25 ago. 2008

SIRIA (I): Damasco (I)


Relato del viaje a Siria, Jordania y Beirut, del 15 de marzo al 4 de abril del 2007



Día 15.- Estamos en el avión de Air France, en Paris, que ha de llevarnos a Damasco. Estoy sentada al lado de la ventanilla y veo como van cargando los contenedores con los equipajes. Ya sólo queda uno. Da la impresión de que no cabe. Lo abren. Sacan las maletas y… ¡madre mía! Ahí está la nuestra, entre otras. Intentan meter las maletas sueltas, pero no caben. Veo a los operarios como hablan entre ellos y las vuelven a cargar al contenedor y se las llevan. Pienso que a otra bodega del avión. Le voy narrando a mi compañero todo lo que veo. Pero… ¡qué estoy viendo! Están “aparcando” el contenedor en un aparte de la pista, cerca del avión y cierran puertas y empieza a moverse el avión por la pista. Despega y… rumbo a Damasco, cuyo Centro Histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1979.

Cinco horas y media en casi una lata de sardinas. Los asientos e hileras están unos muy juntos de otros y no dejan espacio para moverse ni estirar las piernas.

Llegamos con una hora de retraso. Hacemos los trámites aduaneros que son lentos, pues la policía quiere asegurarse que entre los sellos del pasaporte no hay ninguno de Israel. Los que no conocen o no entienden, les hemos de ir diciendo de dónde son.

Ilusos, vamos a la zona de recogida de equipajes y, es verdad, nuestra maleta y otras se han quedado en París. No cabían. Hacemos la pertinente reclamación y nos comunican que al día siguiente ya la tendremos en el hotel.

En el aeropuerto nos está esperando el taxista enviado por el Hotel Sultan, que nos llevará hasta allí. El hotel está muy bien situado, cerca del barrio antiguo y a tan sólo 5 minutos de la estación de buses Baramke y de la hermosa y antigua estación de trenes Hijaz.


La ciudad de Damasco (en árabe, Dimashq) es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo.

El primer asentamiento en el segundo milenio antes de Cristo, la eligió como la capital del Califato Omeya (661-750). Después de la victoria de la dinastía abasí, la sede del poder islámico se trasladó a Bagdad.

Dataciones por carbono-14 en las afueras de Damasco, sugieren que el sitio pudo haber sido ocupado desde la segunda mitad del séptimo milenio antes de Cristo, posiblemente alrededor del 6300 a. Sin embargo, existe evidencia de asentamientos en la cuenca más amplia del río Barada que datan de 9000 a. C., aunque no hubo ningún asentamiento a gran escala dentro de las murallas de Damasco hasta el segundo milenio antes de Cristo.

Día 16.- Viernes. Festivo en los países musulmanes. Está cerrada la oficina de Air France y no sabemos si hoy nos llegará la maleta.

Cruzamos los 422 metros de largo que tiene el Souq al-Hamidiye (zoco), uno de los más famosos de la ciudad. Todas las tiendas están cerradas. A las 11 de la mañana estamos frente a Al-Djāmī banī Umaya (Mezquita de los Omeyas). Es la más grande de Siria y la cuarta en importancia dentro del Islam tras la Masŷid al-Ḥaram (La Meca), la Masŷid al-Nabawi (Medina) y la Masŷid al-Aqsa (Jerusalén).


Situada en la ciudad vieja de Damasco, después de la conquista árabe, la Mezquita de los Omeyas fue construida por el califa Walid I en el año 705, sobre la catedral bizantina dedicada a Juan el Bautista desde la época del emperador romano Constantino I.



Los muros externos provienen del antiguo templo de las épocas aramea y romana. En estos los muros se observan ornamentos e insignias griegas. Asimismo, se conservan en buen estado algunas columnas del templo, principalmente en la parte oeste, en la plaza enfrente de la mezquita y a unos pasos del Souq al-Hamidiye.




La mezquita tiene unas dimensiones de 157 x 97 m. Por su forma de construcción recuerda a una basílica católica. Es uno de los ejemplos más sobresalientes de la arquitectura islámica antigua, utilizando la piedra como material de construcción. Tiene cuatro puertas, una cúpula y tres minarete; estos últimos construidos posteriormente en un estilo diferente.




Llegamos en el momento de la oración. Me pongo mi velo y, en la entrada, me hacen poner un vestido-saco, para que oculte mis curvas de las miradas masculinas que acuden a rezar. Cruzamos el precioso patio y, en la misma entrada, me invitan a ocupar el espacio reservado para las mujeres mientras mi compañero puede moverse libremente por toda la mezquita haciendo fotos.




Mi recinto se va llenando cada vez más de mujeres y decido sentarme para que no se me vea tanto, pues todas están sentadas o arrodilladas rezando.


En el interior de la mezquita hay un bello sepulcro, que dice contener la cabeza de de San Juan Bautista -considerado profeta, tanto por el cristianismo como por el islamismo.


Ha pasado casi una hora desde que hemos entrado y veo a mi compañero que va a salir y me acerco a él. Está impresionado con la belleza de las lámparas, alfombras, decorados, etc.

Al lado mismo de la gran mezquita, y en un pequeño recinto ajardinado, se encuentra el Mausoleo de Salah ad-Dinn (Saladino), sultán de Siria, Egipto y Palestina; gran guerrero y estratega, liberó al pueblo árabe de los cristianos. Conquistó para sí y los suyos Jerusalén y unificó el Islam. Es venerado por los musulmanes.



En el sepulcro de mármol hay una inscripción en árabe que reza: “Aquí descansan los restos de Saladino, quien liberó a Jerusalén de los infieles”.



Paseamos por el barrio antiguo, curioseando escaparates y disfrutando de las bellas estampas que Damasco nos va ofreciendo a cada paso que damos, hasta llegar al barrio cristiano, donde sí que están las tiendas abiertas.





Por la noche, a las nueve desde el hotel, llamamos al aeropuerto y nos dicen que hoy no hay vuelos de Air France. Dos días, ya, sin equipaje.

Día 17.- Por la mañana vamos a la oficina de Air France, en Damasco, y el señor que nos atiende casi sin mirarnos a la cara, nos dice que allí no podemos reclamar y que lo hemos de hacer en las oficinas del aeropuerto.

Como estamos en la otra punta de la ciudad, cogemos un taxi para que nos acerque al Souq al-Hamidiye. Curioseamos las tiendas y me llevo una decepción. Ha cambiado mucho y ya no es el bonito y variado zoco que yo recordaba, cuando estuve en 1988. Quizás mi percepción de hace 20 años –primer país árabo-musulmán que visitaba- con el de ahora no es la misma.


Situado detrás de la Mezquita de los Omeyas, está Beit al-Azm (Palacio de Azem), construido en el siglo XVIII por el gobernador otomano de Damasco, Assad Pasha al-Azm. Hoy alberga el Museo de las Artes y Tradiciones Populares.

Con una superficie de 5.500 metros cuadrados es uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura otomana en las mansiones de damascenas.

Tiene un gran patio central lleno de plantas y fuentes con surtidores y, a su alrededor, están distribuidas las dependencias de palacio, algunas ambientadas con escenas de la vida cotidiana, que muestran unos maniquís un tanto “kitsch”.




Las habitaciones del palacio, tanto en las paredes como en el techo, tienen paneles de madera de rica policromía.


Es ya la hora de comer y encontramos una casa de comidas. Sólo hablan árabe. Nos sitúan en la parte alta del local, donde acostumbran a estar las mujeres solas o con sus maridos. No entendemos lo que nos dicen y mi compañero baja a señalar la comida: un cocido de garbanzos y habones, con un caldo muy especiado y mucho limón, muy bueno. Nos sirven también un plato con ensalada y encurtidos a la vinagreta.



Normalmente no hay postre ni café. Por nuestra comida pagamos, al cambio, 1 euro en total. Mientras comemos, el camarero se arrodilla en el suelo para rezar allí mismo, a nuestro lado.

Salimos de allí y cerca hay una pastelería donde compramos unos pastelitos que hacen de postre. Nos perdemos por mil callejuelas, zocos, olores, colores y gente.




Son casi las nueve de la noche y el recepcionista del hotel llama al aeropuerto: la maleta ya está en Damasco. Si la queremos hoy, la hemos de ir a buscar nosotros, sino mañana en la mañana nos la traerán al hotel. Decidimos esperar a mañana, pues el gasto del taxi, si vamos nosotros, no sé si lo podremos cobrar de la compañía aérea. Tercer día sin equipaje.



Siguiente: SIRIA (II): Maalula, Bosra


4 comentarios:

  1. Lo de cruzar la frontera en taxi es una odisea de extraperlo :-) a nosotros nos pasó igual, incluso con whisky!
    Hay veces que es mejor no mirar por la ventanilla para no ver lo que hacen o dejan de hacer con tu equipaje

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  2. Es curioso lo que pasa con los taxistas en la mayoría de países del mundo. He vivido más de una situación kafkiana!!

    Abrazos!

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  3. M'encaten "milcamins" els teus comentaris del viatge en el teu Blog. Jo també sóc blocaire des de fa anys i m'agrada fer cròniques dels meus viatges, però les teves estan realment super bé, felicitats.
    Per cert, una curiositat, com aconsegueixes que en totes les teves fotos surti aquest peu amb una mena de @milcamins ??, una mena de copy-right. És molt difícil? a mi també m'agradaria poder-ho fer amb les meves fotos però no tinc ni idea de com s'aconsegueix. Em pots respondre al meu mail per favor ?. sorrosal@hotmail.com
    Moltes gràcies

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  4. Salvador, benvingut, moltes gràcies per comentar i per llegir-ho detingudament.

    Visitaré els teus blocs amb calma.

    Salutacions.

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