responsabilizó al Gobierno del Líbano de la acción de Hezbollah, y aclaró que “los sucesos de esta mañana no se definen como un ataque terrorista, sino como el acto de un Estado soberano que atacó a Israel sin razón y sin provocación”.

El ejército israelí, en respuesta a las acciones de Hezbollah, inició la "Operación Recompensa Justa", su primera ofensiva militar aérea y marítima sobre territorio libanés desde la retirada total israelí en el año 2000, de acuerdo con los límites reconocidos por las Naciones Unidas. Esta operación conllevó el bombardeo de instalaciones de transportes, comunicaciones energéticas y militares, así como cuarteles de Hezbollah y zonas urbanas, provocando en 24 horas decenas de víctimas civiles, cuantiosos daños materiales y un bloqueo israelí de todo el Líbano por mar y aire.


En los 34 días de guerra el número de víctimas civiles de cada lado del conflicto merece ser tenido en cuenta: 1187 libaneses, un tercio de los cuales fueron niños menores de 13 años, y 44 israelíes. A estas cifras se les han de añadir, aproximadamente, un millón de libaneses desplazados y 300.000 israelíes.

Frente al hotel subimos a un taxi que nos deja en un determinado lugar, al sur de la ciudad. A pie nos adentramos al barrio chií Haret Hreik y apreciamos que los edificios y la gente son bastante diferentes del barrio donde nos hospedamos: un nivel de vida muy inferior y, sobretodo, el sentimiento de rabia e impotencia que se respira en el ambiente, más aún cuando miras la expresión de las caras de las personas.

De pronto nos encontramos un edificio medio derrumbado. Paramos a hacer fotos y continuamos nuestro caminar, pero conforme nos adentramos aparece otro y otro… Esto es un sinfín de enormes solares, rodeados por una valla de cemento, donde había habido edificios. Vemos también muchos otros calcinados. Fotografías del líder de Hezbollah adornan muros y comercios.

Después de ocho meses, las consecuencias de los bombardeos aún son muy evidentes. Personas encaramándose por los escombros, con el riesgo de desprendimientos, intentan desescombrar a base de pico y pala: no vemos ni una máquina. Nos da la sensación de que esto es un mundo aparte dentro de Beirut y, realmente, tanto políticamente como económicamente así es.


Hay enormes vallas de hierro que, en su momento, protegían el acceso a determinados conjuntos de edificios, que se mantienen en pie sin utilidad alguna. Hasta tal punto fue la virulencia de los bombardeos que algunas de estas vallas están retorcidas. Coches carbonizados o simplemente reventados. En sus calles continúan latentes los ecos del horror de quienes perecieron bajo las bombas.


Cuando hemos sacado unas tres fotos, dos individuos, uno de ellos algo alterado, nos abordan por detrás. Parece que pregunta si somos árabes y digo: -"la" ("no", en árabe). Y con gestos y, en mi "medio" árabe, le digo que somos españoles. Después supongo que dicen algo como "qué hacemos aquí". No nos entendemos. Mi compañero les dice -en inglés-, que estamos haciendo fotos sólo a los edificios, no a la gente. El hombre, todavía alterado, hace ademán de querer ver las fotos que hemos hecho. Le enseñamos la del último edificio. El segundo hombre apacigua al primero y nos dejan estar, pero con la consigna de "no fotos". Les digo que sí, "no fotos". Ha sido un momento de mucha tensión, más aún cuando somos los únicos occidentales que nos movemos en la zona, y no estamos muy seguros que les pueda dar por retenernos y vaya Dios a saber cómo podría acabar la cosa.

A partir de este momento vamos con sumo cuidado al hacer fotografías, a veces escondiéndome detrás de los coches o en algún edificio, preocupados por si nos ve alguien. Las miradas hacia nosotros son constantes. En algún momento hemos visto a un miliciano con una metralleta en mano y a otros con walkie-talkie. No hay ningún policía que nos pueda dar algo de tranquilidad; no obstante, seguimos.

Durante el recorrido por estas desoladas calles, una señora vestida de negro nos increpa enérgicamente, suponemos que por nuestra presencia aquí. Éste ha sido otro momento de tensión ya que no sabemos si puede ser motivo de que nos veamos rodeados.

Como la situación nos parece demasiado tensa, decidimos irnos. Subimos por una calle donde circulan muchos coches. Al llegar al final, vemos un hospital de 12 plantas. Nada en particular si no fuera porque unas instalaciones anexas al mismo están afectadas por las bombas. Las mismas bombas que tiraron abajo un edificio donde ahora hay un solar y que está sólo a unos 30 metros del hospital.


Lo que más nos ha impresionado ha sido la visión de un secador de pelo –todavía en el enchufe- colgando a través de los escombros de un balcón: creo que es ésta la imagen de todo lo que ha ocurrido aquí; lo demás son escombros y fachadas destrozadas.


Más información sobre el viaje a Beirut, aquí



6 comentarios:

  1. Merce, cuando leo algo sobre Líbano y la guerra con Hezbollah con los israelis de por medio se me pone la piel de gallina.Yo estuve hace bien poquito,el año pasado, la ciudad de Beirut estaba más tranquila, eso si, con mucha vigilancia militar y aun edificios medio derruidos que poco a poco van reconstruyendo como pueden.
    Una abraçada.

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  2. Sí, Merche, haces bien en decir "como pueden": sin maquinaria, que ayude a desescombrar, sin potección los trabajadores: ni casco, guantes, arneses... Pero es un país fuerte y saldrá de ésta!

    Una abraçada ben forta!

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  3. Me que quedado de piedra...
    Decir que sois Valientes es poco.
    Relatos como este, son los que me gustan leer en los blogs.
    Gracias Merce !!!
    Un abrazo enorme.

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  4. Gracias, Any, por tus palabras.

    La verdad es que en los viajes, cuando podíamos, hacíamos algo fuera de lo común para poder "empaparnos" de la esencia del lugar que visitábamos.

    Otro enorme abrazo para tí.

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  5. Hola Ma. Mercè,
    acabo de descobrir el teu blog i és impressionant la quantitat de viatges que has fet, m'imagino que deus tenir molt temps, perquè a més a més ho expliques amb tot detall. Felicitats. Precisament fa un any aprox. vaig està a Israel i Palestina i m'han vingut al cap moltes situacions viscudes. Sobretot pel que fa a això de les fotos m'ha fet pensar, tenim set d'imatges, volem immortalitzar tot el que veiem, però segons a quins llocs, almenys jo, no em sento còmoda i prefereixo no "disparar", potser per por de generar una situació desagradable als altres o perquè no és el moment adequat. La faig o no la faig? aquesta és la qüestió...
    Però si t'ho penses molt, ja ha passat el moment.

    Si vols fer un cop d'ull al meu bloc: http://tornaalborn.blogspot.com/

    Jana

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  6. Hola, Jana:

    Tens raó en què hi ha moments que no es pot inmortalitzar una imatge. Em va passar a la R.D. del Congo. Però hi ha moments que s'ha de fer perque quan expliques les vivències així les acompanyes d'imatges.

    Gràcies per passar per el blog. Miraré el teu, demà, amb calma.

    Salutacions.

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