25 ago. 2008

COSTA RICA (IV): Tortuguero, Puerto Viejo de Talamanca, Alajuela, Guápiles


Anterior: COSTA RICA (III): Monteverde, La Fortuna, Reserva Natural Rara Avis


En Horquetas, esperamos en la carretera un bus que nos dejó en Guápiles. Y desde allí otro hasta Cariari. En la estación de esta población compramos el billete combinado: bus al embarcadero de La Pavona y barca hasta Tortuguero.

A través de canales de agua verdosa llegamos a Tortuguero, población que se encuentra aislada por tierra con el resto del país y las únicas vías de acceso son la fluvial y la aérea, siendo la primera la más usada para el aprovisionamiento del pueblo.



Contratamos a David Chiapponi, propietario de Natural Tours -que conocemos al desembarcar- y nos ofrece una travesía en su bote a remo.

Durante tres horas navegamos a través de los canales de Tortuguero. David hacía honor al silencio -y nosotros también-, sólo roto por el estruendo de los motores de algunas lanchas abarrotadas de turistas. De vez en cuando dejaba de remar y, señalando adónde mirar, nos explicaba -es autodidacta- las características de los animales que veíamos: aves exóticas, iguanas, mapaches, cocodrilos y sus crías...




De noche, nos acercamos hasta la playa donde desovan las tortugas, pero no vimos ninguna, aunque sí sus trazos.

Tortuguero ya no nos aportaba nada más, así que decidimos salir hacia Puerto Viejo, en el Caribe.

A las 10 de la mañana nos montamos en una lancha que durante cinco horas y a través de 80 kilómetros de canales, nos llevó hasta Moín.

A ambas orillas de los canales, la naturaleza llega hasta la misma orilla del agua. Es algo irrepetible y recomendable de ver. Vimos algún cocodrilo, un perezoso y garzas rosadas. Finalmente en un árbol, a la orilla y a pleno día, una columna de murciélagos pequeños estaba descansando.





En Moín un taxi-compartido nos lleva hasta Puerto Viejo de Talamanca. Habíamos decidido volver aquí, pues cuando estuvimos al principio del viaje nos gustó muchísimo y queríamos pasar los últimos días del viaje antes del regreso a casa. Esta vez nos alojamos en Cabinas Tropical , mucho mejor que las anteriores.

Cierto día, y cansados de la rutina del pueblo, caminamos cuatro kilómetros a través de la Playa Negra, que debe su nombre a la capa de arena negra que la cubre, y que mancha.


Se acercó un tico, pequeño pero fuertote, se sentó a nuestro lado e iniciamos una conversación. Nos contó su vida: Vive junto a su mujer y tres hijos en Turrialba, un pueblo lejos de allí. Él, hasta el día anterior, había estado trabajando como guardia de seguridad en un complejo residencial que una empresa costarricense tiene en medio de la selva, en Manzanillo. Nos explicó que el interventor no le dejaba tener las luces exteriores encendidas de noche. Así que hacía las rondas con linterna y revólver en mano. Tuvo que dejar el trabajo por miedo.

Por lo que pudimos deducir, no era una persona que se echara para atrás a la primera. Pero la situación que vivía cada noche pudo con él. A 50 metros escasos de donde él estaba, los narcotraficantes colombianos, muy armados, entraban droga en Costa Rica y a la más mínima le podían pegar dos tiros y dejarlo allí tirado.

Pasaban los días y el sol no acababa de asomar, por lo que decidimos quemar las últimas etapas del viaje en Alajuela, muy cerca del aeropuerto Juan de Santamaría.

Durante cuatro horas y media nos trasladamos en bus hasta San José y, desde la misma estación, un taxi nos llevó hasta Alajuela.

Estuvimos varios días y nos gustó por su limpieza, el ambiente relajado que se respira y por la cantidad de pastelerías y heladerías que hay. Y, también, porque se nota seguridad por todas partes. Nos alojamos en La Guaria Inn, a 100 metros escasos del Parque Juan Santamaría, con desayuno incluido y muy completo.

Uno de los días, en bus, fuimos hasta Guácima de Abajo donde visitamos la Granja de las Mariposas. Y aunque algo cara la entrada, la visita fue muy interesante.

Es una finca privada donde nos enseñaron todo el proceso del ciclo de vida de estos insectos. Desde el huevo hasta la mariposa pasando por la oruga y la crisálida o pupa. Se dedican a la exportación de crisálidas para mariposarios, laboratorios y zoológicos. Hemos visto diversidad de tipos de mariposas, destacando la Morpho y otra, la “cristal”, cuyas alas son completamente transparentes.






Otro día visitamos el Parque Nacional Volcán Poás. Un camino de 600 metros conduce hasta el cráter del volcán, pero tuvimos la misma mala suerte que cuando visitamos el volcán Arenal: el cráter estaba completamente cubierto de nubes y no pudimos ver absolutamente nada. Y para remate se puso a llover, así que tampoco exploramos los alrededores.



Conclusiones:

Preparamos el viaje leyendo bastante información en Internet, tanto en webs como en foros de viajeros. Aunque dicen que algunos han visto cientos de monos, miles de aves y millones de no se qué…. realmente nosotros la fauna que vimos se puede contar. Nos extraña esto debido al entorno de vegetación y ríos que existen, pero suponemos que, como todo Costa Rica es un Parque Nacional, no hay tanta fauna como para que los animalitos estuvieran allí donde nosotros estábamos.

En cuanto a la seguridad debemos decir que íbamos muy precavidos y a pesar de ello nos robaron. El hecho de estar constantemente pendientes de nuestro equipaje y de la gente ha hecho que el viaje en vez de relajarnos nos estresara en alguna medida.

Aún así, recomendamos ir a Costa Rica si se quiere ver naturaleza por todas partes, a pesar de que es algo cara comparándola con Panamá.

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