lunes 22 de agosto de 2011

Kurdistán iraquí (III): Halabjah


Anterior: Sulaymaniyah

Día 3.- Nos dirigimos hacia Halabjah en microbús, a la que llegamos en una hora y media.

Durante el trayecto, un joven sentado al lado de Edu, se interesa por lo que hacemos por aquí, de dónde somos, etc. Y sale el tema Kurdistán-Catalunya-Euskadi.

Cuando llegamos se ofrece en llevarnos, a un hotel, en el coche de un amigo que vendrá a buscarlo; pero éste no viene solo y no cabemos todos en el coche. No hay problema alguno: cogeremos un taxi.

Preguntamos dónde hay un hotel, y un señor –a la puerta de su comercio- nos dice que el único que hay es uno de cinco estrellas, situado a las afueras de la ciudad. Llama a su hermano, que es taxista, para que nos lleve.

Se diría que es un hotel fantasma, pero de lujo. No hay ningún huésped; el comedor -visible desde recepción- tiene las sillas sobre las mesas, sin manteles… Nos dan el precio de su categoría, que no nos interesa absolutamente, no sólo por lo caro sino por lo lejos que está de la ciudad. Nos enseñan la habitación con jacuzzi, también la piscina enorme para nosotros dos solos en el jardín, nos rebajan el precio –hasta los 50 $-, pero nada nos convence y salimos.

¿Qué vamos a hacer? ¿Visitar lo que hay que nos interesa y regresar a dormir a Sulaymaniyah?


Mientras estamos con este dilema, Nzar –el taxista- encuentra la solución: seremos sus invitados; nos alojaremos en su casa los dos días que necesitamos en Halabjah.

Su esposa e hijos no están en casa. Los ha enviado a casa de su madre para dejarnos la casa libre. No estamos de acuerdo. La casa tiene suficiente espacio para todos y los niños han de estar en su domicilio.

Nzar nos prepara un sabrosísimo tchai (té), y lo compartimos con su hermano, Azad, que acaba de llegar.

Nos interesa mucho conocer -de primera mano- la reciente historia de Halabjah, y los dos hermanos son una buena fuente de información.

Aquí es donde Saddam Hussein ordenó a Alí, el Químico, que lanzara sus armas químicas sobre la población kurda, matando a 5.000 personas e hiriendo a más de 10.000. Ocurrió entre el 16 y el 19 de marzo de 1988.

¿Qué pasó el viernes mortífero?

En aquel tiempo la ciudad estaba controlada por tropas iraníes y guerrillas kurdas, aliadas con Teherán.

La brutal masacre del régimen de Saddam Hussein –sobre el pueblo oprimido e inocente de Halabjah- comenzó antes del alba del viernes 17 de marzo de 1988.

Parte de la población estaba durmiendo en sus casas y los gases mortales no les permitieron ni levantarse de sus camas. A otros les dio tiempo a emprender una huida absurda, que esparciría sus cadáveres por las calles de la ciudad. Era temprano, y la vida de la ciudad de 70.000 habitantes, empezaba a desperezarse en un cálido día de primavera, justo antes de detenerse.

Halabjah fue regada con bombas de gas sarín, gas mostaza y con bombas de racimo en más de veinte ocasiones.

Decenas de niños jugaban frente a sus casas antes de que el ruido de los motores de los aviones del ejército de Sadam Husein llamara su atención y los rociara con gases de cianuro. No tuvieron tiempo de refugiarse en sus casas; algunos cayeron justo al entrar y no volvieron a levantarse jamás.

En la tarde del viernes se pudo ver la magnitud de los crímenes de Irak: en calles y callejones de la ciudad, había montones de cadáveres en posiciones de lo más estremecedoras y grotescas.

El rastro que dejan las bombas químicas no es el habitual de otro tipo de bombardeos. No hay un gran número de mutilados; no hay heridas ni sangre.

Mujeres y niños fueron el 75 % de los mártires y heridos en ese viernes brutal.

La masacre de Halabjah no levantó protestas de la comunidad internacional por aquellas fechas. Irak era entonces un buen aliado de los Estados Unidos y se hizo circular la versión de que las muertes se habían producido accidentalmente cuando los ocupantes iraníes manejaban agentes químicos, según consta en documentos desclasificados del Departamento de Estado de los Estados Unidos. ¿Por qué el silencio?

Al terminar la guerra y deteriorarse las relaciones de Irak con el resto del mundo, comenzaron las acusaciones contra este país. Fue el informe de Pascal Zanders, del Proyecto de Guerra Química y Biológica en el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI) quien concluyó por primera vez que el culpable de los ataques había sido Irak y no Irán.

Los agentes químicos fueron manufacturados en Irak con tecnología y sustancias precursoras procedentes de numerosas naciones occidentales entre las que cabe destacar Estados Unidos y Alemania, aunque también India, Singapur y España. (Recopilado en diversas Fuentes)

Pregunto a los dos hermanos si todavía hay repercusiones de los ataques de 1988: aunque ya han pasado 23 años, todavía hay personas que sufren enfermedades respiratorias, pero ya no nacen niños con malformaciones físicas.

A media tarde, Nzar nos lleva hasta el Halabja Monument and Peace Museum. Este monumento-museo recuerda a las miles de personas, que fueron asesinadas por el régimen de Saddam Hussein, en marzo de 1988. Sus nombres están escritos –en mármol- en las paredes del interior del monumento.

En una gran sala, está representado -a tamaño real- parte del “escenario” de desolación y muerte, que se encontraron los tres primeros periodistas que entraron en la ciudad: uno de ellos kurdo.



Del museo nos dirigimos a casa de Nzar. Su esposa y los tres hijos –de 11, 8 y 2 años- ya han llegado. Azad cena con nosotros y más tarde llega su esposa y su “terremoto” de niño de 14 meses.




La velada ha sido muy agradable y ha durado hasta las dos de la madrugada. A mí, a las 10 de la noche, ya se me estaban cerrando los ojos.


En la sala grande (la de recibir a las visitas) y sobre la alfombra, estiramos un par de delgadas colchonetas de lana y nos tapamos del frío aire acondicionado, con sendas mantas.

Ellos cinco duermen de la misma manera, pero juntos en la sala contigua.

Día 4.- El fortísimo calor que hay, nos hace desistir en hacer “turismo” por una ciudad mal reconstruida y que no tiene nada de interés.


A media tarde, todos juntos, hacemos la segunda parte del interés dramático de esta ciudad: visitamos el cementerio donde están enterradas todas las víctimas.




En la entrada hay un cartel que reza:”No está permitida la entrada a los miembros del partido Ba’ath”.

Nueva velada hasta las dos de la madrugada, pero esta vez con fotos de recuerdo y unos vestidos para mí y mi nieta, de regalo.


Día 5.- Silencio y tristeza en los rostros a la hora del desayuno. La esposa y la hija mayor de Nzar, no quieren que nos vayamos: nos proponen acortar los lugares a visitar, y quedarnos más tiempo aquí. Hemos de seguir ruta.

La despedida es larga y muy emotiva. El taxi de Nzar no tiene la ruedas en buenas condiciones para llevarnos hasta la frontera -ya que la carretera tiene muchos tramos sin asfaltar-, pero nos lleva hasta Saïd Sadiq, donde un taxi compartido nos llevará hasta Bargmah, la frontera con Irán.

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viernes 12 de agosto de 2011

Kurdistán iraquí (II): Sulaymaniyah


Anterior: Duhok, Erbil

Día 1 de junio.- En taxi compartido vamos hacia Sulaymaniyah pero, inevitablemente, hemos de pasar muy cerca de Kirkuk, ciudad tristemente famosa por los continuos atentados que en ella acontecen.


El panorama que nos acompaña es desolador: grandes extensiones de tierra de color gris-marronoso se alejan hasta el infinito y, muy de vez en cuando, una pequeña ondulación del terreno parece asemejarse a una duna en este árido paisaje, y rompe la monotonía.

Durante el trayecto pasamos por varios controles militares en los que, desde el coche, hemos entregado los pasaportes pero, en el último –llegando a Kirkuk- a Eduardo y a mí nos hacen bajar del taxi y entrar al interior de un barracón donde hay dos militares, que ya tienen nuestros pasaportes. Entramos y…

- Welcome! Real Madrid? Barça?

Así ha sido su saludo y nos quedamos petrificados. Edu les dice que él es del R. Madrid y yo del Barça. A lo que ellos, casi al unísono y levantando el pulgar, dicen:”Real Madrid, OK” y bajándolo, sin apartar su mirada de mí, dicen:”Barça, no OK”. Éste ha sido todo el “interrogatorio” al que nos han sometido, al ver los pasaportes españoles.

En las afueras de la ciudad se ven las llamas de los pozos petrolíferos, objetivo de la mayoría de atentados. Rodeamos Kirkuk, con la advertencia de que no la visitemos; me quedo sin ver la tumba del Profeta Daniel.


Justo antes de entrar en Sulaymaniyah un nuevo control nos hace descender del coche. Me “invitan” a entrar por una puerta pequeña, donde hay una mujer militar. Me pregunta qué es lo que vengo a hacer y le digo: “Turism”. Me dice algo más, que no entiendo y ante mi cara de interrogante le digo que no sé inglés. Me devuelve el pasaporte y me hace salir.

En una gran explanada, junto a la carretera y a la sombra de la caja de un camión, nos deja el taxi. Hasta aquí es su trayecto.

Sentado sobre una piedra y bajo esta pequeña sombra aguarda un taxista, que es el que nos lleva hasta el Hotel Shwan. ¡Un dos estrellas! Muy limpio y donde sigo “disfrutando” de un WC turco.

En las paredes del vestíbulo, ascensor y dormitorios, encuentro estos carteles:


A última hora de la tarde, cuando el sol ya no tiene tanta fuerza, paseamos hasta el centro de la ciudad y todo él es un gran mercado al aire libre, donde se vende cualquier artículo. Los hombres son los vendedores y, voceando, ofrecen su producto como el mejor.




La mezcla de la aglomeración de potenciales clientes, de coches que transitan -muy poco a poco- entre los puestos de verduras, frutas, zapatos o camisas, y de los mercaderes haciéndose oír, crea un ambiente único que jamás habíamos contemplado.


Día 2.- Amna Suraka (la prisión roja): motivo de nuestra visita a esta ciudad. Fue la casa de los horrores del régimen represivo de Saddam Hussein. Hoy es el Museo Nacional del Genocidio.

Los agujeros de bala y las paredes destrozadas muestran las marcas de la revuelta de 1991, cuando los peshmergas kurdos (combatientes kurdos) tomaron el control de esta prisión.


Aquí, desde 1979 hasta 1991, fue la Sede de Inteligencia y prisión del régimen Ba’ath; el partido de Saddam Hussein.

Los edificios no están restaurados, quedando como un museo para conmemorar la crueldad del régimen de Saddam.


No podemos acceder al interior de las salas. Dentro de una hora, aproximadamente, va a haber la presentación de un documental y la inauguración de una nueva exposición, y como no hay suficientes empleados –supervivientes del ataque de 1991-, no las enseñan.

Una de las salas -que no visitamos- es un estrecho túnel donde, en sus paredes, hay 182.000 trocitos irregulares de espejos, que representan cada una de las víctimas que murieron durante el régimen de Saddam Hussein, y en el techo hay 5.400 pequeños focos, que representan cada población destruida bajo su mandato.


En el patio central están expuestos algunos de los tanques y camiones que utilizaron los iraquíes.


Por una escalera, de uno de los edificios, subimos al primer piso. Ahí, al fondo, hay un puñado de carcasas de bombas. Entramos a la sala contigua donde están expuestas diferentes clases de minas, bombas y diferentes proyectiles.




Los patios se van llenando de gente. Son los que asistirán al evento. A un aviso por megafonía se dirigen hacia una doble puerta. Estamos cerca y curioseamos. Abren las puertas y la gente va accediendo a una pequeña sala, caminando sobre una alfombra roja. Unos señores, con pinta de mandamases nos invitan a entrar. Tomamos asiento en este minúsculo cine y vemos, durante casi una hora, un documental –filmado en la actualidad- sobre una madre y su hijo asesinado por orden de Hussein.

A la salida, observamos que la mayoría de los asistentes son los que han salido en el documental. Todos, en grupo, nos dirigimos a la sala dónde se va a inaugurar una nueva exposición y que va a quedar permanente.




Las paredes están llenas de fotografías de hombres armados, al lado de cada foto un dibujo que, suponemos es de alguno de sus hijos, y una carta, quizás de la esposa.


Se acerca un señor y, en inglés, nos pregunta si sabemos de qué se trata. Ante nuestra negación nos explica que son los guerrilleros –peshmergas-, que lucharon contra Saddam Hussein.


Ayer fue el 36 aniversario de la fundación del PUK (Unión Patriótica del Kurdistán) por Jalal Talabani, actual Presidente de la República de Irak; quien logró unir a cinco facciones kurdas en un solo partido.


El PUK trabaja por la autodeterminación, los derechos humanos, la democracia y la paz para el pueblo kurdo.




Durante casi 30 años el brazo armado de la UPK (formado por miles de guerrilleros) luchó contra el régimen de Saddam Hussein para lograr por la fuerza la independencia de su región, y defender a los kurdos de la asimilación cultural forzosa impulsada por la dictadura de Hussein.(Fuente: WKP)

Noto una gran carga emocional al saber del sufrimiento que padecieron los habitantes de Sulaymaniyah, en los años que estuvieron bajo el dominio del dictador.

A media tarde salimos a dar un último paseo. Una espesa bruma de color marrón se ha apoderado de esta entrañable ciudad y de sus habitantes.




Nuestros pasos nos llevan hasta un parque cercano en el que hay una exposición de fotos del Kurdistán. Se nos acerca un señor y nos explica que, algunas, son imágenes de la vida cotidiana de los pueblos de montaña y, otras, son de los guerrilleros. Él mismo se presenta como el autor de las fotos e invita a Eduardo a firmar en su libro de visitas.


Damos un último paseo por el mercado al aire libre; y, llegamos a una pequeña plaza, con césped y árboles, en donde están sentados pequeños grupos de hombres –de todas las edades-, suponemos que descansando de la jornada de trabajo. Y nosotros nos sentamos, también, a la espera de regresar al hotel.


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lunes 8 de agosto de 2011

Kurdistán iraquí (I): Duhok, Erbil


Anterior: TURQUÍA (II): Sultanhani, Aksaray, Valle de Ihlara, Derinkuyu, Valle de Göreme, Ankara, Diyarbakir

Día 28.- En el momento de salir del hotel a la calle un grupo de hombres mayores y jóvenes nos hacen ofertas para llevarnos hasta la frontera en su coche.

Iremos en taxi compartido, que llega a los 20 minutos. En su interior dos mujeres y una niña me miran con reprobación por la ventanilla: estoy fumando. Tiro el cigarro, antes de entrar, y les digo: “asalamu aleikum” y, esbozando una amplia sonrisa, me responden: “aleikum salam”.

Todos los pasajeros entregamos nuestro pasaporte al taxista, quien se encargará de tramitar la salida de Turquía y la entrada al Kurdistán iraquí.

Cruzamos, entre fronteras, un puente sobre el bíblico río Tigris. Lástima que no pueda mojarme los pies como lo hice en el Éufrates, en 1988, la primera vez que estuve en Siria, o también en el Nilo en Uganda, en 2009.


Llegamos al edificio de la frontera con Kurdistán. Hay mucha gente esperando que les devuelvan el pasaporte ya sellado. Eduardo y yo nos sumamos a ellos. Nuestras compañeras de viaje son iraquíes y no las hacen esperar.

Habíamos leído, en distintos foros o blogs, que es una frontera muy lenta con esperas de hasta cuatro horas, y que los policías hacen un montón de preguntas. Pero en 30 minutos tenemos los pasaportes con un flamante visado, que nos autoriza a estar 10 días en Kurdistán.


UNOS APUNTES SOBRE EL KURDISTÁN IRAQUÍ:

La guerra Irán-Irak en la década de 1980 y el genocidio de Al Anfal arrasaron la población del Kurdistán.

Según diversas valoraciones, más de 100.000 personas murieron y más de 3.000 localidades fueron destruidas durante esa campaña, que provocó también un desplazamiento masivo de la población kurda, hacia las regiones fronterizas de Irán y Turquía.

Entre las operaciones que se sucedieron en el período 1987-1989 destaca, por ejemplo, el ataque en el que la población de Halabja -en 1988- fue gaseada y 5.000 personas murieron. Localidad que visitaremos en los próximos días.

En 2005, ya en tiempos post-Saddam, se creó una nueva Constitución iraquí en la que se establece que el Kurdistán iraquí es una Región Autónoma, reconocida por Irak y las Naciones Unidas.

El Kurdistán tiene las tasas más bajas de pobreza y el más alto nivel de vida en Irak. Es la región más estable y segura del país, donde ni un solo soldado extranjero ha muerto, o ha sido herido, o secuestrado desde la invasión de Irak en 2003. Su economía es floreciente gracias a la industria petrolera.

Los kurdos son en su mayoría musulmanes sunníes, aunque una importante minoría todavía sigue la religión tradicional kurda, el yazidismo - una antiquísima religión minoritaria-, la cual es una mezcla de las religiones zoroastrianas, judías, nestorianas e islámicas.

Duhok, Erbil y Sulaymaniyah forman la actual región de Kurdistán; regiones que conoceremos en este viaje.



En ambos lados del paso fronterizo entre Turquía e Iraq hay docenas de camiones esperando pasar hacia un país u otro. Y parece que hace mucho tiempo que hacen cola.

Vamos a la parada de taxis colectivos: hemos de esperar que vengan más pasajeros para completar el taxi. Casi una hora más tarde nos ponemos en marcha para hacer los 70 Km. que nos separan de Duhok.

El paisaje se va volviendo cada vez más yermo, conforme nos adentramos en Irak. Cosa –para mí- extraña, pues estamos cercanos al Tigris.

Al pie de una montaña gris y pedregosa, “decorada” con unos pocos matojos, se alza Duhok, ciudad de mayoría kurda en la que se contabilizan unos pocos asirios.

Nos alojamos en el Hotel Perleman, situado en el centro de la ciudad, equipado con moqueta, ventilador en el techo, colchones de 7 cm. de grosor sobre un somier de madera y WC turco.




En la acera, frente al hotel, una decena de niños-limpiabotas esperan a los clientes. Van cambiando de lado de la acera según la sombra. Parece que el colegio no es para ellos.


Esta es una ciudad donde se mezcla lo moderno con lo tradicional. Se ven jóvenes vestidos a la última moda conduciendo coches caros y mujeres sin velo, así como hombres con el traje tradicional kurdo y mujeres muy tapadas.

En todos nuestros viajes, como siempre, nuestros pasos nos llevan hacia el bazar. Es una debilidad que tenemos. Y para ello pasamos frente a varias tiendas decoradas con diferentes frutas, con las que hacen zumo del que damos buena cuenta para calmar algo la sed, de una mañana con temperaturas muy altas.


Una de las cosas que más me sorprende, durante el paseo por el bazar, es lo limpio que está el suelo de sus pasillos. Nadie tira un papel, cartón o piel de cebolla u hojas de verduras. Todo queda recogido en los cubos de basura que hay para este fin.




Por la tarde, cuando el sol ya ha dejado de mortificar con sus rayos, subimos a una montaña donde hay restos de un Templo de Zoroastro, en el que todavía hacen ritos.


El zoroastrismo o mazdeísmo es el nombre de la religión y filosofía basada en las enseñanzas del profeta y reformador iraní Zarathustra. Fue la religión oficial hasta que la conquista árabe trajo el Islam. El zoroastrismo fue la primera religión monoteísta e influyó en las posteriores religiones monoteístas: cristianismo, islamismo y judaísmo.




Ya de regreso al centro de la ciudad entramos en una de las múltiples tiendas que hacen batidos y tomamos uno riquísimo de melón. Para sorpresa nuestra el dueño nos regala un par de dulces, parecidos a las lionesas, pero al ir a pagar la consumición, el camarero nos dice que el dueño nos ha invitado a los batidos. Salimos agradecidos y emocionados.

Son las 10 y cuarto de la noche y no hay forma de encontrar el canal, en la tele, en el que ver el partido de la Champions entre el Barça y el Manchester. Voy a recepción a preguntar y ellos sí están viendo el partido. Lo transmiten por un canal que no disponemos en la habitación y nos invitan a verlo con ellos, que son aficionados al fútbol y seguidores del Barça.


El 3 a 1 a favor del Barça hace que los que miramos la televisión estemos exultantes. Pero… ¿qué está pasando en la calle? Se oyen gritos y bocinazos. Vamos a ver.

Toda la ciudad ha salido a la calle, en coche –tocando la bocina- o a pie, gritando de alegría, portando grandes o pequeñas banderas del Barça, bufandas, camisetas, pósters, trompetas, sombreros…

Nos preguntan de dónde somos; ya sin voz les digo: “de Barcelona” y nos abrazan felicitándonos; algunos se hacen fotos con nosotros.

Nunca hubiéramos imaginado que en una pequeña ciudad, en el Kurdistán iraquí, celebrarían la victoria del Barça como si estuvieran en Barcelona.

Dos horas más tarde, subimos a dormir con un buen sabor de boca.

Día 29.- Damos el último paseo por el bazar y encontramos “la foto” que queremos hacer desde que llegamos: unos abuelos sentados tomando el té y vestidos con la ropa tradicional kurda.

Edu se acerca y les pide permiso para hacerles fotos. Dos de ellos se levantan rápidamente y nos ofrecen sus pequeños taburetes. Nos preguntan de dónde somos y, en un abrir y cerrar de ojos, tenemos un caliente vaso de té en nuestras manos.


Ellos tres y nosotros hablamos con la ayuda de un tendero que sabe inglés y hace la función de intérprete. Nos hablan del carácter de los kurdos, de su fortaleza -mejor que la de los árabes-; de la ropa tradicional, que en verano es de lino; de la bolsita donde guardan el tabaco –kurdo- para liarse los cigarrillos.

Después de media hora, el más simpático de todos se levanta y dice que se va a comer, no sin antes invitarnos a que nos hospedemos en su casa tantos días como queramos. Le agradecemos inmensamente la invitación diciéndole que mañana proseguimos el viaje. Eduardo y él se funden en un emotivo abrazo.

Día 30.- Vamos en taxi hasta ErbilHawler en kurdo-, capital del Kurdistán iraquí y sede del gobierno regional kurdo. Es la tercera ciudad en tamaño, después de Bagdad y Mosul, y se cree que es una de las poblaciones más antiguas que han estado habitadas permanentemente.

El trayecto lo hacemos en dos horas y media, por una gran meseta que, con el calor que hace -43º- están las hierbas amarillentas; pero poco o mucho, sirven de alimento al puñado de ovejas que están paciendo.


He contado cinco controles militares y en el último hemos tenido que enseñar nuestros pasaportes.

Son las 12 del mediodía. El taxista nos deja muy lejos del centro de la ciudad y, cargados con las mochilas, empezamos a caminar. A los 100 metros un restaurante con aire acondicionado nos hace entrar y, a pesar de la hora, decidimos comer.

Nos invitan a subir al primer piso donde, en la mayoría de los países de religión musulmana, hay un pequeño comedor para familias y/o mujeres solas. Junto a nosotros hay cinco mujeres: dos mayores –cercanas a los 40 años- y las otras adolescentes.

Acabando de comer ponen una alfombrilla en el suelo y, una a una, hacen sus rezos. Una de las mayores quiere hacerse una foto conmigo y al apoyar su mejilla en la mía, me dice:”I love you”; nos hacen la foto y me da un beso en la mejilla. Me quedo perpleja.

Por más ganas que tenemos de caminar es imposible hacerlo bajo esta temperatura y un taxi nos lleva hasta el pie del Qala’t (Ciudadela).

Encontramos alojamiento en el Hotel Samira: habitación interior sin ventanas, con cuatro camas (nos cobran sólo dos), moqueta, aire acondicionado y WC turco, que me limita bastante, pero el único hotel con baños occidentales es el Sheraton y como que no es “nuestro” hotel.

No salimos hasta pasadas las seis de la tarde. Quizás la temperatura ha bajado un par de grados, pero sigue apretando el calor. Nos dirigimos hacia el Qala’t Erbil, que se levanta a 36 metros, en un montículo sobre la ciudad.



Foto autor: jan kurdistani
Fuente: Kurdistan Arbil.irak-Hawler

Según historiadores y arqueólogos, este montículo ha estado continuamente habitado desde la Edad de Bronce (6000 años) y bajo las casas actuales se encuentran los restos de antiguas civilizaciones a la espera de ser explorados.




Durante el siglo XX, esta Ciudadela fue testigo de importantes cambios urbanísticos:

- En 1924 se construyó un depósito de agua para abastecer a la ciudad, en caso de escasez.

- En 1960, más de 60 casas, una escuela y una mezquita fueron demolidas para dar paso a la calle que conecta la puerta norte con la sur.

- Y en 2007, el Alto Comisionado para la Revitalización de la Ciudadela de Erbil (HCECR) fue establecido para supervisar la restauración de la ciudadela. En el mismo año, 840 familias fueron desalojadas como parte del gran proyecto de restaurar y preservar el carácter histórico de la ciudadela. Sólo autorizaron a una familia que permaneciera en el lugar, para no “romper” la continuidad de habitabilidad del montículo.

El Gobierno plantea tener 50 familias viviendo en la Ciudadela, una vez acaben los trabajos de restauración que se presumen lentos.

El pasado año empezaron las obras de urbanización de la plaza que se encuentra a los pies de la Ciudadela. Aún hoy se ven operarios trabajando. Es un lugar de encuentro de familias y amigos, una vez han pasado los rigores del sol. Algunos se sientan sobre el césped para charlar, con un vasito de té, que ya traen preparado de casa.


Día 31.- Regresamos a la Ciudadela para visitar el Museo Textil Kurdo y está cerrado. Uno de los guardias nos dice que lo han trasladado de lugar, pero no sabe indicarnos dónde.

Preguntamos a varios tenderos del exterior de la Ciudadela y uno tras otro nos dan diferentes direcciones, hasta que parece que alguien sabe dónde se ubica. Nos apunta la dirección –en kurdo- en un papel y un taxi nos lleva hasta allá. No, no es éste. Es el Erbil Civilitation Museum. Preguntamos en su interior y tampoco saben la nueva ubicación.

Nos damos por vencidos y regresamos al centro dónde -cómo no- nuestros pasos nos llevan al interior del bazar, en el que compramos un par de kilos de fruta que será nuestra comida. El calor aprieta con fuerza y nos refugiamos bajo el aire acondicionado de la habitación del hotel.


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