2 jul. 2009

Machu Picchu, la Montaña Sagrada


Todavía no ha amanecido y ya estamos en una de las filas de personas a punto de acceder a los autobuses. En 30 minutos llegamos hasta una explanada donde hay un hotel y un gran bar-restaurante. No vemos lo que pudiera ser la entrada a la ciudadela.

Subimos una escalera de madera y, al final, están las taquillas. El cielo está cubierto por grandes y espesas nubes que amenazan lluvia.

Estoy muy emocionada, por fin podré realizar uno de mis sueños juveniles. Respiro profundamente, y accedo a la ciudadela por un estrecho sendero y ahí, frente a mis ojos, se abre la visión soñada: las reliquias del Machu Picchu, una de las joyas arqueológicas más importante del Imperio inca, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1983.


El 7 de julio de 2007 Machu Picchu fue declarada como una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno en una ceremonia realizada en Lisboa (Portugal), que contó con la participación de cien millones de votantes en el mundo entero, entre ellas yo.

El Machu Picchu (en quechua: Machu Pikchu, «Montaña Vieja») fue nominado como Santuario histórico en 1981; tiene una superficie de 32.592 hectáreas, que incluyen no sólo la parte arqueológica, sino también los paisajes, la fauna y la flora, destacando la abundancia de orquídeas.



Los arqueólogos suponen que era una "llaqta" incaica -antiguo poblado andino-, construida a mediados del siglo XV en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu, en la ribera izquierda del Cañón del Urubamba.

Fue la "llaqta" más bella del imperio inca. Se construyó con la finalidad de albergar a la más selecta aristocracia, en caso de ataque, y para controlar la economía de las regiones conquistadas.

Según documentos de mediados del siglo XVI, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso de Pachacuteq, noveno inca del Tahuantinsuyo entre 1438 y 1470.




Machu Picchu es considerada al mismo tiempo una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y el velo de misterio que ha tejido a su alrededor buena parte de la literatura publicada sobre el sitio, lo han convertido en uno de los destinos turísticos más populares del planeta.

Estaba dividida en tres grandes sectores: el Barrio Sagrado, el Barrio de la Nobleza y de los Sacerdotes y el Barrio Popular, con las terrazas de cultivo al sur.

En la primera zona, dedicada a Inti -dios del Sol-, se encuentran los principales tesoros arqueológicos: el Templo del Sol, el Templo de las Tres Ventanas, el Templo Principal y el Intiwatana.

Templo del Sol

La edificación principal es conocida como "Torreón". Fue usado para ceremonias relacionadas con el solsticio de junio. Una de sus ventanas muestra huellas de haber tenido ornamentos incrustados que fueron arrancados en algún momento, destruyendo parte de su estructura.

El "Torreón" está construido sobre una gran roca, debajo de la cual hay una pequeña cueva; se cree que fue un mausoleo y que en sus grandes hornacinas reposaban momias. Hay indicios para afirmar que pudo ser el mausoleo de Pachacuteq y que su momia estuvo aquí hasta poco después de la irrupción española en Cusco.

Templo de las Tres Ventanas

Situado en la Plaza sagrada, sus muros -de grandes bloques poligonales- fueron ensamblados como un rompecabezas. Todas las evidencias indican que el lugar estuvo destinado a diferentes rituales.

Intiwatana

Palabra quechua que significa "lugar donde se ata el sol (inti)". Se cree que Intiwatana servía como calendario astronómico para definir las estaciones (solsticio y equinoccio) según la sombra que daba el sol a la base de esta piedra.

Esta escultura monolítica -labrada en piedra granítica, de dimensiones de 1 a 2 metros de altura y 2 metros de diámetro- tiene de una base con distintos niveles y en la parte superior se eleva un saliente de aspecto cúbico, donde sus cuatro vértices indican los puntos cardinales.

(Soporte del texto extraído de varias fuentes)

Todas las edificaciones siguen el estilo arquitectónico inca: construcciones de muros con piedras de forma regular, cuyas juntas son tan perfectas que cuesta imaginar cómo conseguían tanta perfección. Entre piedra y piedra no cabe ni la hoja de un cuchillo.


Es importante señalar que los incas, a pesar de conocer la forma redonda (al dios Inti lo representaban así), no conocían la rueda. Por lo tanto, la movilización de los enormes bloques de piedra -algunas de hasta 20 toneladas- es todo un misterio. Se puede aventurar una teoría de cómo subieron las piedras hasta la cima: con la fuerza de miles de hombres, pues utilizaban el plano inclinado. Lamentablemente no dejaron ningún registro escrito, porque los incas no conocían la escritura.

Hace rato que las nubes empiezan a deshilacharse, formando una neblina no muy espesa, y van paseándose por entre las piedras y montañas creando un ambiente casi mágico del que es imposible abstraerse.



Las terrazas de cultivo o andenes, situadas al sur del complejo arqueológico, lucen como grandes escalones construidos sobre la ladera. Son estructuras formadas por un muro de piedra y un relleno de diferentes capas de material (piedras grandes, piedras menores, arcilla y tierra de cultivo) que facilitan el drenaje, evitando que el agua se estanque en ellas (téngase en cuenta la gran pluviosidad de la zona) y se desmorone su estructura.


Otros andenes de menor anchura se encuentran en la parte baja de Machu Picchu, alrededor de toda la ciudad. Su función no era agrícola, sino servir como muros de contención. Una ciudad de piedra construida en lo alto de un "istmo" entre dos montañas y entre dos fallas geológicas, en una región sometida a constantes terremotos y, sobre todo, a copiosas lluvias todo el año supone un reto para cualquier constructor: evitar que todo el complejo se derrumbe.


Un muro de unos 400 metros de largo divide la ciudad del área agrícola. Paralelo al muro hay un "foso" usado como el principal drenaje de la ciudad, a donde desembocaban los 129 canales de desagüe de toda el área urbana.

En todo este Santuario Histórico hay alrededor de 140 construcciones, entre plazas, templos y núcleos residenciales.



Hay más de cien escaleras de piedra (algunas esculpidas íntegramente en un solo bloque de granito) y gran cantidad de fuentes de agua, interconectadas por canales, destinadas al riego de los campos.

Durante cuatro largas horas recorremos toda la zona, siempre acompañados de las nubes que, de vez en cuando, dejan pasar algún rayo de sol.


Empieza a llover con bastante intensidad. Las nubes lo cubren todo y nos refugiamos en la llamada "Casa de los guardianes", cerca de la salida que me resisto traspasar. Estamos más de una hora y, como no hay visos de que amaine, decidimos salir.

Un autobús nos lleva otra vez a Aguascalientes, donde subimos al tren hasta Ollantaytambo.


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