viernes, 29 de junio de 2012

CAMBOYA, el sonriente reino khmer (III)


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La provincia de Battambang es la principal productora de arroz de todo el país. Durante más de 500 años fue el principal “centro comercial” de las provincias orientales.

Su capital, Battambang, fue fundada en el siglo XI por el Imperio Khmer y es el eje principal que conecta toda la región con Phnom Penh y Tailandia. Sus habitantes no tan sólo son khmers, sino que podemos encontrar a personas de origen vietnamita, laosiano, chino y tailandés.

En las horas que pasamos en la ciudad, además de visitar algún templo, nos montamos en el Norry (Tren de Bambú) que, además de estar frecuentado por turistas, es el medio que utilizan los lugareños para el transporte de mercancías, mucho más económico que por carretera.

Este ingenioso “tren” fue ideado por los camboyanos después de la desaparición de Pol Pot. Éste, en su afán de aislar el país del resto del mundo, desmanteló los trenes que habían dejado los franceses.

Las pocas carreteras existentes estaban llenas de minas y los camboyanos, para su supervivencia, se las hubieron de ingeniar para el transporte de mercancías de una provincia a otra.

Bajo una plataforma de madera y bambú, colocaron unas ruedas unidas a un eje y propulsándolo con motores de motocicletas reutilizaron las líneas ferroviarias.


Actualmente su uso sólo se da en las zonas rurales y en el que subimos, de corto recorrido y de raíles irregulares -que te hacen dar unos buenos saltos sobre la plataforma-, llega hasta un pueblo donde se fabrican ladrillos.

La gracia o curiosidad de este medio de transporte es que al ser de vía única, cuando dos “trenes” se encuentran de cara, tiene prioridad el que va más cargado. Entonces los pasajeros del más ligero descienden, se desmonta la plataforma y se aparta de las vías para que pase el que tiene preferencia. En un momento se vuelve a montar y se continúa el viaje, entre frondosos arrozales y campos de cultivo.




A Battambang la cruza el Río Stung Sangker, donde nos embarcamos en un ferry, que nos llevaría hasta Siem Reap.

El Lago Tonle Sap se abre frente a nosotros y en él está situado un pueblo flotante, Chong Kneas, con casas de madera que se mecen con el movimiento del agua. Los niños juegan saltando entre casa y casa o simplemente observan el tráfico fluvial desde su hogar.










Después de siete horas de tranquila navegación entre manglares y preciosas casitas de madera una cálida brisa nos abrazaba y daba la bienvenida a Siem Reap.

Nos alojamos en la recomendable Babel Siem Reap Guesthouse: muy respetuosos con el medio ambiente, empleando solamente a gente local y colaboradores con una ONG camboyana, que protege a los niños contra el abuso sexual y/o laboral.

Por fin llegué a esa ciudad de la que tanto me había hablado mi amigo Omar Havana , fotoperiodista español, con el que me une una buena amistad. Ojalá hubiera podido conocer a los “niños de los basureros”. Esos niños a los que Omar les arrancó más de una sonrisa dentro de su miserable vida. Esos niños que, a pesar de estar en un Mundo Olvidado, Omar los ha proyectado al Mundo para que nadie se olvide de ellos.

El primer contacto con los templos de Angkor lo hicimos en tuk-tuk, el llamado “Gran Circuito”, y nos supuso todo un día, visitando principalmente Banteay Srei.

Es el único del complejo que fue construido por mujeres y dicen de él que es probablemente el más bonito de todos. Para su construcción se eligió una piedra de arenisca rojiza y aunque es un templo mucho más pequeño que los demás, es sin duda una visita obligatoria dentro de Angkor. Sus relieves y esculturas están trabajadas al detalle y entre sus muros se pueden contemplar figuras tridimensionales magníficamente conservadas.








Este templo hindú dedicado a Shiva es considerado la obra maestra dentro del arte clásico jemer y está formado por varios recintos en los que en sus frontales se pueden encontrar relieves narrativos que ilustran episodios de leyendas sagradas.

No sólo se fueron sucediendo bellísimos templos, sino que pudimos visitar el Museo de Minas de Camboya

Aki Ra no tiene nombre, su apodo se lo puso un periodista japonés cuando con nueve años sostenía un AK-47, más alto que él, con el que jugaba a disparar vietnamitas. Fue un niño soldado que trabajó para cuatro ejércitos distintos, colocando minas y luchando con sus menudas y esclavas manos. Hasta que en su adolescencia recapacitó y decidió desminar todo el territorio que pudiera. Ya lleva más de 50.000 minas desactivadas con sus propias manos, alguna de ellas las mismas que sembró durante la insensatez de su pueril servidumbre.

Él es el fundador de este pequeño museo en el que, en la parte posterior, hay viviendas donde acoge a niños huérfanos y mutilados durante la guerra.









Los impresionantes templos de Angkor fueron edificados entre los siglos IX y XIV, en la época en que la creatividad artística de los khmer estaba en su apogeo. De una belleza inigualable, están considerados como una de las grandes maravillas del mundo.

El complejo arqueológico cuenta con más de 100 construcciones, algunas de las cuales son tan grandes que necesitan casi medio día para visitar. Los templos están reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, desde 1992.

Los siguientes días decidimos ir a visitar el conjunto de templos de Angkor -que nos quedaba por visitar- en bicicleta, para así tener más libertad de movimientos.

Angkor es una antigua palabra del sánscrito para referirse a ciudad; las palabras "thom" y "wat" son del actual idioma khmer para decir "grande" y "pagoda" respectivamente. Así pues Angkor Thom se puede entender como la "Gran Ciudad" y Angkor Wat como la "Ciudad del Templo".

La zona de Angkor estuvo habitada por pequeños pueblos desde el siglo I d. C., pero su época dorada se inicia en año 802 dC, cuando el rey Jayavarman II somete las tribus circundantes, creando un único reino del que se declara "Devaraja" o rey-dios. Para reforzar la imagen de su ascendencia divina, empieza a construir grandes obras religiosas, iniciando una tradición que continuarán sus sucesores durante siglos, produciendo multitud de templos hasta el abandono de la zona, a mediados del siglo XV, y motivado por causas todavía no del todo esclarecidas.

Abarca una extensión en torno a los 200 Km2, aunque recientes investigaciones hablan de una posible extensión de 3.000 Km2 y una población de hasta medio millón de habitantes, lo que lo convertiría en el mayor asentamiento preindustrial de la humanidad. En la zona hay contabilizados un total de 910 monumentos.



Banteai Kdei es un templo budista, situado en el mismo emplazamiento de otro anterior, del siglo X. Prácticamente no hay documentación. El estado de conservación del conjunto es regular, con zonas en ruinas y otras restauradas.








Angkor Thom fue la ciudad real intramuros fortificada, construida al final del siglo XII al lado del río Siem Reap con un área de 9 Km2, de forma casi cuadrada, con 3 Km de lado, rodeada de un pozo y de un muro de 8 metros de alto.

Angkor Thom fue construido dentro de la cosmogonía hindú, dedicado al dios Vishnu, aunque más tarde se dedicaría al tardío budismo. En el centro de Angkor Thom está el Bayón, que fue el templo de Jayavarman VII. Es conocido por sus torres, con la cara de Budha por los cuatro lados; las paredes estaban cubiertas de relieves mostrando escenas de la vida del rey y del pueblo.

Angkor Wat, es el templo más grande y también el mejor conservado de los que integran el asentamiento de Angkor. Está considerado como la mayor estructura religiosa jamás construida, y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo.

Desde su construcción a principios del siglo XII y hasta el traslado de la sede real al cercano Bayón, a finales del mismo siglo, Angkor Wat fue el centro político y religioso del imperio. El recinto —entre cuyos muros se ha calculado que vivían 20.000 personas—, cumplía las funciones de templo principal, y albergaba además el palacio real.

Angkor Wat se ha convertido en un símbolo de Camboya, hasta el punto de figurar en la bandera de su país.

Ta Prohm. Durante el siglo XV la zona de Angkor es abandonada, y con ella este templo, que fue un monasterio budista, llegando a alojar al menos a 12.640 personas.

Cuando los franceses llegaron a principios de siglo XIX, decidieron respetar el estado de este templo debido a sus extraordinarias cualidades paisajísticas. A raíz de esta falta de intervención, el lugar ofrece una impactante combinación de ruinas y naturaleza que lo han convertido en una de las principales atracciones turísticas de Camboya.

Es de señalar sin embargo que, a pesar de las apariencias, el templo sí ha experimentado diversas labores de mantenimiento: muchos de los árboles que crecían dentro del recinto han sido talados, y varias estructuras -que amenazaban derrumbe- han sido estabilizadas o apuntaladas, aunque siempre tratando de preservar esa atmósfera de ruina abandonada.




No quiero acabar este relato sin dar unos datos escalofriantes:

- Camboya es hoy uno de los países del mundo con más minas antipersona enterradas en su territorio. Se colocaron no sólo con fines defensivos, para proteger las respectivas posiciones de las tropas en liza, sino también con fines ofensivos, como arma para asediar ciudades enteras. Por ejemplo, la ciudad de Battambang (la segunda más grande de Camboya) fue rodeada por los asaltantes khmer rojos con un denso y mortífero cinturón de minas, de forma que sus habitantes no podían escapar al asedio sin grave riesgo de ser muertos o heridos o mutilados por las explosiones.

Los datos oficiales hablan de 200 muertos o mutilados en 2011 . El número de víctimas ha descendido afortunadamente bastante rápido. Se estima que 4,2 personas de cada 1.000 han sufrido una amputación por mina. En un rango de edad comprendido entre los 0 y 15 años, se calcula que un 43% de las discapacidades se deben a poliomielitis, un 16% son producidas por enfermedades del Sistema Nervioso Central y un 21% son consecuencia de amputaciones por efecto de las minas antipersona.

- El 36% de los camboyanos vive por debajo del umbral de pobreza, con menos de un dólar al día.

- El país tiene uno de los mayores índices de prostitución infantil del mundo, a pesar de la presencia de organismos e instituciones donde denunciarla. Para más información aquí

- Como consecuencia de la persecución y el genocidio perpetrado por los khmer rojos durante los años 1975 a 1979, el índice de analfabetismo alcanzó cotas inusitadas.

En los últimos años se ha hecho un loable intento por culturizar a la población, pero ello no ha sido suficiente para suplir las carencias de un pésimo sistema educativo. Sólo un 35% accede a la educación escolar y aquellos que tienen la suerte de ser escolarizados tan sólo reciben un total de 4 horas lectivas diarias, no superando por término medio el 4º curso de educación primaria y siendo una minoría muy selectiva la que alcanza a completar la educación secundaria.


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domingo, 10 de junio de 2012

CAMBOYA, el sonriente reino khmer (II)


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El Mekong, que venía espiando nuestros pasos desde que llegamos al Sudeste Asiático, volvía a ser testigo de nuestras andanzas. El camino nos depositaba nuevamente sobre su cauce. Nuestra siguiente parada era Kompong Cham.

La mayoría de sus habitantes son de la etnia khmer, pero hay una considerable minoría de la etnia cham -musulmanes chinos-, y de ahí toma el nombre, tanto la provincia como su ciudad principal.

El famoso Puente de Bambú, que unía la ciudad con la isla Koh Paen, se lo llevó una fuerte riada y no hay dinero para la reconstrucción.

En tuk-tuk llegamos hasta Nokor Wat, un templo levantado en el siglo XI. El primer templo khmer que vemos en este viaje y que sorprende por sus dimensiones y estructura. Paseamos por los alrededores.


Muchos viajeros utilizan esta ciudad como paso hacia otras regiones de Camboya y, realmente, vale la pena disfrutar de ella y de los alrededores donde se respira un ambiente tranquilo y rural.

Y en uno de esos pueblecitos vimos cómo se tejía el krama, pañuelo de cuadros típico -hecho de algodón-, que se usa para casi todo: en la cabeza para protegerse del sol, de bufanda, de pareo, de toalla para secarse, de falda algunos hombres, para atar objetos, de cinturón, para llevar al bebé en brazos…










La carretera entre Kampong Cham y la capital, Phonm Penh, es de las mejores que hay en el país y un buen tramo discurre paralela al río Mekong.

Phonm Penh es sede del gobierno y centro comercial importante en el Sudeste Asiático por su estratégica situación geográfica en el delta y la confluencia de los ríos Mekong y Tonle Sap, que la hacen puerto fluvial con salida al Mar de China.

Phnom Penh es la legítima heredera de la cultura khmer, la cual se expresa actualmente en muchos elementos urbanos como pagodas budistas.

El arte en la ciudad tiene su espacio. Éste se expresa especialmente en las características ancestrales de la cultura khmer como la música y la danza, que se conservan celosamente desde el tiempo de la gloria de Angkor Wat, cuya influencia se siente en todos los ámbitos.

Pero lo que nos llevó, principalmente, a esa ciudad fue su historia: Entre 1975 y 1979 fue perpetrado uno de los genocidios del siglo XX. El régimen comunista de los Jemeres Rojos -partido político que gobernaba en la llamada Kampuchea Democrática, con una concepción extremista de revolución-, hizo desaparecer entre dos y tres millones de personas.

Tras la retirada de las tropas estadounidenses tanto de Vietnam del Sur como de Camboya, en Phnom Penh se instauró el régimen de Pol Pot, máximo líder de los jemeres rojos, quien lideraría el país hasta octubre de 1979.

La aplicación literal del maoísmo y la declaración de una nueva era denominada “Camboya Año Cero”, dieron lugar al genocidio camboyano.

La ideología de los jemeres rojos pretendía convertir a Camboya en un país de campesinos con una política totalmente agraria en la que no existieran ciudades, destruyendo cualquier indicio de cultura urbana. Para ello, desalojaron las ciudades trasladando a la gente al campo, donde hacían trabajos forzados sin recibir apenas alimentos para sobrevivir.

Pero las ciudades no fue lo único que disolvieron: las familias fueron separadas, los matrimonios rotos, los hijos separados de sus padres, declararon a los habitantes de la ciudad enemigos del Estado. E hicieron desaparecer la moneda, el comercio, el mercado, las escuelas, la literatura, toda forma de arte, cultura, y las religiones.

La aniquilación sistemática de la oposición con sus familias y todos los que a los ojos del Estado eran declarados enemigos, como por ejemplo aquellos que fueran o parecieran intelectuales, hicieron que se instalaran prisiones de tortura en algunas de las antiguas escuelas, de las cuales la más célebre se encuentra en Phnom Penh, denominada Tuol Slang, la "colina de la muerte", hoy conocida como "museo del genocidio".

La comunidad internacional guardó silencio alrededor de esta situación. En medio de la Guerra Fría, a Estados Unidos le interesaba aislar a Vietnam. Por otra parte, el régimen aisló completamente el país no permitiendo el ingreso de ningún organismo extranjero.

Durante 1975 y 1979 Camboya se convirtió en el primer productor mundial de arroz, mientras quienes lo cosechaban morían de hambre y desnutrición. Tímidas denuncias se hicieron de parte de países como Australia, India y Nueva Zelanda, pero Estados Unidos usó su poder de veto en las Naciones Unidas.

Fue sólo con la invasión por parte de Vietnam en octubre de 1979 y el derrocamiento del régimen Pol Pot, que se empezó un lento y doloroso descubrir de la realidad que se estaba viviendo en Camboya.

Un escalofrío recorre mi cuerpo. Estoy ante la puerta de entrada de Tuol Slang, museo fundado en 1980 en la tristemente célebre prisión de alta seguridad S-21, en lo que había sido una prestigiosa escuela antes de la llegada de Pol Pot.

El Tuol Sleng está formado por tres edificios alrededor de un jardín central en el que se pueden ver las tumbas de los últimos asesinados y un cartel con una serie de normas estúpidas, que debían seguir los reclusos:

Debes contestar según mis preguntas; debes contestar rápidamente sin tiempo de reflexionar; no hagas el imbécil porque eres tú quien se opone a la revolución; espera mis órdenes y si no hay órdenes no hagas nada; prohibido gritar mientras te dan latigazos o descargas eléctricas…

En una de las plantas habían puesto unos murales hechos con las fotos de toda la gente que había pasado por allí. Gente de todas las edades, niños y ancianos a los que se les retrató y ahora podíamos ver sus caras.

No conformándose solo con cometer barbaridades, los guardias las fotografiaban y había allí algunas fotos muy impactantes como gente muerta o inconsciente después de haber sido torturada. Una perversidad de la que tan sólo sobrevivieron siete personas y según algunas fuentes cinco niños de las casi 15000 que pasaron por allí.

Entre otras muchas imágenes estremecedoras, en otra de las plantas, había fotos de los principales culpables de tal calamidad. Pol Pot, que así es como se hacía llamar Saloth Sar. El líder de los jemeres rojos aparece junto a varias fotos de otros responsables del genocidio, entre ellos el recién condenado a cadena perpetua Kaing Guek Eav, conocido por su nombre militar como "Duch".

Pol Pot se libró de un justo juicio y condena muriendo, según se dijo, de una insuficiencia cardíaca, en 1998.


NOTA: Por no disponer de las fotos de Tuol Sleng, he adjuntado un vídeo que no es de mi propiedad.

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lunes, 4 de junio de 2012

CAMBOYA, el sonriente reino khmer (I)


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La mayoría de viajeros usan Stung Treng -paso fronterizo cercano a las 4.000 islas-, para dirigirse a Siem Reap o Phnom Pehn. Nosotros, en cambio, preferimos tomar una ruta alternativa y nos dirigimos hacia Bang Lung, una ciudad situada en la remota región de Ratanakiri, al noreste de Camboya.


Ratanakiri se convirtió en una provincia del Reino de Camboya en 1960 bajo el reinado del rey Norodom Sihanouk.

Provincia poco poblada -famosa por su singular belleza natural y riqueza de los recursos naturales- constituye una impresionante gama de características físicas y ambientales. La carretera que nos lleva hasta Bang Lung es de tierra roja, bordeada de una exuberante vegetación y suaves colinas.

Se ve gente cultivando los arrozales y las casas de los pueblos son de madera sobre pilotes de cemento o madera, guardando en este espacio los aperos de labranza y los bueyes, vacas o gallinas.




En bicicleta, que es uno de los medios de transporte más cómodo y autónomo, hacemos los 5 Km. que nos separan del Lago Loam Yeak, el más bello de Ratanakiri, formado por una erupción volcánica hace casi 4.000 años. Tiene unos 50 m. profundidad, y 800 m. de diámetro, con un sendero alrededor del lago de 2.500 metros.


Otra de las excursiones fue a la Montaña Eisey Patamak, donde se encuentra un inmenso Budha Reclinado (Rah-Tahn-Ah-Rahm), que dirige su mirada hacia el bellísimo paisaje que lo rodea.


La provincia de Ratanakiri tiene gran cantidad de cascadas y fue algo difícil decidir cuál íbamos a visitar.




Ciertamente, Bang Lung es un lugar con mucho encanto. Sus polvorientas calles estaban llenas de gentes sonrientes, de puestos de comida, de pequeños comercios y de establecimientos en los que se ofrecían todo tipo de excursiones y servicios de recreo.




Y, cómo no, nuestros pasos se dirigieron un día –a las 5:30 de la mañana- hacia el mercado para ver cómo llegaban los vendedores de los diferentes poblados cercanos y se colocaban para vender sus productos.

Una imagen que nos sorprendió fue ver a niños -hijos de los comerciantes- vestidos con impolutos uniformes, desayunando a esas horas antes de ir al colegio.


Ratanakiri guarda muchos secretos. Sus bosques, en la frontera con Vietnam, son el hogar de varias tribus. Estas personas han tenido poco contacto con el resto del mundo y han mantenido gran parte de sus tradiciones, como el animismo.

Teníamos muy buenas referencias de la agencia DutchCo, regentada por una pareja de holandeses, con trabajadores camboyanos.

Durante casi una hora y en un 4x4 llegamos a Kachon, donde nos esperaba una lancha que, remontando el río Tonle San durante 40 minutos, nos dejó en Kachah, una aldea habitada por la etnia Tampuan.




La vida en la aldea transcurre como sus habitantes dicen que siempre transcurrió, igual hoy que ayer y quizás que mañana, con una distribución de las tareas marcada por el sexo.


Las mujeres se encargan de la leña y el agua, lo que a veces supone una caminata de kilómetros, una función que asumen desde niñas y que desempeñan hasta que el cuerpo les aguante.


Los hombres distribuyen sus quehaceres entre la construcción de las viviendas, la caza, el cuidado de los campos de arroz y la tala de árboles.




Normalmente las casas tienen forma rectangular, levantadas sobre pivotes de madera. Las paredes, suelo y techo están hechos con cañas de bambú tejido. Las puertas pueden ser de tablones de madera y no cierran el espacio dedicado a las ventanas.




Aunque hay algunos tampuan ricos, que se construyen las casas enteramente de madera con planchas de acero en el techo.


La dieta se compone enteramente de arroz, complementada con algunas verduras cocidas y pescado. Comen gallina, cerdo o búfalo de agua, cuando han formado parte de un sacrificio animista. Los niños, que son los que más hemos visto, se les ve con síntomas de desnutrición.


Creen que los espíritus malignos persiguen su día a día, y la violación de las órdenes del espíritu del mal causa las enfermedades.

Si alguien enferma, se confía la recuperación del interesado al sacrificio de una gallina; si empeora, un cerdo; y si el caso es mortal de necesidad, un búfalo.

Otra de las peculiaridades de esta etnia es que entierran a sus muertos en cementerios decorados con tótems, algo muy poco frecuente en el sudeste asiático.




Nos enseñaron la vacía escuela. El maestro tenía que venir de otra población y, al pagarle poco sueldo y gastarlo casi todo en el transporte, había decidido dejar a los niños de Kachah sin clase y trabajar en una ciudad donde le pagaban mejor sueldo.






A los habitantes de esta zona de Camboya el dolor les sigue atenazando en su día a día. Al estar justo al lado de Vietnam fue refugio de los que se escapaban de las bombas lanzadas por la aviación de los Estados Unidos, durante la guerra de Indochina (1964-1975). Más de una bomba fue a parar a las aldeas camboyanas.


Los seis días pasados en Ban Lung se acababan y teníamos que seguir ruta.

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