lunes, 23 de enero de 2012

TURKMENISTÁN: Ashgabat, Turkmenabat


Anterior: IRÁN (IV): Tehran (III), Sari, Gorgan, Quchan, Baijgiran (frontera)

Día 24 Continuación.- Hacemos 30 Km. en taxi compartido y pasamos por un nuevo control de policía. Ya en taxi privado vamos hasta la capital, Ashgabat, donde nos alojamos en un buen hotel (de igual nombre que la capital). Necesitamos un par de días con buenos colchones, aire acondicionado, y sabrosa y variada comida.

Conforme nos acercamos a la ciudad y a ambos lados de la avenida principal, se alzan grandes y lujosos edificios: viviendas, oficinas, museos, administraciones públicas… Muchos con algún remate o adorno en dorado (¿oro?) y algunos con la foto o escultura -en gran tamaño- del actual Presidente.




Sabemos, desde casa, que está terminantemente prohibido hacer fotos de estatuas o imágenes del Presidente, y de edificios gubernamentales. Si nos descubren podemos tener serios problemas. Aquí no se andan con tonterías.


Tampoco es posible obtener según qué imágenes -en el país- debido a los controles de información, aunque actualmente se filtran al exterior numerosos informes sobre tortura y malos tratos a detenidos y presos. Al cuerpo médico no le está permitido dar información sobre las enfermedades que sufren sus pacientes, aunque sean mortales, pues están continuamente bajo escucha durante las consultas.

Por la grandiosidad de aceras y calzadas parece que hubiera mucha población, pero la verdad es que casi no se ve ni un alma. Quizás puede ser porque tampoco he visto comercios, que son los que acostumbran a atraer a los habitantes. Ni hablemos de un supuesto turista.



La mayor parte de Turkmenistán está dominada por el desierto de Karakum y atravesado por los ríos Amu Darya, el Atrak y el Murgab.

Tras la disolución de la Unión Soviética (1991), Turkmenistán se convirtió en un estado independiente. El controvertido presidente Saparmyrat Nyýazow dominó la vida política del país hasta su fallecimiento el 21 de diciembre de 2006.

Saparmyrat Nyýazow exigió un gran culto a su persona, y por ello su retrato se encuentra casi por todas partes: en los billetes de banco y hasta en las botellas de vodka. Se rebautizó así mismo como "Türkmenbaşy" (líder de los turcomanos). La fiesta nacional correspondía con el día de su cumpleaños, el 19 de febrero. Impulsó una política de aislamiento, similar a la de Kim Jong-il en Corea del Norte.

Existía una estatua suya hecha en oro fino, que giraba sobre sí misma -en el centro de la capital-, de forma que su rostro estuviera siempre iluminado por el sol. Era de visita obligada para todos los habitantes de la "república del gas", como es conocido Turkmenistán por sus ingentes reservas de este hidrocarburo. En agosto de 2010, las autoridades retiraron la estatua.

Los numerosos retratos de Nyýazow que decoraban las paredes y las vallas publicitarias de todo el país -y así convertía las ciudades de Turkmenistán en una especie de álbum de fotos personal- están siendo derribados. Algunos de ellos, sin embargo, son reemplazados por el retrato del nuevo presidente.

Su sucesor, Gurbangulí Berdimujamédov, convocó a elecciones en 2007, en las cuales habría resultado electo por el 89,2% de los votos. Según datos oficiales, habría participado el 98,65% de los electores. Sin embargo, la oposición política denunció la existencia de fraude.

Turkmenistán es una República presidencialista de partido único, integrada en la Comunidad de Estados Independientes y provista de una Constitución desde 1993, que establece formalmente una democracia.

En la actualidad, se encuentra entre los países considerados por la ONU como uno de los más represivos y dictatoriales del sistema internacional. Este mismo organismo ha mostrado su preocupación ante la reiterada violación de los derechos ciudadanos más elementales, y la marginación de las minorías rusa y uzbeka. También los miembros de alguna religión distinta de la oficial sufren marginaciones y son vigilados por el estado.

No existe en el país ningún partido político de oposición al actual gobierno del Partido Democrático de Turkmenistán (ex Partido Comunista), ni hay posibilidad de ninguna voz disidente sin que ello implique persecución u hostigamiento por las autoridades. Los medios de comunicación y difusión están estrictamente controlados por el Estado, y ningún grupo dedicado a la defensa de los derechos humanos puede actuar abiertamente en el país.

Berdimujamédov ha implementado algunas reformas a las políticas aplicadas hasta el momento, como la eliminación del nombre de su predecesor de la bandera nacional y la derogación de una ley que exigía dos años de trabajos antes para poder ingresar a la universidad.

Pero por otro lado, ha impuesto severas restricciones a los viajes al extranjero de sus ciudadanos.

En los últimos años, han sido suprimidas las bibliotecas públicas, considerándose que la mayor parte de la población –analfabeta- no se beneficia de sus servicios.

El sistema sanitario de Turkmenistán, heredero del perfeccionado sistema soviético, ha caído en un estado de parálisis. El Presidente de Turkmenistán ha lanzado recientemente una campaña de cierre de hospitales, manteniendo únicamente el de la capital, y despidiendo alrededor de 15.000 personas de sus puestos de trabajo.

Esta es la vista que tenemos frente nuestro alojamiento:


Entonces es cuando veo pasar grupos mujeres vestidas con ropas de alegres colores y hombres con camisa blanca y pantalón oscuro. Todos hacia la misma dirección.

Bajamos rápidamente, y los seguimos hasta un gran estadio donde ya hay miles de personas: unas ensayando –en el centro-, otras sentadas y las demás de pie, aguardando su turno.

Hemos entrado a este recinto sin que nadie nos llamara la atención, como tampoco nos han dicho nada los que están sentados junto a nosotros. Desde las gradas observamos el ir y venir de unos y otros, durante una hora.


Por los altavoces suena una música, tipo marcha militar y, de vez en cuando una voz masculina les va dando órdenes: ahora caminan ligeros, ahora miran a su izquierda, ahora saludan sonrientes… Y vuelta hacia atrás y a volver a empezar.






Día 25.-Buscando información –en casa- sobre Ashgabat, sabemos que hay un gran bazar a las afueras de la ciudad, en pleno desierto, considerado uno de los mayores al aire libre en Asia Central. Su mayor atractivo es la venta de alfombras rojas, típicas de Turkmenistán; artesanías, sedas, joyas, y un notable mercado de camellos.


Autor: Martijnmunnek


Un taxi nos lleva hasta el Tolkuchka Bazar y cuál es nuestra sorpresa al ver una zona inmensa del desierto urbanizada, y enormes “avenidas” asfaltadas con grandes e impersonales edificios Y aquí y allá “palmeras” de plástico para decorar.


Entramos en alguno de los edificios donde, levantados en obra, hay los puestos donde venden verduras; en otro, productos de limpieza del hogar y aseo personal; en el de más allá recambios de automóviles; en otro, electrodomésticos… Impersonal.




A pesar de ser domingo y día de mercado, esto está casi vacío. No hay ni un árbol que de sombra, y los que hay plantados no la darán antes de 20 años.


Vemos que esto vuelve a ser uno de los muchos delirios de grandeza del Presidente, como los que hay en la capital: en los pasos subterráneos, suelos, paredes y techos son de mármol blanco.


Regresando a la ciudad, el taxista se detiene en un parque para que veamos una boda. Hombres y mujeres cantan y bailan al son de los músicos y rodeando a los novios. Él va con traje occidental, pero ella va vestida con la ropa tradicional y la cara cubierta. La han de ayudar al caminar, pues el vestido -de terciopelo y con abigarrados brocados- va adornado con motivos metálicos.




Los invitados nos animan a participar en la comitiva y bailamos junto a ellos.


Por la tarde paseamos por una “fría” y limpísima plaza y encontramos a unas jóvenes con trajes tradicionales. Ellas nos explican que el día 29 es el cumpleaños del Presidente y fiesta nacional. De diferentes regiones del país han venido chicos y chicas con sus trajes regionales, que desfilarán –junto a los que vimos ensayando ayer- delante del Presidente.






Nos despedimos y enciendo un cigarrillo. Cruzamos la inmensa y desértica plaza y, al cruzar una calle, nos paran un par de policías armados. No hablan inglés, pero se hacen entender: “está prohibido fumar cerca de edificios oficiales”. Ya lo sé, pero estaba cruzando la plaza y no veo ningún edificio oficial. Sí, junto a ellos y todavía voy con la boquilla en la mano.

Hablan de que debemos pagar una multa y de extraditarnos, por haber cometido una falta grave. Uno de ellos habla por teléfono con su superior, y nos dice que viene en cinco minutos.

Sólo saben decir: “extradition”, con cara furiosa, y nos piden la documentación; Eduardo les dice que está en el hotel y pretenden que el “botones” venga con nuestros pasaportes. Le decimos que no tenemos el teléfono y no nos acordamos del nombre del alojamiento. Entre esta “conversación”, a medias palabras en inglés y con gestos, siguen con su “extradition”.

La situación podría ser tensa si no fuera porque Edu me tranquiliza, diciéndome que no cree que nos echen del país. Me pregunta cuánto tiempo ha pasado desde que nos han retenido; creo que algo más de cinco minutos (aunque me parece una eternidad). Se dirige al poli chuleta, que lleva la voz cantante, y le dice que ya han pasado más de cinco minutos, que su jefe no ha llegado y que nos vamos. Me coge de la mano, nos damos media vuelta y empezamos a caminar. Sin palabras. No sale ni una palabra de sus bocas. Parece que todo ha sido una comedia para amedrentarnos y que soltáramos algunos dólares. ¡Buff!

Día 26.- Ashgabat, ciudad escaparate más que otra cosa, ya no nos aporta nada y decidimos seguir nuestra ruta.

Con Mahmud, un taxista simpático y que chapurrea inglés, vamos hacia Turkmenabat. Sobre el salpicadero del coche hay un Corán. Mahmud reza antes de empezar el viaje y varias veces durante el mismo.

Cruzando desierto y por una carretera en muy mal estado, llegamos a Mary donde comemos los tres en un restaurante en el que las mesas están colocadas en unos pequeños compartimentos, cerrados por una cortina, para no ser vistos. Sobre la mesa hay un timbre, con el que se llama al camarero en caso de necesitarlo.

En la sobremesa, el taxista enseña a Edu fotos que lleva en su móvil: Jesús, La Virgen María, y el Arcángel San Gabriel. Es muy extraño que lleve esas fotos siendo musulmán.

Así mismo, sentado, Mahmud se pone a rezar. Está un buen rato, y nos vuelve a sorprender cuando le dice a Eduardo, que su ángel protector se llama Malik, y que el mío Yunus. Acaba de saberlo durante su oración y que no olvidemos nunca sus nombres, pues cuando necesitemos algo se lo pidamos a ellos.

Seguimos la ruta y Mahmud se desvía por un camino. Nos lleva a visitar el Mausoleo del Sultán Sanjar, del s. XII, al que él tiene mucha devoción.
Llegamos a Turkmenabat -después de nueve horas de trayecto- y nos lleva directamente al Hotel Amu Darya. Aquí nos dicen que no tienen agua y nos recomiendan otro, que está a las afueras de la ciudad, en medio de un descampado, y a unos 3 Km. del centro. Tampoco tienen agua; es en toda la ciudad. Dicen que dentro de un ratito la darán.

Son las siete de la tarde y los grifos están secos. Preguntamos en recepción y nos comunican que restablecerán el suministro de las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana. ¡Sin ducharnos y con la ropa que hay por lavar!

Lejos del centro y de la “civilización” no nos queda más remedio que cenar en el hotel. Bajamos al restaurante y, al abrir la puerta, nos envuelve un gran vocerío y música a volumen muy alto. Nos asomamos: hay una fiesta privada y no hay lugar libre. El camarero nos propone ponernos una mesita en un rincón. Pero es tan minúsculo el espacio y hay tanto ruido, que no nos apetece quedarnos.

Un chico, que hay por aquí, nos dice que esperemos. Desaparece y regresa a los cinco minutos: nos darán de cenar en el sótano. Y nos acompaña hasta el bar.

Una puerta da acceso a una gran sala con sofás, sillones, mesitas bajas, una mesa de billar y muy poca luz. Nos acomodamos y, el camarero, nos trae la carta escrita en ruso. Imposible que nos la traduzca. No sabe inglés. Preguntamos si tiene hamburguesas. Asiente con la cabeza, al tiempo que dice “yes”. Tardan en servirlas, pero ha valido la pena: están buenísimas.

Mientras cenamos, un grupo de seis hombres se sienta alrededor de una mesa. Parece que beben vodka, por el tamaño de los vasos. Se van animando.

De pronto, el camarero se acerca a nuestra zona, apaga las luces y quedamos iluminados sólo por la luz de la televisión. Veo que acompaña a una chica hasta un rincón. En la penumbra vislumbro que se está sacando la ropa. Del escondite se oye un tintineo metálico…

Mientras por los altavoces empieza a sonar una música sutil, se va iluminando el local tenuemente. Ahora el tintineo se acompasa a la música y sale la joven vestida de danzarina árabe. Se acerca a la mesa de los seis hombres, y baila para ellos.

Uno de los individuos nos llama para que participemos con ellos y nos ponemos en una mesa cercana. El hombre se presenta diciendo que son policías y que tienen una fiesta privada. Nos extrañamos de que “confiese” su oficio. Quizás el vodka está haciéndole efecto.

Empiezan a servirse champán y nos ofrecen un par de copas, que rechazamos. No es nuestra bebida preferida.

La bailarina danza entre los hombres y éstos le ponen dinero en la cinturilla de la falda. Ahora se acerca a Edu. No llevamos billetes pequeños. Y ella sigue y sigue moviendo su cadera y haciendo tintinear los colgantes metálicos que lleva cosidos en la falda. Pero no recibe propina.

Pagamos la cena y, al camarero le falta cambio. Busca por cajones y estanterías y va sacando de uno en uno los billetes. Le faltan tres, que no tiene, y nos da dos cajitas de chiclés y un encendedor, por el dinero que le falta de cambio.

Dejo un grifo abierto, del lavamanos, para oír cuándo den el agua y nos vamos a dormir. Empieza a salir a las 4:30 y lleno un par de botellas y los dos vasos, por si la vuelven a cortar al menos tener para sacarnos las legañas.

Día 27.- No han vuelto a cortar el agua y podemos darnos una buena ducha.
Pésimo es mucho adjetivo para decir cómo es el desayuno.

Decidimos ir hasta la ciudad para comprar comida y no tener que bajar al restaurante. Son las 10 de la mañana y debemos estar cercanos a los 35º, sino más.

Turkmenabat tiene los edificios públicos y oficiales al estilo de Ashgabat: denotando grandeza. Por el contrario, las viviendas siguen un estilo de construcción soviético-comunista: bloques de tres-cuatro pisos, sin gracia, grises… Poca gente en las calles; el mercado del mismo patrón que las viviendas, y no se ven restaurantes ni bares como para tomarnos un refresco. Ante este panorama decidimos refugiarnos bajo el aire acondicionado de la habitación del hotel.

Mal día para celebrar mi cumpleaños.

NOTA: No hemos hecho ni una foto. No había absolutamente nada que valiera la pena fotografiar en Turkmenabat.

Siguiente: UZBEKISTÁN (I): Bukhara

votar


martes, 10 de enero de 2012

IRÁN (IV): Tehran (IV), Sari, Gorgan, Quchan, Baijgiran (frontera)


Anterior: IRÁN (III): Isfahan, Shiraz, Persépolis

Día 19.- Después de un viaje agotador y casi sin paradas llegamos a Tehran y vamos directamente a la ya archiconocida Embajada de Turkmenistan. Conseguimos entregar los impresos, las fotos, los dólares y después de una hora, más los 15 días previos… ¡ya tenemos los visados!

Vamos hacia “nuestro” hotel Firouze y el señor Mousavi nos mira con cara de sorpresa. Ya nos habíamos despedido, la vez anterior, y no habíamos avisado de nuestro regreso. Nos da un habitación en la planta baja, desde la que se oyen todos los ruidos de entrada y salida de huéspedes. Sólo estaremos hoy y mañana, para descansar y el 21 seguiremos ruta.

Día20.- Lunes. Empieza la última semana en Irán. En cinco días cruzaremos la frontera de Turkmenistan. Cuenta atrás para decir adiós al pañuelo.

Día 21.- El tren ha salido puntual; a las ocho de la mañana.

En las siete horas de trayecto hasta Sari hemos pasado del desierto pedregoso, que nos ha acompañado la mayor parte del viaje, hasta grandes campos de arroz, árboles frutales, y montañas boscosas, que cruzamos por largos túneles disfrutando de una variada tonalidad de verdes.






Una vez en Sari un taxi nos lleva hacia la terminal de autobuses, para dirigirnos a Gorgan. El bus ya ha salido y el taxista va en su busca tocando insistentemente la bocina, se cruza frente al gran vehículo, que se detiene. Abren las puertas y el ayudante del conductor coloca nuestras mochilas en la panza del autobús. Estamos preparados para dos horas de viaje.

¿Qué se puede pedir a una ciudad que no está en las rutas viajeras? De todo. Desde un alojamiento en una casa tradicional, a 7€ la habitación doble, con el WC sin luz y el lavabo súper comunitario para todos los hombres que aquí se alojan. La ducha en el piso inferior -en una esquina de un patio con naranjos y magnolios-, que el dueño cierra con un grueso candado.

Nuestra habitación es espaciosa, con moqueta a cuadros verde y negro, catre de madera y “colchón” de porexpan, con un trozo de trapo encima haciendo las veces de sábana, una gruesa manta para taparnos (en el exterior puede haber una temperatura de 35º), y una gran ventana al exterior y sin mosquitera.


He de añadir que el dueño ha vivido 10 años en el Reino Unido. Poco aprendió en Europa.

Paseando por la ciudad vemos todo tipo de tiendas bien decoradas y limpias, edificios con gracia y pintados, no de color gris como los que hemos visto en nuestra ruta por el país. Amplias avenidas con rotondas ajardinadas y bancos para sentarse. Semáforos. Coches siguiendo las normas de circulación: ya no será un intento de suicidio cada vez que queramos cruzar una calle. Y las chicas y mujeres jóvenes ataviadas con pañuelos y vestidos de color o estampados.




Día 22.- Los miércoles hay un mercado bastante atractivo: la mayoría de los vendedores provienen de Turkmenistán y visten con las ropas tradicionales. Está situado en una gran explanada a las afueras de la ciudad y, como en todos, se puede encontrar cualquier cosa:




Hasta una mirada…




En la estación de autobuses compramos los billetes para ir mañana hacia Quchan.

Regresando al centro de la ciudad –que es donde tenemos el alojamiento- encontramos un comedor que está muy limpio. Y nos recibe un simpático y sonriente señor mayor. Sólo cocinan un plato, y menos mal que no es arroz y carne, o arroz y pollo, o arroz y kebab. Comemos un sabrosísimo Dizzy, acompañado de cebolla cruda y yogurt. Bebemos la cola nacional: zam zam (pues el agua no la tienen embotellada).




Acabando de comer le pido –al abuelito- un chai (té) y riéndose y haciendo muecas “me dice” que no queda bien mezclar una comida tradicional con la cola. Y Con gestos le respondo: “cosas que pasan”.


Pasado mañana, viernes. ¡Sólo faltan dos días!

Día 23.- Ocho horas han sido necesarias para llegar hasta Quchan.

Son las cinco de la tarde y después de dejar las mochilas -en una pensión del centro- salimos a buscar un sitio para comer. Estamos frente a un sabroso revoltillo de huevo con tomate, pan buenísimo y un yogurt delicioso. ¡Lo devoramos! En el momento de pagar, el dueño nos dice que no; nos invita. Insistimos y él también. Cedemos. El abrazo en el que se han fundido él y Eduardo, quedará grabado en nuestros corazones.

En esta ciudad las mujeres mayores y las jóvenes van completamente de negro. De pies a cabeza. Me miran de arriba abajo y, por sus expresiones, me siento desnuda. ¡En 14 horas se habrá acabado!

Día 24.- Sueños de libertad.

En un taxi compartido llegamos a Baijgiran, distante 80 Km. Es la ciudad fronteriza. Nuestros pasaportes pasan por tres controles. Hemos observado que todos los policías de las aduanas saben leer “España”. La ñ, letra que nos hace únicos, la saben pronunciar desde Irak hasta aquí.


A 25 metros del último control de pasaportes, nos lo vuelven a pedir y resoplamos. No, éstos son los otros; los de Turkmenistán.

Me contengo. Todavía están muy cerca… Unos metros más allá hay el edificio de la aduana turkmena. Subo los tres escalones. Son las 14:47h. El pañuelo se desliza entre mis dedos.

Control de Sanidad: una enfermera rellena unos papeles con nuestros datos. Otro despacho: rellenamos más papeles. En una ventanilla: entregamos todos los documentos y pasaportes, y nos ponen el sello de entrada.

Siguiente: TURKMENISTÁN: Ashgabat, Turkmenabat.


votar



Siguen mis pasos

Menciones recibidas




Desde "con mapa y gps": El primer blog de viajes al que comenzamos a seguir. Lo descubrimos buscando información sobre el PN Corcovado en Costa Rica y nos enganchó lo completo de sus relatos, la variedad y originalidad de destinos y sobre todo y por encima de todo la amabilidad y la cercanía de Mª Mercè...

Desde "Memorias del Mundo": Es difícil hablar de Mercè y ser objetiva, pues por ella siento muchísimo cariño y admiración. Solo puedo decir que es una viajera como pocas, de aquellas que no permanece indiferente y con un corazón inmenso, que no podía faltar entre mis favoritos.

Desde "myguíadeviajes": Una de las viajeras más apasionadas que he conocido, María Mercè no para de viajar y nos los cuenta todo en su genial blog.

Desde "Mi maleta y yo": Los viajes de Mª Mercè son toda una aventura...

........................................................





¿Qué es?



By using this icon on my website I am stating...

1. That I am opposed to the use of corporate advertising on blogs.

2. That I feel the use of corporate advertising on blogs devalues the medium.

3. That I do not accept money in return for advertising space on my blog.

Signed, Mª Mercè (The author)

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008 - Adaptado por Mercè S.

Back to TOP