28 ago. 2008

REPÚBLICA CHECA (I): Praga (I)


Relato del viaje a Praga-Ceský Krumlov-Kutná Hora, del 22 al 29 de Mayo del 2007


Después de un vuelo con Clickair, de dos horas y media, llegamos al aeropuerto de Praga. En el aeropuerto cambiamos euros por coronas checas, para salir del paso, y subimos al shuttle bus, un microbús de la compañía CEDAZ. Nos bajamos en la última parada, en la calle Namesti Republiky, en Staré Mesto, el casco viejo de la ciudad.

A pesar de que nuestra costumbre, en los viajes, es tener reservado alojamiento para la(s) primera(s) noche(s) en el país de destino, esta vez no lo hemos hecho y nos “plantamos” en Praga sin tener donde alojarnos. La razón está en que queremos alojarnos en la parte antigua de la ciudad, pero los precios que habíamos visto estaban por las nubes. Así que decidimos buscarlo al llegar.

Nos gusta el barrio y nos dirigimos al Travellers’s Hostel, del que tenemos referencias, pero sólo tienen disponibilidad para una noche. Aceptamos y enseguida nos dedicamos a buscar alojamiento para las seis noches restantes.

Hemos acertado en la zona. Andando podemos ir a cualquier parte de la ciudad que nos interese. Después de media hora mirando hoteles, en los alrededores, con precios que asustan, conseguimos uno en las cercanías, Hostel Centrum (Soukenická, 12), y a un precio más barato que el anterior. Ya tenemos solucionado el tema del alojamiento.

Praga nos recibe lloviendo y dadas las pocas horas de luz que nos quedan, lo dedicamos a explorar los alrededores y situarnos.

Buscamos en las diferentes casas de cambio el más favorable. Anuncian un tipo de cambio que no es el aplicado cuando se cambian euros por coronas. Asombrosamente es el que aplican cuando se cambian coronas por euros, que es más alto que el otro. Esto hay que tenerlo muy en cuenta y preguntar antes de hacer la operación. Un alemán confiado hizo la operación de cambiar euros y cuando vio el dinero que recibió quiso volver atrás y allí lo dejamos… “que si llamo a la policía” y esas cosas.

A partir de mañana, con un mapa en la mano y una lista de sitios a visitar, nos lanzaremos a la calle pero sin un itinerario prefijado. Esto es lo que hay que hacer en esa ciudad: perderse caminando por las calles e ir descubriendo su belleza sobre la marcha; no en vano, su Centro Histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad, en 1992.

Pocos minutos después de salir de nuestro alojamiento divisamos a lo lejos la torre de un edificio. Nos acercamos y, según el mapa, es la Torre de la Pólvora, de estilo gótico tardío.



Hemos subido, previo pago, a lo alto a través de una escalera estrecha de caracol, desde donde contemplamos el centro histórico de la ciudad.


La Torre de la Pólvora fue construida en el lugar de una torre más antigua, de una fortificación original de la Ciudad Vieja del siglo XIII. Cuando fue fundada la Ciudad Nueva, esta fortificación perdió su significado de protección y, con el tiempo, fue deteriorándose.

A finales del siglo XIV, el rey Wenceslao IV se mudó a esta parte de la ciudad y este palacio se transformó en la sede de los reyes checos durante los siguientes cien años. El mal estado de la torre medieval y la presencia de la sede real, fue un impulso para la construcción de una torre nueva. Fue fundada en el año 1475 como torre representativa de la Ciudad Vieja.

La piedra fundamental la colocó el rey Vladislao Jagellón pero, por conflictos con los burgueses, decidió restablecer su residencia en el Castillo de Praga y ellos, después, perdieron el interés por su construcción y fue cubierta sólo provisionalmente.

En 1715 bajo el reinado de José I de Habsburgo, las salas se convirtieron en lugares donde se almacenaba la pólvora para fines militares. De ahí su nombre.

Desde la Torre de la Pólvora paseamos por la interesante Calle Celetná, donde Kafka vivió repetidas veces, hasta Staromestske Namesti (Plaza de la Ciudad Vieja, s. XIV-XVI), inicialmente un centro de mercadeo. Rodeada de antiguos edificios, es uno de los sitios históricos más bellos de Europa.



Es el centro neurálgico de Praga. En ella destaca la Torre gótica del Ayuntamiento con el Reloj Astronómico. Frente a él, multitud de turistas esperan –diariamente- a que, en las horas en punto, se ponga en marcha un mecanismo que permite asomar, a través de dos ventanitas, las figuras de los apóstoles y de Jesús.




En la Plaza de la Ciudad Vieja y embutida entre edificios, está la Iglesia de Nuestra Señora de Týn (XIV-XVI), de la que se puede apreciar parte de la impresionante fachada y las dos torres que dominan el entorno.


En una esquina de la plaza está la Iglesia barroca de San Nicolás. Frente a ella, cada atardecer, nos podemos encontrar a una persona muy especial en Praga, el saxofonista Vladimir Pinta.



En medio de la plaza está el monumento a Jan Hus, que no hemos podido fotografiar porque está cubierto por rehabilitación.

Esta cosmopolita plaza es que es el punto de encuentro de multitud de turistas y le da una animación especial. Nos hemos sentado en la terraza de uno de los múltiples cafés que hay, para ver el ir y venir de la gente. Y nos asombramos, negativamente, por el descaro de los camareros que, una vez ven el vaso o la taza vacíos, no paran de incordiarnos para que consumamos más o nos levantemos.

Para el viajero que le apetezca, hay multitud de tours diarios por la ciudad y a los alrededores. Asimismo hemos encontrado una gran oferta de conciertos; prácticamente en cada iglesia o basílica ofrecen todos los días un concierto. Todo orientado al turista, a precio de turista, evidentemente. Hemos asistido a uno que nos ha llamado la atención: música clásica y Jazz, en el que el Bohemia Saxophone Quartet ha interpretado "Rhapsody in Blue" como pieza principal, y clásicos como Mozart, Händel y Bizet. Nos ha costado 22 euros cada uno, caro, pero ha valido la pena.

Desde la Plaza Vieja y a través de un pequeño recorrido por calles con encanto, nos encontramos con la Calle Kurlova, que nos dirige directamente a otra de las atracciones de la ciudad: Karlov most (Puente Carlos), que atraviesa al río Moldava.


Es el puente más antiguo de la ciudad, construido en 1357 por el rey checo Carlos IV y finalizado a principios del siglo XV. Dado que en aquellos tiempos constituía la única forma de atravesar el río, se transformó en la vía de comunicación más importante entre la Ciudad Vieja, el Castillo y las zonas adyacentes hasta 1841. Fue también una conexión importante para el comercio entre Europa Oriental y Occidental.


Tiene una longitud de 516 metros, su ancho es de casi 10 metros y se encuentra apoyado en 16 arcos. Está protegido por 3 torres distribuidas entre sus dos cabeceras, dos de ellas en Malá Strana y una, en el extremo ubicado en la Ciudad Vieja. Ésta es considerada como uno de las construcciones más impresionantes de la arquitectura gótica en el mundo.



El puente está decorado por 30 estatuas de estilo barroco, situadas a ambos lados del mismo: son los guardianes del río, que guían el camino y lo protegen. San Juan Nepomuceno es uno de ellos.



Cuenta la leyenda que siendo confesor de la Reina, fue sometido a interrogatorio por el Rey Wenceslao IV de Bohemia acerca de las confesiones de aquélla y de sus secretos. Al no obtener respuesta fue arrojado al río por el puente Carlos.

Es común, entre los turistas, poner la mano sobre los dorados de esta estatua y pedir favores. Su magnífica tumba encargada por el Vaticano, se encuentra en la Catedral de San Vito, toda ella realizada en plata.

Es casi imposible sacar una buena fotografía del puente si no se va a primera hora de la mañana ya que siempre está lleno de turistas que van arriba y abajo. A lo largo del mismo podremos encontrar pintores, músicos, vendedores de artesanía y… quizás algún carterista.

A mitad del Karlov most hay unas escaleras, que nos dejan en la Isla de Kampa -perteneciente al barrio Malá Strana-, bañada por el río Moldava (Vltava) y por el riachuelo Certovka, un brazo del Moldava, cuya traducción podría ser "río del Diablo". La leyenda dice que el nombre del río proviene de una malhumorada lavandera que blanqueaba la ropa en este río.

En este barrio hemos buscado durante un buen rato la llamada “calle más estrecha del mundo”: Certovka. Tiene 49 metros de longitud y en su punto más estrecho mide sólo 77,5 centímetros. En ambos extremos hay un semáforo verde/rojo que se activa mediante pulsador para “evitar” que dos personas pasen a la vez. Es una curiosidad más que otra cosa.


El Castillo de Praga (s. IX), situado en lo alto de una colina, es el castillo medieval más grande del mundo, con 570 metros de largo y 130 de anchura media. Pese a los sucesivos incendios e invasiones, es uno de los más notables, suntuosos y emblemáticos vestigios del gran pasado histórico, cultural y social de la capital de la República Checa.


Al llegar al Castillo nos recibe la impresionante Catedral de San Vito, construida en 1344 y de un bellísimo estilo gótico.




En el interior del complejo también se encuentra el Palacio Real, lugar desde donde se pueden apreciar hermosas vistas de la ciudad.

Ya de regreso, al pie de la colina, visitamos el Jardín VRTBA (Karmelistka, 25; en Malá Strana). Alguien que lo había visitado dijo que era “sencillamente brutal”. La publicidad dice: “The Vrtba Garden is a Class 1 cultural monument registered in the UNESCO World Heritage List”.

Previo pago de la correspondiente entrada, al cabo de dos minutos preguntamos si había algo más, porque no nos creíamos que lo que estábamos viendo fuera catalogado por la UNESCO. Para nosotros es “sencillamente una tomadura de pelo”. Hay gustos de todo tipo pero esto… por favor!!!. Parece que la UNESCO cataloga sitios con mucha ligereza. Quizás por motivos políticos a alguien le interesa; más aún, el tener sitios reconocidos por la UNESCO es un reclamo para el turismo. Este es nuestro parecer.


Regresamos a Staré Mesto; a nuestro barrio. Hemos tenido un día de bastante calor y el caminar lo ha acentuado aún más. Nos apetece tomar una cerveza fresca, no ya en la Plaza Vieja sino en un lugar especial. Habíamos oído hablar de una fábrica de cerveza: U Fleku (Kremenkova, 11; en Staré Mesto), en la cual se puede tomar la cerveza negra que ellos fabrican y comer, mientras un acordeonista toca, para amenizar la velada.


Nos ha costado encontrar la calle, pero finalmente hemos dado con ella y tras saborear la mejor cerveza negra que jamás hemos tomado decidimos comer por primera vez el plato típico: goulasch. Se compone de carne guisada (ternera o cerdo) acompañada de arroz o patatas cocidas o incluso buñuelos. Todo el plato va aliñado con una salsa espesa, generalmente de zanahorias con vino o cerveza, sin demasiadas especias.

Otro lugar que visitamos, dentro del barrio de Staré Mesto –o quizás Nové Mesto, no lo tenemos claro porque está en la frontera entre ambos-, es la Plaza de San Wenceslao, el corazón comercial de Praga.


En 1968 fue escenario de la invasión de las fuerzas del Pacto de Varsovia, y en 1989 fue testigo de concentraciones populares contra la brutalidad de la policía, que dieron lugar a la Revolución del Terciopelo y al final, por consiguiente, del comunismo en la República Checa.

Desde aquí, caminando a través de un largo paseo, pasamos frente el Hotel Europa donde se alojó Tom Cruise cuando rodaba “Misión Imposible”. Al final del paseo, se levanta la Estatua ecuestre de San Wenceslao.


Y enfrente, imponente, está el Museo Nacional, edificio neorrenacentista construido entre 1885 y 1890.


Cerca de aquí empieza la calle Narodni, que nos lleva al río y donde enseguida aparece la figura majestuosa del Teatro Nacional, en el que fue rodada “Amadeus” y donde Mozart estrenó “Don Giovanni” en 1787.



Siguiente: REPÚBLICA CHECA (II): Ceský Krumlov, Kutná Hora




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