15 may. 2010

Belén


Bayt Laḥm (Belén), está situada a tan sólo 10 Km. al sur de Jerusalén, enclavada en los Montes de Judea y administrada por la Autoridad Nacional Palestina. Según los Evangelios de Lucas y Mateo, identifican a Belén como el lugar donde nació Jesús de Nazaret. La mayoría de sus habitantes son cristianos, entre ellos un amigo mío al que llamaré hacia el mediodía para vernos.

La ciudad está habitada por una de las más antiguas comunidades cristianas en el mundo, aunque éstas se están reduciendo a causa de la emigración; el Gobierno de Israel la ha rodeado de una altísima muralla y pasos de control, y tienen a los habitantes encerrados en su propia ciudad. Hoy en día, Belén se encuentra aislada del resto de Cisjordania.



Así no llegaron María y José a Belén, pero así se entra hoy. Hay que esperar junto al muro: una impresionante pared de cemento, de más de ocho metros de altura, coronada por alambre de púas. Los soldados israelíes -armados con fusiles de asalto- examinan los documentos y registran los vehículos. Ningún civil israelí puede pasar. Sólo a unos pocos residentes de Belén se les permite ir hasta Jerusalén, provistos de un permiso especial.


Justo detrás del muro, encaramándose por los montes y las colinas de los alrededores, se encuentran las colonias judías que se expanden descontroladamente: un conjunto de viviendas construidas en piedra blanca. El gobierno israelí ofrece préstamos con facilidades a quienes buscan casa en los asentamientos de Cisjordania. Uno de los más grandes en el área de Belén se llama Har Homa. Sus flamantes edificios de apartamentos se levantan tan cerca de Belén que casi se pueden alcanzar con la mano.


En los alrededores de Belén se levantan barriadas de refugiados, donde aún viven las familias que fueron arrancadas de sus hogares cuando Israel se convirtió en un Estado; generación tras generación, atrapadas en un limbo apátrida.

Durante el trayecto hacia aquí iba recordando las casitas que, cuando era niña, decoraban el pesebre de casa, con la tímida esperanza de encontrar alguna de ellas; pero el muro, las alambradas y los asentamientos han hecho que volviera brutalmente al día de hoy.

Nos adentramos en el Centro histórico. Calles estrechas empedradas y casas construidas en piedra blanca nos llevan hasta la Plaza Manger, donde se encuentra la Basílica de la Natividad.


El aspecto exterior parece como si se tratara de una antigua fortaleza, construida así para protegerla de agresiones e invasores foráneos. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2012.


De acuerdo con los Evangelios, Jesús nació en un pesebre. De aquí se extrae que Jesús nació en un establo, y en la región en torno a Belén se usaban tradicionalmente grutas como establo. Desde el siglo II hay constancia escrita acerca de que Jesús nació en una gruta.

En el siglo IV, el Imperio Romano adopta el cristianismo como religión oficial y el emperador Constantino I el Grande, manda erigir un templo sobre la cueva donde -supuestamente- se había producido el nacimiento de Jesús. Posteriormente fue reconstruida al estilo bizantino y ampliada en la época de las cruzadas. El motivo fue añadir diferentes capillas y, hoy en día, los griegos ortodoxos, los armenios y los cristianos poseen derechos sobre la basílica y cada uno ejercita sus rezos en sus propias zonas.

La entrada a la basílica se llama Puerta de la Humildad. Desde la plaza se ve una pequeña puerta por la que hemos de agacharnos para entrar: tiene poco más de un metro de altura. El por qué viene de épocas medievales: así se evitaba que los soldados entraran con su caballo al interior de la iglesia.


La nave central tiene un largo de 54 metros y 26 de ancho y se halla flanqueada por 44 columnas rosadas de piedra caliza, distribuidas en cuatro filas. Está bajo la autoridad de los ortodoxos griegos.



Aunque en la actualidad se encuentra bastante deteriorada, en su día contó con mosaicos dorados que cubrían las paredes laterales; así como con un suelo de estilo romano, que fue cubierto posteriormente.


Junto al altar principal, una escalera de escalones irregulares y desgastados conduce hasta la Gruta de la Natividad, capilla de reducidas dimensiones. Debajo de un pequeño altar hay un hueco rodeado de una estrella de plata de 14 puntas, que señala el lugar exacto del nacimiento de Jesús. En la estrella hay una inscripción: Hic de Virgine Maria Jesus Christus natus est (Aquí nació Jesucristo de la Virgen María); las lámparas de aceite de plata, permanecen encendidas día y noche.



Esta basílica tiene una triste historia reciente. Entre el 2 de abril y el 10 de mayo de 2002, 250 palestinos -incluidas mujeres, ancianos y niños- se refugiaron en su interior para protegerse de las incursiones de las Fuerzas de Defensa de Israel que se estaban produciendo en Belén, al igual que en otras ciudades palestinas ocupadas, como Nablus, Ramallah o Jenín.

Sitiados por los sionistas, que les cortaron la luz y el agua, esas 250 personas sufrieron un asedio despiadado sin medicinas, comida, mantas, etc., y rodeados por francotiradores que consiguieron herir a 25 personas y asesinar a ocho de los palestinos, que intentaron asomarse al patio de la Basílica para conseguir agua o ayuda. Los restantes tuvieron que ver como sus amigos y vecinos tiroteados se pudrían en el interior de la Basílica, ya que los soldados israelíes no les permitían sacar los cadáveres, como una forma más de presión psicológica contra los sitiados.

Finalmente, 13 de aquellos palestinos -considerados terroristas por Israel- sacrificaron su identidad y su historia, y fueron exiliados a Chipre para que el resto de los sitiados pudiesen regresar a sus hogares; a 26, los enviaron a la franja de Gaza.

Estamos a punto de salir y vemos movimiento en la nave central de la basílica: colocan unas largas alfombras, algunas sillas, y preparan la zona del altar donde se encuentra un sillón tipo trono. Habrá una procesión cristiano-ortodoxa y decidimos quedarnos para verla.

Al cabo de un rato entran unos monjes portando velas, custodiando el paso del que parece que es el Patriarca. Éste da un par de vueltas al recinto, se sienta en el gran sillón -decorado con madera labrada- y empieza el servicio religioso, momento en que aprovechamos para irnos.



Cerca de la Gruta de la Natividad unos túneles comunican con la Iglesia de Santa Catalina de Alejandría, erigida por los franciscanos en 1882 y dedicada a la mártir de Alejandría. Hoy es la Iglesia parroquial de la comunidad católica de la ciudad de Belén, regenteada por la Congregación franciscana y es desde donde se retransmite la Misa del Gallo, a todo el mundo, la noche de Navidad.


Los padres franciscanos hacen una procesión diaria desde la basílica hasta esta iglesia, atravesando estos túneles a las 12:00 del mediodía, siendo el único momento en que se abren al público. También se puede acceder desde la basílica por una puerta que comunica con el tranquilo Claustro de los Cruzados, presidido por una estatua de San Jerónimo.


A unos 200 metros de la Basílica de la Natividad se encuentra la Capilla de la Roca de la Leche, donde la Sagrada Familia se refugió en su huida a Egipto durante la matanza de los Santos Inocentes a manos de los soldados del rey Herodes.


Se dice que mientras María amamantaba a su Hijo, una gota de leche cayó en el suelo dando origen a la blanca piedra caliza. Desde entonces es un lugar venerado por cristianas y musulmanas, que acuden a pedirle a María poder engendrar o tener abundante leche. El interior de la Cueva es un lugar sereno, tranquilo y lleno de magia espiritual.



Finalizadas las visitas, llamamos a mi amigo y durante más de dos horas compartimos comida y un sabroso café en la Plaza Manger o Plaza del Pesebre. Nos explica que está contento: el gobierno hebreo le ha concedido un permiso -de unos pocos días- para salir de Belén, y ayer pudo estar en Jerusalén para celebrar los actos de la Resurrección de Jesucristo.


Ya veis, los propios palestinos no pueden moverse en libertad por su territorio; indiscutiblemente están bajo el yugo de Israel y sólo pueden ir de una ciudad palestina a otra, pasando numerosos controles.

"La ocupación es una esclavitud física. No podemos movernos, y los israelíes entran cuando quieren y detienen a la gente. Para nosotros la paz es la libertad. Porque no hay término medio entre la libertad y la esclavitud. No importa cuánto dure la ocupación, no nos van a doblegar.

Es cierto que en Belén estamos encarcelados, rodeados por el muro, y en una situación económica desastrosa. Pero en Belén tenemos un mensaje, que es el mismo que hace 2.000 años: la libertad, el perdón y la convivencia".

(Palabras atribuidas a Salah Al Ta’mari, miembro de Fatah).

Subimos al bus 124 para regresar a Jerusalén. Somos los únicos extranjeros. Al llegar al check-point -el mismo que pasamos ayer a nuestro regreso de Hebrón- sube una joven y malcarada militar israelí, nos mira y dice: -"Hoy los turistas no pueden pasar por este punto. Desciendan y vayan por el otro control". Bajamos sólo nosotros dos; le decimos que ayer mismo pasamos por aquí y no tuvimos ningún impedimento. Ella, con la autoridad que le confiere el uniforme y la ametralladora entre las manos, nos ordena que regresemos a Belén e ir por territorio palestino.


Es primera hora de la tarde y cae un sol de justicia. Empezamos el camino a pie, por la empinada carretera que comunica Beit Jala con Belén. Pasan coches y ninguno se para a recogernos. Por fin aparece otro bus, que va hacia Belén, en el que nos montamos.

Hemos de dirigirnos al check-point de Belén. Estamos muy alejados de esa carretera y subimos a un taxi, que nos deja unos metros antes. Es el mayor control de la zona.


Pasamos por entre largos pasillos de barrotes -como estrechas jaulas-, hechos de gruesos tubos metálicos y "decorados" con cámaras de vigilancia. Al final están las sempiternas puertas giratorias -también con barras de hierro- y que las accionan los militares desde el interior.


Tienen los ordenadores sin conexión; nos hacen enseñar los pasaportes y nos dan paso adelantando a un numeroso grupo de palestinos -hombres, mujeres y niños- a los que, como el ordenador no funciona, no pueden comprobar su documentación y no les autorizan pasar. A saber hasta qué hora estarán esperando. O quizás tendrán que dar media vuelta e intentarlo mañana.

Todo esto, que explico, está sucediendo en territorios ocupados. Según acuerdo de las Naciones Unidas y a las Leyes Internacionales estos controles son ilegales, pues es territorio que la ONU entregó a Palestina en 1948.

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