30 ago. 2008

ITALIA (I): Roma (I), Ciudad del Vaticano


Relato del viaje a Italia, realizado durante los días 21 de junio al 2 de julio de 2007, donde visitamos Roma, Florencia, Venecia y Verona.


El avión de la compañía Vueling, que nos transportará hasta Roma, sale a las ocho de la mañana. Tras una hora y media de vuelo, aterrizamos en la Ciudad Eterna.

En el mismo aeropuerto está la estación de trenes que nos lleva hasta la Stazione Termini, en el corazón de la vieja Roma, cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980.

Otra vez viajamos sin el hotel reservado. Los precios, que hemos visto en Internet, nos parecían excesivos y decidimos que una vez aquí ya encontraremos alguno.

En los alrededores de Termini hay muchos hoteles, así que buscamos uno en esta zona. Principalmente por Via Cavour y alrededores, que es una zona más segura.

En la Via Principe Amedeo, mi compañero entra en una portería estrechita, en cuya fachada hay un cartel con los nombres de varios hoteles. Se dirige a uno de ellos,Hotel DINA

Nunca mejor situado: a 300 m. de la estación y a otros 300 m. de la Piazza Santa Maria Maggiore. Del hotel hasta los lugares más importantes de la ciudad, sólo hay un “paseo”.


Comemos en el barrio y, por la tarde, nos acercamos a ver la Basilica Santa Maria Maggiore.




Me ha gustado muchísimo su techo artesonado y policromado, y las pinturas en las paredes. Todo muy bien conservado. El campanario medieval es el más alto de Roma, de unos 75 metros.

Bajando Via Cavour llegamos al Colosseo. ¡Qué impresionante! Está cerrado y dejamos la visita de su interior para otro día.


Al lado mismo está el Arco de Constantino y enfrente, en una gran extensión, está la Domus Aurea, donde se conservan algunas columnas y diferentes restos arqueológicos.



Seguimos por la Via dei Fori Imperiali, pasando por el Foro Traiano y el Foro Augustus a ambos lados de la avenida, hasta llegar a la Piazza Venezia donde se alza un monumental edificio, llamado Vittoriano, que domina el entorno; está hecho enteramente de mármol blanco, con una estatua ecuestre a los pies y dos carros en las azoteas. Fue construido en honor a Vittorio Emmanuel, primer rey de Italia.



No recuerdo si en alguna otra ocasión he hablado de lo que me impresionan las piedras que tienen historia. Todas me hablan. Tengo la suerte de que me gusta mucho la Historia, de la que soy autodidacta y siempre procuro informarme antes de ir a algún lugar, si no la sé de antemano.

Justo hace tres meses estuvimos en Siria, país en el que los romanos tuvieron unas colonias muy importantes y donde todavía se conservan maravillosos restos, como los de Palmira y ahora estoy en Roma, capital de aquel vasto Imperio, viendo los orígenes de los orígenes.

Iniciamos nuestro segundo día en Roma yendo a la estación Termini donde hay paradas de diferentes autobuses urbanos. Hemos cogido el número 64, que nos lleva a la Ciudad del Vaticano, estado independiente desde 1929, edificada en el lugar en que san Pedro sufrió martirio y fue sepultado. En 1984 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.

Accedemos a la inmensa Piazza San Pietro, enteramente diseñada por Gian Lorenzo Bernini, entre 1656 y 1657 y, al fondo, está la Basilica di San Pietro con su admirablemente bella e impresionante cúpula, que mide 136 metros de alto y con un diámetro de 42 metros, obra de Miguel Ángel.



Tras la cola de rigor, accedemos a la Basílica de grandes dimensiones, donde están enterrados la mayoría de los papas que ha tenido la Iglesia católica.

La gran cúpula se encuentra justo sobre el altar mayor y la tumba del Apóstol san Pedro. Subimos a lo alto, pero para ello se ha de salir al exterior y una pequeña puerta nos conduce a un ascensor que sube unos tres pisos y el resto, 332 escalones, a pie. Desde lo alto se contempla la Plaza San Pedro, que señala la frontera con el Estado italiano, donde caben unas 300.000 personas y en la parte opuesta hay unos cuidados jardines con diversas edificaciones.


Volviendo a la Basílica y casi antes de salir, allí está, en una capilla adyacente, La Pietá. No sé si debería escribirlo todo en mayúsculas: LA PIEDAD, única obra de Miguel Ángel, firmada por él y que esculpió, cuando sólo tenía 24 años de edad, en un único bloque de mármol. Sin palabras.


A la salida pregunto -con mi macarrónico italiano- a un guarda dónde está la Capilla Sixtina y me dice, en un clarísimo español (me sonrojo!!), que está en los Museos Vaticanos a unos 2 Km. de allí. Pues a caminar se ha dicho.

Llegamos y, tras pagar la correspondiente entrada, vamos paseando por las diferentes salas contemplando la gran variedad de colecciones que hay, fruto de siglos de coleccionismo y encargos papales. Me he recreado contemplando las grandes obras de arte del Renacimiento y con los frescos de las llamadas “Estancias de Rafael”.



Sabía que habían estado restaurando -durante veinte años- las pinturas de la Capilla Sixtina, y que habían restituido el brillo de sus colores originales. La mayoría de los personajes que ahora aparecen desnudos, en algún momento de la historia, fueron tapados con una pincelada, simulando un ropaje. En el momento de la restauración se vio que aquello era posterior y se dejó tal como sus autores lo habían pintado.

Para mí, la representación más bella es el Juicio Final de Miguel Ángel, con sus casi 400 figuras. Además de Miguel Ángel, hay frescos de Botticelli, Perugino y otros. Realmente, por poco que te guste la pintura, en estas obras ves la magnificencia del pintor y la belleza de colores y formas.

Está terminantemente prohibido hacer fotos y con mucha vigilancia, pero “se me ha escapado” una.



Comemos fuera de la ruta turística y por la tarde vamos a la Piazza Navona, de forma ovalada con tres fuentes diferentes en la parte central y, alrededor hay cafeterías y heladerías. Allí me he tomado un café helado inmejorable (y carísimo).

La forma de la plaza es debido a la estructura del Stadium de Domiciano, del siglo I d.C., destinado a las competiciones deportivas. Se estima que tenía capacidad para 30.000 espectadores y aún pueden verse algunos restos de la antigua estructura al norte de la plaza.


La plaza adquirió su fisonomía actual en la época barroca, con la Fontana dei Quattro Fiumi (Fuente de los Cuatro Ríos), obra de Bernini. Los gigantes de la fuente -en la parte central de la plaza, inaugurada en 1651- representan los cuatro ríos conocidos en la época como los más grandes de cada continente: el río de la Plata, el Danubio, el Ganges y el Nilo.


Autor: Tango7174

Las otras dos fuentes fueron esculpidas por Giacomo Della Porta. La Fontana di Nettuno (1574) , ubicada en la zona norte de la plaza, y la Fontana del Moro (1576) , ubicada en el extremo sur.


Seguimos hacia la Piazza d’ Spagna donde, en un bonito edificio, está la Embajada de España ante la Santa Sede. En la plaza hay una gran escalinata que comunica con la Chiesa Trinità dei Monti.


La escenas de la película, dirigida por William Wyler en 1953, Vacaciones en Roma en la que Gregory Peck y Audrey Hepburn bajan la escalinata, le han dado a la plaza fama mundial.


Desde la plaza nacen, en disposición radial, una serie de calles donde se encuentran las más prestigiosas e internacionales tiendas de moda. Entre ellas encontramos la Via Condotti, dicen que una de las más elegantes del mundo. Da gusto ver los escaparates, pero no es mi estilo en vestir, así que no me preocupa no tener dinero como para pagar un bolso.


Siguiente: ROMA (II)






1 comentario:

  1. Darse un paseo por Roma es una cosa que deberíamos hacer una vez en la vida por lo menos.

    Roma es una ciudad que a lo largo de su historia ha legado a humanidad una gran cantidad de conocimientos. Sin duda uno icono de nuestra civilización.

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