24 mar. 2010

Cruzando Tanzania: Sumbawanga - Mbeya - Dār as-Salām


A las 5 de la mañana, el joven australiano y nosotros dos nos dirigimos a la parada de autobuses de la compañía Sumry, que ha de llevarnos a Mbeya. El alemán, sigue ruta en su bici.


Otro trayecto larguísimo: nueve horas en las que el bus sólo ha parado durante 10 minutos, contabilizados. Durante casi todo el trayecto nos ha acompañado la lluvia y la pista de tierra está embarrada; en más de una ocasión el autobús ha patinado y hemos estado a punto de volcar. El conductor, ante los gritos y protestas de los pasajeros ha disminuido la velocidad.

Mbeya es el primer asentamiento urbano que se encuentra viajando por tierra desde la vecina Zambia y se extiende a través de un pequeño valle rodeado de altas montañas.


Autor: Michael Dr. Gumtau - Fuente: Mbeya

Al llegar a la terminal de autobuses, un joven se ofrece a buscarnos alojamiento por las cercanías ya que mañana queremos seguir ruta. Comemos frente a la parada del bus, en un "restaurante" 100 por 100 africano: no tienen cubiertos; y el pollo, alubias, ensalada y patatas fritas lo comemos con los dedos.

Me quedo en el restaurante, con las pesadas mochilas, mientras ellos tres van a buscar alojamiento. Al volver, después de casi una hora, me dicen que lo que hay cerca está completamente lleno; así que nos alojamos en uno que está más lejos, provisto de una cama y lavabo -que mejor no mirar con detenimiento- y sin agua corriente.

Acusamos el trajín de estos dos últimos días y decidimos que mañana nos vamos a quedar aquí para descansar. El australiano, muchísimo más joven que nosotros, seguirá su ruta prevista. En la estación de buses compramos el billete para Dār as-Salām , que sale pasado mañana a las seis de la mañana.

Paseamos por el centro de Mbeya. Es una ciudad cuidada, asfaltada y con muchas tiendas hoy cerradas por ser domingo.


Durante nuestro deambular oímos cantos de Gospel y buscamos de dónde llegan. Es el Centro de Culto Agape. Sólo asomarnos nos reciben dos chicas muy amables y sonrientes, y nos acompañan hasta las dos únicas sillas libres: en primera fila. No tenemos escapatoria. Somos la nota de color: blancos.

Los fieles se ponen en pie y hacemos lo propio. Cantan con los brazos abiertos dirigidos hacia arriba. Frente a nosotros, hay un gran escenario hecho de obra, donde están los músicos (guitarra, batería y teclados), el coro (6 hombres y 4 mujeres) y una solista.

Sube, al escenario, el pastor, nos saluda en inglés y pregunta si entendemos el swahili; decimos que no, pero "Hakuna matata" ("No hay problema"). Se retiran los actores del escenario y el pastor lee diferentes pasajes de la Biblia (en swahili, por supuesto). Detrás de nosotros se oyen algunos "Amén". Nosotros "escuchamos" con mucha atención.

Es el momento de la prédica. El pastor juega con diferentes intensidades de voz, que van del susurro a intensos gritos; gesticula enérgicamente y, de vez en cuando, da un golpe de pie a la tarima. Los fieles se van sugestionando, hasta que llegan algunos a llorar. Un grupo de colegiales adolescentes se colocan al pie de la tarima y, en una especie de "trance oratorio", también lloran, rezan, se arrodillan o gesticulan.

De repente, todos se tranquilizan. Los adolescentes regresan a sus asientos. Y un hombre se pone frente al escenario, con una cesta, para recoger las donaciones que, en rigurosa fila, le van dando todos los fieles. No podemos escaparnos y hacemos nuestra ofrenda.

Vuelven a subir los músicos y cantantes y, con una canción alegre y ostentosas gesticulaciones, parece que ya hemos llegado al final. Pero no. Después de más de una hora aquí dentro, el pastor se dirige nuevamente a nosotros y pregunta si somos seguidores de la iglesia Agape, a lo que decimos que no. Entonces, amablemente, solicita que nos presentemos. Rubor. Nos ponemos en pie y, de cara a todos los asistentes, decimos nuestro nombre y de dónde somos. El pastor lo repite en swahili, para que todos lo entiendan y arrancan en aplausos. Baja del escenario y nos agradece la asistencia, con una encajada de manos. Se disuelve la celebración.

Cosas que pasan por tener curiosidad.

A las seis de la mañana subimos al bus para ir hasta Dār as-Salām, nombre que significa "remanso de paz", localizada en un puerto natural del Océano Índico. Fue la capital del país desde 1974 hasta 1996, cuando fue relevada por la ciudad de Dodoma.

Durante el trayecto sólo hemos parado cinco minutos a las 9 para ir al lavabo, y de 14 a 14:15 para comer. Bueno, más que comer lo que hemos hecho ha sido engullir. Llegamos a la ciudad a las ocho de la tarde, donde sólo pernoctaremos hoy.


Nos alojamos en el Lutheran Guesthouse, justo a unos 50 metros del embarcadero.


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