2 sept. 2008

SENEGAL (III): Tambacunda, Kolda, Ziguinchor, Kafountine, Yoff


Anterior: MALÍ (VI): Bamako, Kayes – SENEGAL (II): Tambacunda, Dar Salam, País Bassari



Día 13.- A media mañana salimos hacia Tambacunda y nos hospedamos en el mismo hostal donde se alojaron Teresa y Elena la vez anterior. Esta vez no hay invasión de grillos.

Día 14.- Joan nos prepara un suculento desayuno con los ingredientes que ha comprado en una tienda cercana. Es nuestra despedida. Él se va a Malí y nosotros cuatro a la Casamance, a Kolda donde pasaremos una noche como escala técnica.

Cuando llegamos a la estación de taxis y autobuses, vienen a nuestro encuentro un buen número de hombres preguntando hacia dónde vamos. Nos acompañan hasta los taxi-brousse, que se dirigen a Kolda. Hemos de esperar a que se apunten tres personas más para completar el coche. En una hora ya salimos.

Estamos en la puerta de la Casamance, región situada en el suroeste de Senegal, provista de exuberante vegetación. Las cabañas de los poblados son diferentes a las vistas anteriormente. Estas son más grandes, redondas, de cañas o barro y los techos cónicos bastante altos.


Aquí no se ven niños jugando en el margen de la carretera, como en Malí. Seguramente están dentro de los límites de sus poblados.

La carretera hasta Kolda está en muy malas condiciones, llena de socavones, que el taxista tiene que sortear. Pero a ambos lados de la carretera hay mucha vegetación y arbolado, lo que convierte a esta ruta en agradable y relajante.

Día 15.- Hemos tenido suerte. Conseguimos un taxi -para ir a Ziguinchor- para nosotros solos, y el precio ha sido más que razonable. En esta ruta el paisaje cambia radicalmente, es mucho más bonito. Es un auténtico paraíso. La naturaleza ha sido muy agradecida con esta zona.


Llegamos a Ziguinchor y el taxi nos deja en la puerta del albergue Casa Afrique. Las habitaciones son amplias y con baño completo. Se presenta un chico proponiéndonos un paseo en piragua por el río Casamance, para mañana. La ruta y el tiempo nos parece bien, pero el precio es un poco alto y le decimos que más tarde ya concretaremos.

Salimos los cuatro a pasear por una bonita ciudad. Está limpia y muy ordenada. Hay tiendas de comestibles, bares y restaurantes. Yendo cerca del río vemos el muelle desde donde sale el barco que va a Dakar y miramos los horarios y el precio. Saldremos el próximo jueves, día 22 a las tres de la tarde.

Seguimos el camino y llegamos hasta el bonito hotel Le Parroquet. Sabemos que aquí está el embarcadero de las piraguas, que hacen el paseo por el río. Nos sentamos a tomar un refresco y, al momento, se nos acerca un hombre ofreciéndonos la excursión. La ruta y el horario son iguales que nos han ofrecido anteriormente, pero ésta es más barata. Total que, hablando y hablando, descubrimos que es la misma excursión y el otro tipo ha añadido al precio “sus honorarios”, por hacer de enlace. Quedamos que mañana a las nueve estaremos aquí para embarcarnos. ¿O se dice “empiraguarnos”?

Día 16.- Está haciendo un día espléndido y con el calor al que todavía no nos hemos acostumbrado. Tenemos la piragua para nosotros solos y el guía.

Entramos por diferentes meandros llenos de bonitos manglares, en el río Casamance. Nos lleva hasta la Île des Oiseaux (Isla de los Pájaros). Hay centenares; muchos, en su nido incubando los huevos y otros, con los polluelos ya nacidos, llevándoles comida. Vemos garzas, cigüeñas, martín pescador, cormoranes y otros que no conozco.



Djilapao, es un pequeño poblado que tiene una particularidad: sus casas de dos pisos. Visitamos una, de planta cuadrada, enteramente de adobe y con techumbre de paja. Lo que tiene de interesante esta casa es que todas las estancias están decoradas –en altorrelieves- con vistosas imágenes en barro, interpretando escenas cotidianas de hombres, mujeres y animales: el trabajo en el campo o los métodos de labranza.




Seguimos navegando y llegamos a Affiniam donde comemos y pasamos las horas de más calor. Regresamos a Ziguinchor sobre las cinco de la tarde.



Día 17.- Íbamos mi compañero y yo a buscar un taxi, para ir los cuatro a Kafountine, cuando se acerca un chico ofreciéndose a llevarnos en su coche. Hablamos de un precio, negociamos y acordamos ir con él. El coche está en buen estado. Es un Peugeot 504 en el que cabemos los cuatro muy ampliamente. En tres horas llegamos. Estaremos tres días de relax bañándonos en su enorme y desierta playa.

Nos alojamos en el Campement La Bolonga, dirigido por un francés que ya lleva más de 20 años con el negocio. Es un espacio bellísimo -6 hectáreas-, lleno de árboles, plantas y flores, pero sin corriente eléctrica. En las habitaciones, muy limpias y con baño, hay velas para que nos iluminen por la noche. La playa está a escasos 150 m.



Al atardecer salimos a pasear por la orilla del mar, y llegamos hasta el barrio de pescadores, que está a unos dos kilómetros del alojamiento. Parece que ya han llegado todos los pescadores de su faena, y subimos hasta la carretera.

Ya ha oscurecido y al llegar arriba olemos que están asando pescado -en un chiringuito- y nos entra un hambre feroz. Ahí, en el margen de la carretera han encendido unos fuegos con leña, donde lo están asando.


Los del chiringuito colocan una banqueta de madera y con las linternas nos iluminamos, pues tampoco llega hasta este barrio la luz eléctrica. En un plato traen cuatro hermosos pescados, humeantes y sabrosos y así, a pellizcos -con los dedos- los comemos.


Cuando es la hora de pagar nos quedamos sorprendidos. Al cambio, hemos pagado por todo el pescado 1,50 €. No hay que desmerecer a este “restaurant”, están muy preparados: nos acercan un cubo de agua y jabón en polvo, para lavarnos las manos después de cenar.

Seguimos el camino y llegamos hasta el centro del pueblo. En sí no tiene gran cosa, pero está lleno de comercios y decidimos hacerles una visita el último día para comprar los regalitos de recuerdo.

Como ya no hay taxis, volvemos al Campament a pie, con la luz de las linternas.

Día 18.- Los cuatro vamos a la playa. Mientras las chicas y yo tomamos el sol y nos refrescamos, mi compañero se va a curiosear por los alrededores. Un rebaño de vacas pasa junto a la orilla; parece que van a pastar en un terreno cercano, cuidadas por un pastor que no debe de llegar a los ocho años.



Después de un buen rato regresa con unas fotos impresionantes: Ha llegado hasta una zona arbolada -donde construyen piraguas- y ha encontrado a un grupo de hombres, en pleno proceso de construcción de un cayuco (patera, le llamamos aquí). Uno de ellos, le ha explicado que esa piragua será para llegar a España, por Las Canarias. Les ha pedido permiso para hacer fotos y ha hecho varias.



Me quedo pensando en los de la patera. Parece mentira que en la televisión y en otros medios, les explican todos los problemas que pueden tener al embarcarse, pero ellos hacen caso omiso a las advertencias. Su finalidad es salir de aquí y ganar dinero para dar de comer a padres, hermanos e hijos.

Por la tarde regresamos a la playa, para ver llegar a los pescadores. Se arma un gran revuelo al ver que hacemos fotos. No nos dejan. Hacemos alguna, pero son “robadas”.


Es curioso el sistema que utilizan: los cayucos con el pescado, se acercan al máximo a la orilla, entonces un grupo de hombres cargados con grandes cajas de plástico, esperan una orden del armador. Cuando la barca llega entran deprisa al agua, les cargan las cajas con el pescado y salen corriendo para llegar lo antes posible a la lonja.



La barca ya más ligera de carga, la arrastran hasta la playa por medio de una cuerda larga y la suben a la arena ayudados por unos rodillos de madera, que colocan debajo de la barca. Todo a fuerza de brazos. No hay máquinas, ni poleas, ni nada.

En la orilla, vemos a grupos de mujeres limpiando el pescado de escamas y entrañas. Estos serán los que cocinarán más tarde, arriba en la carretera.

Día 19.- No tengo ganas de moverme del Campament, así que, mientras los demás se van a la playa, aprovecho para lavar un montón de ropa que tendremos que utilizar en los próximos días. Comemos y pasamos la tarde juntos charlando.

Día 20.- Por la mañana hemos ido al pueblo para visitarlo bien y comprar los regalos que llevaremos a nuestras familias y amigos.

Y por la tarde vamos a ver a los pescadores, pero esta vez acompañados de un chico africano, que ha conocido mi compañero, y así poder pedir permiso para hacer fotografías de todo lo que ocurre con la llegada de los cayucos. El joven es de Costa de Marfil y está aquí esperando a reunir el dinero para pagar su “plaza” en una patera de las que vienen a España. Mientras caminamos por la playa, vemos a mariscadoras que, muy duramente, recogen almejas cerca de la orilla.



Y el rebaño de vacas que regresa a su cercado.


Llegamos hasta la estación de taxis para concretar con un taxista que mañana nos venga a recoger al campamento, para llevarnos a Ziguinchor. Quedamos con él a las 10 de la mañana.

Día 21.- Puntualmente ha llegado el taxista. En tres horas llegamos a Ziguinchor. Esta vez nos alojamos en el Hôtel Ndaary. Compramos los pasajes para Dakar y dedicamos el resto del día a pasear por esta ciudad.

Día 22.- A las 13:30h., llegamos al puerto para embarcar. El barco no sale hasta las tres de la tarde y, mientras esperamos, vemos nadar y saltar cerca de nosotros, en el río, a un grupo de delfines.


Navegamos durante seis horas por el río Casamance hasta llegar al Océano Atlántico.

Día 23.- Estamos toda la noche navegando y llegamos a Dakar a las siete de la mañana. Después de desembarcar, nos vamos directamente al muelle del ferry que va a Gorée, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1978.

Elena y Teresa no han estado; les hemos hablando tan bien de la isla y de las pinturas, que en ella exponen los artistas locales, que decidimos ir todos para visitarla y poder comprar uno de los cuadros, que tanto nos gustó hace 50 días cuando vistamos Gorée por primera vez. Después de comer volvemos a Dakar y, en el mismo puerto, subimos a un taxi para que nos lleve a Yoff, ciudad cercana al aeropuerto de Dakar. Las chicas ya estuvieron a su llegada y han sido las que nos han animado para quedarnos aquí en vez de la capital. Nos alojamos en el bonito Hôtel Via-Via.

Día 24.- Desayunamos los cuatro juntos, por última vez en este viaje. A media mañana, ellas se van a la estación de autobuses. Todavía les queda una semana de vacaciones y quieren ir hasta Saint Louis y alrededores.

Nos despedimos emotivamente. Han sido muchos días juntos. Muchas horas y, entre personas que se entienden, eso va haciendo mella. Las vemos alejarse en el taxi.

¿Y nosotros, qué haremos hasta la noche? Decidimos ir a pasar el día en la playa. Hace un sol magnífico con bastante aire y eso amortiguará el calor.



A las doce de la noche sale nuestro avión hacia Madrid.

Día 25.- ¡Qué frío! Hemos llegado a Madrid a las seis de la mañana y el Comandante, ha comunicado -por megafonía- que en la capital están a 3º C. Suerte que no hemos de salir del aeropuerto, pues nuestra ropa de abrigo se compone de un jersey de algodón, que llevamos por si en África había alguna noche fresca. No se nos ocurrió pensar que aquí, las temperaturas ya serían de invierno.

Al llegar a Barcelona, los termómetros marcan 6º C. ¡Pensar que hace unas horas, estábamos tomando el sol en la playa…!

REFLEXIONES:
Ahora que han pasado algunas semanas tenemos un poco más de objetividad para sacar conclusiones.

De Senegal nos ha gustado el sur, la Casamance. Es un país relativamente más rico que Malí -el vecino pobre- donde la miseria está extendida por todo el país pero, aún así, lo preferimos por habernos llenado más en todos los aspectos. Todo ello hace que los senegaleses tengan un carácter rayando en la altivez siendo los malienses gente mucho más noble.

En términos organizativos ha sido un viaje bastante duro. Las distancias -en tiempo, no en kilómetros- son enormes. El calor que hemos pasado, en algunos momentos, ha sido tal que por encontrar una botella de agua fría hubiéramos pagado lo que nos pidieran. No hemos tenido, en ningún momento, sensación de inseguridad en Malí; en Senegal sólo en Dakar. La única pega que encontramos en Malí ha sido la de los "guías": allí todo el mundo es guía turístico y se nos ha hecho pesado el batallar con ellos.

El País Dogón es una visita que recomendamos. Del País Basari, lo que hemos visto, nos ha gustado.

Para acabar, decir que este viaje al África profunda ha sido una experiencia que recomendamos y que nos anima a repetirlo, pero la próxima vez será a otros países donde podamos ver animales.



1 comentario:

  1. Brava, il tuo blog è veramente molto bello !!!! Quanta pazienza. Però alla fine è un belllissimo blog!

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