miércoles 17 de noviembre de 2010

Los pescadores de Kafountine (Experiencias-2007)


Kafountine, situada en la región de la Cassamance, en el sur de Senegal, es un pueblo de pescadores con playas de arena fina y blanca, bañada por las aguas del Océano Atlántico.

De madrugada, cuando la luna aún se refleja sobre el mar, una frenética actividad invade la playa en la que cayucos -de vistosos colores- aguardan varados listos para zarpar. Son los pescadores que preparan las artes de pesca para antes del alba y, tras un frugal desayuno, echarse a la mar.


Sin chalecos salvavidas, y algunos sin saber nadar, se embarcan en una aventura que les mantendrá en alta mar de sol a sol. Algo de pan será su comida mientras están embarcados. El jornal del día puede depender del viento. Y parten con la esperanza de que no sople con fuerza, de lo contrario se verían obligados a navegar mar adentro para llenar las redes, ya que el pescado se aleja de la costa ante un mar embravecido.

Al atardecer emprenden rumbo a la costa y es en el ocaso cuando las pirogues llegan y fondean, a una decena de metros de la orilla, meciéndose al son del oleaje.


Los rostros de los pescadores, extenuados y salpicados de salitre, denotan la dureza del día. Mientras, el despreocupado deambular de los jóvenes muchachos que acuden cada atardecer a recibir a los pescadores, y la paciente espera de las mujeres vestidas con ropas de llamativos colores –que aguardan la descarga del pescado para hacerse con alguna pieza con la que preparar la cena del día- contrasta con el patente nerviosismo de los armadores que, con cara de pocos amigos, observan desde la orilla los preparativos.


Son minutos tensos. Junto a cada armador se posiciona un pequeño ejército de hombres jóvenes y musculosos –los porteadores- a la espera de una señal. La señal de un silbato que les echa al agua, portando cada uno de ellos sobre su cabeza una caja de plástico. Y, desafiando al oleaje, se acercan al cayuco que les corresponde, les llenan la caja de pescado y regresan a la orilla desde la que marcialmente en formación y a paso ligero, llevan la pesada carga hasta la lonja.

No son momentos para bromas. El jornal del día es aún una incógnita. En la lonja cuentan el pescado para, posteriormente, hacer el reparto de las ganancias. Un porcentaje para el propietario, otro para el encargado y el último para los pescadores. Pescadores que pueden llegar a ganar unos 15 euros o más, dependiendo de lo provechoso que haya sido el día. O nada, si la salida ha sido infructuosa o no han llegado a salir.


Las mujeres que se han hecho con algún pescado lo preparan en la misma playa o en alguno de los muchos chiringuitos cercanos al puerto pesquero. Más tarde, a la luz de las velas o de una lámpara de gas, cocinan el arroz con pescado que, bien entrada la noche, será la cena de algunos de ellos. El día llega a su fin. Mañana, Dios dirá.


Escrito por: Eduardo y Mercè


Más información sobre el viaje a Senegal)

votar

martes 2 de noviembre de 2010

Las Marchas de la Muerte: Borneo 1945 (Experiencias-2008)




A 11 Km. de Sandakan está el Sandakan Memorial Park. Es el sitio original donde los japoneses ubicaron un campo para sus prisioneros británicos, australianos y civiles indonesios, durante la II Guerra Mundial.

Por una entrada estrecha accedemos a un gran y cuidado parque. Lo primero que vemos es un bello estanque, con lirios de agua, y sendas bien perfiladas nos llevan hasta un pequeño museo, que proporciona una extensa información -mediante paneles explicativos-, acerca de las atrocidades de los soldados japoneses.

Un obelisco de granito negro conmemora a aquellos prisioneros que murieron atrozmente y es el lugar donde, cada 25 de abril, se celebra oficialmente el Anzac Day.

A lo largo del paseo por el parque, diferentes restos de maquinarias son testigo mudo de lo que aquí aconteció.


Al contrario que los chinos, los japoneses no se distinguieron precisamente por el buen trato que daban a los prisioneros. Seguramente el comportamiento más brutal lo tuvieron con los chinos, pero los soldados occidentales que cayeron en sus manos tampoco se libraron de recibir un trato criminal.

Durante la “Guerra del Pacífico” de la II Guerra Mundial, el Imperio del Japón había instalado en el norte de la isla de Borneo un campo de prisioneros.

Entre 1942 y 1943 los japoneses enviaron a Sandakan prisioneros civiles de Indonesia, junto a militares australianos y británicos –capturados en la Batalla de Singapur en febrero de 1942- para que construyeran un aeródromo. El calor y la humedad eran insoportables, y los prisioneros no disponían de maquinaria alguna. Si éstos no trabajaban al ritmo requerido se les golpeaba y amenazaba a punta de pistola. La comida era insuficiente y el sueño casi imposible.

La primera marcha



Con la presión del ejército aliado en Borneo, los japoneses decidieron trasladar a los reclusos hasta Jesselton (hoy Kota Kinabalu).

Entre enero y marzo de 1945 tuvo lugar la primera fase de las marchas a través de amplias zonas pantanosas, cruzando la densa selva y subiendo montañas.

Los japoneses seleccionaron a 470 prisioneros, para que llevaran el equipaje y los suministros de los batallones (hasta 20 kg. de peso) que se dirigían hacia la costa occidental de la isla, a la actual Kota Kinabalu.

Sólo unos pocos llegaron a Ranau –a una distancia de 260 Km.- al cabo de nueve días; les habían dado raciones de comida sólo para cuatro días, y como la mayoría de los prisioneros ya estaban desnutridos o tenían alguna enfermedad grave, en esas condiciones caían agotados, y automáticamente les daban muerte o les dejaban morir en el camino.

A los supervivientes se les ordenó construir un campamento temporal. Como un historiador comentó más tarde: “... Los que sobrevivieron fueron apiñados en chozas insalubres y llenas de gentes y muchos murieron de disentería”.

La segunda marcha

Comenzó el 29 de mayo de 1945 con aproximadamente 570 prisioneros, en peor estado físico que los de la primera marcha. Iban con tan poca comida que les obligaban a buscarla en la selva. Sólo 118 prisioneros lograron llegar a Ranau y descubrieron que, de la primera marcha, sólo quedaban vivos seis prisioneros.

La marcha final

En el campamento de Sandakan quedaban unos 537 prisioneros. La mayoría estaban tan enfermos, que los japoneses pensaron en dejarlos morir de hambre.
Sin embargo el 9 de junio 1945, decidieron enviar otro grupo de 75 hombres en una marcha final. Algunos de ellos estaban tan débiles que no sobrevivieron más allá de 50 kilómetros. A medida que cada prisionero se desplomaba, agotado, era asesinado de un tiro por un guardia japonés.

La ruta fue a través de la selva virgen infestada de cocodrilos, serpientes y cerdos salvajes, y algunos de los prisioneros no tenían botas. Las raciones de comida fueron menos que mínimas. La marcha duró casi un año en completarse.

Debido a una combinación de la falta de alimentos y el tratamiento brutal a manos de los japoneses, sólo 38 presos quedaron vivos en Ranau a finales de julio.

Los que quedaron en Sandakan, por no poder caminar, fueron asesinados o murieron a causa de una combinación de hambre y enfermedad antes de la rendición japonesa el 15 de agosto de 1945.


Tan sólo seis australianos, de los 2500 prisioneros (1800 australianos, 600 ingleses y 100 prisioneros de otras nacionalidades aliadas), sobrevivieron a las “marchas de la muerte", porque lograron escapar y esconderse en la selva. Estuvieron asistidos por lugareños hasta que, finalmente, fueron rescatados por los aliados.

La mentalidad imperante en el ejército japonés reunía varios elementos que hicieron posible semejante atrocidad: el desprecio por los prisioneros de guerra, la convicción de que rendirse era deshonroso, la brutalidad de los mandos y el afán por hacer trabajar a los prisioneros como animales de carga a los que se mata de hambre.

Más información sobre el viaje a Borneo

Siguen mis pasos

This application is created by interactive maps.
You can also have your visited countries map on your site.

If you see this message, you need to upgrade your flash player.
Make your visited countries mapJavaScript charts

¿Qué es?



By using this icon on my website I am stating...

1. That I am opposed to the use of corporate advertising on blogs.

2. That I feel the use of corporate advertising on blogs devalues the medium.

3. That I do not accept money in return for advertising space on my blog.

Signed, Mª Mercè (The author)

Blog Archive

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP