2 mar. 2010

Bukavu (II): El Padre Donato y el "Instituto Superior Pastoral de Formación Universitaria"


Puntual llega a la cita vestido con una camisa de alegres colores africanos. Estamos frente al hombre que vimos el pasado agosto por TVE2, y motivo por el que hemos viajado hasta aquí. Con un castellano perfecto y voz pausada explica el programa que tiene para nosotros durante los dos días que estaremos en esta ciudad.

En su pequeño coche vamos al Instituto Superior Pastoral de Formación Universitaria, dedicado a la difusión de los derechos humanos y la cultura de la paz mediante los grados de formación que ofrece. Promueve entre la sociedad civil un proceso de reconciliación y rechazo a la violencia que propicie una paz duradera, haciendo hincapié en la familia, la comunidad, la sociedad civil y las organizaciones locales. De este modo se pretende hacer frente a las consecuencias de la guerra, que afectan también a todos los niveles de la sociedad.

Nos recibe la directora, la Hermana Ivonne, una mujer relativamente joven con el carácter y el coraje de las mujeres africanas. Cuenta que, actualmente, en el centro hay 69 alumnos de ambos sexos y que al finalizar los estudios obtienen el título de Educador Social.


Hablamos de varias cosas, entre ellas de la muerte/asesinato de los tres últimos obispos de la Diócesis de Bukavu.

El 29 de octubre de 1996, Monseñor Christophe Munzihirwa fue vilmente asesinado. Soldados ruandeses le obligaron a bajar de su coche y a que se dirigiera a la catedral andando; mientras, su chófer intercedía por él. Cuando ya se había alejado unos metros, le dispararon por la espalda.

¿Qué hizo de malo Monseñor Munzihirwa? Desde el púlpito trataba de todas las maneras posibles de aplacar los ánimos, tranquilizar y poner a salvo a las personas amenazadas. Denunciaba públicamente la trama que estaba llevando al Congo a una guerra que se anunciaba sangrienta.


Fuente: Fomeka

Fue voz de los sin voz, grito en el desierto, testigo incómodo de un nuevo genocidio ante el que no tuvo miedo y supo reaccionar. Murió por haberse entregado a sus hermanos hasta el fin, y en mitad de la barbarie y el sufrimiento del pueblo ruandés. Murió por haber sido inmensamente coherente y por no haber caído en la tentación del silencio. Pagó con su sangre su valiente apuesta por la verdad, la justicia y la libertad.

En mayo de 1997, Monseñor Emmanuel Kataliko fue llamado para cubrir la plaza de arzobispo de Bukavu. Cuando llegó, la guerra estaba en su punto álgido. Monseñor gritaba fuerte, tratando de que su voz fuera más alta que el ruido de las armas, para que llegaran al mundo las noticias de las atrocidades que estaban aniquilando a su pueblo.


No tardan en llegarle amenazas de muerte y ha de cambiar de casa varias veces; hasta llega a exiliarse durante un tiempo. Regresa a la Diócesis y, en octubre de 2000, muere supuestamente envenenado, aunque la versión oficial dijo que fue un infarto.

Su sustituto, Monseñor Charles Kambale Mbogha -gran defensor de los derechos humanos, principalmente de los intereses superiores del pueblo congoleño-, por algún capricho del destino o debido al estrés por lo que podía sucederle, el mismo día de su ingreso en la Diócesis de Bukavu tuvo un ictus y murió dos años después, el 9 de octubre de 2005.


Mn. Mbogha, en la parte inferior. En la foto Mn. Munzihirwa y Mn. Kataliko

Se da la circunstancia de que estos tres obispos, murieron un mes de octubre. Están enterrados en la catedral de Bukavu.


Al despedirnos, la Hermana Ivonne nos pide que no olvidemos al Congo, cuando regresemos a casa. No lo olvidaremos; seguro.

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