21 may. 2009

Escala en Lima. Pucallpa


A las 8:15 de la mañana salimos de Managua, en avión, con dirección a Lima. Una vez llegamos, en el aeropuerto, compramos los billetes para ir mañana a Pucallpa, población situada a las puertas de la selva amazónica.

Un taxi nos lleva hasta el alojamiento, K’usillu’s Hostel, en el mismo corazón del Barrio Miraflores, un albergue muy limpio, luminoso, con internet las 24h, uso libre de la cocina y bastante económico, con desayuno continental incluido.

Un primer contacto con el barrio nos muestra unas calles amplias, muy limpias, y zonas ajardinadas con bonitas flores. Se nota que por esta zona hay dinero.


Paseando por Miraflores llegamos hasta el Malecón, frente al Pacífico, una amplia avenida ajardinada donde se ubican varios hoteles de lujo y apartamentos, que bordea un acantilado hacia el mar y desde donde hay excelentes vistas, a pesar de la bruma.




Al día siguiente volamos -durante una hora- hasta Pucallpa. Ubicada en el Departamento de Ucayali, en la selva baja de Perú, la abraza el extenso río Ucayali y la Laguna Yarinacocha, que visitaremos mañana.

El nombre 'Pucallpa', proviene de las palabras quechuas pukah (colorada) y allpa (tierra). El color rojizo de la tierra en contraste con el verde de los bosques y el marrón de los ríos, crea la sensación de estar inmersos en una pintura paisajística.

Nos alojamos en el Hospedaje Richard (Avda. San Martín 350), sencillo y muy céntrico.

Pucallpa fue colonizada en la década de 1840 por misioneros franciscanos, quienes asentaron varias familias del grupo étnico shipibo-conibo con el nombre "Nueva Orán" pocas veces usada, y fundada, dudosamente, el 23 de mayo de 1883 o el 13 de octubre de 1888 durante la fiebre del caucho.

Durante varias décadas se mantuvo como un pequeño asentamiento aislado del resto del país por la Cordillera de los Andes.

En 1945, Pucallpa queda conectada por vía terrestre a la red nacional de carreteras vía Tingo María, lo que propició la comercialización de productos regionales con el resto del país. Sin embargo, las fuertes lluvias y la inestabilidad del suelo erosionan periódicamente la carretera, lo que ocasiona una operatividad reducida de la vía.

La mayoría del transporte a Pucallpa se realiza a través del río Ucayali, ubicado en el centro-este del Perú y el cual contiene el segundo puerto fluvial más importante de la Amazonia (detrás de Iquitos).

(Texto de Wikipedia)

La primera impresión que ofrece Pucallpa es la de una ciudad huraña y esquiva. Las calles son ruidosas y atiborradas de decenas de pequeños negocios; las ruidosas moto-taxi -medio de transporte más usado por la población- irrumpen por doquier y para golpe de gracia, el implacable calor y humedad hace aún más pesado caminar por las calles.


Al anochecer vamos hasta la Plaza de Armas, en la que cuando hace menos calor se llena de gente: predicadores que, a voz en grito, intentan que alguien les haga caso; un grupo de jóvenes haciendo teatro; contadores de chistes; vendedores de potingues y ungüentos para curar todo tipo de males…, etc.


A primera hora de la mañana nos acercamos hasta el embarcadero para averiguar qué barcos hay para ir hasta Iquitos y cuándo salen.

Hay dos que pueden salir en un par de días, cuando tengan las bodegas cargadas y el pasaje esté completo. Uno de ellos, el Henry IV, es moderno, bastante limpio y no tiene camarotes, pero sí espacio para colgar las hamacas donde dormir; zarpará pasado mañana.


El otro, el Pedro Martín II, viejo, algo sucio; el "baño", ni te cuento; camarotes, de 2 x 1’5 metros, provistos de literas de 50 cm. de ancho, con una colchoneta de unos 5 centímetros de "grosor". Sin ventilación, excepto la puerta de entrada y con un calor asfixiante, ya a las nueve de la mañana cuando lo visitamos. Éste, quizás, zarpará mañana a las 13:00 h.


El ambiente en este embarcadero es indescriptible: se ven barcas, barcos, chalupas y canoas, de todos los colores; unas, cargadas; otras, cargándolas; y las menos, descargadas. Jóvenes arriba y abajo con cajas, fardos, barras de hielo y enormes racimos de plátanos. Tenderetes donde venden pescado, fruta, comida…




Casas, construidas con tablones de madera; niños correteando; hombres ociosos mirando el espectáculo. Y, más allá, un grupo de buitres esperando a que se acabe el trajín para caer sobre los restos de pescado y de otras comidas, en un entorno de basura que remueve el estómago.



Son casi las 12 del mediodía y aunque hace un calor sofocante, subimos a una moto-taxi que nos lleva, en 20 minutos, hasta la Laguna Yarinacocha, situada en la población de Puerto Callao, famosa por la claridad de sus aguas y su vegetación tropical, pero hoy está muy nublado y no podemos disfrutar del lago.


La laguna, con una extensión de 20 kilómetros, nace a raíz de una desconexión del río Ucayali y, en temporada de lluvias -en los meses de diciembre a abril-, la laguna se une nuevamente al río formando un solo y enorme cuerpo de agua.



Es domingo y parece que todos los pucallpeños han decidido pasar el día aquí. Así que, después de una vueltecita y rechazar las excursiones en barca que nos ofrecen por doquier, vamos a conocer la ciudad.

Llama la atención las curiosas las formas que dan a los arbustos en el Parque Central.



Podríamos visitar alguna de las comunidades de indígenas shipibo, que están asentadas en la orilla de la laguna, pero nos han comentado que están muy "civilizados" y esperan al visitante para sacarles dinero con fotos, danzas, artesanías y lo que se tercie.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si quieres, deja un comentario. Te responderé a la mayor brevedad posible.
¡Gracias!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...