25 ago. 2008

JORDANIA (II): Ruta hacia Petra (Dhiban, At Tafila, Dana, Wadi ar Mujib, Wadi al Haja, Qal’at Ash Shawbak), Petra


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Día 21.- Subimos a un taxi para que nos lleve a la estación de buses, que se dirigen a Petra. El taxista al saber nuestras intenciones empieza a ofrecer sus servicios para llevarnos… de que si pararíamos aquí, que si veríamos aquello, que en bus la ruta no era lo mismo… Nosotros estábamos firmemente decididos a ir en bus. Entonces se hace el remolón y se pone a dar vueltas por la ciudad, sin rumbo fijo. Nos da un precio para llevarnos hasta Petra, pero nuestra respuesta es negativa. Como no para de insistir, le digo una cantidad muy inferior para que desista. Increíble: acepta. Así que pone rumbo a Petra. Y nosotros perplejos.

Realmente, la ruta ha valido la pena comparándola con el viaje en bus que va por la autovía. Hemos ido por el interior de Jordania visitando y parando en lugares que, realmente, merecen la pena.

A 70 Km. de Amman se encuentra el Wadi ar Mujib. Es un abismo, una hendedura de 400 metros de profundidad. En su borde está la carretera de los Reyes, que conduce hacia los monumentos históricos bíblicos, nabateos, romanos y bizantinos. La hendedura fue hecha por el movimiento de la corteza de la tierra, que en primavera está cubierta por una verdadera alfombra de flores. En tiempos bíblicos esta hendedura significaba la frontera: el norte de ella pertenecía a los moabitas, el sur a los edomitas, y luego los nabateos.




Hemos pasado por los pueblos: Dhiban, At Tafila y Dana -éste último situado en la Reserva de la Biosfera de Dana-, donde hallazgos materiales demuestran que ya había sido poblado hace más de 6000 años.



Pasamos frente al Qal’at Kayak que no hemos visitado, entre otras cosas porque está en muy mal estado.

Como la mayoría de los castillos de los cruzados, Qal’at ash Shawbak está situado en la cima de un monte. Las murallas externas todavía existen, pero las partes interiores del edificio están en ruinas.





Llegamos a Petra y nos hospedamos en el hotel Valley Stars Inn, en la misma entrada al pueblo.

Pagamos al taxista lo convenido, pero pone mala cara; dice que hemos tardado demasiado con las paradas: le damos una buena propina y lo zanjamos.

Día 22.- Nos dirigimos hasta la entrada del recinto de Petra. Sacamos entrada para dos días, pues aconsejan que, como mínimo, se necesitan dos días para darte una idea de lo que fue aquella civilización.

Petra (en árabe, البتراء al-Batrā´) es un importante enclave arqueológico, capital del antiguo reino nabateo. El nombre de Petra proviene del griego πέτρα que significa “piedra”, y su nombre es perfectamente idóneo; no se trata de una ciudad construida con piedra sino, literalmente, excavada y esculpida en la piedra.


Fundada hacia el final de siglo VII a. C. por los edomitas, fue ocupada en el siglo VI a. C. por los nabateos que la hicieron prosperar gracias a su situación en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo.

Hacia el siglo VIII, el cambio de las rutas comerciales y los terremotos sufridos, condujeron al abandono de la ciudad por sus habitantes. Cayó en el olvido en la era moderna, y el lugar fue redescubierto para el mundo occidental en 1812 por el viajero suizo Jean Louis Burckhardt disfrazado de árabe, llamándose “Sheikh Ibrahim”. Siguió la ruta entre Damasco y Egipto, pasando por Jordania. Escuchó decir que a las afueras del pueblo de Wadi Moussa, existían en medio de una fortaleza natural, unas ruinas extraordinarias.


Numerosos edificios forman un conjunto monumental único. El 6 de diciembre de 1985, fue inscrito como Patrimonio Mundial por la UNESCO. La zona que rodea el lugar es también, desde 1993, Parque Nacional arqueológico.

Desde el 7 de julio de 2007, forma parte de las Las nuevas siete maravillas del mundo moderno.

A partir de la entrada al recinto y a lo largo de unos 800 metros vamos viendo algún que otro edificio, puente, escuela, alguna tumba o columnas de la época romana. Así mismo se observa que había estado provista de un suministro seguro de agua, lo que hace que sea un lugar propicio para el desarrollo de una próspera ciudad.


Entramos en el As-Siq, originario acceso a Petra, una garganta de 1.500 metros de largo y hasta 200 metros de altura que, en algunos tramos, debido a la estrechez del camino - apenas dos metros-, llega a ocultar la luz del sol.



Y es entonces cuando, después de un recodo, aparece una explanada con el edificio más bello de toda Petra: Al-Khazneh (el Tesoro).



Uno de mis sueños hecho realidad frente a mis ojos. Excavado en la roca en el siglo I, d.C., de color rosado y de inspiración helenística. Mide 30 m. de ancho por 43 m. de alto, fue la tumba de un importante rey nabateo. No sé cuánto rato hemos estado delante de esta joya, pero el tiempo no pasaba para nosotros.



Seguimos la ruta que está marcada en el folleto que nos han dado en la entrada. Pasamos por otra garganta que desemboca en la llamada Calle de las Fachadas, una hilera de casas (tumbas) alguna de ellas con decoraciones de origen asirio. Y, seguidamente, encontramos el Teatro –construido en el s. I d.C.-, excavado enteramente en la roca, con una capacidad para siete mil espectadores.




De las más de 500 tumbas que se encuentran en Petra, las Tumbas Reales son tal vez las más impresionantes.


Entre ellas, destaca la Tumba de la Urna. La parte superior de la fachada está precedida por una gran escalinata que le brinda mayor altura y perspectiva al monumento. En el interior, una enorme cámara de 18 x 20 metros muestra la espectacular textura del mineral.





El camino se abre en una explanada y hay una bella calle flanqueada por columnas y suelo de mármol, que fue la calle principal donde había tiendas, mercados y edificios públicos.


Después de ocho horas de paseo entre estas maravillas nabateas, decidimos volver sobre nuestros pasos y salir del recinto. Mañana volveremos y visitaremos más lugares.

Día 23.- Volvemos a pasar por parte del mismo trayecto que ayer, pero después de atravesar la segunda garganta empezamos a subir por unos irregulares escalones, tallados en la misma roca hace 2.500 años, que son un suplicio, pues en algunos tramos están muy erosionados; es el Jebel Al-Madbah (Montaña del Altar de los Sacrficios).


Según vamos subiendo las fachadas de las tumbas se asoman por todos los rincones.


La subida ha durado más de una hora y media pero, para mí, ha sido uno de los itinerarios más sobrecogedores y bellos de todo Petra. En la cima de la montaña de 1035 metros de altitud, se encuentra Al-Madbah (Altar de los Sacrificios).


Dos obeliscos, de siete metros de altura, completan el espacio. Representan a dos divinidades de Petra: Al’Uzza y Dushara.


Descansamos un rato, con un té entre las manos, disfrutando de las vistas que desde aquí se contemplan, y nos proponemos el descenso por diferente camino.
Una vez abajo y de andar casi un par de horas más, llegamos hasta el pie de los 800 escalones que han de llevarnos a otro de los edificios emblemáticos: Ad-Deir (el Monasterio).

Yo ya no puedo con mi alma y le digo a mi compañero que suba él, haga fotos y luego ya me las enseñará. Mientras estamos en esta conversación, nos ofrecen burros y mulas para hacer el camino. Estoy tan cansada que, por primera vez en mi vida, subo a una mula para que haga el camino que mis pies y piernas ya se resisten a hacer.

Estoy un par de veces a punto de caer, pero el guía me agarra con fuerza. Mi compañero va siguiéndonos, a pie, haciendo fotos a diestro y siniestro, hasta que llega a más de la mitad del trayecto y ya no puede seguir el ritmo de la mula y decide seguir subiendo con más sosiego.


El guía me deja a unos 500 m. de la explanada final y espero a que llegue mi compañero, para hacer juntos el último tramo. Y, allí, sobre la ladera de la montaña, se presenta otro de los edificios bellos de este conjunto arqueológico: Ad-Deir



El monasterio, de 45 metros de alto por 50 de ancho, está encajado y esculpido a base de vaciar pacientemente la montaña de roca, en el siglo I. Destaca su colosal puerta de 8 metros.


Después de un buen té y un largo descanso, comenzamos el descenso. Casi al final de los escalones hay un guarda que nos apremia en nuestro caminar, pues falta mucho para llegar a la puerta de entrada y está empezando el ocaso. En nada se hará de noche y nosotros todavía por aquí.

Al llegar abajo, hay camelleros y conductores de calesas tiradas por caballos que nos ofrecen llevarnos hasta la entrada, previo pago de un dineral. ¡Ni que fueran las 12 del mediodía!

Seguimos caminando, está oscureciendo rápidamente y todavía nos queda más de hora y media de trayecto. Un conductor de calesa, que ya va de retiro, dice de llevarnos por 30 DJ, al que respondemos que es muchísimo dinero. Le pedimos 10 DJ por el trayecto y él, casi ofendido, chasquea el látigo y hace trotar a su caballo hasta que lo perdemos de vista.

En un recodo del camino nos lo encontramos parado, parece que se lo ha pensado mejor. Nos lleva por el precio que le pedimos.

Ha sido maravilloso hacer las dos cañadas en calesa, oyendo en el silencio de la noche, el ruido de los cascos del caballo. Llegamos a la puerta principal, justo en el momento de cerrar. Hoy hemos estado entre las ruinas 10 horas.


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