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Día 22.- Por la mañana, temprano, seguimos el trayecto marcado disfrutando de los paisajes y pueblos que nos ofrece la Anatolia camino a la Capadocia: Dinar, Isparta, Egirdir a orillas del lago de su mismo nombre (Eğirdir Gölü).
Este lago tiene unos 480 Km2 y es el segundo –de agua dulce- en tamaño de Turquía. Cuenta con dos islas, conectadas a tierra firme por una larga calzada hasta la ciudad de Egirdir.
La carretera va siguiendo el contorno del lago, ofreciéndonos el bellísimo contraste entre campos verdes con florecillas amarillas y blancas, el azul intenso del agua y, al fondo, una cadena montañosa con cumbres nevadas y el volcán Barla de casi 2.800 m.
Así, rodeados de este paisaje de ensueño llegamos a Gelendost, en el que comemos a pie de carretera. Proseguimos la ruta rodeando Konya hasta Sultanhani, adonde llegamos a las siete de la tarde.
Y qué mejor que en esta ciudad –punto importante en la Ruta de la Seda- que alojarnos en una pensión llamada Kervansaray, desde donde se divisa el verdadero Kervansaray, motivo por el que hemos venido hasta aquí.
Este Khan o posada es uno de los más grandes de Turquía. Construido en el año 1229, servía de alojamiento a los caravaneros y sus animales, que llegaban de oriente con sus mercancías: sedas, perfumes, especias…
De planta rectangular y amparado por altos muros, era un refugio seguro donde alojarse y, a la vez, protegerse de los asaltos y robos en el camino.
Las últimas luces del día nos dan unas bellísimas imágenes de este edificio del tiempo de los selyúcidas, cerrado a estas horas, que visitaremos mañana –muy a primera hora- antes de que lleguen los autobuses con turistas provenientes de Konya.
Día 23.- A las ocho la mañana accedemos por el altísimo portalón -construido en mármol y decorado con los bellos ornamentos de la arquitectura musulmana- hasta el inmenso patio interior rodeado de un pórtico, en el que se encontraban los dormitorios, la cocina, los baños y, en el centro, una pequeña mezquita (todo el interior está en proceso de restauración).
Al fondo del patio hay una enorme sala compuesta de cinco naves, con techo abovedado, donde se guardaban los animales y carruajes con las mercancías. Y en un rincón estaban las cocinas.
Regresamos a la pensión donde nos espera el dueño, Mustapha que, amablemente nos acompañará a visitar algunos lugares que no teníamos previsto.
En el cruce de las rutas que conectan el sur con el norte y el este con el oeste, y en una extensa meseta en las faldas del Hasan Dağı (Volcán Hasan) de 3.253 m., encontramos Aksaray, ciudad que ha sido testigo del florecimiento de civilizaciones como la hitita e importante centro comercial en la Ruta de la Seda.
En el centro de la ciudad se levanta el Minarete de Eğri, una de las obras más antiguas de período de los selyúcidas, construido entre 1221 y 1236 en ladrillo rojo. Es de cuerpo cilíndrico con adornos de azulejos en verde y azul - que han ido desprendiéndose con el paso del tiempo - y de base cúbica.
La particularidad de este minarete es su inclinación -no se sabe a ciencia cierta cuándo empezó a ladearse. Hoy día se le conoce como la Torre de Pisa de Turquía.
De camino al Valle de Ilhara –a 40 Km. de Aksaray- comenzamos a ver las formaciones rocosas producidas al enfriarse la lava expulsada por el volcán Hasan. Algunas de estas formaciones llegaron a convertirse en viviendas, iglesias, monasterios y graneros. Actualmente unas pocas se han restaurado y habitan en ellas.
El valle con una longitud de 14 Km. empieza en el mismo pueblo de Ihlara –de ahí su nombre- y acaba en Selime. En algunos puntos puede llegar a tener una profundidad de 150 m.
Por sus características geológicas se convirtió en un lugar ideal para la oración y el retiro, y durante las épocas de guerra o de invasiones era utilizado como lugar de refugio y protección.
Empezamos el recorrido en Selime, donde contemplamos su “catedral” excavada en la roca, que sobrecoge por sus dimensiones, por las columnas y por las múltiples hornacinas en sus muros.
No queremos desaprovechar la ocasión de visitar algunas de las diversas iglesias existentes a cual más impresionante.
Recorremos en toda su extensión el valle, pasando por Belisirma, donde visitamos la Iglesia Ala -con trazos de pinturas bizantinas en su interior- y justo a su lado una vieja factoría de aceite.
Por una escalera, a veces excavada en la misma pared del cañón, descendemos hasta cerca del río Melendiz que, con su fluir a los largo de milenios, ha separado la montaña en dos, originando el cañón que contemplamos delante nuestro.
Y llegamos a la población de Ilhara en la que se queda Mustapha y nosotros proseguimos hasta Derinkuyu, para visitar una de las ciudades subterráneas más importantes que hay en la Capadocia.
En mi último curso de Bachillerato de Letras, hube de traducir del griego clásico al castellano la “Anábasis” (Expedición de los Diez Mil): un relato del historiador Jenofonte, en la que participó como soldado; y recuerdo que el historiador menciona las ciudades subterráneas de Anatolia.
En la Anábasis se narra la expedición militar de Ciro el Joven contra su hermano el rey de Persia, Artajerjes II, y el posterior intento de retorno a la patria de los mercenarios griegos que estaban a su servicio, tras la derrota y muerte del mismo Ciro.
Gracias a que el suelo de esta zona es de procedencia volcánica, los habitantes de Derinkuyu decidieron crear una ciudad subterránea de varios niveles, para ser utilizada como refugio de las múltiples incursiones a que fue sometida la Capadocia. Se cree que el primer nivel pudo ser excavado por los hititas en el 1500 a.C.
En la actualidad están al descubierto entre 10 y 15 niveles subterráneos, de los que sólo se pueden visitar los ocho superiores (unos 40 m. de profundidad); los demás están parcialmente obstruidos o reservados a los arqueólogos y antropólogos que estudian esta ciudad.
El interior es asombroso: las galerías subterráneas (en las que había espacio para, al menos, 10.000 personas) podían bloquearse en tres puntos estratégicos desplazando puertas circulares de piedra. Estas pesadas rocas que cerraban el pasillo impedían la entrada al enemigo. Tenían de 1 a 1,5 m. de altura, unos 50 cm. de ancho y un peso de hasta 500 Kg.
También vemos lo que habían sido los comedores, cocinas (aún ennegrecidas por el hollín de los hogares), establos, bodegas, cisternas para el agua y el vino, silos, una iglesia y las habitaciones.
La ciudad se beneficiaba de la existencia de un río subterráneo; tenía pozos de agua y un magnífico sistema de ventilación (se han descubierto 52 canales de ventilación).
Con las imágenes sobrecogedoras de esta visita nos dirigimos a Ürgüp donde nos alojamos en un bonito hotel: Elvan, situado en una calle muy tranquila y muy cerca del centro.
Día 24.- La excursión de hoy será hasta los alrededores de Avanos, para descender por el Valle de Zelve, el Valle de Göreme y Uçhisar.
El agua y el viento han modelado en esta región, de origen volcánico, unas bellísimas y curiosas formaciones rocosas que en algunas ocasiones llegaron a ser viviendas, graneros, e iglesias de los siglos XI y XII con frescos pintados en paredes y techo. El lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.
Pero al llegar a Uçhisar lo que más nos impresiona es su fortaleza construida en lo alto de una cima que, prácticamente, domina toda la zona.
Día 25.- En un poco más de cuatro horas llegamos a Ankara. Por más vueltas que le doy al mapa no hay forma de que nos podamos orientar, así que Eduardo tiene la idea de hablar con un taxista y que nos guíe hasta la agencia para devolver el coche.
Son las 15:30 h. El mismo taxista nos lleva hasta la Embajada de Turkmenistan, ya que hemos de tramitar los visados. En la entrada, el policía de la garita nos nos entiende –sólo habla turco- y avisa a alguien de dentro –que habla turkmeno y turco- y sólo se aviene a decir: “Wednesday no visa. Tomorrow morning nine o’clock visa”.
Subimos al taxi y le pedimos al taxista que nos lleve a un hotel. Después de cruzar Ankara paramos a las puertas de uno de tres estrellas. Es caro, pero sólo estaremos una noche. Volvemos a notar cuánto han subido los precios en Turquía en pocos años.
Nos dirigimos con las mochilas al mostrador de recepción e inmediatamente el recepcionista nos dice bruscamente: “Money”. Eduardo le responde que ya le pagaremos, y que anote nuestros datos. El otro sólo dice: “Money, money”.
Cogemos los pasaportes y salimos por la misma puerta que hemos entrado, no sin antes oír al empleado como nos ruega que regresemos que ha habido un mal entendido.
Salimos y 50 m. más adelante paramos a fumar un cigarrillo y a mirar si se ve algún otro hotel. Nos localiza el mismo mozo del hotel y, pidiéndonos disculpas, nos rebaja el precio de la habitación y nos pide que nos alojemos ahí. Deben de estar mal de clientes, pero nos es igual. No porque llevemos mochilas, en vez de unas bonitas maletas, tenemos pinta y edad de marchar sin pagar.
A unos 200 m. encontramos un hostal, sencillo y muy limpio.
Día 26.- “Tomorrow morning nine o’clock visa”. Es lo que nos ha vuelto a decir un impresentable con sonrisa socarrona, que ha salido del interior de la Embajada, después de esperar 40 minutos. El tipo da media vuelta y nos deja con un palmo de narices y sin poder “protestar”.
Sabemos que son gente muy suya y que saben que “son necesarios” para quien quiera llegar a Uzbekistan por tierra, así que “torean” a la gente; inclusive ha habido gente a la que le han denegado el visado.
Como no nos fiamos que mañana nos den lo que necesitamos, regresamos al hostal, cogemos las mochilas y vamos hasta la estación de autobús. Saldrá uno a las tres de la tarde hacia Diyarbakir. Total: 15 horas de viaje.
Día 27.- Llegamos a las cinco de la madrugada; una hora antes de la prevista.
El sol ya se ha despertado, pero no las cafeterías de la estación de bus. En un banco al que le tocan unos rayos tímidos de sol, preparo dos cafés con leche en polvo y comemos unas galletas.
Observo a Edu; algo está maquinando y se lo pregunto. Me propone continuar viaje, sin descansar, hasta Mardin o Silopi, población situada a las puertas de Irak. Valoramos quedarnos aquí, en Diyarbakir, para dormir unas horas y continuar mañana o seguir avanzando ahora que estamos suficientemente despejados. Decidimos ir hasta Silopi. El bus sale dentro de tres horas y llegará a las 13:30 h.
Al llegar a Cizre, final del trayecto en autobús, subimos a una furgoneta -con sobrecarga y acalorados-, para hacer los últimos 30Km. En un punto del trayecto observo: a la derecha, un cartel que anuncia “Silopi, 5 Km.”, y a la izquierda, un carro blindado.
Al lado de Eduardo está sentado un joven que le pregunta de dónde somos. Al responderle “Barcelona” empieza con un tema un tanto peligroso: Catalunya-Euskadi-Kurdistán. Mejor no hablar de política y por ende del problema kurdo, si no se conoce al interlocutor, y Edu hace como que no le ha oído y saca el tema del partido de la final de la Champions de mañana.
La furgoneta se detiene en la calle principal, delante del Hotel Habur. Al descender nos rodea un grupo de hombres ofreciéndose llevarnos hasta la frontera. No; hoy, no. Será mañana.
Frente el hotel hay una moderna cafetería, con un bonito jardín y su fuente, que nos viene de perlas para cenar una deliciosa pizza.
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12 comentarios:
Les ciutats "troglodites" son impresionants.
Fantastic reportatje.
Petons
Lola...
Moltes gràcies per les paraules encoratjadores. Vernint de tu és tot un honor per a mí.
Molts petons!
Al llegir el teu relat, m'han entrat moltes ganes de tornar.Aquesta zona ens va agradar molt i vam aprofitar una parada de tren a Ankara per visitar el Museu de les Civilitzacions.
Tinc una insana curiositat per saber si finalment vau poder fer el visat turkmè, on el vau fer i quants dies va trigar. Esperaré les següents entrades per saber-ho! :-)
Un petó!
Núria...
El Museu de les Civilitzacions ja l'haviem visitat uen un viatge anterior.
Referent al visat turkmè... va ésser tota una odisea! Ho desvetllarè més andavant.
Molts petons!
¡Qué bonita la Capadocia!
Por cierto, menuda odisea con los visados y el hotel... ¡vaya mala sombra! Pero, con buenos han ido a topar, ¿eh?
Un saludito
Helena...
¡Qué ilusión volverte a ver por aquí! Siempre serás bienvenida.
Cuando leas el relato de Turkmenistán ya sabrás "con que buenos fuimos a topar"
Un abrazo!
Solo conozco de Turquía Estambul y quede prendado de esta ciudad, pero habrá que ir mas allá y recorrer este país tan interesante...
Saludos viajeros
Paco...
He estado tres veces en Istanbul y dos en la Capadocia, así que ya sabes... hay muchas cosas para ver.
Me agrada verte por aquí!
Un abrazo!
Vaya aventura Mercé!!! Leyéndote y viendo tus fotos me resulta fascinante lo que has hecho.
Un abrazo de boquerón ;)
Fran...
¡Qué alegría verte otra vez por aquí!
Ya ves... los viajes es lo que ha hecho que nos conociéramos.
Tenemos pendientes unos espetos en la playa malagueña ;-))
Un abrazote!!
He colgado el icono de Free Blog.
Me parece perfecto, Paco. Lo malo es si te pasa como a mí, que siguen escribiéndome para publicitarse en mi blog y eso que el icono está visible y claro.
Un abrazo!
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