Anterior: CAMBOYA, el sonriente reino khmer (I)
El Mekong, que venía espiando nuestros pasos desde que llegamos al Sudeste Asiático, volvía a ser testigo de nuestras andanzas. El camino nos depositaba nuevamente sobre su cauce. Nuestra siguiente parada era Kompong Cham.
La mayoría de sus habitantes son de la etnia khmer, pero hay una considerable minoría de la etnia cham -musulmanes chinos-, y de ahí toma el nombre, tanto la provincia como su ciudad principal.
El famoso Puente de Bambú, que unía la ciudad con la isla Koh Paen, se lo llevó una fuerte riada y no hay dinero para la reconstrucción.
En tuk-tuk llegamos hasta Nokor Wat, un templo levantado en el siglo XI. El primer templo khmer que vemos en este viaje y que sorprende por sus dimensiones y estructura. Paseamos por los alrededores.
Muchos viajeros utilizan esta ciudad como paso hacia otras regiones de Camboya y, realmente, vale la pena disfrutar de ella y de los alrededores donde se respira un ambiente tranquilo y rural.
Y en uno de esos pueblecitos vimos cómo se tejía el krama, pañuelo de cuadros típico -hecho de algodón-, que se usa para casi todo: en la cabeza para protegerse del sol, de bufanda, de pareo, de toalla para secarse, de falda algunos hombres, para atar objetos, de cinturón, para llevar al bebé en brazos…
La carretera entre Kampong Cham y la capital, Phonm Penh, es de las mejores que hay en el país y un buen tramo discurre paralela al río Mekong.
Phonm Penh es sede del gobierno y centro comercial importante en el Sudeste Asiático por su estratégica situación geográfica en el delta y la confluencia de los ríos Mekong y Tonle Sap, que la hacen puerto fluvial con salida al Mar de China.
Phnom Penh es la legítima heredera de la cultura khmer, la cual se expresa actualmente en muchos elementos urbanos como pagodas budistas.
El arte en la ciudad tiene su espacio. Éste se expresa especialmente en las características ancestrales de la cultura khmer como la música y la danza, que se conservan celosamente desde el tiempo de la gloria de Angkor Wat, cuya influencia se siente en todos los ámbitos.
Pero lo que nos llevó, principalmente, a esa ciudad fue su historia: Entre 1975 y 1979 fue perpetrado uno de los genocidios del siglo XX. El régimen comunista de los Jemeres Rojos -partido político que gobernaba en la llamada Kampuchea Democrática, con una concepción extremista de revolución-, hizo desaparecer entre dos y tres millones de personas.
Tras la retirada de las tropas estadounidenses tanto de Vietnam del Sur como de Camboya, en Phnom Penh se instauró el régimen de Pol Pot, máximo líder de los jemeres rojos, quien lideraría el país hasta octubre de 1979.
La aplicación literal del maoísmo y la declaración de una nueva era denominada “Camboya Año Cero”, dieron lugar al genocidio camboyano.
La ideología de los jemeres rojos pretendía convertir a Camboya en un país de campesinos con una política totalmente agraria en la que no existieran ciudades, destruyendo cualquier indicio de cultura urbana. Para ello, desalojaron las ciudades trasladando a la gente al campo, donde hacían trabajos forzados sin recibir apenas alimentos para sobrevivir.
Pero las ciudades no fue lo único que disolvieron: las familias fueron separadas, los matrimonios rotos, los hijos separados de sus padres, declararon a los habitantes de la ciudad enemigos del Estado. E hicieron desaparecer la moneda, el comercio, el mercado, las escuelas, la literatura, toda forma de arte, cultura, y las religiones.
La aniquilación sistemática de la oposición con sus familias y todos los que a los ojos del Estado eran declarados enemigos, como por ejemplo aquellos que fueran o parecieran intelectuales, hicieron que se instalaran prisiones de tortura en algunas de las antiguas escuelas, de las cuales la más célebre se encuentra en Phnom Penh, denominada Tuol Slang, la "colina de la muerte", hoy conocida como "museo del genocidio".
La comunidad internacional guardó silencio alrededor de esta situación. En medio de la Guerra Fría, a Estados Unidos le interesaba aislar a Vietnam. Por otra parte, el régimen aisló completamente el país no permitiendo el ingreso de ningún organismo extranjero.
Durante 1975 y 1979 Camboya se convirtió en el primer productor mundial de arroz, mientras quienes lo cosechaban morían de hambre y desnutrición. Tímidas denuncias se hicieron de parte de países como Australia, India y Nueva Zelanda, pero Estados Unidos usó su poder de veto en las Naciones Unidas.
Fue sólo con la invasión por parte de Vietnam en octubre de 1979 y el derrocamiento del régimen Pol Pot, que se empezó un lento y doloroso descubrir de la realidad que se estaba viviendo en Camboya.
Un escalofrío recorre mi cuerpo. Estoy ante la puerta de entrada de Tuol Slang, museo fundado en 1980 en la tristemente célebre prisión de alta seguridad S-21, en lo que había sido una prestigiosa escuela antes de la llegada de Pol Pot.
El Tuol Sleng está formado por tres edificios alrededor de un jardín central en el que se pueden ver las tumbas de los últimos asesinados y un cartel con una serie de normas estúpidas, que debían seguir los reclusos:
Debes contestar según mis preguntas; debes contestar rápidamente sin tiempo de reflexionar; no hagas el imbécil porque eres tú quien se opone a la revolución; espera mis órdenes y si no hay órdenes no hagas nada; prohibido gritar mientras te dan latigazos o descargas eléctricas…
En una de las plantas habían puesto unos murales hechos con las fotos de toda la gente que había pasado por allí. Gente de todas las edades, niños y ancianos a los que se les retrató y ahora podíamos ver sus caras.
No conformándose solo con cometer barbaridades, los guardias las fotografiaban y había allí algunas fotos muy impactantes como gente muerta o inconsciente después de haber sido torturada. Una perversidad de la que tan sólo sobrevivieron siete personas y según algunas fuentes cinco niños de las casi 15000 que pasaron por allí.
Entre otras muchas imágenes estremecedoras, en otra de las plantas, había fotos de los principales culpables de tal calamidad. Pol Pot, que así es como se hacía llamar Saloth Sar. El líder de los jemeres rojos aparece junto a varias fotos de otros responsables del genocidio, entre ellos el recién condenado a cadena perpetua Kaing Guek Eav, conocido por su nombre militar como "Duch".
Pol Pot se libró de un justo juicio y condena muriendo, según se dijo, de una insuficiencia cardíaca, en 1998.
NOTA: Por no disponer de las fotos de Tuol Sleng, he adjuntado un vídeo que no es de mi propiedad.
Siguiente: CAMBOYA, el sonriente reino khmer (III)





























10 comentarios:
Tenemos muchas ganas de visitar Camboya y esperamos algún dia hacerlo, lo que no tengo tan claro es si tendría estomago para visitar Tuol Sleng, cuando llegue el momento lo sabremos.
Un saludo y nuy buen post, gracias por compartirlo!!
Muy buen post!! Como nos gustaría ir a Camboya y volver a navegar por el Mekong que lo navegamos en nuestra visita a Vietnam.
Muchas gracias por compartirlo.
Un saludo!!
He publicado tus dos comentarios. No sólo porque así "hacen bulto", sino porque son diferentes.
Ayyy su algún día vais a Camboya!!!, volveréis con un trocito de ella pegado en vuestros corazones. Es especial!
Un saludo y os animo a que os lo planteéis!
Hola Ma.Mercé! Como siempre, tú nos compartes tus experiencias viajeras con aquellas que tienen que ver con la realidad del sitio que visitas y ése es un gran logro de todo lo que nos muestras... Parecería que a lo largo de la historia hubieron pueblos que han nacido para sufrir, que les toca situaciones muy duras (como ocurre actualmente en Siria) y lamentablemente vemos que, por diferentes interesas, la comunidad internacional no quiere o no puede actuar... lamentable, pero se repite!
Muy buena tú recomendación de ése pueblo, creo que allí seguramente has encontrado un trozito de autenticidad...
¡Saludos!
Querido amigo Gus...
Has nombrado a Siria y he vuelto a sentir un pinchazo en el corazón. No entiendo porqué el Gobierno está masacrando a su pueblo.
El viaje por Camboya fue muy enriquecedor; hasta el punto que tengo sensaciones y recuerdos muy presentes.
Un fuerte abrazo!
Anoche justamente vi en españoles por el mundo Camboya, y es un país que me fascina!. El pueblo que comentas tiene muy buena pinta, y de vez en cuando merece la pena pararse en el camino para disfrutar de los pequeños detalles que puede ofrecerte un pueblo de este estilo.
Por lo que veo, un gran viaje!
Un abrazo,
Vero.
Aunque no escribimos demasiado... que sepas que seguimos todos los relatos desde el Reader. Tenemos esa "cita" pendiente, no lo olvides, jeje
Ya sé que no escribís, Isaac, pero hay "cosas" que se perdonan.
No olvido la "cita", pero parece que vosotros estaréis muy "ocupados" en los próximos meses ;-)
Un fuerte abrazo!
Mercé, acabo de sentir los mismos escalofríos que recorrieron mi cuerpo en Tuol Sleng. Barbaries de este tipo son las que hacen que nos avergoncemos de la especie humana..
Yo no pasé por Kompong Cham.Recorrimos Camboya por su parte oeste. Así que me queda pendiente para la próxima, que la habrá! ;)
Molts petons!
Carol, es curioso, con todos los que he hablado, que hemos estado en Camboya, decimos que habrá una segunda vez.
¿Qué tendrá ese país que tanto seduce?
Mols petons també per a tu!!
Publicar un comentario en la entrada