1 sept. 2008

MALÍ (IV): Tombuctú, Navegación río Níger


Anterior: MALÍ (III): Mopti



Día 26.- A primera hora de la mañana, nos vienen a buscar con el 4x4. Qué lujo de comodidad comparado con otros transportes en los que hemos viajado como sardinas en lata!


Al cabo de ocho horas, llegamos al puerto donde está la pinaza en la que volveremos, pasado mañana, a Mopti. Allí dejamos las cajas de agua mineral, las colchonetas y las tiendas con las que acamparemos, en tierra firme, durante las dos noches que dure la travesía.



Tan sólo estamos a 25 kilómetros de Tombuctú, así que nos montamos al 4x4 y nos dirigimos hacia allí, para alojarnos en el Hotel Bouctou.

Llamada también Timbuktú o Tumbuctú, la ciudad está declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre le viene de la guardiana Buctú, que custodiaba el pozo (tim) alrededor del cual se hizo la ciudad.

Ésta tuvo su mayor esplendor durante el reinado de los Askia (1493-1591), con más de 100.000 habitantes de diversas etnias: beréberes, árabes, mauritanos, bambas y tuareg. En este periodo se origina la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, que reúne manuscritos recogidos por moriscos exiliados.

En 1591 una expedición de hispano-marroquíes -al servicio del sultán de Marruecos- cruzó el Sahara en busca de las legendarias minas de oro de Sudán y conquistó Tombuctú.

Es una ciudad mítica y punto base de las antiguas caravanas que salían cargadas de sal para cruzar el Sahara, situada en las estribaciones del desierto. Allá por el siglo XVIII se decía que las calles de Tombuctú estaban cubiertas de oro, pues 1 Kg. de sal valía 1 Kg. de oro.

Aún hoy, en Zagora (Marruecos), se conserva el famoso cartel que dice: “A Tombuctú, 52 días en camello”.

Se trata de una ciudad llena de polvo, con calor asfixiante y medio destruida. A pesar de esto, en Tombuctú se pueden visitar las Mezquitas de Sankoré y Djingareiber (la grande), construida en 1325 por un arquitecto granadino contratado por el sultán y las casas donde estuvieron los primeros occidentales que llegaron a la ciudad.



Muchos aventureros se dejaron la vida para llegar -como Mungo Park, que nunca logró llegar hasta ella. Con esto quiero decir que lo bonito en sí no es Tombuctú sino llegar hasta Tombuctú.



Mientras cenamos se nos acerca, y saluda -en un correctísimo español- un tuareg, Issa Cissé, que es guía, y nos ofrece diferentes opciones para hacer mañana. Intuimos que es una persona muy legal y en un abrir y cerrar de ojos organizamos: salida a las 16:30 h., en camello, hacia un poblado a 12 Km. de distancia, en el desierto. Durante el trayecto ver la puesta de sol; llegar al campamento, cenar y dormir sobre la arena con el cielo por techo. Sobre las cinco de la mañana desayunaremos y esperaremos para ver la salida del sol. Volveremos al hotel en 4x4 a recoger el equipaje. Después, nos llevará al puerto para embarcarnos en la pinaza y navegar -durante tres días- por el Níger hasta Mopti.

Día 27.- Nos acostamos tan temprano anoche, que antes de las siete ya estamos desayunando.

Aparece Issa y nos dice que ha oído que el barco, en el que viene Michel, llega hoy a las once. En un primer momento queríamos ir a recibirlo (no sabe que estamos aquí), pero conforme avanza la mañana, el calor se va haciendo más y más insoportable y como Issa ha de ir igualmente, buscará a Michel y lo traerá al hotel.

Ahora son las doce del mediodía y estamos los tres tumbados en los sofás de la salita, del hotel, bajo unos enormes ventiladores. Mi compañero y yo estamos acabando la segunda botella de agua mineral de la mañana.

Puntualmente, a las cuatro y media, llega el camellero con los camellos. Michel está muy cansado del viaje y decide no venir con nosotros.

El camellero me hace subir al primer camello: bien sentada me agarro fuertemente y el camello se pone en pie, primero las patas traseras e inmediatamente las delanteras. Parece que me vaya a caer. Tal como me pasó en Marruecos, los primeros minutos son de pánico: te ves tan lejos del suelo… y hasta que no te acoplas a los pasos del animal, parece que vas a caer de un momento a otro.


Tardamos una hora y cuarto en llegar al campamento tuareg. Durante el trayecto hemos visto la puesta de sol: las hermosas puestas de sol en el desierto y en África son indescriptibles.


Nos recibe el jefe del campamento y nos acomoda, en el exterior de las haimas (tienda nómada), sobre unas delgadísimas colchonetas cubiertas por una manta. Sólo las estrellas iluminan el campamento, y las risas de los niños es el único sonido.

A los pocos minutos vemos los faros de unos coches que se acercan. Son tres 4x4 con un grupo de norteamericanos que vienen a ver danzas Tuareg: espectáculo preparado para turistas.

Encienden un fuego y los hacen sentar cerca. En el lado opuesto se colocan un grupo de 10-12 mujeres que cantan rítmicamente al son de una darbuka, y un Tuareg -vestido con el traje azul de los hombres del desierto-, espada en mano, comienza a danzar cerca de las llamas. Los turistas, con ojos de admiración, van disparando los flashes de sus cámaras. Supongo que creen que esos cantos y danzas, forman parte de la vida cotidiana Tuareg. Después de una hora, se van por donde han venido.

Después de cenar, Sandi el jefe del campamento -su foto aparece en la portada de la guía Bradt de viajes sobre Malí- se acerca a nosotros con los utensilios para preparar el té. Mientras, le vamos haciendo las preguntas que nos curiosean sobre la vida y costumbres del pueblo Tuareg.


Sobre las ocho de la tarde ha empezado a asomarse por el horizonte, una grande y hermosa luna llena que, junto a miles de diminutas estrellas, nos van a acompañar en nuestros sueños teniendo el cielo por techo.

Día 28.- A las cinco y media nos han despertado trayéndonos el desayuno y a las seis ya estaba Issa, con un 4x4, para llevarnos a Tombuctú. Ha venido a despedirnos el jefe del campamento.


Hemos hecho los 25 Km. que separan la ciudad con el puerto del río Níger, en moto-taxi: una moto arrastrando un remolque donde nos hemos “acomodado”, los tres, junto a las mochilas.

En la pinaza nos esperan cinco personas: Amadou, el jefe de la expedición; Aisha, la cocinera; dos jóvenes que llevarán el timón y el último que no sé bien qué pinta. Toda una embarcación de 15 pasajeros la tenemos para nosotros tres: Claudia, mi compañero y yo.


Son las cuatro de la tarde. Tras una corta parada en un pueblecito llamado Dire, para comprar provisiones, seguimos navegando y… acaban de emerger a la superficie la cabeza de siete hipopótamos, que se están refrescando en el río.



A las seis ya es oscuro. Varan la pinaza en una islita de arena blanca y fina. En un momento levantan las dos tiendas en las que dormiremos. Cenamos a la luz de las estrellas, admirando el rastro de la Vía Láctea y nos acostamos muy pronto, pues mañana empezaremos a navegar al amanecer.

Día 29.- Son las siete, acabamos de desayunar y nos dirigimos hacia Niafunké, ciudad en la que nació en cantante Alí Farka Touré. Es una ciudad como casi todas las que hemos visto, pero con la particularidad que hay un gran edificio, con diferentes salas para exposiciones y conciertos, pagado por el cantante.


Hacia las cuatro de la tarde, hemos hecho una visita a Youvarou, mísero poblado en la orilla del río. Seguidamente hemos entrado en el Lago Débo.


Día 30.- Esta pasada noche ha sido horrorosa. De entrada, cuando varamos, nos recibió una nube de mosquitos, que no nos abandonó hasta que entramos en la tienda. Ha hecho muchísimo calor y tanta humedad, que esta mañana estaba mojada la ropa que nos teníamos que poner.

Son las 10:30h. Bajamos en la última parada que haremos antes de llegar a Mopti. El pueblito se llama Kora. Enseguida nos vemos rodeados por un buen número de niños que nos piden regalos, caramelos, bolígrafos, etc.




El pueblo está dividido en dos: unas cuantas casas en la ribera del río y el resto, con una bella mezquita de colores, separados por un ancho lago, formado por las fuertes lluvias que cayeron entre septiembre y principios de octubre. Hay zonas en las que se puede cruzar a pie, con el agua hasta la rodilla y otras más profundas, donde utilizan una piragua.

Ha sido una experiencia inigualable.



Durante la travesía hemos contemplado como el paisaje cambiaba desde zonas desérticas a intensivos cultivos de arroz. No obstante está desaprovechado el enorme caudal del Níger.


Hemos visto pinazas de todo tipo que transportaban mercancía o pescadores. En la orilla del Níger multitud de poblados, algunos habitados y otros abandonados, temporalmente, debido a la crecida del río. Todo digno de ver y fotografiar.


El tiempo se vive de una manera muy distinta en África y una delgada línea separa la vida de la muerte. El río Níger sigue su curso, todavía lento, repetido cada año; nunca se seca. Sus aguas han levantado pueblos, culturas e imperios que durante siglos vivieron completamente al margen del hombre blanco. Países, gobiernos, petroleras e intereses comerciales han alterado el equilibrio de la zona. Aún así, el Níger resiste dibujando uno de los escenarios más fascinantes y hermosos de la geografía africana.


Hemos llegado a Mopti a las 15:30h. y nos dirigimos al mismo hotel en el que estuvimos la vez anterior. Mañana iremos al País Dogón.


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