25 ago. 2008

Las Cataratas de Iguazú, entre Brasil y Argentina


La estancia en Paraguay acabó en Ciudad del Este, a 327 kilómetros de Asunción, adonde llegamos después de 5 horas de viaje en autobús, a última hora de la tarde. A esta ciudad se la conoce como La triple Frontera, pues además de Paraguay, los otros dos países fronterizos son Brasil y Argentina.

Ya de noche, un autobús nos lleva a la misma frontera con Brasil. Son las 11 y llueve a raudales. Pasamos andando los 552 metros del Puente de la Amistad, sobre el río Paraná, que comunica a las ciudades de Ciudad del Este (Paraguay) y Foz do Iguaçu (Brasil).


Una vez en el lado brasileño, no sabíamos de qué manera podíamos avanzar a esas horas y más lloviendo con gran intensidad. En ese momento paró una van con turistas. Mi compañero habló con el guía y tras consultar con los pasajeros –chilenos- aceptaron llevarnos a un hotel en Foz do Iguaçu.

Al día siguiente, un autobús nos lleva hacia las cataratas. Se detiene en una explanada muy cerca de la entrada y justo al lado está el Parque das Aves, donde podemos ver multitud de especies oriundas de Sudamérica.


Es un espacio privado de 16,5 hectáreas de exuberante bosque atlántico, especial para formar el mejor hábitat para los animales que se encuentran aquí. Las aves, se encuentran albergadas en enormes viveros, muchos de ellos abiertos, lo que permite a los visitantes, ingresar en los mismos para experimentar de cerca la forma en que estas aves viven.




Entramos en el recinto del Parque Nacional do Iguaçú, nombrado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1986, donde se encuentran las famosas Cataratas de Iguazú, formadas por 275 saltos (el 80% de ellos se ubican en el lado argentino). Con la entrada está incluido el trayecto en autobús eléctrico hasta los miradores.


Ver, oír y sentir la inmensidad de los saltos que conforman las cataratas -más aun habiendo llovido los días previos-, es indescriptible. El agua se precipita con una fuerza impresionante -en esas fechas alcanzaba los 30 millones de litros por segundo.



En el año 1542, mientras realizaba una travesía desde el océano Atlántico hasta Asunción del Paraguay, el adelantado español Álvar Núñez Cabeza de Vaca divisó las sorprendentes cataratas del río Iguazú y las bautizó como «saltos de Santa María», nombre que con el tiempo fue reemplazado por su primitiva denominación guaraní «Iguazú» (antigua ortografía de yguasu ('gran cantidad de agua'), de y ('agua') y guazú ('grande')).

Por entonces la región era habitada por indígenas mbyá-guaraní, quienes alrededor de 1609 comenzaron a vivir el proceso evangelizador protagonizado por los sacerdotes de la Compañía de Jesús.

En la oficina de la agencia Macuco Safari, situada en el mismo recinto, compramos un billete (nada económico) que incluye: un paseo por el interior del parque de tres kilómetros -en vehículo eléctrico-; las explicaciones de un guía-naturalista que nos contó cosas muy interesantes, tales como los tipos de árboles que hay y los beneficios que se obtienen de los mismos; la caminata de 600 metros hasta llegar al embarcadero; y navegar y disfrutar de las cataratas desde abajo. Desde el agua.



Subimos a la barca que nos lleva, a través del río Iguaçú, hasta la Garganta del Diablo el punto más cercano que por seguridad se puede aproximar, y donde el agua cae con toda su fuerza. Oír el estruendo del agua y ver como se lanza al vacío, es inenarrable.




Al día siguiente, desde Foz do Iguaçú, un bus nos lleva a la frontera con Argentina y de ahí hasta la ciudad de Puerto Iguazú. Otro autobús nos deja frente la entrada al Parque Nacional de Iguazú, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. En un trencito, que recorre una parte del Parque, llegamos hasta las pasarelas sobre las cataratas.



Afortunadamente hemos tenido un excelente día y podemos disfrutar de nuevo de las cataratas, pero las vistas desde esta zona no son tan espectaculares -a mi gusto- aunque hay algunos saltos en los que las pasarelas están al lado, cosa que no ocurre en la parte brasileña.



Dicen que desde Argentina se viven las cataratas, pero que desde Brasil se contemplan; en nuestro caso ha sido al contrario.

Regresamos a Foz do Iguaçú y, cruzando el Estado de Paraná, nos dirigimos en autobús hasta Curitiba, adonde llegamos de noche alojándonos cerca de la misma estación de autobuses.

Al día siguiente, continuamos el viaje hasta Florianápolis, en el Estado Santa Caterina, hospedándonos en el casco antiguo.



Personalmente no le he encontré ningún atractivo. Pensaba continuamente en mi familia de Paraguay, en lo bien que lo habíamos pasado y que no sabía cuándo volveríamos a vernos.

Según el plan de viaje nos quedaba ir a Uruguay, pero en esos momentos no me apetecía ir. Pasé frente a una agencia de viajes y compré un billete de avión hacia Paraguay. Llamé a mi primo para comunicarle la hora en qué llegaría. Me despedí de mi compañero hasta el día 11 de Junio, en Buenos Aires para regresar a Barcelona. Él continuó el viaje solo.

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