17 sept. 2008

Yangshuo


Amanece lloviendo a cántaros; esperamos a que amaine un poco y nos despedimos de Daniel. Ya son las once de la mañana; tenemos que subir a tres autobuses, para llegar hoy a Yangshuo, y nos resistimos a marchar.

Un bus nos lleva hasta Sanjiang; aquí subimos a otro que, tras casi dos horas de trayecto, nos deja en Guilin donde de nuevo subimos a otro autobús que, en una hora, nos deja en Yangshuo (en pinyin: Yángshuò Xiàn), uno de los principales destinos turísticos de la provincia de Guangxi. Aquí convergen el río Yulong y el río Lijiang, llamado popularmente río Li.

Su peculiar orografía está formada por pequeñas colinas de origen kárstico (calcáreo), que emergen de unos campos llanos inundados por los arrozales. Este hermoso paisaje aparece en los billetes de 20 yuanes.



No tenemos alojamiento, pero al bajar del bus nos ofrecen el West Lily Hotel; nos convence porque está apartado del bullicio del turismo occidental, que apreciamos más que en los otros lugares donde hemos estado.

Una vez instalados salimos a conocer el pueblo que, en sí, no es muy grande. Llama la atención la calle West abarrotada de tiendas, restaurantes, hoteles y gente; es el centro neurálgico.

Damos un paseo por la orilla del río y nos ofrece esta bella imagen: un pescador, sobre una plataforma de juncos de bambú, acompañado de dos cormoranes que, en realidad, son los que pescan por él.


De noche volvemos a la misma calle y nos alegramos de haber evitado esta zona para alojarnos ya que es muy ruidosa. Aprovechamos para cenar por primera vez, en tres semanas, comida occidental, en el Mao’s, recomendado desde 1991 por la Lonely Planet según reza en su publicidad.

Decidimos pasar el día en Xinping, pequeño pueblo a 20 kilómetros de Yangshuo y a casi una hora de bus. En un pequeño embarcadero parten las excursiones por el río Li, navegando sobre plataformas de bambú.


El cauce del río Li transcurre tranquilo -como una balsa de aceite-, lo que permite disfrutar del imponente paisaje de pináculos kársticos que escoltan al río, y al que la bruma reviste de tintes misteriosos.



Desde la diminuta "barca" de troncos de bambú, en la que navegamos durante 45 minutos hasta llegar a Yangdi -aldea desde donde daremos media vuelta-, me quedo maravillada al contemplar la magnitud física de esta obra de la naturaleza; de esta bella y ordenada sucesión de pináculos.



Caminamos hasta el embarcadero en el que atracan los grandes barcos que hacen tours por el río. A modo de vigía, hay un pináculo de nombre Lao Zhai Shan, de 200 metros de altura. Son 1159 escalones los que hay que pisar si se quiere llegar a su cima, siendo el tiempo previsto de 30 minutos.



La irregularidad de los escalones y la estrechez de la escalera, unido a las precauciones que hay que tomar para evitar resbalones, hacen que la subida sea realmente dura. Se corona la cima una vez se supera el último obstáculo: una escalera metálica de casi 90 grados de inclinación. Una vez arriba, un mirador permite contemplar la verdadera e indescriptible magnitud del entorno.



Hace dos días que vemos bicicletas aparcadas en la puerta del hotel, así que nos decidimos y alquilamos dos. Tras un tranquilo y relajante paseo de unos 10 kilómetros por una carretera poco transitada, llegamos a los pies de la Montaña de la Luna.




Yuèliàng Shān (Moon Hill) es una enorme roca de 380 metros de altura, que para llegar hasta su cima se han de subir 800 escalones, previo pago de para entrar. Tras varios descansos lo logramos, y nos situamos bajo un enorme arco, de unos 50 metros de diámetro, desde donde se tiene una completa vista del entorno.


Al regreso, aprovechamos para desviarnos de la carretera y adentrarnos por senderos en medio de campos de cultivo. Estamos disfrutando con el paseo en bicicleta, algo que hasta ahora no habíamos podido hacer debido a las premuras de tiempo con que nos estábamos moviendo.



Después de tres días en Yangshuo y alrededores sin ver el sol, pero con mucho calor, a las seis de la tarde subimos al bus que, dirección Zuhai, nos llevará hasta Macao.

Una nueva experiencia, en cuanto a medios de transporte, vamos a experimentar: el viaje, de 14 horas, será mayormente de noche y tendremos que dormir en el bus-cama, provisto con tres hileras de literas, de dos pisos cada una.



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