25 ago. 2008

La Paz, la ciudad que toca las nubes


En medio de la nada, una barraca de madera y tres desarreglados y poco marciales funcionarios militares bolivianos, efectúan el control de pasaportes.

Estamos a 4.500 metros de altura, y como nos sentimos bien, damos cuenta del bocadillo que nos ha obsequiado la compañía de autobuses, a pesar de las advertencias de que no se debe comer mucho ni tomar lácteos, pues se puede padecer de sorochi o mal de altura, y con la comida acentuarse el malestar.

Proseguimos el viaje hasta que llegamos a El Alto, población situada sobre una de las colinas que rodean la capital y en la que se ubica el aeropuerto internacional y, como su nombre indica, a una altura considerable: 4.061 metros.

Desde esa posición tan privilegiada se abre ante nosotros una extraordinaria panorámica de la capital de Bolivia, La Paz: una amalgama de casas color tierra trepan caóticamente la ladera de la montaña, sin planificación alguna.


No tardamos en enfilar la estrecha y sinuosa carretera que baja hasta La Paz -enclavada en un altiplano de la cordillera de los Andes-, hasta la bonita Estación de autobuses diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel y levantada por el constructor catalán Miquel Nogué.


La Paz es el centro comercial, financiero e industrial de Bolivia y, actualmente, la sede de Gobierno, no así del económico ni judicial que se hallan en Santa Cruz y Sucre respectivamente. Es la capital más alta del mundo, situada a 3.649 m. sobre el nivel del mar, a los pies del nevado Illimani.

No me encuentro bien. Sin salir de la estación de autobuses, me quedo en un rincón y mi compañero va a la farmacia que hay en la misma estación a comprar "Sorochipill", y lo tomo con un mate de coca. Espero que pronto me pasen estos malestares que tengo: hormigueo en los dedos de las manos por la falta de oxígeno en el cerebro, taquicardia, flojera en las piernas. Es extraño que no notara nada en la frontera a 4.500 y ahora, que estamos más bajos, me siento muy mal.

En media hora encuentro mejoría y, en taxi, vamos al hotel que tenemos reservado: el recién estrenado Hotel Diamante, situado muy cerca de la Plaza San Francisco.

Al día siguiente me despierto con un fuerte dolor de cabeza y mi compañero con fiebre, suponemos que del fuerte sol de Arica y de la altura de La Paz. Nos medicamos en el desayuno y salimos a la calle.

Menudo caos de coches, autobuses, peatones, vendedores ambulantes… Todos hablando al unísono y los vehículos pidiendo paso con el claxon. ¡Se nos han despertado los cinco sentidos de golpe!

Bajando la calle Sagárnaga llegamos a la Plaza de San Francisco, con la hermosa Iglesia y Convento dedicados a este santo.


Calle Sagárnaga


Plaza San Francisco

Basílica-convento de San Francisco

Su construcción data del año 1549. Ubicado fuera del damero español de la ciudad de La Paz, el terreno estaba delimitado por lo que hoy es la Plaza de San Francisco, el Río Choqueyapu -que dividía la ciudad ocupada por españoles de la habitada por indígenas en la que la iglesia se inscribía- y las actuales calles Illampu, Sagárnaga y Graneros. El templo y el convento fueron construidos con piedra labrada.

A principios del siglo XVIII un temporal lo destruyó y fue reconstruido unos años más tarde. La fachada y el interior de la Iglesia son de estilo barroco mestizo. Su retablo es famoso por la fina trama de su talla, tratado en pan de oro. La iglesia también cuenta con una pinacoteca que presenta una valiosa colección de obras artísticas: renacentistas, barrocas, mestizas y neoclásicas.

¡Qué bonito el colorido de los vestidos de las mujeres! -cholitas, se llaman los vestidos. Y el olor de los pastelitos, tartas y otros manjares… O la diferente clase de zumos y demás brebajes que ofrecen cualquiera de los muchos carritos de bebidas apostados por la plaza, tanto de día como de noche.




Estamos tomando un tentempié y nos sorprende una música que proviene de la calle. Es un grupo folclórico que nos deleita con su ritmo.



Entramos en la Catedral de Nuestra Señora de la Paz, que fue construida en 1831. Es de estilo neoclásico y está ubicada en la Plaza Murillo, como también el Palacio Presidencial.


Plaza Murillo


Catedral


Palacio Presidencial

La Paz es caos, bullicio y cables por todas partes, donde conviven las tradiciones religiosas ancestrales junto con la fe cristiana. Pero es una ciudad con un encanto especial.



Y por fin llegamos a la Calle de Las Brujas, donde está el Mercado de la Hechicería. Aquí venden ingredientes supuestamente mágicos, hierbas y semillas, teóricos remedios para todos los males, artículos de lucha contra los malos espíritus, fetos disecados de animales: llamas, pájaros… Y la Pachamama protegiendo a sus hijos.




Pachamama que compré en La Paz

Más allá de las bellezas arquitectónicas o artísticas, La Paz sobresale -independientemente del barrio en el que nos encontremos- por la vitalidad y la ajetreada vida de los mercados y la excelente conservación de su cultura indígena, lo cual se puede observar en cualquiera de sus rincones.

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