1 dic. 2010

País dogón, tierra de magia y arena


Desde la población de Bandiagara un coche nos lleva hasta lo alto de la Falaise de Bandiagara, una pared vertical de unos 200 Km. de largo que divide el paisaje en dos de forma tajante -la meseta y la llanura- en la que en algunos puntos alcanza los 400 metros de altura.

Nos situamos en el mismo borde de la falla. Frente a nosotros, se extiende una inmensa llanura salpicada de inmensos baobabs donde el sol, sin estar en su cénit, azota con sus rayos todo lo que nos rodea.

Un irregular sendero nos conduce hasta Indelu. Las viviendas, de planta cuadrada, están levantadas con piedra y barro y cada una dispone de un granero circular o de planta cuadrangular, edificado en adobe con la techumbre de paja, para guardar trigo y mijo.


Visitamos una fragua, donde unos hombres están trabajando el metal para crear utensilios de caza. Hay un anciano, entre ellos, de blanca barba, tocado con el típico gorro de paño, de forma triangular. Me mira con sus bellísimos ojos penetrantes y le sonrío haciendo una leve inclinación de cabeza a modo de saludo. No puedo dejar de mirarlo. En su rostro está escrita la sabiduría de muchos años.


Seguimos paseando por este poblado de gentes amables y cariñosas, donde las mujeres -protegidas en la poca sombra que dan sus viviendas- muelen el cereal.

Una anciana gesticula para que entremos a su patio. Hace ademán para que me siente a su lado y me estrecha cálidamente la mano. Pasamos un rato juntas, sin hablar, pero me transmite una gran energía. La casa, más grande que las demás, está construida con barro. Es la casa del hogon, el personaje más importante de la sociedad dogón -máxima figura política y religiosa de la etnia dogón.


La distribución de las aldeas dogón es un universo único donde se mezclan magia y tradición. El edificio más importante de las aldeas dogón es la Toguna o Casa de la Palabra -lugar prohibido a las mujeres-, construcción sostenida por pilares de madera -a veces tallada con formas de animales-, que soporta un grueso tejado de paja de mijo, el cual aporta su simbolismo animista. En ella se reúnen los ancianos durante largas horas para tratar los problemas de la comunidad. El espacio interior es sorprendentemente bajo para impedir que, durante una discusión, nadie pueda levantarse para imponer físicamente su criterio.


Las casas son unifamiliares y se componen de habitaciones con el techo plano, distribuidas en torno a un pequeño patio donde se muele el mijo o el trigo, y se cocina. En el interior de las viviendas, un sistema de ventilación permite suavizar el calor del verano y el seco y polvoriento Harmattan. Las puertas y ventanas son de madera tallada con figuras humanas, animales u objetos cotidianos.

Alejado del núcleo de la población se encuentra la Topuna Gina, -la casa de las mujeres-, donde éstas viven los días que tienen la menstruación, pues son consideradas impuras. Como los dogón son polígamos siempre tienen alguna mujer con ellos; mientras tanto, a las mujeres que esos días están de reclusión les sirven de descanso, ya que sobre ellas recae la mayor parte del trabajo agrícola, además de cuidar de los hijos, ir por agua, moler los cereales...

La ruta hacia el próximo poblado, Benigmato, hace que tengamos que descender la falla por un terreno rocoso y resbaladizo. El jefe del poblado está en lo alto de una pequeña montaña rocosa, desde donde divisa todo el pueblo, protegido del ardiente sol en una oquedad de la misma roca.

Descendemos del mirador, después de hablar un buen rato y de aprender a jugar al awele, y entramos en su casa donde nos muestra orgulloso sus útiles de caza, así como pequeños animalillos disecados fruto de sus cacerías.


Entre los dogón hay animistas, cristianos y musulmanes que conviven en una muestra de respeto y tolerancia dignos de admirar. Los ciclos agrícolas también forman parte de sus creencias religiosas.

Algo más allá de su casa hay una pequeña iglesia construida enteramente en barro; hasta los bancos de su interior lo son.

Seguimos descendiendo la falla por una ruta de difícil acceso para mí, pues las piedras ruedan bajo mis pies. Unas mujeres se cruzan en el camino, descalzas y con pesados cestos en la cabeza. Caminan sin titubear. ¿Cuántas veces habrán hecho esta ruta?

Empieza a anochecer y llegamos a Kani, al pie de la falla, y nos alojamos en un campamento, no sin antes habernos sorprendido de las construcciones de los tellem, una etnia de pequeña talla (pigmeos) que habitó aquí hasta el siglo VII, y que vivían en pequeñas casas de barro colgando de la pared de la falla. Los dogón, al ocupar estas tierras, los echaron y tuvieron que irse a vivir a Camerún.


Unas colchonetas en una terraza serán nuestras camas para esta noche; por techo: las estrellas.

Nos levantamos al amanecer y, después de un copioso desayuno, continuamos nuestra marcha cruzando poblados, mercados y paisajes sorprendentes hasta llegar a un cruce de caminos donde, el mismo coche en el que nos trasladamos ayer, nos llevará de vuelta a Bandiagara.

Los dogón son un pueblo fascinante, que supo interpretar la cosmología del universo hace ya miles de años. Así lo descubrió en 1931 el antropólogo francés Marcel Griaule, quién dedico 25 años de su vida a descifrar los secretos de este enigmático pueblo. Partiendo del hallazgo de unas pinturas rupestres del siglo XV, Griaule se fascinó del enorme conocimiento que poseían del firmamento y que, aún hoy, escenifican cada 60 años en un fabuloso baile de máscaras llamado Sigui.


Más información sobre el viaje a Malí, aquí

4 comentarios:

  1. Encara que África no es el meu lloc somniat, el País Dogón es un dels llocs que sempre rondino per anar. Aquests colors de la terra em criden molt l'atenció i sobretot això que expliques sobre els seus coneixements en astrologia i la relació amb la estrella bessona Sirio B, descoberta pel món occidental fa unes decades.

    Gràcies per apropar-nos a un lloc tant llunyà.

    Un petó!!

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  2. LLuís, ja veus que una mica de màgia sí que té Àfrica. És qüestió de fer petites incursions i descobrirás un món inimaginable.

    Un petó i una abraçada!

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  3. òstres Merçè, què bonics i interessants són els teus relats! m'ha agradat això de la casa de la paraula, on el sostre és baix per evitar que ningú s'aixequi i imposi la seva opinió.
    I com es nota que Àfrica t'ha robat el cor!!!!
    un petonàs M.Merçè.

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  4. Núria, ja saps la meva debilitat per l'Àfrica: i és que cada país, regió o raconet té el seu encant.

    A la columna de la dreta estic escrivint experiències puntuals que he tingut en els meus viatges. Com he d'estar un temps en "dic sec", aniré publicant sensacions passades i així tornaré a reviure el viatge.

    Molts i molts petons, Núria!

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