1 sept. 2008

MALÍ (V): Bandiagara, País Dogón, Bamako


Anterior: MALÍ (III): Tombuctú, Navegación río Níger


Día 31.- Subimos a un taxi compartido para dirigirnos a Bandiagara. Durante el trayecto hago notar a mis compañeros, que el conductor sólo dispone de dos marchas: la segunda, con la que arranca y la cuarta, para circular. Cada vez que intenta cambiar hace un ruido espantoso y sale un humo blanco del cambio de marchas. El conductor saca la cabeza por la ventanilla para evitar el humo, mientras una pareja de franceses -que van en el asiento delantero- se miran estupefactos.

En un punto del trayecto sube una cuesta, en segunda, y al llegar arriba ya no le entra ninguna otra marcha y el coche se niega a seguir. Bajamos todos. El conductor abre el capó y “refresca” con agua el radiador.

Observando bien el coche veo que le faltan los faros, que de momento no hemos de utilizar pues es de día; hay dos llantas a las que no se les ve el dibujo y las puertas están que se caen. Intenta arrancar el coche y el motor no responde. Nos refugiamos todos bajo las pocas sombras que hay. En el coche viajamos: una pareja de franceses, ya mayores con su guía maliense; dos africanos y nosotros tres. El conductor y el guía hacen llamadas con su móvil y nos comunican que ya está viniendo un coche desde Bandiagara (15 Km.) para recogernos.


Llega un Mercedes y el guía hace subir a los dos franceses y nos propone subir nosotros, previo pago de una cantidad que no he querido escuchar. Le decimos que ya hemos pagado el trayecto con el taxi y nos responde que ése es un coche privado, de su hermano, y que nada tiene que ver con el taxi. A un particular no le vamos a pagar, así que esperamos el coche que sustituirá al taxi. En 15 minutos lo tenemos ahí. Nos subimos todos, atan con cuerda el coche averiado y nos vamos remolcándolo.


Nos alojamos en el hotel Le Kambary, muy bonito y limpio. Comemos un excelente gazpacho!!.
Pasea entre las mesas el niñato que lo dirige –de Suiza- mostrándose muy altivo. Además cuando no está fumando, como una chimenea, tiene un vaso de whisky en la mano.

Después de un chapuzón en la piscina, salimos a conocer el pueblo: muy polvoriento, sucio y sin red eléctrica, así que volvemos al hotel antes de que anochezca.

Día 1 de Noviembre.- Son las 12 del mediodía. Mi compañero y yo estamos en la terraza de otro alojamiento, algo tristes.

Esta mañana, después del desayuno, no sé muy bien cómo, Claudia ha visto que en nuestro hotel -Le Kambary- estaban preparando nuestra factura. Al preguntar, le dicen que sólo tenían la habitación libre para una noche, que para las próximas el hotel está al completo.

Nos quedamos perplejos y, particularmente Claudia, muy enfadada. Decide hacer su equipaje y marcharse a Burkina Faso. No logramos convencerla para que siga con nosotros.

Dejamos nuestra mochila en recepción y salimos los tres a la calle. Claudia con todo su equipaje. No quiere volver para nada al hotel y va cargada como una mula. Le acompañamos a buscar transporte para Burkina.

En la carretera, bajo un árbol, hay varios hombres sentados. Uno se levanta, cruza la carretera y se dirige directamente a Claudia: -¿Vas a Burkina? Ahora saldrá un coche hacia allá.- Todavía no sabemos cómo ha sabido el destino de Claudia y de sólo ella. ¡¡Estamos en África!!

Nos acomodamos bajo la sombra del árbol y nos pasamos las direcciones de correo electrónico. En un momento la vienen a buscar con prisas: el coche está por salir, aparcado en otra calle. Nos abrazamos emocionadas: yo, con un nudo en la garganta y ella, con lágrimas en los ojos. Se abraza a mi compañero.

No pensé que la despedida sería tan rápida. Estos días juntos han estado llenos de vivencias muy intensas. No los olvidaremos. La miro cómo se aleja acompañada de un chico que le lleva su equipaje. Me sabe mal que haya sido tan impulsiva en tomar la decisión de marcharse.

A los pocos minutos aparece, inesperadamente, Michel con un guía. Nos habíamos despedido de él en Tumbuctú y, a los pocos días, nos volvemos a reencontrar. ¡¡Seguimos en África!! Le explicamos lo sucedido y nos dirigimos hacia el albergue donde se hospeda: Auberge Kansaye. Disponemos de una habitación muy sencilla, con dos catres y un ventilador, que nos parece bien.


Hablamos los tres con el guía y llegamos a un acuerdo de ruta y precio por el País Dogón. Saldremos mañana a las siete y volveremos pasado, a media tarde. El trayecto es para hacerlo a pie. No sé si aguantaremos bien con este calor infernal.

Día 2.- Un coche nos sube a lo alto de la Falaise de Bandiagara, fractura geológica de aproximadamente 200 km de extensión. Localizada entre la sabana y la planicie del río Níger, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1989.

Después de una corta caminata llegamos al primer poblado dogón: Indelu. El guía nos ha acompañado a saludar al jefe, entregándole nueces de cola.


Las viviendas, de planta cuadrada, están levantadas con piedra y barro y cada una dispone de un granero circular o de planta cuadrangular, edificado en adobe con la techumbre de paja, para guardar trigo y mijo.

Seguimos paseando por este poblado de gentes amables y cariñosas, donde las mujeres -protegidas en la poca sombra que dan sus viviendas- muelen el cereal.



Una anciana hace gestos para que entremos a su patio. Hace ademán para que me siente a su lado y me estrecha cálidamente la mano. Pasamos un rato juntas, sin hablar, pero me transmite una gran energía. La casa -más grande que las demás- está construida con barro. Es la casa del Hogon, el personaje más importante de la sociedad Dogón -máxima figura política y religiosa de esta etnia.


Empezamos el descenso de la Falla y llegamos a Benigmato. El jefe del poblado está en lo alto de una roca, divisando todo el pueblo. Nos ha contado que es Dogón cristiano, y lleva colgado del cuello un rosario. Es cazador, así como otros hombres del poblado y nos ha llevado a su casa para enseñarnos los útiles de caza.


Una pequeña iglesia, hecha enteramente de barro, es la que utilizan para asistir a Misa, los que son católicos.


Después del fuerte sol del mediodía, continuamos hasta Djucumbombo, donde hemos visitado su mercado, y de aquí a Kani, llegando a las cinco y media; antes del anochecer.


Nos alojamos en un campamento al pie de la Falla. Unas colchonetas en una terraza serán nuestras camas para esta noche; por techo: las estrellas.

Hoy hemos caminado -bajo un sol de justicia- atravesando campos y pasando por otros poblados, 7 kilómetros.

Día 3.- Todos los del campamento nos hemos levantado al amanecer. Está lleno de franceses, que van en grupo con sus guías, haciendo rutas por la zona.


Un buen desayuno nos ha dado fuerzas para llegar hasta Telli, donde nos hemos refrescado, para después continuar hasta Endé, antes de que el sol apriete.

El edificio más importante de las aldeas dogón es la Casa de la Palabra o Toguna –lugar prohibido a las mujeres-, construcción sostenida por pilares de madera –a veces tallada con formas de animales-, que soporta un grueso tejado de paja de mijo, el cual aporta su simbolismo animista. En ella se reúnen los ancianos durante largas horas para tratar los problemas de la comunidad. El espacio interior es sorprendentemente bajo para impedir que, durante una discusión, nadie pueda levantarse para imponer físicamente su criterio.


Después de comer hemos hecho los últimos kilómetros hasta llegar al punto donde nos recogerá el coche para devolvernos a Bandiagara. Antes de subir al coche, nos hemos despedido de Michel, pues él continúa el viaje hacia el sur de Malí.

Al llegar a Bandiagara, en el Auberge Kansaye, hemos pedido refrescos y nos los sirven helados, cosa que agradecemos como nadie se imagina.

Hoy hemos notado el cansancio de ayer: se han repetido las mismas circunstancias de calor y sin agua fría. Durante la caminata, al no haber electricidad, en los poblados o campamentos, sólo nos han podido ofrecer bebida refrescada con agua de pozo. Sólo han sido 12 kilómetros, que se nos han hecho muy largos.


De los poblados que hemos visitado, es Indelu el que más nos ha gustado: quizás por haber sido el primero. Pero, en general, todos son más de lo mismo. Hemos hecho bien en sólo contratar dos días y una noche en vez de tres días y dos noches como habíamos pensado al principio.

Esta experiencia es aconsejable; es otro mundo el que hemos visto.

Día 4.- Hoy, mi compañero y yo, hemos decidido pasar el día remoloneando en Bandiagara, donde hemos podido ver una bellísima Casa de la Palabra y una "gasolinera".



Día 5.- Un taxi compartido nos lleva a Sévaré, donde cogemos un bus hasta Bamako. Nos alojamos otra vez en la Mission Catholique.

Estando en el “restaurante” de enfrente, aparece de nuevo el “guía profesional” –del primer día- con unos clientes; se acerca a mí y, gritando y gesticulando enérgicamente, me dice que él es guía y los otros no. Mi compañero tiene que decirle “stop”.

Nuestra ruta continuará por Senegal a partir de ahora. Vamos a la estación de ferrocarril para ver si sale el tren a Tambacunda (Senegal). Nos dicen que el que tenía que salir ayer por la mañana, todavía está en la estación y que quizás salga esta tarde. Y la gente en el tren o en el andén esperando. Así que descartamos la opción del tren y vamos a comprar los billetes de bus a Tambacunda.



Siguiente: MALÍ (VI): Bamako, Kayes – Senegal (II): Tambacunda, Dar Salam, Kédougou, País Basari



1 comentario:

  1. Hola MªMercé. Este blog es fabuloso. Me has resuelto algunas duda que planteaba en el foro de lonely planet (soy GAIA). Solo quería preguntarte si recuerdas cuánto os costó la excursión de los dos día y una noche por el país Dogón, es que no tengo ninguna referencia de precios y mis amigas y yo somos muy malas para regatear. Muchas gracias (yoliro@gmail.com) Yolanda.

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