25 ago. 2008

MARRUECOS (I): Beni Mellal, Imilchil, Merzouga, Khamlia, Ruta de las Kasbahs (I)


Relato del viaje al sur de Marruecos del 20 de abril al 2 de mayo, del 2006.


Día 20.- Llegamos a Marrakech, vía Casablanca y, en el mismo aeropuerto, nos espera el guía con el que habíamos contactado desde Barcelona, y el chófer con el Land Rover que nos va a llevar de ruta por el Atlas y el desierto, durante seis días.

La primera visión de Marrakech me ha sorprendido por la cantidad de jardines y parterres llenos de rosas, preciosas y muy bien cuidadas. Aquí volveremos los últimos días del viaje.

Comemos a la salida de la bulliciosa ciudad y nos dirigimos hacia Beni Mellal, donde dormiremos esta noche, y visitando las Cascadas de Ouzoud y el Embalse de Ben Louidan.

Día 21.- Nos adentramos por las pistas que cruzan el Alto Atlas hasta la ciudad de Imilchil, situada a unos 2.600 m de altura, habitada por la tribu bereber Ait Haddidou. Cada año, entre finales de agosto y septiembre (la fecha suele variar), todas las tribus de los alrededores se reúnen en una gran explanada formalizando los matrimonios que ya han pactado durante el año. El Moussem o fiesta de los novios, una de las fiestas más ancestrales de Marruecos, declarada de Interés Nacional, dura tres días y, a la vez que se celebran los matrimonios y divorcios, se reúnen familiares que están en diferentes zonas y sólo se ven en estas fiestas.



Cerca de Imilchil, y separados por pocos kilómetros cada uno, se encuentran los lagos Tislit e Isli, donde comemos a escasos metros de la orilla de uno de ellos.

Cuenta la leyenda que, durante una grave sequía, dos tribus rivales acordaron sacar agua del único pozo disponible a distintas horas del día, para no coincidir. Un día, la joven Tislit se entretuvo más de la cuenta y coincidió con un joven -Isli- de la tribu enemiga y se enamoraron. Al ser imposible su amor, lloraron tanto que formaron los dos lagos que llevan sus nombres.

La magia del agua en mitad de la nada...


Continuamos por el Atlas hasta llegar al pueblito de Aghdal, donde pernoctamos en el Auberge Ibrahim.

Día 22.- Salimos temprano, para visitar diferentes pueblos bereberes y grandes oasis, situados en las montañas o en los valles, hasta que llegamos a las impresionantes Gargantas del Todra, con paredes de más de 200 m. de altura.


Durante el trayecto vamos cruzando el río Todra, siguiendo ocasionalmente su lecho, para irnos adentrando al Sahara marroquí y llegar a Erfoud, donde aparecen los primeros grandes palmerales u oasis, como el Palmeral de Tinghir. Los habitantes de estos oasis aprovechan el microclima que forma el palmeral, para cultivar verduras, hortalizas y árboles frutales.


Después de un viaje un poco cansado, dejando atrás la carretera asfaltada y adentrándonos por pistas, llegamos a Merzouga y nos alojamos en el Auberge L’Oasis, regentado por los hermanos Oubana, al pie mismo de las dunas del Erg Chebbi.

Día 23.- Visitamos la abandonada mina de carbón de Mifiss. Bajo la haima de un nómada tomamos un excelente té, en pleno desierto. Recorremos diferentes oasis, entre ellos el de Tisserdmine y llegamos hasta Khamlia, poblado por negros procedentes de Senegal, cuyos antepasados fueron esclavos. Ellos son los que guardan celosamente la música Gnawa, tocada con instrumentos tradicionales.



Estaba previsto pasar la noche en una haima, con una familia bereber, pero se ha desencadenado una tormenta de arena y hemos regresado al albergue.

Día 24.- Indiscutiblemente ha sido una noche especial. Nos levantamos a las 3:30h y, silenciosamente, salimos al exterior. Cerca del muro, que rodea el albergue, oímos un leve susurro. Enfocamos tímidamente nuestras linternas y ahí está el camellero, vestido con gilaba y cheche de un blanco impoluto, rezando.

Salimos sigilosamente y aguardamos junto a los dos camellos que nos llevarán hasta la Gran Duna, para ver la salida del sol.


Descalzos -en silencio- y sintiendo el frescor de la arena en los pies subimos hasta la cresta de la Gran Duna y esperamos la bellísima salida del sol.

De regreso al albergue, nos zampamos un buen desayuno y otra vez en ruta hacia Rissani. Durante el trayecto visitamos la Kasbah de Tafilalet, pasando por el Valle del Dráa. Al llegar a Rissani, visitamos su mercado semanal. Mercado parecido a todos los de la zona, pero con una curiosidad: hay un recinto que es el “parking” donde aguardan los burros, que han transportado las mercancías, esperando la vuelta a casa de sus dueños.


Atravesamos el Sahara marroquí y grandes palmerales.


Esa noche la pasamos en Ouarzazate, en un hotel.


Siguiente: MARRUECOS (II): Ruta de las Kasbahs (II), Ouarzazate, Marrakech, Essaouira



2 comentarios:

  1. GRACIES PELS TEUS RELATS, HE RECORDAT EL MARROC, CASI HE POGUT SENTIR LES SEVES OLORS I LA CALIDESA DEL SEU DESERT.
    MARXO EN DUES SETMANES CAP A MALI, JA ESTIC IMPACIENT D'IMPREGNAR-ME DE TOT

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  2. Hola Anònim...

    Bon viatge i bona estada a Malí, d'ón vaig arribar amb la motxila ben carregada d'experiències.

    Llàstima que no deus tenir blog per poder anar seguint el teu caminar.

    Salutacions!

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