Invitados por el Gobierno de Cantabria desde su campaña Cantabria Infinita, durante cuatro días -del 12 al 15 de mayo- una selección de blogueros provenientes de distintas comunidades autonómicas hemos asistido al II Encuentro de Blogueros de Viajes y Redes Sociales.
De Cataluña, además de Marc Serena, de La vuelta de los 25, y yo, representando a este blog, provenientes de otros lugares de España han participado en el encuentro: Mª Ángeles Barja, de Sabor Gourmet; Helena Botella, de Mi maleta y yo; Francisco Javier Soler, de My guia de viajes; Joszzb, de El viajero impresionista; Manuel Guillén, de El mundo con mochila; Víctor Gómez, de Machbel; Juan Luis Rodriguez, de Blogs Turismo; Alberto Quintás, con su blog Los mejores top 10; Jorge González Gil, de En el mundo perdido y Helena López, de Círculos de fuego.
El lugar de encuentro fue en Santander, en el Balneario de Solares, donde nada más llegar tuvimos una sesión termal que nos preparaba para lo que íbamos a vivir los siguientes tres días: un recorrido por su bellísima geografía y monumentos.
En todo momento estuvimos acompañados por Enrique Sancho, director de Open Comunicación, y Henar, nuestra guía, gran conocedora y amante de su tierra: Cantabria.
La primera experiencia cántabra fue a través de su gastronomía en el restaurante del mismo Balneario. Alrededor de una gran mesa, doce desconocidos nos sentábamos a cenar. Nos unía nuestra pasión por los viajes y éste fue el tema de conversación que acompañó a esta primera velada.
Al día siguiente nos dirigimos al Museo Marítimo del Cantábrico en Santander, donde nos esperaba un encuentro con el Consejero de Turismo, Cultura y Deportes de Cantabria, Francisco Javier López Marcano, que apuesta por las redes sociales como medio de encuentro y contacto; y otros blogueros de Cantabria.

El Consejero hizo alarde de su profundo conocimiento de Cantabria y de lo que tiene en común con nuestras respectivas comunidades autonómicas, que puso de relieve explicando a cada uno de nosotros todo lo que nos ha unido y une. Fue una experiencia realmente enriquecedora.
Acabado el encuentro hicimos la primera visita a la ciudad, llegando hasta la famosa playa de El Sardinero.
Gracias a los conocimientos de Henar, supimos que El Sardinero pasó de ser la playa de los habitantes de Santander a ser muy visitada -a mediados del siglo XIX y principios del XX- por la burguesía castellana. Ésta, atraída por el auge económico de la ciudad venido de la mano de las colonias españolas, tomó Santander como ciudad de veraneo, y porque los médicos recomendaban “baños de olas”.
A principios del siglo XX se inaugura en la Península de La Magdalena el Palacio de la Magdalena, que sería residencia del rey Alfonso XIII durante sus veraneos en Santander.
Posteriormente, la península volvió a ser propiedad de la ciudad y el palacio pasó a ser sede actual de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo.
Paseando por la península pasamos frente a la Real Sociedad de Tenis, club deportivo de referencia en España, y por las tres carabelas utilizadas por el navegante cántabro Vital Alsar para hacer un viaje por el Océano Pacífico. Además hay un pequeño zoo donde observamos pingüinos y focas.
Nuestro almuerzo fue en el Restaurante Tonino, donde pudimos degustar cinco buenísimas muestras de las especialidades de la casa, incluido el postre.
La tarde la dedicamos al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, a tan sólo 20 Km. de Santander, en el que pudimos observar desde tigres hasta gorilas, pasando por jirafas, osos, cebras y elefantes.
Tuvimos un par de horas para descansar y deshacer las maletas en el Hotel Bahía y, a partir de las 10 de la noche, saboreamos la exquisita cocina del Restaurante Sixtina.
El programa previsto continuó la mañana siguiente en la Cueva El Soplao, donde nos mostraron los 1.500 metros visibles de esta magnífica belleza natural.
El Soplao, una de las 6.500 cuevas del subsuelo cántabro, descubierta accidentalmente durante las labores de perforación minera a principios del siglo XX, es, sin duda, única e irrepetible.
Además de poder disfrutar de las caprichosas formas de las estalactitas y estalagmitas, nos hicieron observar las formaciones de excéntricas que se han creado en su interior y unas finísimas formaciones rocosas en forma de hilos que se enroscan.
Al final de la visita llegamos a la galería llamada La Gorda, un bellísimo espacio con una laguna natural y una de las mayores en cuanto a su volumen.
Después de esta subyugante visita no es de extrañar que, el pasado mes de mayo, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria recibiera el I Premio Internacional Alfonso XII a la excelencia en el mundo subterráneo.
Una visita al pueblo pescador de San Vicente de la Barquera nos llevó a comer en uno de sus reputados restaurantes: el Boga Boga, donde el marisco y un excelente surtido de diferentes pescados pusieron un buen final para esa mañana de esta Cantabria infinita.
La tarde estuvo dedicada a visitar el Parque Natural de Oyambre, situado entre San Vicente de la Barquera y Comillas. En esta última localidad, una de las más representativas de Cantabria, fue donde me sentí más cerca de casa: algunos de sus edificios se realizaron durante el modernismo –finales del XIX, primeros del XX- por renombrados arquitectos catalanes.
La Universidad Pontificia, diseñada por Lluís Domènec i Montaner, y El Capricho, del genial arquitecto Antoni Gaudí, así como el Palacio de Sobrellano y su Capilla Panteón, obra de Joan Martorell, son algunos de las extraordinarios construcciones modernistas que pude contemplar.
La relación entre Comillas y Cataluña fue debido a que Antonio López López, primer marqués de Comillas, durante su estancia en Cuba en busca de fortuna, se casó con la bella criolla de origen catalán Luisa Bru, y una de las hijas de este matrimonio se casó con el Conde de Güell, último mecenas de Gaudí.
La población de Comillas fue considerada la capital de las villas marineras, en la pesca de la ballena, desde el siglo XVI al siglo XVIII.
Y después de un magnífico día, acabamos cenando en la Bodega del Riojano, en Santander.
Esta ha sido mi cuarta vez en Cantabria, en las dos primeras tuve la gran suerte de entrar en la Cueva de Altamira, que la cerraron al público al final de los años 70 del pasado siglo, pues las pinturas estaban deteriorándose. En la actualidad, a pocos metros de la entrada original se ha construido un museo donde, en una sala, tienen representadas exactamente las pinturas de la “Capilla Sixtina del Arte Rupestre”.
Evidentemente no es lo mismo el museo que la cueva, pero es la mejor manera de que el mundo pueda admirar las hermosas pinturas realizadas por el hombre del Paleolítico.
Y estando al lado de Santillana del Mar, no podíamos dejar de visitar este pequeño municipio, considerado el más bello de España.
Caminando por sus adoquinadas calles llegamos al Centro Histórico, donde destaca su colegiata, pero también diferentes casonas de rancio abolengo adornadas con el escudo familiar y un par de torreones de época medieval.
El Valle de Cabuérniga es el que nos despidió de estos intensos y productivos días en Cantabria.
Volveré, Cantabria, ya que eres infinita.






















