31 ago. 2008

SENEGAL (I): Dakar, Isla Gorée - MALÍ (I): Bamako, Ségou


Relato del viaje realizado a Malí y Senegal, durante 45 días, entre el 12 de octubre y el 25 de noviembre del 2007


Día 12.- Hemos salido de Barcelona, con Iberia, hacemos escala en Las Palmas, y llegamos al aeropuerto de Dakar.

Estamos en el control de policía. Nos toca un funcionario, que no tiene su día, al que se le ocurre pedirnos el nombre del hotel donde nos alojaremos; se lo decimos. A continuación nos pide, incomprensiblemente, un fax conforme tenemos la reserva hecha; le decimos que no lo tenemos. Mientras tanto, el funcionario que tiene al lado le hace bromas tocándole la cara. Es un momento de impasse que mi compañero aprovecha para mostrarle un papel donde van anotados el nombre y el teléfono de Casa Akuaba, nuestro alojamiento en Dakar. Lo mira con desgana y estampa el sello en los pasaportes.

Vamos a recoger el equipaje y no está: nos dicen que se ha quedado en Las Palmas. Hacemos la reclamación y nos comunican que mañana estará aquí.

Es un viaje largo y difícil, el que tenemos por delante, y no ha empezado de la mejor manera posible.

Día 13.- Fiesta de fin de Ramadán para los musulmanes. Todo en Dakar está cerrado. La vida parece que se haya parado. Paseamos largamente por la ciudad hasta el anochecer. No hemos visto nada que haya valido la pena y, a cada paso que damos, alguien se nos arrima para acompañarnos y, posteriormente, pedirnos dinero por ello.

Por la noche llamamos al aeropuerto. Nos dicen que la mochila está en Madrid y que vendrá mañana. Estamos preocupados, ya que íbamos a ir a Sant Louis, al norte, y lo hemos anulado: nos vemos obligados a permanecer en Dakar y cambiar la planificación del viaje.

Día 14.- Domingo. Nos hemos levantado temprano para coger el barco de las nueve, que nos llevará en una travesía de 20 minutos, a la Isla Gorée, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1978. Tenemos mucho interés en estar, a las 10, en la Iglesia de Saint Charles: hay una misa cantada.


Si habéis oído alguna vez los cantos de los negros, acompañados por guitarra y órgano, comprenderéis por qué hemos estado una hora y media en Misa. Lo de menos ha sido la ceremonia.


En algo más de dos horas hemos visitado la isla. Entramos en el Museo de los Esclavos que nos decepciona: sólo hay una exposición de paneles explicativos.



Nos llama la atención el colorido de los cuadros expuestos en la calle. Es el principio del viaje y decidimos no comprar nada; pensamos que en algún otro sitio los encontraremos.


Regresamos a Dakar a primera hora de la tarde. Sobre las siete vamos al aeropuerto para saber cómo está el tema del equipaje. Esperamos a que llegue el avión. Ahí está, en la cinta transportadora.

Mañana intentaremos ir a Bamako.

Día 15: Malí (I).- Nos arriesgamos a dejar el alojamiento y vamos en busca de una agencia de viajes. Hemos encontrado pasaje para Bamako: a las dos y media de la tarde sale el avión.


Estamos en el aeropuerto de Bamako, cumplimentando los formularios de entrada al país, cuando se nos acerca un hombre, que se identifica como jefe de policía, y se ofrece a hacernos todos los trámites, para no hacer cola. Prácticamente nos quita los formularios de las manos. Él rellena los formularios, nos pasa por delante de todos, los da junto con los pasaportes al funcionario de policía, que estampa un sello de entrada. Nos dice que el sello es un visado de cinco días de validez y que mañana vayamos a Inmigración para que nos den el definitivo para un mes: esto ya lo sabíamos de antemano. También sabíamos de antemano que, por cada visado, hay que pagar 15.000 FCFA.

Este personaje nos pide que le paguemos y, amparándose en la ambigüedad de la pronunciación inglesa, le dice a mi compañero: fifty (50). Él dice que no, que son fifteen (15). El tipo, al ver que se lo decía con mucha seguridad, responde: fifteen. Le damos el dinero y se lo mete en el bolsillo. Mi compañero le pide un recibo, por cinco veces, y le contesta que en la policía de Inmigración, en Bamako, nos darán el visado y el recibo. Además nos pide que le demos dinero por ayudarnos con los formularios: le damos 2000 FCFA y se queda con cara de desprecio; considera que es poco. Le digo que no le vamos a dar más. No hay otra cosa que hacer, sino salir del aeropuerto.

En el exterior, un montón de taxistas se ofrecen para llevarnos a nuestro alojamiento: Mission Catholique (Telf.+223 2227761), regentado por un grupo de monjitas jóvenes y risueñas. Muy barato: 15€. Las habitaciones son espartanas, con lavabo y plato de ducha. El WC es compartido y está afuera, en el patio.


Desde nuestra habitación oímos hablar en español a alguien que está en el porche. Salimos y conocemos a Miguel, que está en Malí para estudiar percusión; Yolanda, de viaje, y Michel -francés de origen español-, que está haciendo un viaje por distintos países y continentes, de siete meses de duración. Cenamos juntos y estamos hasta las tantas charlando.

Día 16.- Frente a la Mission Catholique hay un antro de “restaurante” donde vamos a desayunar. Todos son muy amables y todos son “guías turísticos”. Un empleado se ofrece para acompañarnos a la policía, sin pedir nada a cambio.

Mientras desayunamos aparca un 4x4, se baja un individuo y se ofrece como guía. Le decimos que no necesitamos guía para ir a la policía. Al rato nos ve acompañados por el empleado y se encara, a gritos, con él del que nos dice que no es guía profesional. Le pido calma y le digo que ese chico nos acompaña sin cobrar.

Llegamos al edificio de Inmigración. Comentamos nuestro caso a la funcionaria que nos atiende, y se desentiende. Nos entra en el despacho de la Comisario que, al ver los pasaportes y el sello que nos pusieron, dice que tenemos que pagar los visados. Le explico que el jefe de policía del aeropuerto nos hizo los trámites y cobró el importe del visado. La Comisario me comenta que nadie en el aeropuerto puede cobrar el sello que nos pusieron. Entonces, mi compañero me dice que le traduzca lo siguiente (no habla bien francés): “Esto es un caso de corrupción en el aeropuerto de Bamako y voy a ir al Ministerio de Turismo a denunciarlo”. Inmediatamente la Comisario se levanta y se ausenta durante unos minutos. Al regresar nos dice que volvamos mañana a las 10, “que buscaremos una solución”. Se queda con nuestros pasaportes.

Día 17.- Estamos a las 10, de nuevo, frente a la Comisario. Coge nuestros pasaportes de un cajón y nos pide que la acompañemos. Nos lleva al despacho del Director General Adjunto de la policía. Le explicamos el caso. Nos pregunta si reconoceríamos al individuo del aeropuerto, a lo cual mi compañero contesta afirmativamente.

-Esperen en la salita que están viniendo los policías que ése día estaban en el aeropuerto-, nos dice.

En treinta minutos llegan dos hombres a los que, en un primer momento, no reconocemos. Entramos los cuatro al despacho del Director y éste llama a la Comisario.

Uno de los “polis” recuerda que le dieron dos pasaportes españoles para sellar diciéndole: “Son miembros de una Asociación” (sic). Después de esta explicación el Director me pide que vuelva a contar qué pasó en el aeropuerto y los policías ponen cara de asombro. Parece que quien nos hizo el papeleo, cobró el importe de los visados e hizo ponernos el sello en el pasaporte, incurrió en algún “error”. El Director nos cita para pasado mañana, viernes a las 10 de la mañana, para encontrarnos cara a cara con el tipo del aeropuerto.


Día 18.- Mientras tanto Michel ya se ha ido del albergue para continuar viaje; Miguel ha encontrado una habitación para alquilar, pues va a quedarse varios meses y Yolanda se viene con nosotros, en taxi, a la Isla de los pájaros. Llegamos al embarcadero y como el río fluye con poca agua no nos podemos desplazar hasta la isla.

Decidimos volver a Bamako, donde recogemos a Mohamed (maliense que vive en Francia), alojado también en la Mission Catholique, y nos dirigimos a la cascada a refrescarnos del gran calor que está haciendo. Regresamos al albergue a la hora de la comida.


Estas noches en Bamako, hemos tenido que “bañarnos” con “Relec Forte” (antimosquitos), pues los bichitos que por aquí vuelan parecen helicópteros; además soy alérgica a las picadas de insectos.

Día 19.- A las diez estamos frente el despacho del Director. Nos hace esperar en la salita a que el fulano ése llegue.

Pasa una media hora y viene la Comisario a buscarnos y nos lleva hacia su despacho. Nos da la solicitud del visado para rellenar. Adjuntamos las fotos y nos hace esperar en recepción, donde un modisto está tomando medidas a una mujer policía recepcionista.

A los 30 minutos tenemos el visado estampado en nuestros pasaportes. Del fulano, ni rastro. Con perplejidad y educación le agradezco la emisión del visado. Nos acercamos al despacho del Director para agradecerle su firma en los pasaportes y nos comenta que al tipo “no lo han encontrado”, pero que cuando volvamos, del viaje, vayamos a por el recibo y a poner una denuncia. Todo teatro.

Con todo este jaleo, decidimos dejar aparcado el viaje a Burkina Faso, para mejor ocasión ya que nuestra planificación, al estar tantos días en Bamako, ha saltado por los aires. Mañana saldremos hacia Djenné.

Durante estos días en Bamako hemos pasado mucho calor, temperaturas de 37 grados de día y 30 de noche: insoportable. Nuestra mayor preocupación, cada vez que salíamos, ha sido encontrar bebida fría.


Las calles están sin asfaltar, las cloacas al aire, y muchas motos de China, soltando humo por el tubo de escape. De los coches no hablemos; están hechos polvo: son de tercera o cuarta mano traídos de Alemania, principalmente. Todo esto unido, hace que la polución en la ciudad haga insoportable pasear por ella a partir del mediodía. Y mucha pobreza; demasiada.

Día 20.- Las carreteras no son de lo mejorcito que hay en el mundo: para hacer 150 Km. necesitamos más de tres horas. Así que hemos decidido hacer noche en Ségou, después de seis horas en un caluroso autobús, sin paradas.

Encontramos alojamiento en un agradable hotel del centro del pueblo: Hôtel Le Djoliba. Ségou tiene todas las características de las poblaciones por las que hemos pasado: mucha gente en la calle, puestecitos de venta de cualquier cosa inimaginable, niños que te llaman “tubabu” (blanco) y te piden “cadeaux” (regalos), “bonbon” (caramelos) y te cogen de la mano y te acompañan un poquito, siempre sonrientes.

No hemos tenido tiempo de ver a fondo Ségou, quizás valga la pena por lo que dicen, pero nuestra intención es estar mañana lunes en Djenné que es día del mercado: uno de los más importantes y coloridos de todo África Occidental.


Siguiente: MALÍ (II): Djenné



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