24 mar. 2010

Kibirizi. Parque Nacional Gombe (I) y Jane Goodall


Compramos algo de comida, pues nos han dicho que en el P. N. Gombe es muy cara.

En taxi vamos, primeramente, al puerto para reservar plaza en el Liemba, que zarpará el miércoles y luego, hasta Kibirizi, un pequeñísimo poblado de pescadores, desde donde embarcaremos a las dos de la tarde hacia el Gombe National Park (Parque Nacional Gombe), el más pequeño de Tanzania con tan sólo 35 Km2.


Hacemos tiempo paseando por el mercado y llegamos hasta lo que pueden ser los astilleros. Hay hombres faenando y cosiendo redes. Mientras, disfrutamos de las escenas de la vida cotidiana.




Es la una de la tarde y la gente y los paquetes empiezan a coger sitio en la barcaza. Nosotros hacemos lo mismo y nos sentamos en la borda. A las dos, empiezan a soltar amarras.


Miro a un lado, a otro, y al fondo de la barcaza. Recuerdo las pateras que llegan a las costas canarias llenas de subsaharianos. No sé cuántos somos, pero sí sé que la mayoría de las mujeres va con un bebé a la espalda y dos o tres niños más a su lado entre paquetes, bultos, hatillos, cajas de refrescos, ruedas, bidones de aceite de palma, bidones de gasolina, etc., para suministrar a los pueblos de la orilla del lago.


Navegamos plácidamente, con paradas en algún poblado para bajar y subir pasajeros.



Después de tres horas de navegación, llegamos al lugar donde Jane Goodall empezó a estudiar el comportamiento de los chimpancés en julio de 1960, con tan sólo 26 años de edad. Sus observaciones la llevaron a comprobar la sofisticación intelectual y emocional de los no-humanos. Observó comportamientos tales como abrazos, besos, golpecitos en la espalda y hasta cosquillas. Y llegó al convencimiento de que los chimpancés no sólo son vegetarianos, pues les vio comer carne.

Estoy en su santuario.


En la frondosa sombra de árboles muy viejos, hay un sencillo edificio donde están las habitaciones para los huéspedes y otro contiguo, donde viven los estudiantes residentes.

Paseamos un rato por la playa y nos complacemos con la puesta del sol; una de las más bonitas que he visto hasta ahora.



Ha llovido bastante durante la noche y algún nubarrón ha amanecido con nosotros, para descargar en cualquier momento.

A unos 10 metros de edificio principal, hay una pequeña casa que nos indican que es para los invitados de Jane Goodall. Un guarda pasa por nuestro lado y dice que va a buscar la llave para que podamos ver la casita por dentro.


La vivienda tiene un porche con una mesa de comedor y cuatro sillas. En el otro extremo hay unos sillones y un sofá. Dos dormitorios muy sencillos y una cocina es todo el equipamiento. En el exterior está el lavabo y la ducha.


Nos despedimos del guarda y seguimos un sendero que desemboca en una casa más grande; es la de Jane Goodall. Está cerrada, pero hay señales de que vive alguien; sabemos que ella no está aquí ahora.

Miramos con cautela por las ventanas. En la cocina hay una olla sobre el fuego. Se ve un dormitorio, el comedor, la salita con una mesa de estudio; los estantes llenos de libros, la mayoría de Jane y una foto de un chimpancé, colgada en la pared, es toda la sencilla decoración de una mujer a la que admiro.



Nos alejamos, sigilosamente, por un caminito y llegamos a la playa. Una familia de babuinos está jugando y descansando en la misma playa. Cuento 21 miembros, incluidos tres bebés. Nos situamos muy cerca de la orilla para observarlos, vigilando principalmente a los machos adultos, por si se alteraran. En caso de ataque, sabemos que hemos de meternos en el agua. Disfrutamos un buen rato de sus cuitas, peleas, cómo se despiojan…, hasta que se adentran en la selva.




Seguimos caminando por la playa de regreso al campamento. El paisaje es asombroso; la selva llega hasta la misma orilla del lago.


Mientras estamos refugiados bajo los frondosos árboles de los rayos abrasadores del sol, viene a visitarnos un chimpancé como si fuera uno más de la familia y se coloca justamente encima de nosotros.



Cuando se ha cansado de comer bayas y hojas, se ha va por donde ha venido. Tan feliz.

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