25 ago. 2008

INGLATERRA: Londres


Relato de un largo fin de semana en Londres, del jueves 25, al lunes 29 de enero de 2007.


Día 25.- El autobús que nos lleva -durante 75 minutos- desde el Aeropuerto de Stansted a la City nos ha permitido hacer una fugaz visión de Londres, la cual nos ha impresionado desde el primer momento.

Una vez llegados al hotel Edward House, en la zona de Victoria -frente la estación de autobuses-, dejamos el equipaje y salimos a descubrir los alrededores a pesar del frío que hace, cinco grados, y el cielo encapotado de nubes amenazantes de lluvia.

No hay nada mejor que caminar y caminar para poder apreciar y saborear mucho mejor lo que Londres ofrece, que no es poco.

Nos dirigimos hacia la zona de Westminster y lo primero que encuentras es la Westminster Cathedral. Más adelante el famoso Big Ben, The Houses of the Parliament, y la Westminster Abbey. Y, a lo lejos, el famoso London Eye (Ojo de Londres), gran noria desde donde se tiene un panorámica de la ciudad.




Nos encontramos en una de las zonas con más historia de Londres, y a la que volveremos pasado mañana, para visitarla con más detenimiento.

Acabamos en el Covent Garden donde visitamos el mercadillo, muy animado a pesar de la hora, y la plaza peatonal más antigua de la City.

De regreso al hotel, cruzamos Trafalgar Square donde se encuentra un monumento -de 50 metros de altura- al almirante más famoso de Inglaterra: Lord Nelson, que murió en la batalla de Trafalgar, contra la flota hispano-francesa, ganando los ingleses.


Día 26.- Aprovechando que llueve bastante, lo dedicamos enteramente a visitar el Natural History Museum y el Science Museum, que están uno junto al otro.

Durante la caminata hacia el barrio de Kensington -donde están ubicados los dos museos-, pasamos por diferentes calles dignas de mención pero, sobre todo, una nos llamó la atención: Sloan Street, donde están ubicadas tiendas de marca de lujo unas al lado de otras. Es impresionante lo que hay para comprar con una buena tarjeta oro de crédito.

En el Museo de Historia Natural, un dinosaurio a tamaño real -moviéndose y emitiendo rugidos-, recibe al visitante en la penumbra de una sala. Además podemos observar todo tipo de animales, con unas explicaciones muy detalladas, así como un gran despliegue de medios audiovisuales sobre la fauna en diferentes puntos del planeta.



Salas dedicadas a pájaros, a la evolución de las especies desde el más diminuto insecto hasta los dinosaurios. En fin, todo un mundo para aprender.



No hemos querido dejar la gran sala dedicada a los minerales; todos, absolutamente todos se pueden contemplar: desde oro, hasta restos de meteoritos.

El Museo de la Ciencia -también impresionante por el despliegue de medios, objetos y artefactos que se pueden ver-, nos quedamos impresionados por las áreas temáticas expuestas.

De entrada nos encontramos con toda clase de cohetes, motores y explicaciones relativas a la evolución de la tecnología del espacio. Hemos casi tocado la cápsula Apollo X, que fue la que orbitó alrededor de la Luna en un vuelo previo al Apollo XI, que fue la que alunizó en 1969.


Impresiona ver el primer gran supercomputador construido, el Cray I. O un área dedicada exclusivamente a la aviación donde contemplamos un corte transversal de un Boeing, la turbina de otro e infinidad de motores siguiendo la evolución de esta tecnología. También está el famoso cohete V2 que lanzaban los alemanes durante la II Guerra Mundial.

Esto son sólo pinceladas de todo lo que aquí se puede ver. Ya en la salida, nos encontramos con el tren de aterrizaje de un Boeing 737, que visto de cerca impresiona.

En ambos museos la entrada es gratuita, y cada uno de ellos da para pasar el día entero.

Frente al museo, al otro lado de la calle, nos ha llamado la atención unas imperfecciones de una pared, y nos acercamos. En una placa pone: "El daño en estas paredes es el resultado de las bombas enemigas durante la II Guerra Mundial, y se han dejado como memorial a los permanentes valores de este gran museo en tiempos de conflicto". Dramáticos impactos de la metralla son las imperfecciones.



Día 27.- Hoy será nuestro gran día: caminaremos a fondo para aprovechar el tiempo y ver todo lo que tenemos planeado.

Después de acercarnos a la famosa sede de Scotland Yard y ver el cubo dando vueltas con el anagrama, empezamos el recorrido por Westminster Catedral, templo principal de la iglesia católica en Inglaterra y Gales y diócesis del Arzobispo de Westminster.


Continuamos hasta Westminster Abbey, templo de estilo gótico, donde entramos previo pago de 10£ cada uno. Es el lugar tradicional para las coronaciones y entierros de los monarcas ingleses y de famosos escritores, poetas, actores, músicos y artistas, entre otras tumbas.


El interior está muy vigilado, pues está prohibido hacer fotos, no obstante conseguimos hacer una lo que nos costó una llamada de atención.

Tenía empeño en tener una foto de las tumbas donde están los restos de Ruyard Kipling y Charles Dickens, -contiguas una de la otra. Mi compañero se dirige a un Priest, con sotana roja, para que nos deje sacar la foto, ya que hemos visto que una señora sacaba fotos de la tumba de Haendel.

El Priest nos dice que la señora es descendiente del gran compositor y por eso la ha autorizado. Acto seguido le pregunta si nosotros somos familia de Kipling o de Dickens, a lo que –evidentemente- mi compañero le dice que no. Pongo cara de “muy apenada” y, al verme así, nos acompaña hasta las tumbas, con la consigna de hacer la foto sin flash.


Aparte de multitud de tumbas de reyes y de la nobleza británica, contemplamos la St. Edward's Chair (Silla de la coronación), trono donde se sienta el futuro rey o reina a ser coronado/a. La última vez que se utilizó fue durante la coronación de Elisabeth II, la actual reina.

El camino nos lleva hasta el maravilloso Palace of Westminter, lugar en el que se reúnen las dos >Cámaras del Parlamento británico: la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes. El palacio fue nombrado, por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad en 1987.


En el palacio destaca el Big Ben, nombre por el que se conoce a la Torre del Reloj del Parlamento, así como a la mayor de las campanas que se encuentran dentro de la Torre (la Gran Campana de Westminster); la encargada de contar las horas.


Cruzamos el Thames River y nos dirigimos al llamado London Eyes, una atracción para turistas a la que no subimos. Muy cerca compramos las entradas para ver, esta tarde a las siete, el musical Mary Poppins y, con él, poder recodar nuestra niñez.


Durante el trayecto por la orilla del Támesis hacia The Tower of London (La Torre de Londres) -declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988-, vemos un barco de guerra fondeado - el acorazado HMS Belfast-, que fue utilizado en la II Guerra Mundial y que ahora es museo naval. Es muy tarde para visitarlo; nos queda pendiente para otra ocasión.


Calle a través nos dirigimos hacia Saint Paul’s Cathedral, sede del Obispado de Londres; para visitarla hay que pagar 10£.


Después de comer, y como estamos algo cansados, decidimos coger un taxi “londinense” para ir hasta el Soho donde está el Prince Edwards Theatre para ver Mary Poppins.

Llegamos temprano y, para hacer tiempo, paseamos por el Soho, cuya calle más importante es Carnaby Street. Palpamos el ambiente del barrio, un sábado noche, mientras transitamos sus estrechas, desaliñadas y abarrotadas calles de gente, teatros, pubs y restaurantes.


Saliendo del teatro -en el que he disfrutado mucho- vamos hasta Picadilly Circus, para ver el ambiente de la plaza y calles adyacentes. En el centro de la plaza -sobre una fuente- se alza la estatua desnuda en vuelo del Ángel de la Beneficencia, conocida como Eros, una de las primeras en ser esculpida en aluminio. Y enfrente, en la fachada de un edificio, los llamativos paneles luminosos que atraen la atención de los visitantes y que tanto caracterizan a esta plaza desde 1890.



Día 28.- Ha amanecido con más frío que los días anteriores o eso nos parece, pero vamos a lo nuestro para cumplir el “programa previsto”.

El primer lugar que visitamos es The Cabinet War Rooms previo pago de 11£. Este lugar situado en un sótano y protegido contra bombas, es donde Churchill, sus asesores, militares y personal de servicio vivían y tomaban decisiones durante el transcurso de la II Guerra Mundial. Ya en la entrada se exhibe una bomba real de 250 kilos, la U2, igual a las que fueron lanzadas por la aviación alemana sobre Londres.

Además de poder contemplar objetos personales de Winston Churchill, diversas salas donde se representa el día a día, que aquí se vivieron, vimos, entre otros objetos, una máquina Enigma utilizada por los alemanes para cifrar sus mensajes y todo un montaje audiovisual -de última generación- sobre la Inglaterra de los años de la guerra y la biografía de sus políticos más relevantes.

Nos dirigimos hacia Buckingam Palace, no sin antes pasar por Downing Street residencia del Primer Ministro Británico. Una verja de hierro, al principio de la calle y custodiada por la policía, nos impide ver el famoso número 10.


En el trayecto hacia el palacio disfrutamos del tranquilo St. Jame’s Park y del gran lago que contiene.

No llegamos a tiempo de ver el cambio de guardia y sólo contemplamos el anodino Buckingam Palace, residencia de la reina Elizabeth II (Isabel II).


Rondando la hora de comer, nos dirigimos hacia Hyde Park para cruzarlo y llegar hasta Portobello Market, en el barrio de Notting Hill. Pero al llegar a la puerta del parque, notamos un gran cansancio y mucho frío -más que nunca-, decidimos dar media vuelta, irnos al hotel y dejar lo no visto para otra visita a Londres.

Londres nos ha impresionado por la enorme cantidad de edificios dignos de fotografiar que tiene, sus calles limpias y tranquilas, su gente educada, el poderío económico -que se vislumbra a cada paso que se da- viendo los edificios de oficinas y tiendas de lujo de las principales marcas mundiales, destacando por su significado los famosos almacenes Harrods, que ya que no íbamos a comprar nada, tomamos un café en la cafetería. El único problema que tiene es el clima, ya que apenas hemos visto el sol.


Nos queda mucho que ver y disfrutar de esta gran ciudad; pronto volveremos.


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