25 ago. 2008

COSTA RICA (I): San José, Puerto Viejo de Talamanca, P.N. Manzanillo


Relato del viaje realizado, durante 46 días, entre el 10 de octubre y el 24 de noviembre del 2006, por Costa Rica y Panamá.


En este viaje hemos evitado, en lo posible, recorrer circuitos turísticos. Todo lo hemos hecho en transporte público: autobuses. Ha habido momentos que, al enlazar los autobuses con muy poco tiempo de espera, no nos ha dado tiempo de comer y nos hemos alimentado con lo que llevábamos en la mochila: galletas y agua. La valoración final del viaje es que ha sido una gran experiencia.


Tras 20 horas de viaje, desde que salimos de Barcelona, llegamos al aeropuerto Juan Santamaría de San José, a las 18:30 hora local. Ya es de noche y está lloviendo. Cambiamos algunos dólares por colones en el mismo aeropuerto para pagar los primeros gastos, algo que no aconsejamos ya que el tipo de cambio es peor que en cualquier banco pudiéndose pagar a taxistas, hoteles, comercios, etc. en dólares. Nos está esperando el taxista enviado por el Green House Hostel que, previamente, habíamos reservado desde Barcelona. Amanezco con picadas y moratones en ambas piernas. No sé qué animalillo me ha picado.

El día siguiente lo pasamos en la capital para recuperarnos del viaje dedicándolo a ver la ciudad la cual no tiene nada interesante. Visitamos el Mercado Central, la Catedral y el Teatro Nacional del que nos explican que el patio de butacas es movible de tal forma que, mediante unos mecanismos, se puede levantar y quedar a la altura del escenario, lo cual convierte el aforo en un gran salón de baile.

Aunque estábamos enterados de que en San José había bastantes robos e íbamos precavidos, no obstante eso, nos robaron: al cruzar un semáforo, un individuo mochila al hombro y simulando que hablaba por teléfono se interpone en nuestra marcha, por la acera, frenando nuestro paso. Yo iba, en este caso, delante de mi compañero que llevaba la mochila en la espalda. Me dijo que adelantara al personaje -ya que notaba que nos frenaba el paso cada vez que queríamos ir más deprisa. Una vez que lo hice, mi compañero se puso a mi altura, y veo que la mochila está abierta. ¡Nos han robado la cámara y sin darnos cuenta!. Por lo visto, mientras el primero frenaba el de atrás hacía “su trabajo”. Contactamos con la “policía turística”, pero fue inútil.

Compramos otra cámara en San José. Hablando con la gente, leyendo los periódicos, viendo la televisión y observando lo que pasa en la calle, nos confirman que los robos en la ciudad y en gran parte del país son cosa de cada día.

La mejor opción es alojarse en Alajuela: ciudad segura, muy tranquila, limpia y al lado del aeropuerto.

Como ha estado lloviendo durante los últimos días, la carretera habitual del bus a nuestro próximo destino, Puerto Viejo de Talamanca, está cortada por derrumbamientos y se hablaba de que no habría transporte. Como queremos salir de San José, cuanto antes, decidimos irnos a la Estación de buses del Caribe con la intención de salir a la hora que sea. Tenemos suerte, el bus coge una ruta alternativa -más larga-, por Turrialba.

Después de cinco horas de trayecto Puerto Viejo nos impacta, pues es la primera vez que pisamos el Caribe. Encontramos alojamiento en Cabinas Grant, muy céntrico. Dejamos el equipaje y, sin pensarlo dos veces, ya estamos bañándonos en las aguas cristalinas de la enorme playa.


Por la tarde vamos al Pan Pay regentado por Xavier, catalán, para tomarnos unos batidos de frutas tropicales, buenísimos. Tiene croissants, tortilla de patatas, embutido español… Xavier aterrizó en Puerto Viejo hace 5 años después de vagar por otros lugares del Caribe y decidió montar el bar, que le permite vivir tranquilamente sin estresarse, junto con su hermano.

Al atardecer, la calle principal se llena de rastafaris, vendiendo abalorios y souvenirs. Por la noche decidimos ir a cenar al famoso Stanford, buena cocina, buen pescado, pero muy caro: nos hemos salido del presupuesto!!.

Al día siguiente, muy temprano, cogemos el bus que nos lleva al Parque Nacional de Manzanillo. Al descender del bus nos encontramos un poblado semi-desierto de gente.


A la primera persona que encontramos le preguntamos cuál es el camino para entrar en el Parque. Nos dice que YA estamos. Hablando con él, nos comenta que el Parque no está señalizado y que probablemente no veríamos gran cosa. Mi compañero le pregunta dónde podemos contratar un guía y nos dice que él lo es. Acordamos un precio y al cabo de 10 minutos ya estamos oyendo sus explicaciones al pie del árbol de manzanillo, origen del nombre del Parque. Viene con nosotros un canadiense que, se ha regalado por su 50 cumpleaños, un paseo de seis meses por Centroamérica.



La ruta, prevista en cuatro horas, al final ha durado casi siete. El guía no mostraba que tuviera prisa. Nos ha explicado todo sobre los árboles, sus aplicaciones y la de sus frutos, con todo lujo de detalles; hemos visto alguna serpiente, algunos monos, perezosos y en una alberca un caimán y su bebé que se han escondido al vernos llegar.




Salimos frente a un acantilado con vistas impresionantes sobre la playa. Bajamos a descansar un rato y el guía nos da a probar el fruto de un árbol: las uvas de mar.



El guía, Ricky, un indígena afrocostarricense de la tribu Bribri y muy concienciado con el medioambiente ha sido nuestra suerte. Gracias, Ricky, desde aquí te recomendamos como guía.



Siguiente: PANAMÁ (I): Isla Bastimentos, Ciudad de Panamá


2 comentarios:

  1. Una entrada molt interessant, Mercè! aquest estiu me n'hi vaig!

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  2. Gaudiràs moltíssim, Jordi, si t'agrada la natura. Has de pensar que Costa Rica és un gran parc natural!!

    No em faría res tornar-hi.

    Abraçades!

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