27 ene. 2009

Chichicastenango y los ritos mayas


Estamos en Panajachel; hace dos horas que esperamos al bus que ha de llevarnos a Chichicastenango, situada en el altiplano guatemalteco y perteneciente al departamento de El Quiché. No sabemos ni estamos seguros, si llegará el autobús. Hemos preguntado en una agencia de viajes y nos ofrecen un transfer además de decirnos que no hay transporte directo. Suerte que no los creemos; por fin llega el autobús.

Durante el trayecto, por una carretera con algún tramo en reconstrucción debido a deslizamientos, contemplamos campos de maíz y verdes y profundos valles abrigados por montañas de increíble belleza.


Chichicastenango desde el cerro Pascual Abaj - Fuente: gallery.hd.org

Llegamos a Chichi, como se le llama familiarmente, donde los jueves y domingos hay mercado al que acuden campesinos de toda la zona para vender sus productos.

Los tlascalas que acompañaban a Pedro de Alvarado le pusieron Tzitzicasteango, que significa «lugar rodeado de ortigas» del tzitzicastli ortiga o chichicaste.

Chichicastenango forma parte de las principales rutas turísticas del país, ya que en este lugar se pueden admirar las diferentes tradiciones y muestras culturales, la fe religiosa de los indígenas k'iche' y sus ceremonias en sitios especiales, donde se realizan ofrendas y peticiones invocando a Dios, Jesucristo, Santos de la Iglesia Católica y espíritus de los antepasados. Los sacerdotes mayas efectúan sus ceremonias basados en el calendario maya.

Esta ciudad es famosa porque es el lugar dónde se encontró el Popol Vuh (del k'iche' popol wuj), libro religioso maya que narra el origen de la humanidad. Fue traducido del original -escrito en k'iche'- al castellano por fray Francisco Ximénez, en columnas paralelas.


Primera página del manuscrito del Popol Vuh, guardado en la Biblioteca de Newberry (Chicago)
Foto de dominio público

El 93% de la población, utiliza como idioma materno el k'iche' y el 7%, restante, el español. Más del 95% se considera indígena y, de éstos, el 11% practica la espiritualidad maya.

Buscamos alojamiento, dejamos el equipaje en la habitación y salimos a conocer la ciudad. La Plaza Central ocupa parte de nuestra visita. Está preparándose para el mercado de mañana, domingo.

Sobre una escalinata, de escalones irregulares, está la Iglesia de Santo Tomás, que data de 1540, a la que entraremos mañana a primera hora.




Durante la comida conocemos a dos chicas de Barcelona, con las que pasamos el resto de la tarde.

Anochece y pasamos delante de la iglesia, que se encuentra cerrada. En este momento, arriba, en el rellano de la entrada, se está realizando un rito maya, con velas e incensarios con resina de copal. Los fieles, de rodillas, se desplazan hacia delante y atrás. Los chamanes recitan sus plegarias mientras el humo de los incensarios, que agitan continuamente, envuelve la escena, casi irreal para nuestros ojos.


En el pasado -antes de la conquista por los españoles- el lugar que ahora ocupa la iglesia había sido un templo maya. Los conquistadores no pudieron despojar, completamente, a los nativos de sus creencias religiosas, por lo que muchos de sus ritos son una mezcla de las dos corrientes religiosas. Durante la época colonial se destruyó el templo maya, edificándose la actual Iglesia de Santo Tomás. Sólo se dejó intacta la escalinata. Cada uno de los escalones representa los 18 meses de 20 días del calendario maya, el cual rige la vida diaria de los mayas.

Mientras contemplamos lo que acontece frente a la puerta de la iglesia, se nos acerca Don José, guía del INGUAT y nos da una explicación de lo que estamos viendo. Explicación que consideramos de mucho interés por su contenido y que nos anima a contratar sus servicios.

Mañana a las 8 h. nos encontraremos al pie de la escalinata, entraremos en la iglesia y luego nos llevará a ver un ritual de un chamán en el cementerio.

A primera hora del día se aprecia mucha actividad en el mercado. La escalinata del templo se halla copada de mujeres, ataviadas con la ropa típica multicolor, que venden velitas de colores, pétalos de flores, frutas y cruces de vistosos colores, que se utilizan para los ritos maya que tienen lugar en el interior de la iglesia; todo ello envuelto con el humo y los olores de incienso y copal.





En lo alto de la escalera y frente a la puerta principal, los fieles se preparan para la ceremonia maya.



Entramos -con las chicas de Barcelona y con el guía- en la iglesia por una puerta lateral, ya que en estos momentos, en el interior, se está celebrando una misa católica y ritos indígenas.

No podemos hacer fotos, está prohibido. Lástima.

Frente al altar, el sacerdote lee las peticiones de oración, que le han hecho llegar los fieles situados en los bancos de la mitad de la iglesia hacia adelante: "Que mejore la economía de la familia tal"; "Que el trabajo de fulanito sea próspero durante su estancia en EEUU"; "Que mejore de su enfermedad la señora cual"… éstas son algunas de las oraciones que oímos.

En la otra mitad, están sentados los que van a participar en los rituales mayas: en el centro del pasillo, sobre pequeños altares de madera, hay velas y flores que colocan los chamanes. Según la petición de sus fieles, encienden velas de un color u otro y alrededor ponen pétalos de flores; todo lo rocían con un chorro de aguardiente, del que toman un trago después.

Realmente es fascinante ver a muchos de los indígenas entrando y saliendo de la iglesia, haciendo ofrendas y orando a un dios diferente del que es adorado en el altar principal.

Ha sido una ceremonia difícil de olvidar.

Salimos de la iglesia y vamos hacia el cementerio, cruzando el mercado. Las vendedoras visten sus trajes tradicionales de gran colorido, tejidos por ellas mismas; según el diseño indica su lugar de origen.



El mercado parece un gran caos, pero está muy bien organizado. En primera línea venden máscaras tradicionales de diferentes formas y colores, expuestas simétricamente.


En el centro están los comedores, cubiertos con lonas o plásticos y grandes ollas humean a la vista de todo el que pasa. Más allá están los puestos de frutas y verduras. En otro lado venden pescados secos y ahumados.


Y, entre todo esto, cerámica, flores, cajas de madera, condimentos, plantas medicinales, velas, cerdos, gallinas, machetes…


Pero lo que llama más la atención son los tejidos realizados por las mujeres guatemaltecas en telares antiguos, incluso algunos pueden ser prehispánicos.


Llegamos al cementerio y lo primero que sorprende es el colorido en el que están pintadas las tumbas y panteones.


El guía nos explica el significado de cada uno de los colores, todos en tonos pastel: blanco, amarillo, verde, azul... según el día de la semana que ha fallecido el primero en utilizar la tumba. (He leído en algún sitio que los colores definen si está enterrado un anciano, padre, madre, hijo o hija; me creo más la información de nuestro guía ya que él es maya).


Alguna de las tumbas o panteones tienen algo pintado en negro: significa que el que está ahí enterrado ha muerto de "un mal trabajo", tanto de brujo como de curandero.

A los pocos minutos de llegar al cementerio vemos a un chamán, acompañado de la señora que le ha pedido el "trabajo", y nos preparamos para contemplar algo nunca visto por nosotros.


En una pequeña explanada entre tumbas, ya dispuesta para estos rituales, el chamán pone un montoncito de carbón y resina de copal haciendo una montaña circular; encima coloca un puñado de velas de colores y dos limones, y se pone a recitar y gesticular (desde donde nos encontramos, no lo oímos).



Un poco más allá, hay unos pequeños altares y, en uno de ellos, la señora coloca y enciende cuatro velas blancas y, alrededor, pone unas flores amarillas. Se arrodilla allí delante y, supongo, reza.


Cuando el carbón está bien prendido, la señora se levanta de donde está y se arrodilla frente a ese fuego. El chamán sigue gesticulando y, a la vez, leyendo un libro: "Vida y milagros de Maximón". La señora escucha con gran recogimiento.



Estamos sentados en la losa de una tumba, alejados unos cuatro metros, para no molestar. El sol aprieta, pero lo que ven nuestros ojos nos tiene atónitos y no queremos movernos.


Después de un par de horas asistiendo a este rito, decidimos seguir paseando por el camposanto.

Vemos como llegan más personas. Unas, acompañadas del chamán; otras, esparcen hierbas y pétalos de flores sobre la tumba de sus seres queridos; y las que más, van con el bote de pintura para restaurar el sepulcro de su familiar: está cercano el dos de noviembre y aquí se celebra con gran alegría y colorido, música, y comidas sobre las tumbas.



En otra parte del cementerio están preparando otro ritual pero, esta vez, sobre el carbón y las velas han puesto galletas para alimentar al espíritu invocado.


En otro rito, vemos que al lado del carbón han puesto dos huevos crudos. Si al calentarse explotan y yema y clara va hacia adentro, se cumplirá lo que se está pidiendo. Por el contrario, si explota hacia afuera, no se cumplirá.


Más de tres horas estamos en el cementerio cuando el guía nos lleva al Cerro Pascual Abaj, al que llegamos después de 30 minutos de subida por un sendero bastante abrupto. Este lugar está compuesto por pequeños altares frente a la piedra del sacrificio, consagrada a un dios maya. Si el ritual lo exige, sobre la piedra se sacrifican gallinas.

En el altar principal hay también cuatro cruces, que representan los cuatro puntos cardinales. Se colocaron aquí a raíz del terremoto que asoló Guatemala, en 1976, como una representación de unión entre la Iglesia católica con las tradiciones mayas y para pedir que Guatemala no sufra otro terremoto.


Hubiera sido un buen colofón, para esta jornada de cultura maya, si hubiéramos asistido a un rito aquí arriba.

Bajando del cerro, en una de las primeras casas del pueblo, está casa-museo Morería Santo Tomás donde, desde hace 124 años, se fabrican máscaras con finos acabados y trajes de moro, que requieren la colocación a mano, de pedrería, espejos y lentejuelas.

En el patio están representando una danza, el torito, de burla a los conquistadores.


¡Y cómo no! Entramos en una de las habitaciones donde hay un altar para venerar a Maximón, deidad sincrética de Guatemala. Un santón que fuma un habano y que sirve para unir tradiciones dispares.

Dicen las guías que el origen de Maximón se encuentra en la combinación entre diversos dioses mayas, la figura de Pedro Alvarado (el conquistador del país) y el Judas de la Biblia.


Con un origen que se remonta entre los siglos XVIII o XIX, Maximón incorpora una amalgama de tradiciones religiosas, tanto cristianas como mayas.

Según he leído, el nombre de Maximón tiene su origen en la palabra formada por los vocablos «max» (tabaco, en maya) y «simón», por eso mismo muchos lo conocen también como San Simón.

Este personaje -representado por una imagen hecha de cuerpo entero y un rostro tallado en madera o fibra de vidrio, cuyo semblante puede ser el de un adulto joven (el caso de San Andrés Itzapa y Zunil) o un anciano (abuelo como lo llaman en Santiago)- se viste de traje oscuro, militar o indígena. Porta sombrero y ocasionalmente lo acompañan pañuelos, lentes o guantes.

Sus devotos atribuyen poderes milagrosos que van desde solicitar protección, amor y salud, hasta venganza y enfermedad. Los favores se logran a través de oraciones y ofrendas como dinero, cigarros, bebidas alcohólicas, resinas y velas de colores que representan un deseo; el rojo es el amor, amarillo y blanco protección, verde prosperidad, azul buena suerte, rosado salud, celeste dinero, negro celos y hechizos y; morado para suprimir los malos pensamientos.

Fuente: cienporcientochapin

Nuestra estancia en Chichicastenango ha sido una experiencia mágica.

Son las dos de la tarde. Estamos en la gasolinera desde donde salen los autobuses. Todos ya están ocupados o reservados. Somos unos cuantos los que no tenemos transporte. Al final llaman al propietario de un microbús que nos lleva a Antigua, durante tres horas. En la agencia Gran Jaguar Tours, en Antigua, compramos los billetes para ir mañana a Cobán.

6 comentarios:

  1. Me quedé sorprendida con el tema del cementerio, las tumbas coloridas y los rituales que se estaban llevando adelante en esos momentos. Sorprendente.

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  2. Esa iglesia de 1540 sería de las primeras construídas, supongo (aunque quizás suponga mal).
    Siempre he odiado que se impongan las creencias y se destruya lo anterior. ¡La cantidad de mezquitas que tendríamos.
    Muy interesante me parece que en una iglesia católica coexistan los ritos ancestrales con los importados.
    También me descubro ante la "irreverencia" que tienen ante la muerte. Nuestros cementerios son serios, solemnes. La gente habla en voz baja...
    Cuando conocí el festejo de los muertos, en México, me quedé alucinando. Aquí, sabes, con los muertos no se juega.

    Seguiré leyéndote.

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  3. HOLA VIAJEROS SOMOS LAS CHICAS DE BARCELONA QUE NOS CONOCIMOS EN CHICHI,ME HA ENCANTADO TU BLOG,LEERLO ES VOLVER A REVIVIR,LA EXPERIENCIA INOLVIDABLE QUE VIVIMOS EN CHICHI.HASTA PRONTO.MARISOL

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  4. Hola Marisol...

    Qué sorpresa tan grata me has dado!!

    Me alegra saber que recordáis ese intenso día en Chichi; para nosotros fue la "culminación" del viaje a Guatemala.

    Seguimos en contacto!

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  5. Interesantíssim, com sempre. No se perquè nosaltres no ens vam acostar al cementiri. Una pena, per descomptat. Al Maximon li vam presentar els nostres respectes en un dels poblets del llac. La veritat es que el sinbcretisme religiós és molt interessant i ens va recordar el de San Juan Chamula a Chiapas, Mèxic.

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    Respuestas
    1. No em parlis de San Juan Chamula... El meu ex va considerar que pagar per entrar en aquella església era una bajanada i no hi va voler entrar :-(
      Gràcies pel teu comentari.
      Tenim un dinar o sopar pendent!

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