lunes, 26 de septiembre de 2011

IRÁN (II): Tehran (II), Ramsar, Lahijan, Masuleh, Tehran (III), Kashan


Anterior: IRAN (I): Tehran (I)

Día 7.- En taxi y a las 9:30 llegamos frente a la Embajada de Turkmenistán.

Estamos en el jardín esperando que abran una ridícula ventanilla en la pared del edificio, situada al final de tres escalones, para que nos atiendan, aunque el horario es de 9 a 11 y todavía no ha aparecido nadie.

De los que estamos, cuatro vienen ha recoger el visado, y nosotros a rellenar la documentación para solicitar el visado.

Va llegando más y más gente; se colocan a los pies de los escalones y no aguardan tanda con los que ya llevamos una hora aquí.

A las 10:40 abren la ventanilla y un tipo pasa por entre todos y entrega sus papeles. Se cierra la ventanilla.

A las 10:50 la vuelven a abrir, entregan dos visados y la cierran hasta las 11:20.

¡Esto es una locura! Entre unos que se vuelcan sobre la ventanilla cada vez que la abren, y que los de la Embajada parece que les gusta tomar el pelo, hace tres horas que estamos aquí.

Nos dan los dos impresos. A cambio entregamos una fotocopia de cada pasaporte y otra del visado de Uzbekistán (Para que te den el visado de tránsito, con una duración de cinco días, se ha de “justificar” que se va a Uzbekistán). Dentro de una semana entregaremos los impresos rellenados y ellos nos darán el visado. Si quieren.

Con el mismo taxista, que nos ha esperado todo este tiempo, regresamos al hotel.

Mr. Mousavi, el recepcionista del hotel, es un hombre encantador. Le comentamos la idea de ir hacia la zona del Mar Caspio, mientras esperamos a que nos den el visado y nos saca los billetes por teléfono, así es más fácil para nosotros.

También le preguntamos qué le parece si vamos a visitar el pueblito de Masuleh, y comenta que él es originario de ahí, y nos enseña fotos que tiene guardadas en su ordenador. Al confirmarle que iremos, nos da la dirección de un alojamiento “en el que estaremos como en nuestra casa”.

Hasta última hora de la tarde no tenemos conexión a Internet. Están censurados los blogs y redes sociales, y tampoco hemos podido leer, los periódicos españoles, El País y La Vanguardia.

Día 8.- En la estación de autobuses West Terminal subimos a un bus que nos lleva -durante seis interminables horas- hasta Ramsar, en la costa del Mar Caspio, lugar de vacaciones para los iraníes, con estaciones termales y frondosos bosques en las montañas Alborz.

Durante el trayecto nos dan una cajita de cartón en la que hay cuatro pequeños paquetes de galletas y un zumo de fruta: ésta será la comida. No paramos en todo el viaje.

Buscando alojamiento, dos chicos nos acompañan hasta una gran casa donde los dueños han habilitado la planta baja como apartamento.

No preguntamos a nadie y tomamos una dirección equivocada para llegar al Mar Caspio. Cuando después de mucho andar decidimos hacer la pregunta en cuestión, un hombre joven saca su coche del garaje y nos lleva hasta allí mismo.


De regreso subimos por un paseo -con árboles y altísimas palmeras- que mide unos 2 Km., de la época del antiguo Sha, al final del cual hay el edificio del antiguo Gran Hotel Ramsar -construido en 1940 por la familia Pahlevi-, que también había sido casino.




Día 9.- Visitamos lo que había sido el Palacio de Verano del Sha de Persia, enteramente construido en mármol y convertido ahora en museo dónde están todas sus pertenencias. Una curiosidad: no hay ni una foto o retrato de la familia Palhevi.




En el jardín frontal hay un estanque en el que nadan unos enormes ejemplares de esturiones.


Al salir, y estando en la acera de enfrente fumando un cigarrillo, se acerca una joven y nos pregunta de dónde somos. Se van acercando los miembros de su familia y nos presenta: su padre, un hermano, hermanas y una amiga. Son de una de las regiones de Irán y están por aquí haciendo turismo. Todos quieren hacerse fotos conmigo. Al despedirnos, las chicas nos damos un beso, y el padre me da la mano.






Cuando se han ido, una señora, que vende gafas de sol y no ha perdido detalle, me hace saber -en farsi, con gestos, y bastante airada- que no puedo darle la mano a un hombre. Aquí, en Irán está prohibido y lo sé, pero el señor iba con su familia y no ha dudado en darme la mano y yo le he correspondido, como es normal en otros lugares del mundo. Le hago saber –a la señora- que no sabía nada y que “gracias por el aviso”.

Un minibús nos lleva durante una hora y media hasta Lahijan, la ciudad de la seda.

La palabra “Lahijan” está formada por dos palabras Lah, seda, y Jan, lugar donde se hace alguna cosa. Por lo tanto significa “lugar donde se obtiene la seda”.

Pero, en realidad, a esta ciudad se la conoce por ser la primera ciudad en dónde hubo las primeras plantaciones de té. Y, actualmente, también hay grandes plantaciones de arroz.

En el centro mismo de la ciudad y en un lugar muy cutre, encontramos alojamiento.

Unos bonitos y cuidados jardines nos acompañan hasta llegar al lago artificial, o piscina como lo llaman los lugareños.






Vemos también, pues está a la vista, cómo hacen el pan de esta zona, que es sin levadura y parece una hoja de periódico, por grande y soso.


Nos gusta el ambiente, las avenidas amplias y con poco tráfico, jardines y parterres muy bien cuidados y la amabilidad de sus habitantes.

Día 10.- Un taxi compartido nos lleva hasta Rasht; otro hasta Fuman y, finalmente, un minibús hasta Masuleh.

En los contrafuertes de las boscosas Montañas Talesh y en el cinturón costero del Mar Caspio, se encuentra la antigua población de Masuleh.


El histórico pueblo se estableció alrededor del año 1006 d.C., a 6 Km. al noreste de la actual población. Está registrado como Patrimonio Cultural y Natural, Tangible e Intangible de Irán.


Destaca por la construcción de sus casas de madera y adobe pintadas en un pálido color ocre, y agrupadas en la ladera norte del valle.






Están edificadas en diferentes niveles irregulares de terrazas, con techos planos, lo que conlleva a que los techos de un nivel hacen de camino en el nivel superior. O que los patios de las casas de un nivel, son los techos del nivel inferior.


La espectacular arquitectura de Masuleh se la conoce popularmente como “El patio del edificio de arriba es el techo del edificio de debajo”.


Evidentemente no pueden circular los vehículos de motor, pues habrían de sortear escaleras y cuestas por las estrechísimas callejuelas, que conforman este bien conservado pueblo.


En la llamada “cuarta terraza” está el restaurante cuyo dueño nos da las llaves de nuestro alojamiento, situado unos metros más adelante.

Subiendo unos empinadísimos escalones, desde la calle, alcanzamos un pequeño espacio equipado de cocina y WC a la turca con ducha. Está todo alfombrado y dejamos el calzado antes de entrar a la pequeña sala, provista de un balcón que da a la calle, desde el que podemos contemplar todo el pueblo a nuestros pies y las altas montañas enfrente. Unas finas colchonetas de lana serán nuestra cama esta noche.


Comemos en el mismo restaurante, citado anteriormente, el plato nacional por excelencia “Dizzi”: carne de vaca o cordero, estofada con alubias, patatas y especias.


Todo se cocina en pequeñas ollas individuales de barro, que se llevan a la mesa, junto con un plato hondo, pan sin levadura y una suerte de morteros.

El caldo se vuelca en el plato hondo y con el mortero se chafan las legumbres, verduras y carne -en la propia olla- convirtiéndolas en puré. Todo cocinado en horno de leña.

(Esta foto es de otro día y en otro lugar)

Normalmente se toma primero la sopa con el pan y luego el puré. Nosotros hemos volcado el puré en el cuenco con el caldo, lo hemos mezclado y comido con el pan.

Mientras comemos, una chica de una mesa contigua se acerca y pide permiso para hacerse una foto conmigo.


Va con un grupo de jóvenes, bastante modernos, y acaba de pintarse las uñas de un horrible verde azulado y me lo ofrece para que me pinte las mías. Se lo agradezco, pero no las pinto. Antes de irse todo el grupo se fotografía con nosotros.


Un sabrosísimo té ha sido el colofón de una comida en este pueblo que parece surgido de entre las rocas.

Al caer la tarde refresca bastante y vemos cómo algunas mujeres se sientan en lo que pudiera ser el patio de sus casas, en el suelo, sobre una alfombra o pequeña colchoneta y mientras unas hacen ganchillo, otras hilan o, simplemente, charlan animadamente.




No dejamos de comer las originales y sabrosas “galletas”, típicas de esta zona, con sabor a canela.




Día 11.- Paseando por las originales calles de Masuleh encontramos a dos chicos españoles: uno guipuzcoano, de Irún y, el otro, catalán de Sort. Éste último ha estado en Irán varias veces y, ahora, está haciendo de “guía” a su amigo irunés.


Hablando y hablando se hace la hora de comer, y lo hacemos juntos –abajo- junto a la carretera, que es dónde han dejado las mochilas (sólo han venido a pasar el día).

Cuando se van y empezamos a subir hasta nuestro “apartamento”, una espesa niebla empieza a bajar por la ladera de la montaña hasta abrazar a todo el pueblo. Baja considerablemente la temperatura y nos refugiamos en casa y, desde el balcón, contemplamos esta maravilla de la naturaleza.

Ha sido una maravillosa experiencia, ya que nos ha sido de antídoto perfecto para descansar de los calores extremos a los que hemos estado sometidos durante todo lo que llevamos de viaje.


Día 12.- Regresamos a Tehran, desde Fuman, en cuatro horas y media. Y en taxi volvemos al Firouzeh, donde nos han guardado la mochila grande.

Día 13.- Es el día que nos han de dar los visados. El señor Mousavi, llama a la Embajada de Turkmenistán para saber si ya los tienen. Como no le responden al teléfono, subimos a un taxi y vamos hacia allá.

Encontramos la Embajada cerrada. Solamente hay una joven china esperando. Llamamos al timbre y nos dicen que hoy es fiesta en Turkmenistán y por eso no trabajan, y que regresemos mañana. Justamente la chica llamó ayer y le confirmaron que hoy estaría abierto; se queda desconcertada sin saber qué hacer y nosotros también.

Llega un señor, para recoger su visado, que habla farsi y, volviendo a preguntar, se lo explican bien: hoy, mañana y pasado estará cerrado por unas mini vacaciones. Abrirán el jueves y el viernes, y el sábado volverán a cerrar por fiesta semanal (¿¿??), hasta el domingo.

No hace falta que cuente cómo estamos ni qué pensamos de los turcomanos. Si por mí fuera, los mandaba a freír espárragos y, en avión, me iría a Uzbekistán. Pero Edu, es más racional, y no quiere precipitarse.

Regresamos al hotel y con las mochilas nos dirigimos a la parada de autobús para ir hacia el centro de Irán, concretamente a Kashan donde empieza el desierto iraní.

Kashan es el primero de una serie de grandes oasis a lo largo de la carretera que va de Qum a Kerman, por el borde de los desiertos centrales de Irán. Su encanto se debe, pues, principalmente, al contraste entre las inmensidades resecas del desierto y el verdor del oasis.

Según algunos relatos, pero no todos, Kashan sería el origen de los Reyes Magos que siguieron la estrella que los guió a Belén para testimoniar el nacimiento de Jesús, tal como se relata en los Evangelios.

Con independencia de la validez histórica de esta tradición, la atribución de Kashan como lugar del que serían originarios acredita el prestigio de la ciudad en la época en que se comenzó a narrar la historia.

Encontramos alojamiento en el Hotel Sayyah, nuevo, acogedor y muy limpio. El que teníamos como “favorito” Noghli House -casa tradicional- en el corazón de la medina, está cerrado por restauración.

También están cerradas las llamadas Casas Tradicionales construidas entre los siglos XVIII y XIX, pero vemos alguna de las que todavía han de restaurar.


Como no podía ser de otra manera también visitamos el bazar, que sorprende muchísimo por la limpieza que reina: ¡hasta brillan las baldosas!






En nuestro paseo por la ciudad visitamos el Caravanseray Amin al Doule, que destaca por sus arcos rodeados de cerámica, situados en el patio central, representando figuras humanas y de animales.






La Mezquita Agha Bozorg construida hace unos 120 años. Tiene también la función de escuela coránica o madrasa.


Es una mezquita de dos pisos. El primero funciona como escuela; y el segundo, como centro de culto.


Son de destacar los dos minaretes gemelos revestidos con azulejos pintados con dibujos geométricos, conjugados con otros repartidos por el interior del centro religioso en los que se encuentran escritos algunos versos coránicos.


Otro de los valores destacados de ésta es la puerta de madera en la que están incrustados 6.666 clavos, que es el número total de los versos de Al Qur'ān (El Corán).


FOTO: Marta L. Vidal García

En toda esta ruta por Irán no nos hemos desprendido de la “mirada” sempiterna del Ayatolah Khomeini y del Ayatolah Khamenei. En pósters o grandes carteles, siempre los retratan juntos. Pocas fotos hemos visto del que, realmente, es el Presidente de este país.



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16 comentarios:

Helena dijo...

Menudo pitorreo en la embajada de Turkmenistán... ¡Que sensación de impotencia os tuvo que entrar! Pero bueno, toca pasar por el aro.
Me ha gustado mucho Masuleh.
¡Un saludo guapa!

Lola Mariné dijo...

qué aventuras, hija!
Me encanta verte en tu salsa viajera.
Besos

Mª Mercè dijo...

Hola Helena...

Pues todavía no acabó aquí el pitorreo de la Embajada. Recuerda que todavía no nos habían cncedido el visado y, para postre, se nos estaba acabando el tiempo para estar en Irán. ¿Qué nos pasará?

jajaja, te dejo con la incógnita!!

Masuleh, es para visitarlo. Casi mejor que otras ciudades históricas de Irán.

Besazos!

Mª Mercè dijo...

Lolakis...

Qué gusto cuándo te veo por aquí!

Mil petons!!!

Any dijo...

Que carita de felicidad... supongo que será el mundo árabe, que enamora en todos los sitios.
Y ese velo ... alguna vez se fue cayendo un poquito !!! Así me gusta.
Un abrazo enorme y gracias por compartirlo me han dado muchas ganas !!

Mª Mercè dijo...

Esa carita es la que me sale tanto en África como entre árabes y eso que los iraníes no lo son, pues son persas.

Y el velo... se caía cuando notaba que se podía caer. Aunque alguna vez, sólo enseñando un poquito por la calle, encontraba a la "buena samaritana" completamente de negro, y me pegaba un estirón hacia delante para taparme el pelo.

Más adelante contaré cómo me rompieron mi blusón, jajajaj
Fue peor su remedio, jajajaja

Besos, Any!

mesenllà dijo...

Ja ens explicaràs detalladament l'assumpte del visat de Turkmenistan. Ens queda pendent el tram Tehran-Osh per completar la Ruta de la seda, però es que aquest visat em porta de cap i em fa molta mandra anar a Iran sense tenir-ho clar.

Per cert, quer tal el menjar iranià? ;-)

Petons!!

Fran dijo...

Hola Mercé, veo que lo de las embajadas es para echarle paciencia, que cara más dura!. También veo que has arrasado allá por donde has ido, que manera hacerte fotos con la gente!! Supongo que no verán muchos europeos. Masuleh me ha encantado aunque todo tu viaje me parece maravilloso!!
Un abrazo

Mª Mercè dijo...

Hola, Núria i Lluís...

Va ser molt engorrosa l'història del visat; si haguès anat sola, els haguès enviat a fregir espàrregs als turkmens. Quan vulgueu us ho esplico amb calma, doncs en el relat encara no el teníem.

El menjar a Irán, una mica justet als llocs ón no sabíen anglès, doncs ens limitavem a menjar pollastre, patates freixides i amanida, que aquestes paraules sí les sabíen.

Però quan podíem entendre'ns hi ha varietat i prou bó tot. Les amanides de campionat!!

Petons i abraçades!

MPC dijo...

Que bonito fue el encontrarnos en Masuleh... Y que experiencia tan bonita la de Iran. Tres meses que me quede alli...

xipo dijo...

Hola Mercé!!!

Que aventuras te pasan!!! 6 horas en un autobús con galletas y zumo...suena apasionante...jeje!!

Por cierto....no entiendo el porque de hacerse fotos todos contigo?? ¿Es por algo en especial? Perdona mi incultura en este tema...pero estoy pez...

Un abrazoo!

Mª Mercè dijo...

Hola Fran...

Tu comentario se había ido hacia la carpeta de SPAM y no lo he visto hasta ahora, igual que el de MPC.

Bien, pues no sé qué pasa conmigo y las fotos, pero ha sido en casi todos los viajes. Hasta en China!!

Masuleh, es un pueblo que se impregna en tí y creo que ya no te abandonará jamás.

Abrazos!!

Mª Mercè dijo...

MPC...

Por lo que dices veo que Lionel supo "meterte" Irán en las venas. Creo que yo lo hubiera disfrutado más si no me hubiera agobiado tanto el foulard: entre el calor y que se resbalaba...

Nosotros también nos quedamos muy bien después de haber coincidido en Masuleh.

Un abrazo y no dejemos de estar en contacto!!

Mª Mercè dijo...

Xipo...

Si viajaras con nosotros, seguro que te adelgazabas unos cuantos kilos. Ya ves las dietas..., jajaja

En este viaje hubo muchas gente que quiso fotografiarse conmigo y Edu, mi pareja, me dijo que debe ser porque tengo facilidad de sonrisa, no tengo manías de nada y transmito buena onda. No me quedé muy convencida, aunque seguro que algún "imán" sí tengo.

Abrazos enormes!!

Paco Piniella dijo...

Me gusta tu cambio de estilo en el blog, quizás abriría aún más para que las fotos lucieran porque son el alma del post.
Estos viajes que tu haces son los que realmente interesan donde no hay Zara, ni Mango ni el Banco de Santander,...
Saludos viajeros

Mª Mercè dijo...

Paco...

Tenía que darle un nuevo aire al blog y creo que lo he conseguido.

La propuesta de abrir más la parte central, la tendré en consideración.

Un saludo!!

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