1 sept. 2008

MALÍ (VI): Bamako, Kayes – SENEGAL (II): Tambacunda, Dar Salam, País Bassari


Anterior: MALÍ (V): Bandiagara, País Dogón, Bamako



Días 6 y 7.- Llegamos a las siete de la mañana, a la parada de autobús de Bamako. La salida hacia Tambacunda (Senegal) será a las ocho.

Van cargando y cargando la baca del autobús con bultos y hasta tres motos. Se han hecho las diez cuando se ha puesto en ruta.


A las doce ha hecho una parada, y la siguiente a las seis de la tarde cuando la gente ha bajado a comer en un puesto de carretera. Nosotros sólo tenemos sed de algo fresco y cansancio. No hemos comido.

Nos habían dicho en Bamako, que llegaríamos a Kayes -población antes de la frontera con Senegal- a las cinco de la tarde, y no ha sido hasta la una de la madrugada. Ha parado en una estación de autobuses.

Le preguntamos al conductor la hora prevista de continuar, para ir hasta el pueblo a descansar en un hotel. No nos da tiempo; salimos en cinco horas.

Los pasajeros, todos africanos, se han acomodado en cualquier sitio para dormir: sobre los duros bancos de madera o en el suelo. Nosotros hemos pasado las horas paseando por la zona, y descansando en el interior del autobús.


Son las nueve y no hay indicios de salir todavía. El conductor nos dice que esperamos a que lleguen más pasajeros. Vamos a hablar con el responsable de la compañía de buses; el señor ha comprendido nuestra queja y se ha comprometido a despachar el bus en media hora. Antes de las diez estábamos en ruta.

El viaje en autobús Bamako-Kayes-Tambacunda (Senegal), ha durado 30 horas. Ha sido realmente agotador.

Hemos llegado a Tambacunda a las cuatro y media de la tarde. Acalorados, cansados y con unas ganas enormes de tomar una ducha fresca, nos dirigimos a un albergue, cuya publicidad he visto a la entrada de la ciudad. Una habitación muy espartana, pero para dormir una noche ya es suficiente.

Mi compañero se va a la ducha y aparecen por debajo de la cama, dos "bichitos" negros, bien cebados, de unos 3-4 cm. de largo, con patas y antenas muy largas. Pego el consabido grito de asco y de todo, y mi compañero sale a ver qué pasa. Con un zapatillazo los deja planos.

Estoy en la ducha, y del desagüe sale uno que parece un camión. Chillo como una histérica. Mi compañero entra, se lo carga y lo hace desaparecer por el desagüe. Ya no consigo ducharme tranquila.

Mientras estoy en el baño mi compañero retira las camas y las mesitas de noche y empiezan a salir más bichos de diferentes tamaños. Salgo de la ducha y lo encuentro en plena cacería. Me pide que le mire la espalda porque nota algo raro, se desabrocha la camisa y ahí, bien agarrado en la cintura, tiene uno de más de cinco centímetros. Cojo la camisa y le doy una sacudida y lo mando sobre la cama.

Estoy histérica. No lo soporto. Me empieza a picar todo el cuerpo. Me visto rápidamente y salimos de la habitación. Hay muchísimos en recepción. Hablamos con el señor del albergue para que nos de una habitación sin “animalillos” y con mosquitera y nos dice que todo está igual. Toda la ciudad. Que es normal después de la época de lluvias.

En unos segundos tomamos la decisión de irnos de allí, al menos del albergue. Ha anochecido y aparecen más y más. Entramos en la habitación rápidamente, cogemos la mochila y, ya en la calle, llamamos un taxi. Le digo al taxista que nos lleve al mejor hotel de la ciudad. Me dice que es muy caro y le digo que no importa, que nos saque de allí velozmente.

Nos acomodamos en el Hotel Niji, en la otra punta de la ciudad. En el jardín no se ve nada que “moleste” y menos en la habitación. Además hay mosquitera. Todo está en orden.

Salimos a cenar, pero yo tengo el estómago revuelto y siento picor por todo el cuerpo, así que decido no comer nada. Entramos en un “restaurant” (es lo que pone en el cartel). Sólo hacen bocadillos. Mi compañero pide uno y una cerveza y yo un refresco. Nos acomodamos y en la cortina de plástico -que hace de puerta de entrada- está salpicada de los mismos bichos. A cual más grande. Consumimos deprisa y salimos de allí volando, no sin antes ver que sobre los hombros de dos comensales, estaban descansando sendos “animalitos”. Hay muchos en la calle y vamos a refugiarnos al hotel. He sabido que es una plaga de grillos, no hacen cri-cri, pero vuelan.

Día 8.- Por la mañana subimos a un taxi-brousse, de siete plazas. Pero éste no iba a serlo: junto al conductor se sienta un hombre con dos niños encima. En los asientos del medio tres mujeres, con un niño cada una y detrás, nosotros y una niña con otra más pequeña en brazos. Total: 14 personas.

Al cabo de una hora de trayecto llegamos a Dar Salam, poblado situado en el Parque Nacional Niokolo Koba que, en 1981, fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Nos alojamos en el Campement Dar Salam, donde hay unas cabañas de obra con techo de paja, muy limpias y con baño, pero sin climatización, pues no hay electricidad.



Estamos comiendo y en la mesa de al lado hay un hombre hablando en francés con la dueña. Por el acento imagino que es español. Oigo que pregunta datos para hacer mañana una excursión por el Parque. Se lo comento a mi compañero y le ofrecemos de venir con nosotros. Está de acuerdo y se sienta con nosotros para acabar de comer. Se llama Joan y vive en Menorca.

Cuando nos levantamos de la siesta, Joan está hablando con dos chicas españolas, que ya han hecho el safari y se van hacia Kédougou -nuestro próximo destino, para visitar el País Bassari. Nos sumamos a la charla y como ellas no tienen ruta concretada deciden esperarnos en Kédougou hasta pasado mañana, que es cuando iremos nosotros.

Día 9.- Joan y nosotros dos montamos en el coche y nos adentramos en el Parque -con un guía y el conductor- y recorremos 20 kilómetros de pista hasta llegar al Hotel Simenti, a orillas del río Gambia, desde donde hacemos alguna caminata por los alrededores.


La hierba está alta y hay mucha agua en el Parque por lo que los animales están dispersos. Es difícil ver animales: sólo algún jabalí, antílopes, monos y diferentes aves. Aunque hemos visto pocos, la realidad es que en ese parque no abundan. Nos ha desilusionado esta visita.


Nos dicen que la mejor época para visitarlo es entre Diciembre y Febrero, cuando han quemado las hierbas altas y los animales se acercan a las acequias para beber.

Día 10.- Antes de las nueve de la mañana nos ponemos los tres en la carretera, frente la puerta del campamento, esperando que pase un coche que vaya a Kédougou.

No es hasta las doce que sale un 4x4 del Parque y se dirige hacia allá. Va con una pareja, son españoles y aceptan que subamos con ellos, pues es transporte privado.

En dos horas llegamos al Campement Chez Moise en Kédougou, donde están esperándonos Elena y Teresa. Comemos juntos y planeamos la excursión por el País Basari para los dos próximos días. Ellas ya han contactado con un chico que nos hará de guía.


Por la tarde paseamos por el pueblo. Me gusta. Está más limpio y mejor ordenado que los que hemos visto hasta ahora. Visitamos el mercado, bastante bien abastecido, pasamos frente a la radio y pedimos de entrar para ver las instalaciones. Muy, muy sencillo, pero emiten música, entrevistas y otros eventos. Me piden que escriba el nombre de todos nosotros y anuncian por micrófono que hay unos españoles (dan nuestros nombres) de visita en la radio. Todos están pendientes de nosotros y responden a nuestras preguntas.



Actualización: En el año 2012, el País Bassari fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Día 11.- Acabando el desayuno, y preparados para salir hacia el País Bassari, mi compañero tiene un dolor en el costado derecho que le está molestando mucho. Se acuesta un rato a la espera de que se le pase. Vomita el desayuno. Y el dolor le sigue apretando. Si tuviera Buscapina…, le digo a Joan, que es enfermero, y me dice que él tiene inyectable y jeringas. Sin demora le pongo una inyección. Los demás van al mercado a comprar presentes para los jefes de los poblados que visitaremos: nueces de cola, sal, azúcar y jabón.

Hacia las diez mi compañero se encuentra mejor y decidimos emprender el viaje. Por un camino de tierra y con muchos baches llegamos hasta Dindefelo, a una hora de trayecto. Bajamos del coche y caminamos bosque adentro hasta llegar a la cascada: salto de agua de unos 100 metros de alto.


De regreso al coche, vuelve a tener dolor. Se le está colocando hacia la región lumbar. ¿Será un cólico de riñón?. Comentamos de quedarnos en ese poblado; parece que el campamento está limpio y no estamos tan lejos de Kédougou, en el caso de necesitar cuidados hospitalarios. Después de descansar un rato, mi compañero decide seguir ruta, pues dice que ya se encuentra mejor.

¡Menudo error! El siguiente campamento, Iwel, está a unas dos horas por un camino infernal de tierra, lleno de baches y riachuelos que hemos de cruzar. El lugar no tiene agua corriente ni electricidad. Mi compañero llega fatal. Pasa el resto de la tarde acostado con dolor y náuseas. Le digo que vaya bebiendo repetidos sorbos de agua. Si es el riñón le irá bien para ayudar a sacar las piedrecillas o arenilla. Y si es un cólico abdominal, le ayudará a rehidratarse. Por la noche he de volverle a inyectar otra Buscapina.



Día 12.- Ha dormido bastante, pero no se decide a desayunar. Los demás deciden ir hasta Iwol, poblado situado en lo alto de la montaña. Cuando regresan nos explican lo difícil de la ascensión, pero quizás peor el descenso, pues hay tanta pendiente que iban resbalando.

Ahora ya está mucho mejor y, a primera hora de la tarde, nos montamos en el coche para regresar a Kédougou donde esta vez nos alojamos en Chez Diao, muy recomendable.


Siguiente: SENEGAL (III): Tambacunda, Kolda, Ziguinchor, Kafountine, Yoff



2 comentarios:

  1. ara feia una mica de repás de la teva estança a senegal... vem estar aquest estiu gairebé als mateixos llocs!
    a viam si trobo una mica mes de temps per llegir les teves aventures!
    salut!

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  2. Benvingut!!
    Ja saps... la porta és oberta per quan vulguis tornar.

    Qué maca és Àfrica, oi?

    Passaré per el teu blog amb calma; són quasibé les dues de la matinada!!

    Salutacions!

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