25 ago. 2008

LÍBANO: Beirut – SIRIA (V): Damasco (II)


Anterior: SIRIA (IV): Palmira (Tadmor)


Día 30.- A primera hora de la mañana pasa el autobús que ha de llevarnos a Damasco.

Mientras desayunamos comentamos que aún nos quedan 5 días para volver a España, debido a que en algunos sitios hemos estado menos tiempo del previsto. Como Damasco ya lo vimos bien los primeros días, barajamos otra posibilidad: Beirut. No sabemos si nos será posible entrar en el Líbano, pues no tenemos visado y tampoco sabemos cuáles son las condiciones de seguridad allí.

Llegamos a una estación de autobuses en Damasco, donde cogemos un taxi para que nos lleve a la de Baramke. El taxista se entera adónde queremos ir y utiliza la picardía de todos los taxistas de este viaje: nos dice que hoy no hay buses hacia Beirut. Que él nos lleva. Le decimos que no, que vamos en bus tanto si hay como si no, y se enfada al ver nuestra firmeza. Lástima que se ha escapado rápidamente al llegar a la estación, porque le hubiera dicho lo liante que es cuando, efectivamente, salen autobuses hacia Beirut.

Al llegar a la frontera, tramitamos un visado de 48 horas que es gratuito.


Ya en Beirut, un taxista nos recomienda un hotel, en un barrio situado en la parte cristiana de la ciudad: Al-Hamra, una de las zonas más comerciales y bonitas de la capital. El precio por habitación con baño más desayuno, nos cuesta la mitad de lo que marca en el tablón de tarifas. Nos enteramos de que no hay turistas extranjeros.

Salimos a pasear y tomamos un primer contacto con la ciudad. Aquí si que hay (o había) dinero: tiendas con ropa de marca, buenos coches, edificios en buen estado de conservación y la gente va muy bien vestida.

Día 31.- Tras preguntar en el hotel, nos montamos en un taxi para que nos lleve a unos 10 kilómetros de donde estamos, Haret Hreik, la zona bombardeada entre Julio-Agosto del 2006 (hace siete meses), dentro de los límites de la ciudad.

12 de Julio.- Hezbollah captura dos soldados en la frontera para un eventual canje por prisioneros palestinos y mata a ocho israelíes en un breve combate. Israel califica la acción como un acto de guerra por parte del Líbano y se desatan las hostilidades.

La Guerra del Líbano de 2006 conocida en Israel como Segunda Guerra de Líbano y como Guerra de julio en el Líbano, fue un conflicto armado asimétrico entre las Fuerzas de Defensa israelíes y el brazo armado de la organización chiíta Hezbollah -considerada como una organización terrorista por Estados Unidos, Israel y 4 países más, y que opera en territorio libanés y sirio.

Esta operación conllevó el bombardeo de instalaciones de transportes, comunicaciones energéticas y militares, así como cuarteles de Hezbollah y zonas urbanas, provocando en 24 horas decenas de víctimas civiles, cuantiosos daños materiales y un bloqueo israelí de todo el Líbano por mar y aire.

14 de Agosto.- Se concreta el cese al fuego con escasos incidentes durante las primeras horas de entrada en vigor. Luego de 33 días de hostilidades el recuento provisional de víctimas israelíes es de 114 militares y 53 civiles. Los libaneses suman cerca de 890 muertos en su mayor parte civiles, 500 de ellos, según el ejercito israelí, milicianos de Hezbollah.
Fuente: Wikipedia y otros

El taxista nos deja en un determinado lugar; no quiere seguir con el coche y nos advierte que podemos ser “personas non gratas”. Caminando, nos adentramos en la zona y empezamos a apreciar que los edificios y la gente son bastante diferentes del barrio donde nos hospedamos: un nivel de vida muy inferior y, sobretodo, el sentimiento de rabia e impotencia que se respira en el ambiente, más aún cuando miras la expresión de las caras de las personas.

De pronto nos encontramos un edificio medio derrumbado, paramos a hacer fotos y continuamos nuestro caminar, pero conforme nos adentramos aparece otro y otro… esto es un sinfín de enormes solares, rodeados por una valla de cemento, donde había habido edificios. Hay muchos calcinados.


Después de siete meses, las consecuencias de los bombardeos aún son muy evidentes. Personas encaramándose, por los escombros, con el riesgo de desprendimientos. Otras, quitando escombros a base de pico y pala: no vemos ni una máquina. Nos da la sensación de que esto es un mundo aparte dentro de Beirut y, realmente, tanto políticamente como económicamente así es.



Vemos enormes vallas de hierro que, en su momento, protegían el acceso a determinados conjuntos de edificios, pero manteniéndose en pie sin utilidad alguna. Hasta tal punto fue la virulencia de los bombardeos que algunas de estas vallas están retorcidas. Coches calcinados o simplemente reventados.


La zona donde estamos es feudo de Hezbollah. Hay fotografías de su líder por todas partes.

Cuando tan solo hemos sacado unas tres fotos, dos individuos -uno de ellos algo alterado- nos abordan por detrás. Parece que preguntan si somos árabes y le digo:"la’a" ("no", en árabe). Y con gestos y, en mi "medio" árabe, le digo que somos españoles. Después supongo que dicen algo como “qué hacemos allí”. No nos entendemos. Mi compañero, en inglés, les dice que estamos haciendo fotos sólo a los edificios, no a la gente. El hombre, todavía alterado, hace ademán de querer ver las fotos que hemos hecho. Mi compañero le enseña la del último edificio. El segundo hombre apacigua al primero y nos dejan estar, pero con la consigna de “no fotos”. Les digo “OK. No fotos”. Ha sido un momento de mucha tensión, más aún cuando somos los únicos occidentales que estamos en la zona, y no estamos muy seguros que les pueda dar por retenernos y vaya Dios a saber cómo hubiera acabado la cosa.

A partir de este momento vamos con sumo cuidado al hacer fotografías, a veces escondiéndome detrás de los coches o en algún edificio, pero preocupados por si nos ve alguien. Las miradas hacia nosotros han sido constantes. En algún momento hemos visto a un miliciano con una metralleta en mano y a otros con un walkie-talkie. No hay ningún policía que nos pueda dar algo de tranquilidad, no obstante, seguimos.


Durante el paseo, una señora vestida de negro nos increpa enérgicamente por nuestra estancia aquí. No entendemos lo que nos dice, pero por sus gestos no es nada bueno. Éste ha sido otro momento de tensión ya que no sabemos si puede ser motivo de que nos veamos rodeados de hombres armados.


Como la situación nos parece demasiado tensa, decidimos irnos. Ya hemos visto suficiente. Hemos visto lo que el Gobierno de Israel calificó como “ataques puntuales a edificios de terroristas” y está casi todo el barrio bombardeado.

Lo que más nos ha impresionado ha sido la visión de un secador de pelo colgando a través de los escombros de un balcón: creo que es ésta la imagen de todo lo que ha ocurrido aquí (No pude hacer una foto; estaba muy afectada).

No sabemos en qué punto estamos así que subimos por una calle donde circulan muchos coches. Al llegar al final, vemos un hospital de 12 pisos. Nada en particular si no fuera porque unas instalaciones anexas al mismo se vieron afectadas por las bombas. Las mismas bombas que tiraron abajo un edificio donde ahora hay un solar y que está sólo a unos 30 metros del hospital.

¿Merecían las decenas de miles de personas pobres y modestas residentes en el lugar este castigo a gran escala?

¿Cuánto tiempo habrá de pasar aún para que hayamos de emplear el término crímenes de guerra? ¿Cuántos niños han de quedar desparramados, entre los cascotes de los edificios, por la aviación israelí y empecemos a hablar de cargos por crímenes contra la humanidad?

Día 1 de Abril.- Todavía tenemos en la retina las imágenes de ayer y el estrés pasado.

Hemos encontrado Beirut muy militarizada. Tanquetas protegiendo lugares estratégicos y controlando el acceso a una zona de mercado lejos de la zona bombardeada, pero que por los símbolos externos deducimos que es un área de influencia de Hezbollah. En general, en los edificios públicos y domicilios de personalidades así como en puentes bombardeados, hemos visto presencia militar.

También hemos visto algún que otro coche de lujo, como algún Ferrari y descapotables, en la zona cristiana, lo cual choca con la pobreza de los barrios musulmanes.

En el perfil costero permanecen estructuras de enormes rascacielos, quizás hoteles, cuya construcción ha sido parada. Restaurantes abandonados o en decadencia. Y ningún turista en una ciudad que recibía dos millones cada año.


Después de haber andado, ayer, unos 25 kilómetros, nos hicimos una buena idea de la ciudad y, por lo tanto, decidimos que ya no hay nada más a ver según nuestro interés y vamos a la estación de autobuses para volver a Damasco. Al ser domingo y en el Líbano es festivo, no hay circulación autobuses de largo recorrido.

Durante el trayecto a la estación de buses hemos podido ver, en la zona cristiana, al ejército protegiendo los accesos a las iglesias. En la estación, valoramos la posibilidad de quedarnos hasta mañana o coger un taxi a Damasco. Decidimos esto último, que compartimos con una señora y un señor.

No tenemos ningún problema en el paso fronterizo, pero cuando llegamos a Damasco, el taxista nos “invita” -no amablemente- a abandonar el taxi en plena autovía. Le decimos que nos ha de dejar en la estación de autobuses Baramke, que es la misma de salida hacia Beirut. Nos replica que ése el final del trayecto; baja los equipajes y se va.

Así que nos quedamos los dos y la mochila, en un lugar donde no sabemos si estamos cerca o lejos de nuestro destino. Otra vez a buscar un taxi y “pelear” con los taxistas que no saben inglés; los taxistas que no saben interpretar el plano de su ciudad cuando les señalamos el hotel, la estación de buses o la antigua y bonita Estación de tren Hijaz.


Después de tres o cuatro tentativas, encontramos a uno que nos lleva hasta el Hotel Sultan, el mismo de cuando llegamos.

Día 2.- Por la mañana, sin prisas, vamos a visitar la Mezquita de Ibn Al-Arabi, donde se encuentra su sarcófago. Maestro sufí nacido en Murcia en el año 1165, falleció en Damasco en 1240.



En la segunda mitad del siglo XII, en pleno apogeo de la cultura árabe, nacerá una de las figuras más internacionales de esta época: Ibn Arabí, místico árabe de cuya importancia dan idea los sobrenombres con los que se le conoció: Vivificador de la religión o El maestro más grande.

A los siete años marchó a Sevilla, donde se formó en jurisprudencia, gramática y retórica, pero sería su visión mística, que tuvo a los 15 años, la que marcó su vida, conformando una enorme obra compuesta por más de 200 obras, aunque de muy distinta extensión y empeño.

El ansia de saber condujo a Ibn Arabi a una vida viajera, recorriendo primero su Al-Andalus natal, relacionándose con famosos ascetas como el sabio Averroes y luego el Norte de África, visitando a los diferentes grupos sufíes. Más tarde visitó Jerusalén.


Después de pasar dos años de experiencias espirituales en La Meca decidió continuar viaje a Bagdad, Mosul, Konya (antigua capital del Sultanato de Rüm y una ciudad de la actual Turquía) y Damasco, estableciéndose allí durante 17 años y donde se hacen más frecuentes sus visiones religiosas y se le llegan a atribuir poderes excepcionales, extendiéndose por todo el Islam su fama de místico.

Su tumba, en la que después fueron enterrados dos de sus hijos, aún se conserva y es lugar de peregrinación para el mundo musulmán.

La gigantesca obra de Ibn Arabí, actualmente dispersa y desconocida en gran parte, influyó profundamente, no sólo en la cultura árabe, sino también en la Europa de la Edad Media. De la alta consideración que goza entre los árabes da idea el hecho de que el lugar de su muerte, en Damasco, donde se levantó una mezquita en su honor, es hoy centro de peregrinación.

Como la mezquita está a los pies del monte Qasium -donde la leyenda dice que Caín mató a Abel-, decidimos subir a él por las interminables escaleras que se suceden a través de las casas adosadas a la ladera. Al final se acaban las escaleras y no podemos seguir adelante. Tenemos dos opciones: bajar y coger un taxi para que nos lleve hasta arriba, o continuar escalando el trozo de montaña que queda a pesar de que no llevamos calzado adecuado. Decidimos seguir adelante. Continuamente vamos resbalando por la enorme pendiente que hay. Pero ya está: hemos abierto una nueva vía para los turistas!



Desde la cima contemplamos el atardecer sobre Damasco y, como pintada en el cielo, aparece una hermosa luna llena que quiere despedirse de nosotros y de nuestra estancia en Oriente Medio.


Día 3.- Lo dedicamos a dar un último paseo por el casco antiguo y tomar un delicioso café en el famoso Al Nawfara -cerca de la Mezquita de los Omeyas-, y observo con tristeza que lo han modernizado para atraer a los turistas.



Bab Touma, puerta de entrada al barrio cristiano de la Ciudad Vieja.


Bebiendo agua fresquísima en una de las múltiples fuentes



Día 4.- Un avión de la compañía Air France vía Paris, nos lleva a Barcelona.


Conclusiones del viaje:

Jordania: Nos ha parecido un país que lo único que tiene que ofrecer es Petra, muy recomendable. Los precios son en dólares jordanos, JD, cuyo valor es superior al euro. Todo muy caro. Y, sorpresivamente, hemos visto muchos controles de policía; en Siria ninguno, a lo largo de las rutas que hemos hecho.

Siria: Es más auténtica. Cada paso que das es una escena para fotografiar. Damasco es increíble si se camina y te pierdes por las innumerables callejuelas que tiene.
El Crac des Chevaliers es un castillo que vale la pena visitar, está en un excelente estado de conservación y casi se puede sentir la vida que hubo en sus tiempos.
Aleppo es preciosa, su zoco nos gustó mucho más que el de Damasco y la Ciudadela es impresionante.
Y, por último, Palmira, unas ruinas donde las piedras te hablan a cada paso que das, sobre la vida y costumbres de los habitantes que tuvo.

Líbano: Es un contraste respecto a Siria y Jordania en el que casi todo el país es desierto. Sólo pasar la frontera con Siria, aparece la tierra cubierta de verde, edificios de nivel occidental y un nivel de vida superior al de sus vecinos. Beirut es una ciudad muy cosmopolita. Todos los bancos árabes están allí. Enormes y lujosos hoteles, tiendas caras y, dependiendo de la zona, edificios que denotan un nivel de vida alto. Sin embargo, adentrándose por la zona musulmana, la cosa cambia. El nivel de vida baja radicalmente y las costumbres también. Las causas hay que buscarlas en la historia y en la política.


1ª Actualización, 28 de enero de 2014

Siria: De Patrimonio de la Humanidad a simples ruinas. El poder de destrucción de la guerra no conoce límites. Artículo en The Guardian

2ª Actualización, 19 de diciembre de 2014

Siria: cuatro años de destrucción vía satélite. Artículo en El País





2 comentarios:

  1. Ya han pasado algunos días de la toma de Tadmor/Palmira por Estado Islámico. He leído vuestra vivaz crónica sobre vuestro viaje el 2008, parece tan cerca y a la vez tan lejano. He escuchado relatos de viaje a ese lugar de amigos sirio-descendientes, y ahora, cuan deprimido estoy por la suerte de los sirios.
    Parece lo peor que ha sucedido, pero seguramente lo peor recién comienza, se avecinan años de descomposición y décadas de reconstrucción... es para llorar.
    Mientras en Europa todo esto se aprecia con lógico rechazo, algunos con temor, otros con rabia; pero son muy pocas las miradas honestas como la tuya. Toman posición pero dejan de lado argumentos tontos, obsecados (cómo la islamofobía y la islamofilia cándida; el retorno del antisemitismo rampante, las interesadas teorias de conspiración, etc.) que quizas haya hecho tanto daño a los habitantes de Medioriente como las propias rivalidades y dinámicas político-sociales de árabes y musulmanes.
    Como apreciaría otro de vuestros lúcidos recuerdos como milcaminante, ahora en el contexto de estos días. Rafael V.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Rafael.
      Sí, Europa rechaza todo lo que no "sea suyo": cultura, religión... ¡hasta gastronomía!, tanto de Medio Oriente como de África.
      ¡No saben cuán equivocados están algunos mandatarios y la población!

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