4 ene. 2010

Fort Portal y la Reserva Natural del Lago Nkuruba


¡Otro conductor suicida! Además de apretar el gas a fondo se ha metido en todos los hoyos que ha encontrado en la carretera. Los 320 Km. que separan Kampala de Fort Portal ha durado cuatro horas, recorriendo un paisaje lleno de vegetación, bosques frondosos y extensas plantaciones de té.


Fort Portal, es una pequeña ciudad situada entre las misteriosas Montañas Rwenzori (las legendarias Montañas de la Luna), el Parque Nacional Kibale y el Parque Nacional Queen Elizabeth.


Nos alojamos en el Rwenzori Travellers Inn, ubicado en el centro de la ciudad.


Al día siguiente paseamos por el centro hasta llegar al mercado. Llama la atención la cantidad de gasolineras que hay: una cada pocos metros. Preguntamos a un taxista el precio para ir mañana a Kasindi; nos pide 60 dólares, que encontramos correcto y quedamos para mañana.


Pasamos frente a la Gran Mezquita y cuatro niños, que están jugando en el patio, piden hacerse fotos conmigo. Debo llamar la atención por el pelo teñido de rubio; ya me ocurrió lo mismo hace unos días en Bujagali.



Decidimos ir hasta el Lago Nkuruba y nos montamos en un par de boda-boda. Durante el trayecto (25 Km.) vemos diversos poblados a pie de carretera. Las casas están construidas en barro y caña, con el tejado de hojas de palmera; también las hay de madera, con el techo de uralita. Los niños, como en todos los sitios que hemos estado, se acercan corriendo al arcén y nos gritan: jauaryu? (How are you?).

Hay muchos hombres que se trasladan en bicicleta y en las cuestas, como no tienen cambio de marchas, se apean y caminan al lado de la bicicleta y más si llevan una carga de plátanos, que es lo más corriente por estos lares.


Nos cruzamos con un rebaño de bueyes, provistos de unos cuernos de más de un metro de altura. No dan muchas ganas de hacerles una caricia, que digamos.



Llegamos al recinto donde se encuentra el Lago Nkuruba y una chica, de las que lleva el campamento de la Reserva Natural del Lago Nkuruba, nos pide 5.000 USH por persona por cruzar el lugar, llegar al lago, hacer unas fotos y regresar. Le decimos que es excesivamente caro y que sólo queremos hacer una par de fotos. No sé cómo pero la hemos convencido y entramos sin pagar.

En medio de una vegetación salvaje se encuentra el lago de unos 100 metros de diámetro: es el cráter de un volcán extinto.


Cuando nos vamos, al pasar frente a la cocina del campamento, sale una joven chica y me dice: -Mama muzungu! (¡Mamá blanca!) y empieza a abrazarme y darme besos en el pecho. Al primer momento me he quedado perpleja, pero como no se separaba y seguía besándome la he abrazado y besado cariñosamente.


No sé cuánto rato hemos estado así: se separaba, me abrazaba, besaba y mama muzungu!.


Luego ha mirado a mi compañero y le ha dicho: -Daddy muzungu, when will you return?. Él le ha explicado que sólo estaremos por la zona un par de días y que hemos de seguir ruta; la joven ha puesto cara triste y me ha vuelto a abrazar.

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