30 ago. 2008

ITALIA (IV): Venecia, Verona


Anterior: ITALIA (III): Florencia


Tardamos tres horas en llegar, en tren, a Venezia, desde Florencia. Es de locura cómo está la estación Santa Lucia llena de personas, que van y vienen.


Fuente: Wikipedia

Rodeados de turistas se acerca un señor y nos ofrece alojamiento en su hotel. Él dice un precio sin desayuno y nosotros le hacemos una contraoferta de 10€ más barato con desayuno. Acepta y nos lleva hasta el Hotel Adua, un palacete reformado y situado en un lugar inmejorable: en la calle principal, a tres minutos de la estación de tren.

Venecia, está construida sobre 118 pequeñas islas sumamente próximas, surcada por 160 canales cruzados por 409 puentes de mármol, hierro y madera. Nació en el siglo V como refugio de las invasiones bárbaras. Fue conquistada por Napoleón en 1797 que la cedió a la corona austriaca, hasta que en 1866, se incorporó al nuevo Reino de Italia.

Paseamos largamente por esta ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad, junto a su Laguna, en 1987. Se puede callejear por ella sin necesidad de trasladarse en góndola. Calculo que de la estación de tren hasta la Piazza San Marco, debe haber unos 2 Km.


En nuestro recorrido pasamos por el Ponte Rialto, que cruza el Gran Canal.


La primera construcción que cruzó el Gran Canal fue un pontón o puente flotante.

La evolución y la importancia del Mercado de Rialto en la orilla oriental del canal aumentó el tráfico fluvial considerablemente cerca del puente flotante. Por ello, fue reemplazado alrededor de 1250 por un puente de madera. La estructura tenía dos rampas inclinadas que se unían a una sección central móvil, que podía ser elevada para el paso de barcos altos.


El actual puente de piedra está formado por un único arco, construido entre 1588 y 1591, basado en el diseño del anterior puente de madera: dos rampas inclinadas se cruzan en un pórtico central. A cada lado de las rampas hay una fila de cubículos rematados en arcos de medio punto, que sirven como comercios.

Seguimos callejeando y encontrando plazoletas, pequeños puentes y bellos rincones, como el edificio de la Opera la Fenice, uno de los teatros de ópera más famosos de Europa.



Y llegamos a la Piazza San Marco, de la que se dice que es la más bonita del mundo. Está cerrada en tres lados y rodeada de edificios porchados. Hay cafeterías y restaurantes que ofrecen música en directo. Concretamente, hay dos que tienen más de 200 años de actividad. Ya podéis imaginaros que los precios de las terrazas son prohibitivos, pero es bonito estarse por allí, pues es una plaza preciosa.


Pintura de Canaletto

La Piazza se inició en el siglo IX como un área pequeña frente a la Basilica de San Marco original. Su forma y tamaño actual data de 1177, cuando el río Batario, que la limitaba por el oeste, y un puerto que tenía aislado el Palazzo Ducale de la plaza, se inundaron.

Es el lugar más bajo de Venecia y cuando el agua sube por tormentas -desde el mar Adriático o por exceso de lluvia- es lo primero en inundarse. El agua corre por los drenajes directamente al Gran Canal, lo que es ideal cuando llueve, pero cuando sube la marea (aqua alta) –normalmente en primavera y otoño- tiene el efecto inverso, el agua del canal sube por los drenajes hacia la plaza y se inunda dos veces al día, siendo necesario poner tablones de madera, para hacer de pasarelas y que la gente no se moje.


El edificio principal es la Basilica de San Marco, de estilo bizantino. Se empezó a construir en el siglo IX para albergar los restos de San Marcos, traídos desde Alejandría, patrón de la ciudad. Fue quemada en un motín en el 975 y reconstruida en el siglo XI por arquitectos y obreros de Constantinopla. Las obras se iniciaron probablemente en 1063, y el nuevo templo fue consagrado diez años después.



Una ley de la República Veneciana imponía como tributo, que los mercaderes -después de hacer negocios provechosos- hicieran un regalo para embellecer San Marcos. De ahí la variedad de estilos y materiales. San Marcos es un museo vivo de arte bizantino.

Ubicado en una esquina de la Plaza, cerca de la portada de la basílica, se alza majestuoso el Campanile, uno de los símbolos de la ciudad. Tiene una altura total de 98,6 metros. Su cuerpo principal, de ladrillo, es un prisma de base cuadrada de 12 metros de lado y 50 metros de alto, sobre el cual se asienta un campanario blanco con cuatro arcos por cara, que aloja cinco campanas.


El campanario tiene en su parte superior un cubo, en cuyas caras se presentan leones y la representación femenina de Venecia (la Giustizia) de forma alternada. La construcción está coronada por una aguja piramidal en cuyo extremo hay una veleta dorada con la figura del arcángel Gabriel.

Adosado a la Basílica está el Palazzo Ducale, construido a principios del siglo XIV, con las típicas formas del gótico veneciano, sobre una antigua fortaleza. Es uno de los símbolos de Venecia. Era la residencia del dux y de las más altas magistraturas. Actualmente está habilitado como museo.


Desde la Piazza salimos hacia el Gran Canal y a la izquierda, pasado el Palazzo Ducale, sobre un pequeño canal encontramos el Ponte dei Suspiri, construido en 1602.


Comunica el Palazzo di Justizia con la antigua prisión de la Inquisición. Se cuenta que los presos antes de entrar en la cárcel, al pasar por el puente suspiraban de verse privados de libertad, siendo su última oportunidad de ver la luz del día y la belleza de la ciudad.

El eje de la ciudad es el Gran Canal, que tiene la forma de una gran “S” invertida, con una longitud de 3.800 m. y una anchura de 80 m. En sus orillas se levantan cerca de 200 palacios construidos entre los siglos XII y XVIII.




Divide la ciudad en dos partes con tres barrios cada una; uno de ellos es la Isola Giudecca: bonito, limpio y sin turistas. Para llegar allí se ha de coger un vaporetto (barca que hace las veces de autobús urbano), ya que es una isla alejada del centro.


Las góndolas, son la imagen de la ciudad. Navegan por los diferentes canales y son negras en recuerdo a los muertos de peste que hubo en 1562. Es un robo “legalizado” hacer un paseo en ellas: por 50 minutos te piden 100€, si protestas consigues que bajen el precio hasta 80€, no más.



En mi opinión es una ciudad bellísima, pero la desmesurada cantidad de turistas hace que pierda el encanto de “ciudad romántica”. No olvidemos que Venecia es la cuna, entre otros, de Marco Polo, Antonio Vivaldi, Tiziano y el “Canaletto”.

Uno de los días, tuvimos la necesidad de respirar de tanto turista y planificamos una excursión a Verona, ciudad con más de mil años de historia, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, y conocida por ser la que vivió la historia de amor de Romeo y Julieta.

Vamos en tren y lo primero que uno se encuentra, cuando llega al centro, es la Arena di Verona (Anfiteatro romano), construido en el siglo I durante el reinado de Tiberio, cien años antes de que Poncio Pilatos fuera enviado a Judea. Un óvalo de 152 metros de largo y 123 de ancho, que puede albergar 22.000 espectadores.



Gracias a su impresionante acústica y a las grandes dimensiones de su espacio central, es conocido por las múltiples representaciones de ópera que se realizan en él, la primera de las cuales fue en 1913. En la actualidad es el más grandioso teatro lírico al aire libre.


Nos llama la atención que esté engalanado. Ha comenzado la temporada de Ópera. Entramos y vemos como montan el escenario para Nabucco, que esta misma noche se representará. Queremos asistir, pero el no tener transporte para volver a Venecia lo hace imposible.


Paseamos por las calles de la ciudad hasta llegar a la Via Capello donde encontramos la Casa di Giulietta, protagonista ésta de la historia de amor con Romeo. La leyenda dice que está basada en hechos reales y que la primera versión apareció en el siglo XVI, cuando un fraile narró el drama que había sucedido unos 200 años antes.



La casa de los Capuleto o de Julieta es un destino de peregrinaje para enamorados de todo el mundo que, no sin cierta dificultad por que todos quieren, se hacen la foto junto a la estatua de Julieta. O se asoman al célebre balcón de Julieta. O dejan sus mensajes de amor en un graffiti o papel en las paredes, junto a la puerta de entrada.


De nuevo en Venecia, en la Piazzale Roma, a 5 minutos de la estación de tren donde llegan todos los turismos y diferentes autobuses, el último día cogemos el bus nº 5 que nos lleva al aeropuerto, para volver a Barcelona.


Conclusiones de este viaje:

Roma es una ciudad encantadora a pesar de multitud de edificios por doquier, que necesitan ser rehabilitados y cierta suciedad en las calles. Dicho esto, sus calles empedradas y el halo de la historia hacen sentirse, a quien la visita, inmerso a veces en una atmósfera surrealista.

Quizás sea, también, por que estamos sugestionados por las películas que en ella se han rodado. Ya hemos hablado de la famosa escena de Anita Ekberg bañándose en la Fontana de Trevi. Y como no de Vacaciones en Roma donde Gregory Peck enseña la ciudad a Audrey Hepburn. Estando en la Piazza d’Spagna recordamos a ambos actores bajando por la famosa escalinata.

Y qué decir del Coliseo, lugar de rodaje de multitud de películas, entre ellas Ben Hur. No nos olvidamos de las calles de Roma en películas de Mastroiani, Alberto Sordi y tantos otros. En conjunto, a través de estas películas vimos Roma y, ahora, hemos tenido la oportunidad de impregnarnos de su ambiente.

Con una buena planificación, la ciudad puede verse en tres días. Otra cosa sería para los amantes del arte que necesitan más tiempo si se quiere visitar los museos e iglesias que en ella hay.

Económicamente es una ciudad cara, pero asequible si no se va de restaurante en restaurante.

El calor que nos ha acompañado a lo largo de todo el viaje ha sido, a veces, insoportable más aún cuando hemos ido caminando a todos los sitios. Pero hemos tenido la suerte de encontrar muchas fuentes de las que manaba agua muy fresca. No así, bancos donde sentarse; éste ha sido nuestro principal inconveniente.

Florencia es arte y Business. Personalmente no me ha gustado ver edificios, estatuas y monumentos, con tantos años a sus espaldas, rodeados de tiendas de marca. Las sensaciones, que uno puede sentir al contemplar una obra de arte, quedan diluidas cuando a su lado vemos Hugo Boss, Loewe y similares.

Venecia es punto y aparte. Mientras íbamos hacia el hotel, acompañados por el dueño, éste nos decía que no había ladrones. No le dimos importancia al comentario hasta que nos tocó la hora de tomar o comer algo y pagar la cuenta. En ese momento recordamos la frase del dueño del hotel. ¡Y tenía razón!. No hay ladrones porque los son todos los que están metidos en esto del turismo. Se aprovechan de que es una isla, estás aislado, para que pagues los precios que ellos decidan. Tres veces superiores a los de España y sin un equivalente en servicios: comes mal y muy caro. De alojamientos no digamos. Claro que es nuestra apreciación, pero hace pocos días tuve la oportunidad de leer un artículo en el New York Times, sobre Venecia, donde vino a refrendar lo que digo.

Esperábamos encontrar una Venecia tranquila, relajante, con góndolas. Encontramos multitud de turistas que apenas dejaban caminar por sus estrechas calles. Barcos a motor por el gran canal como si fuera una autopista y haciendo un ruido que estaba fuera de lugar. Y a los gondoleros paseando a japoneses, que son los que no se quieren enterar del abuso del precio que cobran. No era la misma Venecia, que visité en 1985.

Creo que la imagen que se nos vende de Venecia no corresponde, hoy, con lo que es en realidad. Parece ser que las autoridades ya se han dado cuenta y hablan de limitar el número de turistas que puedan acceder a ella.

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