Anterior: IRÁN (IV): Tehran (III), Sari, Gorgan, Quchan, Baijgiran (frontera)
Día 24 Continuación.- Hacemos 30 Km. en taxi compartido y pasamos por un nuevo control de policía. Ya en taxi privado vamos hasta la capital, Ashgabat, donde nos alojamos en un buen hotel (de igual nombre que la capital). Necesitamos un par de días con buenos colchones, aire acondicionado, y sabrosa y variada comida.
Conforme nos acercamos a la ciudad y a ambos lados de la avenida principal, se alzan grandes y lujosos edificios: viviendas, oficinas, museos, administraciones públicas… Muchos con algún remate o adorno en dorado (¿oro?) y algunos con la foto o escultura -en gran tamaño- del actual Presidente.
Sabemos, desde casa, que está terminantemente prohibido hacer fotos de estatuas o imágenes del Presidente, y de edificios gubernamentales. Si nos descubren podemos tener serios problemas. Aquí no se andan con tonterías.
Tampoco es posible obtener según qué imágenes -en el país- debido a los controles de información, aunque actualmente se filtran al exterior numerosos informes sobre tortura y malos tratos a detenidos y presos. Al cuerpo médico no le está permitido dar información sobre las enfermedades que sufren sus pacientes, aunque sean mortales, pues están continuamente bajo escucha durante las consultas.
Por la grandiosidad de aceras y calzadas parece que hubiera mucha población, pero la verdad es que casi no se ve ni un alma. Quizás puede ser porque tampoco he visto comercios, que son los que acostumbran a atraer a los habitantes. Ni hablemos de un supuesto turista.
La mayor parte de Turkmenistán está dominada por el desierto de Karakum y atravesado por los ríos Amu Darya, el Atrak y el Murgab.
Tras la disolución de la Unión Soviética (1991), Turkmenistán se convirtió en un estado independiente. El controvertido presidente Saparmyrat Nyýazow dominó la vida política del país hasta su fallecimiento el 21 de diciembre de 2006.
Saparmyrat Nyýazow exigió un gran culto a su persona, y por ello su retrato se encuentra casi por todas partes: en los billetes de banco y hasta en las botellas de vodka. Se rebautizó así mismo como "Türkmenbaşy" (líder de los turcomanos). La fiesta nacional correspondía con el día de su cumpleaños, el 19 de febrero. Impulsó una política de aislamiento, similar a la de Kim Jong-il en Corea del Norte.
Existía una estatua suya hecha en oro fino, que giraba sobre sí misma -en el centro de la capital-, de forma que su rostro estuviera siempre iluminado por el sol. Era de visita obligada para todos los habitantes de la "república del gas", como es conocido Turkmenistán por sus ingentes reservas de este hidrocarburo. En agosto de 2010, las autoridades retiraron la estatua.
Los numerosos retratos de Nyýazow que decoraban las paredes y las vallas publicitarias de todo el país -y así convertía las ciudades de Turkmenistán en una especie de álbum de fotos personal- están siendo derribados. Algunos de ellos, sin embargo, son reemplazados por el retrato del nuevo presidente.
Su sucesor, Gurbangulí Berdimujamédov, convocó a elecciones en 2007, en las cuales habría resultado electo por el 89,2% de los votos. Según datos oficiales, habría participado el 98,65% de los electores. Sin embargo, la oposición política denunció la existencia de fraude.
Turkmenistán es una República presidencialista de partido único, integrada en la Comunidad de Estados Independientes y provista de una Constitución desde 1993, que establece formalmente una democracia.
En la actualidad, se encuentra entre los países considerados por la ONU como uno de los más represivos y dictatoriales del sistema internacional. Este mismo organismo ha mostrado su preocupación ante la reiterada violación de los derechos ciudadanos más elementales, y la marginación de las minorías rusa y uzbeka. También los miembros de alguna religión distinta de la oficial sufren marginaciones y son vigilados por el estado.
No existe en el país ningún partido político de oposición al actual gobierno del Partido Democrático de Turkmenistán (ex Partido Comunista), ni hay posibilidad de ninguna voz disidente sin que ello implique persecución u hostigamiento por las autoridades. Los medios de comunicación y difusión están estrictamente controlados por el Estado, y ningún grupo dedicado a la defensa de los derechos humanos puede actuar abiertamente en el país.
Berdimujamédov ha implementado algunas reformas a las políticas aplicadas hasta el momento, como la eliminación del nombre de su predecesor de la bandera nacional y la derogación de una ley que exigía dos años de trabajos antes para poder ingresar a la universidad.
Pero por otro lado, ha impuesto severas restricciones a los viajes al extranjero de sus ciudadanos.
En los últimos años, han sido suprimidas las bibliotecas públicas, considerándose que la mayor parte de la población –analfabeta- no se beneficia de sus servicios.
El sistema sanitario de Turkmenistán, heredero del perfeccionado sistema soviético, ha caído en un estado de parálisis. El Presidente de Turkmenistán ha lanzado recientemente una campaña de cierre de hospitales, manteniendo únicamente el de la capital, y despidiendo alrededor de 15.000 personas de sus puestos de trabajo.
Esta es la vista que tenemos frente nuestro alojamiento:
Entonces es cuando veo pasar grupos mujeres vestidas con ropas de alegres colores y hombres con camisa blanca y pantalón oscuro. Todos hacia la misma dirección.
Bajamos rápidamente, y los seguimos hasta un gran estadio donde ya hay miles de personas: unas ensayando –en el centro-, otras sentadas y las demás de pie, aguardando su turno.
Hemos entrado a este recinto sin que nadie nos llamara la atención, como tampoco nos han dicho nada los que están sentados junto a nosotros. Desde las gradas observamos el ir y venir de unos y otros, durante una hora.
Por los altavoces suena una música, tipo marcha militar y, de vez en cuando una voz masculina les va dando órdenes: ahora caminan ligeros, ahora miran a su izquierda, ahora saludan sonrientes… Y vuelta hacia atrás y a volver a empezar.
Día 25.-Buscando información –en casa- sobre Ashgabat, sabemos que hay un gran bazar a las afueras de la ciudad, en pleno desierto, considerado uno de los mayores al aire libre en Asia Central. Su mayor atractivo es la venta de alfombras rojas, típicas de Turkmenistán; artesanías, sedas, joyas, y un notable mercado de camellos.

Un taxi nos lleva hasta el Tolkuchka Bazar y cuál es nuestra sorpresa al ver una zona inmensa del desierto urbanizada, y enormes “avenidas” asfaltadas con grandes e impersonales edificios Y aquí y allá “palmeras” de plástico para decorar.
Entramos en alguno de los edificios donde, levantados en obra, hay los puestos donde venden verduras; en otro, productos de limpieza del hogar y aseo personal; en el de más allá recambios de automóviles; en otro, electrodomésticos… Impersonal.
A pesar de ser domingo y día de mercado, esto está casi vacío. No hay ni un árbol que de sombra, y los que hay plantados no la darán antes de 20 años.
Vemos que esto vuelve a ser uno de los muchos delirios de grandeza del Presidente, como los que hay en la capital: en los pasos subterráneos, suelos, paredes y techos son de mármol blanco.
Regresando a la ciudad, el taxista se detiene en un parque para que veamos una boda. Hombres y mujeres cantan y bailan al son de los músicos y rodeando a los novios. Él va con traje occidental, pero ella va vestida con la ropa tradicional y la cara cubierta. La han de ayudar al caminar, pues el vestido -de terciopelo y con abigarrados brocados- va adornado con motivos metálicos.
Los invitados nos animan a participar en la comitiva y bailamos junto a ellos.
Por la tarde paseamos por una “fría” y limpísima plaza y encontramos a unas jóvenes con trajes tradicionales. Ellas nos explican que el día 29 es el cumpleaños del Presidente y fiesta nacional. De diferentes regiones del país han venido chicos y chicas con sus trajes regionales, que desfilarán –junto a los que vimos ensayando ayer- delante del Presidente.
Nos despedimos y enciendo un cigarrillo. Cruzamos la inmensa y desértica plaza y, al cruzar una calle, nos paran un par de policías armados. No hablan inglés, pero se hacen entender: “está prohibido fumar cerca de edificios oficiales”. Ya lo sé, pero estaba cruzando la plaza y no veo ningún edificio oficial. Sí, junto a ellos y todavía voy con la boquilla en la mano.
Hablan de que debemos pagar una multa y de extraditarnos, por haber cometido una falta grave. Uno de ellos habla por teléfono con su superior, y nos dice que viene en cinco minutos.
Sólo saben decir: “extradition”, con cara furiosa, y nos piden la documentación; Eduardo les dice que está en el hotel y pretenden que el “botones” venga con nuestros pasaportes. Le decimos que no tenemos el teléfono y no nos acordamos del nombre del alojamiento. Entre esta “conversación”, a medias palabras en inglés y con gestos, siguen con su “extradition”.
La situación podría ser tensa si no fuera porque Edu me tranquiliza, diciéndome que no cree que nos echen del país. Me pregunta cuánto tiempo ha pasado desde que nos han retenido; creo que algo más de cinco minutos (aunque me parece una eternidad). Se dirige al poli chuleta, que lleva la voz cantante, y le dice que ya han pasado más de cinco minutos, que su jefe no ha llegado y que nos vamos. Me coge de la mano, nos damos media vuelta y empezamos a caminar. Sin palabras. No sale ni una palabra de sus bocas. Parece que todo ha sido una comedia para amedrentarnos y que soltáramos algunos dólares. ¡Buff!
Día 26.- Ashgabat, ciudad escaparate más que otra cosa, ya no nos aporta nada y decidimos seguir nuestra ruta.
Con Mahmud, un taxista simpático y que chapurrea inglés, vamos hacia Turkmenabat. Sobre el salpicadero del coche hay un Corán. Mahmud reza antes de empezar el viaje y varias veces durante el mismo.
Cruzando desierto y por una carretera en muy mal estado, llegamos a Mary donde comemos los tres en un restaurante en el que las mesas están colocadas en unos pequeños compartimentos, cerrados por una cortina, para no ser vistos. Sobre la mesa hay un timbre, con el que se llama al camarero en caso de necesitarlo.
En la sobremesa, el taxista enseña a Edu fotos que lleva en su móvil: Jesús, La Virgen María, y el Arcángel San Gabriel. Es muy extraño que lleve esas fotos siendo musulmán.
Así mismo, sentado, Mahmud se pone a rezar. Está un buen rato, y nos vuelve a sorprender cuando le dice a Eduardo, que su ángel protector se llama Malik, y que el mío Yunus. Acaba de saberlo durante su oración y que no olvidemos nunca sus nombres, pues cuando necesitemos algo se lo pidamos a ellos.
Seguimos la ruta y Mahmud se desvía por un camino. Nos lleva a visitar el Mausoleo del Sultán Sanjar, del s. XII, al que él tiene mucha devoción.
Llegamos a Turkmenabat -después de nueve horas de trayecto- y nos lleva directamente al Hotel Amu Darya. Aquí nos dicen que no tienen agua y nos recomiendan otro, que está a las afueras de la ciudad, en medio de un descampado, y a unos 3 Km. del centro. Tampoco tienen agua; es en toda la ciudad. Dicen que dentro de un ratito la darán.
Son las siete de la tarde y los grifos están secos. Preguntamos en recepción y nos comunican que restablecerán el suministro de las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana. ¡Sin ducharnos y con la ropa que hay por lavar!
Lejos del centro y de la “civilización” no nos queda más remedio que cenar en el hotel. Bajamos al restaurante y, al abrir la puerta, nos envuelve un gran vocerío y música a volumen muy alto. Nos asomamos: hay una fiesta privada y no hay lugar libre. El camarero nos propone ponernos una mesita en un rincón. Pero es tan minúsculo el espacio y hay tanto ruido, que no nos apetece quedarnos.
Un chico, que hay por aquí, nos dice que esperemos. Desaparece y regresa a los cinco minutos: nos darán de cenar en el sótano. Y nos acompaña hasta el bar.
Una puerta da acceso a una gran sala con sofás, sillones, mesitas bajas, una mesa de billar y muy poca luz. Nos acomodamos y, el camarero, nos trae la carta escrita en ruso. Imposible que nos la traduzca. No sabe inglés. Preguntamos si tiene hamburguesas. Asiente con la cabeza, al tiempo que dice “yes”. Tardan en servirlas, pero ha valido la pena: están buenísimas.
Mientras cenamos, un grupo de seis hombres se sienta alrededor de una mesa. Parece que beben vodka, por el tamaño de los vasos. Se van animando.
De pronto, el camarero se acerca a nuestra zona, apaga las luces y quedamos iluminados sólo por la luz de la televisión. Veo que acompaña a una chica hasta un rincón. En la penumbra vislumbro que se está sacando la ropa. Del escondite se oye un tintineo metálico…
Mientras por los altavoces empieza a sonar una música sutil, se va iluminando el local tenuemente. Ahora el tintineo se acompasa a la música y sale la joven vestida de danzarina árabe. Se acerca a la mesa de los seis hombres, y baila para ellos.
Uno de los individuos nos llama para que participemos con ellos y nos ponemos en una mesa cercana. El hombre se presenta diciendo que son policías y que tienen una fiesta privada. Nos extrañamos de que “confiese” su oficio. Quizás el vodka está haciéndole efecto.
Empiezan a servirse champán y nos ofrecen un par de copas, que rechazamos. No es nuestra bebida preferida.
La bailarina danza entre los hombres y éstos le ponen dinero en la cinturilla de la falda. Ahora se acerca a Edu. No llevamos billetes pequeños. Y ella sigue y sigue moviendo su cadera y haciendo tintinear los colgantes metálicos que lleva cosidos en la falda. Pero no recibe propina.
Pagamos la cena y, al camarero le falta cambio. Busca por cajones y estanterías y va sacando de uno en uno los billetes. Le faltan tres, que no tiene, y nos da dos cajitas de chiclés y un encendedor, por el dinero que le falta de cambio.
Dejo un grifo abierto, del lavamanos, para oír cuándo den el agua y nos vamos a dormir. Empieza a salir a las 4:30 y lleno un par de botellas y los dos vasos, por si la vuelven a cortar al menos tener para sacarnos las legañas.
Día 27.- No han vuelto a cortar el agua y podemos darnos una buena ducha.
Pésimo es mucho adjetivo para decir cómo es el desayuno.
Decidimos ir hasta la ciudad para comprar comida y no tener que bajar al restaurante. Son las 10 de la mañana y debemos estar cercanos a los 35º, sino más.
Turkmenabat tiene los edificios públicos y oficiales al estilo de Ashgabat: denotando grandeza. Por el contrario, las viviendas siguen un estilo de construcción soviético-comunista: bloques de tres-cuatro pisos, sin gracia, grises… Poca gente en las calles; el mercado del mismo patrón que las viviendas, y no se ven restaurantes ni bares como para tomarnos un refresco. Ante este panorama decidimos refugiarnos bajo el aire acondicionado de la habitación del hotel.
Mal día para celebrar mi cumpleaños.
NOTA: No hemos hecho ni una foto. No había absolutamente nada que valiera la pena fotografiar en Turkmenabat.
Siguiente: UZBEKISTÁN (I): Bukhara





























3 comentarios:
Mª Mercè muy interesante entrada.
Poco a poco me iré poniendo al dia pues no tenía costumbre de entrar aquí...y a ratitos leeré entradas antiguas...
Pronto nos veremos pues organizaré una "quedada" de blogueros/as...
Molts petons
Soc l'Anna Jorba
¡Menudo panorama!
Entre la falta de agua, lo de no hacer fotografías, no fumar...
Y ¡menudo susto con los policias esos! Vaya tela, Mercè, vivisteis toda una aventura
Un saludo
Está a ser uma viagem fantástica de uma das zonas do planeta que mais temos curiosidade em visitar.
Besos
Publicar un comentario en la entrada