28 ago. 2008

REPÚBLICA CHECA (II): Ceský Krumlov, Kutná Hora, Praga (II)


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En la estación de autobuses, en Florenc, compramos los billetes para ir a Ceský Krumlov, situado a 188 kilómetros de Praga y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1992.




Se fundó en el siglo XIII, en la región de Bohemia del Sur y en la ribera del río Moldava, que la rodea, dejando parte del pueblo en una península.



Realmente es un pueblo bonito, tranquilo y con encanto, donde no llegan muchos turistas. Además de la ciudad, el atractivo es el castillo edificado sobre una montaña rocosa y que es el segundo más grande de la República Checa.



El castillo fue originariamente sede de las familias nobles de los Rozmberk y los Schwarzenberg: los poderosos Señores de la Rosa. Hemos podido acceder a sus amplios y bellos jardines, desde donde se divisa toda la ciudad.



Después de una jornada agotadora, a las 5 de la tarde cogemos el autobús de vuelta a Praga. Éste ha finalizado el trayecto en un lugar alejado del centro, así que hemos tenido que coger el metro para llegar a él. Es la primera y única vez que utilizamos transporte público dentro de la ciudad.

En la estación de tren de Masarykovo compramos los billetes para ir a Kutná Hora, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1995. Llegamos al cabo de una hora, y un autobús nos lleva a la ciudad, alejada de la estación unos dos kilómetros.


La extracción de plata, que tuvo su auge en los siglos XIV y XV, fue la fuente de riqueza para esta ciudad, llegando a ser la segunda ciudad más importante en el Reino de Bohemia.

Durante el recorrido por la ciudad hemos visto: la Fuente gótica, de base dodecagonal;


la Columna de la Plaga, erigida en conmemoración a que hubo una plaga de peste en la que se cobró miles de víctimas y que por mediación de la Virgen desapareció;


la iglesia barroca de San Juan Nepomuceno;


y el edifico gótico La Casa de Piedra, erigida en el siglo XV, que perteneció a una de las familias más poderosas de la ciudad. Desde principios del siglo XX ha servido como museo y archivo de la ciudad.



En el año 1626 llegaron a Kutná Hora los jesuitas y recibieron la administración de la catedral y empezaron a renovarla.



La Catedral de Santa Bárbara -templo dedicado a los mineros, pues fueron ellos los que financiaron su construcción- simula un gran barco con sus llamativos arbotantes (los remos), y la cubierta (las velas impulsadas por el viento). Sus orígenes se remontan al siglo XIV pero la catedral no se terminó hasta cinco siglos después.




Nos sorprende mucho porqué la UNESCO ha catalogado esta pequeña ciudad, habiendo visto que Philip Morris tiene una fábrica aquí.

En nuestro último día en Praga, salimos del alojamiento y en unos minutos llegamos al barrio Josefov (judío). Sólo nos paseamos por él, no hemos entrado en ninguna de las sinagogas que hay porque vista una se han visto todas y ya la habíamos visto en Marrakech.



En la Edad Media existían dos comunidades diferentes de judíos. Pero fueron fuertemente perseguidos y acusados por los cristianos de incendiar edificios y envenenar pozos de agua. Esta discriminación se redujo bajo el mandato de José II, por eso este barrio se denominó Josefov, en su nombre.

Más tarde, las autoridades de Praga decidieron derribar buena parte de las chabolas donde habitaban los judíos alegando falta de salubridad. En la actualidad se mantiene parte del cementerio judío, varias sinagogas y el Ayuntamiento.

Nos llama la atención una estatua: es Frank Kafka, que nació en este barrio.


Paseando sin rumbo, por el Centro Histórico de Praga, hemos podido contemplar la belleza de los edificios de todos los estilos arquitectónicos desde el gótico, pasando por el Arte Nuevo y el Art Déco.




Edificios con más de mil años de antigüedad, que han escapado a desastres de guerras igual que a reconstrucciones mal pensadas y radicales intervenciones arquitectónicas, que deformaron muchas ciudades europeas. Lo hemos podido comprobar. Ésta es la belleza de la ciudad. Edificios y calles empedradas. Limpieza y orden. Calma y relax. El tráfico ordenado, la gente que no grita; parece una simbiosis artificial, pero es real.


Los precios de los alojamientos están a nivel europeo, quizá altos para el nivel de vida del país. Sin embargo, los transportes y la comida son asequibles.

La seguridad es total. Tanto de día como de noche. Íbamos precavidos acerca de los carteristas, pero no hemos tenido contratiempos.

Recomendamos ir a Praga; es una ciudad preciosa.

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