25 ago. 2008

Paraguay, corazón de Sudamérica


Nuestro próximo destino es Paraguay, donde estaremos unas dos semanas. El avión nos lleva desde Sucre hasta Santa Cruz y desde allí otro avión nos deja en Asunción, capital de Paraguay, después de tres horas de vuelo.

He crecido escuchando las historias de la vida de mi madre, de sus padres y hermano en este país. Fueron de los muchos exiliados de la Guerra Civil española. He amado y cantado sus canciones que, todavía hoy, me siguen emocionando.


Mi madre danzando con guaranís. Año 1952

Aquí murieron mis abuelos en los años 40 y recientemente mi tío, que pude conocer en los muchos viajes que hizo a Barcelona con su esposa. Hoy, por parte de mi madre, sólo me queda mi primo, sus cuatro hijas, nieto y su anciana madre.


En el aeropuerto de Asunción están mi primo e hijas, que nos llevan a su casa donde nos alojaremos durante los días que estemos en este país. Hacía 29 años que no veía a mi primo, desde que regresó a Paraguay. Estuvo en casa para estudiar Derecho, en Barcelona, y se quedó hasta 1976.


Asunción, está inmersa en una fuerte crisis económica y la pobreza y decadencia se palpan en cada esquina. A pesar de todo, la encuentro bella; quizás es porque la llevo en mi corazón desde mi más tierna infancia.

Esta capital es la sede de los tres poderes de la Nación (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), el principal puerto fluvial (Dirección General de Aduanas) y el centro cultural del país.

Es conocida como la "Madre de Ciudades", porque durante la Conquista partieron desde ella varias expediciones con el objetivo de fundar otras ciudades del cono sur americano, entre ellas Buenos Aires por segunda vez (luego del fallido intento de 1536), Corrientes, Santa Fe, Concepción del Bermejo, Santa Cruz de la Sierra, Santiago de Jerez y Ciudad Real.

Durante la época colonial, en 1731, en Asunción hubo el foco principal de una rebelión al mando de José de Antequera y Castro -nacido en Lima. Fue una de las primeras reacciones contra el dominio colonial español. Este alzamiento fallido se conoce como la Revuelta de los Comuneros, que se prolongará entre 1721 y 1735.

Vicente Ignacio Iturbe, quién fue uno de los próceres, llegó hasta la residencia de Bernardo de Velasco (militar español y último gobernador de la Intendencia del Paraguay, derrocado por la revolución de 1811), quien no aceptó la propuesta de entregar la plaza, todo el armamento y las llaves del cabildo; entonces los próceres emplazaron ocho cañones frente a la casa del gobernador e Iturbe le impuso un plazo breve a la respuesta. Velasco comprendió que era inútil resistirse y se rindió. Al conocerse la rendición de Velasco se dispararon 21 cañonazos y se creó una bandera, la cual representaría a la nueva nación.


Vicente Ignacio Iturbe fue quien dio al pueblo la noticia:

"Querido pueblo paraguayo, soy Vicente Ignacio Iturbe y les traigo buenas noticias. Hoy, 15 de Mayo de 1811 nos tornamos un país libre. No recibiremos más órdenes de la Corona española ni tampoco volveremos a cumplir reglas injustas. Seremos gobernados por personas como nosotros. Ya no sufriremos más la extorsión de la metrópoli ni la discriminación hacia los criollos en la distribución de cargos públicos. Ya no tendremos que cargar con la obligación de cumplir el servicio militar.
Y con respecto a las injustas restricciones de la economía, ya no estamos obligados a desembarcar nuestros productos en el puerto preciso; es decir: podremos elegir el país con quien comercializar. Las ganancias serán para nuestro pueblo y de esa manera podremos crecer".

A finales del siglo XIX, así como a comienzos del siglo XX, comenzó a llegar un flujo considerable de inmigrantes procedentes de Europa y del Imperio otomano, lo cual imprimió a la ciudad un importante cambio en su panorama urbano; se construyeron numerosas edificaciones y Asunción volvió a vivir una época de prosperidad que no conocía desde antes de la guerra.

Entre los años 1932 y 1935, Paraguay se enfrentó en un conflicto bélico con Bolivia en la Guerra del Chaco y Asunción se convirtió en un lugar de socorro y ayuda para los heridos de la contienda.

Uno de los edificios más emblemáticos de Asunción es el Palacio del Gobierno, conocido con el sobrenombre de Palacio de los López. De estilo neoclásico, es la sede del Presidente de la República del Paraguay.



En la primera mitad del siglo XIX, Lázaro Rojas instituyó heredero universal a su ahijado de bautismo Francisco Solano López a quien le correspondió en herencia, entre otros muchos bienes, la hacienda donde está asentado el palacio. Tras viajar por Europa, Francisco contrató a varios arquitectos, ingenieros y técnicos que ayudaron a desarrollar diferentes obras en el país. Una de las obras más emblemáticas que se realizaron durante ese tiempo, fue la construcción de su residencia particular que, desde 1894, es la sede del Presidente del país.

Asunción se encuentra ubicada junto a la Bahía de Asunción, en la orilla izquierda del río Paraguay y, en su ribera, saboreamos un delicioso pescado a la brasa en uno de los numerosos comedores que hay.


El río Paraguay, que tiene una longitud total de 2625 km, es uno de los principales ríos de América del Sur, el principal afluente del río Paraná y uno de los más importantes de la Cuenca del Plata. Nace en Sete Lagoas, en la región brasileña de Diamantino, en el Mato Grosso (Brasil), discurre brevemente por Bolivia, cruza Paraguay y, en su tramo final, sirve de límite entre este último país y Argentina, hasta desaguar en el río Paraná frente a la localidad argentina de Paso de la Patria.


El nombre es de origen guaraní: el sufijo ay significa ‘río’, mientras que el significado del prefijo para no está esclarecido; probablemente sea una mutación de payaguá, nombre peyorativo con el cual los guaraníes apelaban a los integrantes de una etnia pampida del Chaco y el actual Paraguay Oriental, que hacia el s. XVI habitaba en la zona de confluencia de los actualmente llamados ríos Paraná y Paraguay. Por lo tanto, el significado más probable sería ‘río de los payaguás’.

De ahí nos acercamos a una reserva indígena guaraní, en la que casi no hay habitantes y está medio destruida.
A tan sólo 47 Km. de Asunción, se encuentra San Bernardino, donde pasamos unos días en una casa que nos prestaron. Y todo junto al agua azul del Lago de Ypacaraí, tal como dice la letra de la famosa canción y que tantas veces canté con mi madre.



Notaréis que alguna estrofa está cantada en guaraní. La Constitución paraguaya declara al país multicultural y bilingüe, en la que establece como idiomas oficiales el español y guaraní. Esta última es hablada en el país por el 87% de sus habitantes y su uso oral y escrito está regulado por la Academia de la Lengua Guaraní.

San Bernardino, es uno de los parajes naturales más hermosos del Paraguay y ha convertido la zona en el referente turístico del país. Aquí poseen casa de verano (algunas son auténticas mansiones) las familias acomodadas de Asunción. Además, los 60 km2 del lago permiten la práctica de deportes acuáticos con embarcaciones de pequeño calado.


Fuimos a Areguá -también a orillas del lago Ypacaraí-, que fue en su día el lugar preferido de descanso de las familias adineradas de Asunción y visitamos una antigua villa veraniega en la avenida del lago.



En Tobatí, visitamos la tienda-taller de Zenón Páez, renombrado tallista de madera.



Desde Asunción fuimos en autobús a Yataity del Guairá, a 164 kilómetros de distancia, donde asistimos al proceso de fabricación del bordado de Ao Po’í -palabra guaraní que significa "tela fina"-, exquisito trabajo en auténtico algodón nativo que se aprecia en camisas, vestidos, blusas, manteles, toallas y otras prendas.


A partir de una bola de algodón, las hábiles manos de una mujer obtienen tiras que va deshilachando hasta conseguir el hilo fino. Una vez colocado el hilo en canillas lo colocará en un telar de madera para crear el tejido. Después, sobre el tejido todo el bordado se hace a mano.




A 15 kilómetros de Asunción se encuentra Luque, población fundada en 1636 que posee hermosas construcciones coloniales. Aquí el oro y la plata juegan un papel relevante en las manos de decenas de artesanos que lo trabajan, creando delicadísimas filigranas típicas de la tradición paraguaya. Asimismo, esta población es el centro de la fabricación artesanal de instrumentos musicales como arpas y guitarras.

Los días han pasado rápidamente, entre asado y asado, y con mi familia que hacía años no veía.



Intentando emular el "Baile de la botella"

No sé cuándo será la próxima vez que podamos estar otra vez juntos…

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