19 sept. 2008

MACAO (II)


Anterior: BORNEO (III): Isla Selingan, Sukau, Cuevas de Gomantong


Día 6.- A las 13:10 despega el avión que, después de 45 minutos de vuelo, nos deja en Kota Kinabalu. Hacemos tiempo en el aeropuerto hasta las 17:05 en que despegará el otro vuelo que nos llevará a Macao

Son las 19:55 h. cuando aterrizamos en el aeropuerto de Macao. Miramos de alojarnos en el hotel del aeropuerto, ya que mañana queremos ir a Hong Kong. Mi compañero sube en ascensor y, a través de un amplio pasillo alfombrado, llega a una impresionante sala con llamativas lámparas y grandes sofás donde está la recepción. Cansado por el viaje y abrumado por lo que ve -no estamos acostumbrados a este tipo de alojamiento- pide precio para una noche: 639 dólares de Hong Kong, le dice la recepcionista. Al oír la cifra sale de allí asustado: nuestro presupuesto no lo soportaría. Ya más calmado y hablando conmigo hace mentalmente la conversión de divisas y se da cuenta de que realmente son unos 60 euros y que "no es para tanto".

De todos modos decidimos irnos a la ciudad, a un hotel que esté cerca de la Terminal de Ferries. Los taxistas chinos no nos entienden. Se acerca uno que parece que entiende algo el inglés y mi compañero se apoya en él para que le diga, al que nos tiene que llevar, que queremos ir a un hotel que no sea ni de precio alto ni bajo: de precio medio. La sonrisa de los chinos nos hace entender que han comprendido perfectamente lo que queremos.

El taxista nos indica por donde vamos pasando, hasta que se mete por una calle donde predominan los edificios con luces de neón: son los archifamosos casinos.



Y se para frente a un hotel. Mientras le estamos pagando, un botones con un carro ya se lleva el equipaje hacia el interior del Hotel Casino Real. Ahora sí que nos asustamos de verdad. Abrumados con tantas luces de colores parpadeantes, no nos damos cuenta a dónde nos ha llevado. Ya hemos descendido del taxi y nuestro equipaje está en el interior esperándonos. Para no hacer el ridículo apechugamos con lo que venga. Vestidos no para la circunstancia -sudados, con bambas y sandalias- entramos a paso firme y, temerosos, preguntamos el precio para una noche. Nos va a costar “sólo” 70 euros. Ésta va a ser la primera y última vez que nos alojamos en un cuatro estrellas.


La primera visita a Macao fue de día, ahora tenemos la oportunidad de verla de noche. El hotel está en la zona donde se ubican los casinos y cada uno llama la atención con atrayentes luces multicolor.



El mundo de los casinos en Macao es algo sórdido por el tipo de gente que bulle a su alrededor: chinos recién salidos del trabajo. No hemos visto a nadie bien vestido, como estamos acostumbrados a ver en las películas, aunque hay algún casino de acceso restringido donde se juegan verdaderas fortunas y adonde acuden personajes distintos a los que hemos visto durante nuestro paseo.

Un edificio domina Macao: Hotel Casino Grand Lisboa. Nos dirigimos a él y, verdaderamente, es imponente tanto por el edificio en sí como por el juego de luces que, cambiante, adorna la fachada.



Regresamos a nuestro hotel y entramos en su casino para verlo. Somos los únicos extranjeros, pero pasamos desapercibidos: los chinos van a lo suyo. En varios pisos, enormes salas llenas de mesas donde se juega al blackjack. Fuman, y gritan cuando pierden. Los guardias de seguridad son otro espectáculo, da pena verlos vestidos a la manera de Pancho Villa.


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