30 ago. 2008

ITALIA (II): Roma (II)


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Ninguna de las calles que conducen a ella, nos indica lo que vamos a encontrar en una pequeña plaza: una espectacular fuente, proyectada en el siglo XVIII y realizada en un tiempo de treinta años. Exaltación del agua como símbolo de vida y bienestar: la Fontana di Trevi.



No sé si es famosa a raíz de la película La Dolce Vita, protagonizada por Marcello Mastroiani y Anita Ekberg, o porque es pequeña pero impresionantemente bella.


El sofocante calor nos ha acompañado todo el día, suerte que hemos podido refrescarnos en las fuentes que hay por doquier, con agua fresquísima y potable.

Tercer día en Roma. Tenemos previsto una jornada de mucho caminar como ayer, así que tras un buen desayuno nos dirigimos, en una mañana muy calurosa, al Colosseo (o Coliseo), auténtica maravilla arquitectónica de la antigüedad y símbolo de la Ciudad Eterna en el mundo entero.

Originalmente era denominado Anfiteatro Flavio en honor a la dinastía Flavia de emperadores que lo construyó, y pasó a ser llamado Colosseum por una gran estatua ubicada junto a él - el Coloso de Nerón-, no conservada actualmente, erigida en honor al emperador de aquel tiempo.

Tardaron 8 años en su construcción (72-80 d.C.) sobre el terreno ocupado por el lago artificial de la Domus Aurea tras el incendio de Roma en el 64 d.C.

Es el más espectacular edificio construido en época romana para albergar las tristemente famosas luchas de gladiadores, fieras, cristianos y convictos.


Para su inauguración se celebraron 100 días de juegos. Los 60.000 espectadores que cabían en el colosal edificio, entraban a través de los 80 arcos numerados abiertos a nivel del suelo. En apenas 20 minutos podía ser desalojado. Los juegos consistían en cacerías de fieras por la mañana, ejecuciones de condenados al mediodía, y combates de gladiadores por la tarde.


Hemos estado 35 minutos de cola para entrar. Pagamos la correspondiente entrada y nos adentramos por los diferentes pasillos y estancias que hay en la parte inferior del Anfiteatro, donde se situaban las jaulas de los animales y las instalaciones donde aguardaban los convictos y los gladiadores.



Subimos las escaleras, que nos llevan a los diferentes pisos donde se colocaba el público asistente, hasta la parte superior. Desde allí se puede contemplar todo lo que se conserva del anfiteatro y hacerte una idea de cómo había sido en los tiempos de mayor utilización.


En la Edad Media, el Coliseo fue transformado en fortaleza y utilizado, sucesivamente, como almacén de materiales para la construcción.

No sé cuánto hemos estado en el interior, pero creo que no menos de dos horas. Hemos visitado todos los rincones habidos y por haber.

Saliendo de allí y caminando sobre la Via dei Fori Imperiali pasamos junto el Foro Romano, que era el centro de la vida pública romana: de las actividades políticas, religiosas y comerciales de la antigua Roma.


Es necesario recorrer a la imaginación para percibir el aspecto que tuvo, totalmente lleno de construcciones y personas procedentes de todas partes del Imperio Romano que, como hacemos actualmente, venían a visitar el símbolo que había hecho posible -en relativamente poco tiempo- que un antiguo pueblo de pastores dominara el mundo.

La Vía Sacra atravesaba la zona y por ella pasaban las procesiones religiosas que efectuaban paradas triunfales.

Nos dirigimos a Trastevere, barrio situado en la orilla derecha del fiume Tevere (río Tíber). En él vivieron artesanos, pescadores, comerciantes, así como la comunidad de extranjeros dedicados a actividades portuarias. También era conocido por sus espléndidas villas, la más importante era la de Julio César, donde parece que se hospedó Cleopatra. En su testamento, Julio César, la dejó al pueblo romano.



Paseamos casi toda la tarde, contemplando las coloridas callejuelas adoquinadas y plazas, que todavía conservan su carácter auténticamente romano, predominando un tipo de edificación de casas populares medievales y que nos ofrecen un agradable contraste con el solemne esplendor de todo lo visto durante la mañana y en los días anteriores.

Es el único lugar de Roma que sobrevivió a la época medieval y mantiene una fuerte identidad local.

La Basílica di Santa María in Trastevere fue reconstruida en gran parte en el siglo XII, usando el mármol de las Termas de Caracalla. Su obra más valiosa son los mosaicos del ábside.

Cuenta la leyenda que en el año 38 a.C., en el lugar donde ahora está la Basílica de Santa María, brotó de la tierra un chorro de aceite mineral que los antiguos cristianos interpretaron como el anuncio de la llegada de Cristo, el Ungido. El lugar donde ocurrió, conocido como Fons Olei, está hoy día indicado en el presbiterio de la basílica.




Al caer la tarde y volviendo hacia la zona del hotel, pasamos por la Piazza di Campidoglio, considerada una de las más elegantes de Europa y diseñada por Miguel Ángel. Desde esta plaza se accede a los Musei Capitolini, donde está la más antigua colección pública del mundo.


Cuando llegamos a la plaza vemos que habían colocado unas sillas frente a un escenario y nos quedamos un poco a curiosear. Había programado un festival de canciones y danzas de diferentes regiones de Italia, así que aprovechamos para sentarnos, descansar y ver el espectáculo.


Son más de las 10 de la noche y el recorrido hacia el hotel hace que guardemos en nuestra retina la maravillosa imagen de la bella ciudad nocturna.




Hoy, con mucho pesar, hemos de decir "Arrivederci Roma".


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