13 feb. 2009

Isla de Flores, avanzando hacia Tikal


Desde Yaxchikán (Chiapas-México) navegamos durante 20 minutos por el río Usumacinta, hasta llegar a Bethel en el lado opuesto del río. Estamos, de nuevo, en Guatemala.


Al desembarcar llegamos a una pequeña explanada donde hay un local y que, supuestamente, preparan comidas. Hoy nos vamos a quedar sin comer, es domingo y no cocinan. Bueno, sin comer no: compramos un par de bolsas de patatas fritas, para cada uno y una lata de refresco. Es lo único que hay.


Durante las más de dos horas que esperamos a que llegue un microbús para llevarnos hasta Flores, damos un paseo hasta la orilla del río y encontramos a unas mujeres haciendo la colada y sus niños jugando.



Después de un par de kilómetros de salir de Bethel, paramos en el control de inmigración para sellar la entrada y, los espabilados policías, pretenden cobrarnos una tasa de entrada. No se paga nada; estamos informados de esto.

En un punto de la carretera, que está llena de agua y lodo por las recientes lluvias, el microbús se queda embarrancado. El conductor nos hace bajar a todos: hombres, mujeres, niños, paquetes y gallinas. No hay nada para poder sacar al microbús de la zanja en la que se ha metido. Las cuerdas que se han usado para tirar desde otro vehículo, se han segado.


La tarde va cayendo precipitadamente y estamos lejos de cualquier sitio habitado. Por detrás llega un autobús. Tiene una cuerda gruesa. La atan al nuestro y, con gran fuerza, consigue ponerse sobre la carretera. Subimos todos y proseguimos el camino.


Suerte que en la mochila siempre llevamos agua y galletas, que nos han ayudado a pasar el trayecto, que ha durado más de tres horas y media.

Al anochecer llegamos a Santa Elena de la Cruz, donde un taxi nos lleva hasta el Hotel Mirador del Lago, situado en la Isla de Flores.


La isla -enfocada al turismo, con muchos hoteles, tiendas y restaurantes-, está localizada en el centro del Lago Petén Itzá. Éste es el tercer lago natural más grande del país, después del lago Izabal y el lago Atitlán. Tiene una extensión de 99 km² y una profundidad máxima de 160 metros.



Fuente: Maya World Tours, en Flickr


Santa Elena es una ciudad del municipio de Flores que se fue formando, en tierra firme, como una aglomeración urbana de la Isla de Flores. Es el centro económico, político, cultural y demográfico de Petén. Posee centros comerciales, hoteles, bancos, Universidades, terminales de buses y un aeropuerto; además es el centro de conexión de las carreteras que unen a todo el departamento y al resto del país. Está unida a la Isla de Flores por un istmo artificial de unos 500 metros.


A pesar de todo, me parece una población sucia, gris y sin ningún atractivo.


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