viernes 28 de mayo de 2010

PALESTINA (I): Ramallah - JERUSALÉN (II)

Anterior: ISRAEL: Haifa, Akko, Nazaret - JERUSALÉN (I)

●Oriente Próximo-2010 (02)

Día 29.- Un taxi nos lleva hasta la parada de autobuses situada en Nablus Road y, a las ocho de la mañana, subimos a uno que nos lleva hasta Ramallah (رام اﷲ), en 40 minutos. Durante el trayecto vemos el primer trozo del Muro de la Vergüenza y se me encoje el corazón.

Como el resto de Cisjordania, Ramallah estuvo bajo ocupación jordana desde la guerra de 1948 hasta la Guerra de los Seis Días, de 1967, en que fue ocupada por las tropas israelíes, como el resto del territorio al oeste del río Jordán. En 1994, la ciudad fue entregada por Israel a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) dentro de los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993, siendo desde entonces administrada por ésta.

En lo alto de una pequeña colina está situada la Muqataa, sede de la Autoridad Nacional Palestina, que fue destruida completamente en 2002 por el ejército israelí y donde han levantado un mausoleo en el que se encuentra la tumba de Yasser Arafat desde 2004, en que falleció. La tumba está permanentemente custodiada por dos militares. En la actualidad, la sede de la ANP se encuentra en otro lugar.

Volvemos hacia el centro de la ciudad, pues queremos visitar el Centro Hispano Palestino, al que contacté antes de salir de Barcelona. Nos recibe Hazem, palestino cristiano-ortodoxo, residente en Belén, de padre palestino y madre gallega. Estamos más de dos horas de charla, inclusive un rato con Eduardo, director del Centro. Salimos con un poco más de “sabiduría” de la situación árabe-israelí, de Hamas, Fateh y Gaza.

En el paseo por esta ciudad y en el restaurante donde comemos observo a muchas jóvenes ataviadas con el hijab, pero de la manera que lo llevan, el resto de su vestuario, sus movimientos y sus risas, no parece que sea una prenda impuesta; parece más un signo de elegancia y coquetería.

Regresamos, en autobús, a Jerusalén. En el trayecto hemos de pasar por un check-point: descendemos todos los pasajeros; el autobús nos esperará en el otro lado. En fila india accedemos a una especie de jaula, con gruesos barrotes, en donde no podemos ir dos personas de lado. Al final de este largo pasillo hay un acceso con barras giratorias –en vez de puerta-, controlado por policías israelíes que están “al otro lado”, de manera que cada tres personas se bloquea el giro con el consiguiente bloqueo, entre esos barrotes, de las personas que se encuentren en el interior.

Una vez pasada esa “puerta” giratoria pongo el equipaje de mano y cámara fotográfica en una cinta y desde un monitor comprueban su interior. Lo recojo y quedo frente a una especie de búnker. En su interior hay una joven policía israelí, repantigada en una silla, mascando chicle, y me vocea que le enseñe el pasaporte. Se lo enseño. Vuelve a vocear: “Visa”, abro la página correspondiente y se la arrimo al grueso cristal. Sin dejar de mascar chicle, con la boca abierta, me hace un gesto con la cabeza para que pase.

En el exterior el bus está esperando. Nos devuelve a la estación de autobuses de Jerusalén. Descendemos por Nablus Road hasta llegar a Bab al-Amoud (Puerta de Damasco).

Cruzamos el zoco, y por Al-Wad Street y la Vía Dolorosa llegamos hasta la Basílica del Santo Sepulcro, que no visitamos por la inmensa cola que hay para acceder a él. Ya volveremos en otro momento.

Nos perdemos por callejones del barrio cristiano, lleno ya de turistas y peregrinos que pasarán la Semana Santa aquí. Por la Puerta de los Leones salimos a Jericho Road, enfilamos el Monte de los Olivos hasta llegar al hotel.

Día 30.- Temprano, por la mañana, nos dirigimos por Jericho Road hacia la Basílica de la Agonía o de las Naciones, templo católico en los terrenos del Huerto de Getsemaní, en cuyo interior se guarda la Roca de la Agonía, donde se dice que Jesús oró antes de su apresamiento: “Llegaron a una finca que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “ -Sentaos aquí mientras yo voy a orar’”. (Marcos 14, 32)

Fue edificada a primeros del siglo XX, mediante fondos de diversas naciones, de ahí su sobrenombre. Seis columnas sostienen 12 cúpulas, cuyos interiores están decorados con mosaicos que representan los emblemas nacionales de los países donantes.

Subiendo por una calle lateral, y justo al lado de esta Basílica, entramos en el Huerto de Getsemaní o Huerto de los Olivos. El nombre de Getsemaní procede del vocablo arameo Gath-Šmânê, que significa 'prensa de aceite'.

Nuestra mirada se asombra frente a los venerables olivos, que aquí se alzan, protegidos por una pequeña verja de hierro.

Hemos de recordar que durante el asedio de Jerusalén, en el año 70 d.C., los romanos asolaron el campo circundante y cortaron todos los árboles necesarios para la construcción de terraplenes. La tala de los árboles alrededor de las murallas facilitaba la vigilancia e impedía los intentos de huida de los asediados. El Huerto de los Olivos debió de sufrir el mismo destino. Así pues, creo que estos olivos no son más que nuevos árboles que nacieron de las raíces primitivas, aunque por sus retorcidos y amplísimos troncos deben ser muy viejos.

El profundo silencio de este pequeño jardín, sólo roto por el canto de los pájaros, hace que sienta el peso de la historia de este lugar.

Llevo entre mis manos los dos pañuelos palestinos que he comprado, uno para una amiga y el otro para mí. Como no se puede acceder hasta los olivos, le pido a uno de los guardianes que pase los pañuelos por el olivo más anciano, corte una pequeña ramita y que en una bolsa, que ya llevo, me ponga un puñado de tierra que otra amiga me pidió. Lo hace sin extrañarse y, emocionada, le doy las gracias.

Salimos del Huerto, con mi pequeño tesoro entre las manos y, unos metros más abajo, justo al lado de la Iglesia de la Asunción, está la Cueva del Prendimiento, lugar de la traición y del prendimiento de Jesús (Mt. 26, 48-50).

Entramos, otra vez, a la ciudad vieja por la Puerta de los Leones y siguiendo por la ya conocida Vía Dolorosa nos adentramos por diferentes callejas y llegamos al recinto de la Basílica del Santo Sepulcro, lugar religioso y de peregrinación de cristianos católicos y ortodoxos. Aquí se encuentran los lugares santos de la muerte y resurreción de Jesús: La Piedra de la Unción, el Gólgota o Calvario, lugar exacto de la Crucifixión de Jesucristo, y el Santo Sepulcro. Además alberga diversas capillas e iglesias católicas, como la de los franciscanos, custodios de Tierra Santa.

En tiempo de Jesús este lugar estaba cerca de la muralla, pero fuera de ella, y próxima a una de las puertas de la ciudad.

Probablemente la roca del Gólgota, que asemejaba una calavera, era el lugar público de ejecución usado por los romanos. Los palos verticales estarían allí puestos de modo permanente. El reo portaba solo el madero transvesal sobre sus hombros.

En el entorno de la roca había un huerto, justo al lado de una cantera de piedra ya abandonada. Varias de las cuevas en esta cantera eran utilizadas como sepulcros. José de Arimatea cedió una de ellas para que enterrasen a Jesús.

Sorprende el hecho de que el Calvario y el Sepulcro estén tan cerca y puedan albergarse bajo el techo de una misma iglesia. Sobre los Santos Lugares cristianos el emperador Constantino hizo construir una impresionante basílica, que fue más tarde destruida por los musulmanes. La iglesia actual, que data del siglo XII, fue reconstruida por los cruzados sobre las ruinas de la antigua basílica.

Justo en el centro de la Basílica, y debajo de la gran cúpula, está el templete con los restos de la roca horadada, donde estuvo enterrado el cuerpo de Cristo. La capilla es utilizada por diversas confesiones cristianas que tienen derecho a celebrar en ella sus cultos. Una rígida ordenanza establece el uso del templo por ortodoxos griegos, latinos, armenios, coptos y etíopes.

Las diferentes órdenes cristianas defienden, desde hace siglos, la titularidad del templo del Santo Sepulcro. Pero, ¿quién tiene las llaves de uno de los principales santuarios de la cristiandad? El resentimiento entre las diferentes confesiones cristianas obligó, hace ya ocho siglos, a que la llave del templo esté en manos de una familia musulmana. Uno de sus miembros -descendiente de una prominente familia-, sabiéndose su principal guardián, custodia el lugar con riguroso celo y una neutralidad consagrada por la tradición, y acude cada día al santuario para abrirlo y cerrarlo.

Una vez al año, los depositarios de la llave la entregan como privilegio especial a las tres iglesias principales: a los franciscanos, custodios de Tierra Santa desde hace ocho siglos y miembros de la Iglesia católica-romana, el Jueves Santo; a los greco-ortodoxos, el Viernes Santo; y a los armenios el Sábado de Gloria.

Día 31.- Para estar más céntricos, a las 8:30 de la mañana nos dirigimos al nuevo alojamiento: Convento de las Hermanas de Notre Dame de Sion-Ecce Homo (eccehomo@inter.net.il), ubicado al principio de la Vía Dolorosa.

Dejamos el equipaje y volvemos sobre nuestros pasos hasta la iglesia ortodoxa de Santa María Magdalena, situada cerca de la Basílica de las Naciones. En la puerta hay un cartel que indica que la abren de 10 a 12, los martes y jueves. Hoy es miércoles. Volveremos mañana.

Al pasar frente a la entrada del Huerto de Getsemaní vemos que hay gente dentro del cercado del jardín, con un fraile franciscano entre ellos. Hablan en español. Le oigo decir que a uno de los olivos le hicieron la prueba del carbono 14 y que tiene 2.500 años.

Llegan más personas pertenecientes al mismo grupo; abren la portezuela y me cuelo entre ellos. Noto la mirada perpleja del franciscano sobre mí y, sin inmutarme, me acerco al olivo más viejo y pongo las manos sobre su tronco. Y después sobre la tierra que lo circunda.

Cuando salen, mezclada entre ellos, salgo también. ¡He conseguido lo que tanto ansiaba!

Queremos visitar la Explanada de las Mezquitas. Todos los accesos, por las callejuelas, están cerrados y custodiados por soldados israelíes, que nos dicen que sólo pueden acceder los musulmanes. Preguntamos infinidad de veces, tanto a judíos como a musulmanes, y no hay manera de que nos den el mismo horario de acceso y dónde está la entrada.

Un joven musulmán nos acompaña por diferentes calles hasta casi el recinto del Muro de los Lamentos, y nos señala una rampa de madera que hay en un lateral, por la que se accede a la Explanada.

Hoy es uno de los días principales de la Pascua judía y, mientras esperamos a que sean las 13:30, hora permitida a los no musulmanes para visitar la Explanada, paseamos entre los fieles que han venido a rezar y a festejar con cantos y danzas su día sagrado.

El espectáculo está en la zona reservada a los varones: adultos, jóvenes y niños. Parece que la mayoría son practicantes del judaísmo jasídico. El jasidismo es un movimiento religioso ortodoxo y místico dentro del judaísmo. Las principales características del jasidismo son: la influencia de la Cábala; la vida en comunidades tradicionales y la observancia estricta de la aplicación de los preceptos de la Toráh o ley judía. Comúnmente no trabajan, ya que han de dedicar las horas a la lectura del Libro Sagrado y a rezos.

Un grupo numeroso, de todas las edades, se pone en fila india con la mano derecha sobre el hombro del que está delante y, serpenteando por el recinto, bailan y cantan una cansina canción (quizás son oraciones).

Una de las características más conocidas es la forma particular de vestir de sus miembros varones. Se ven largos caftanes negros sobre blancas camisas completamente abrochadas, y sin corbata. Todos cubren su cabeza con una kipá de terciopelo negro; algunos llevan sobre la kipá sombreros también negros y los que más nos llaman la atención llevan un sombrero de piel (con el calor que hace), llamado shtraimel.

Los varones jasídicos normalmente no se rasuran la barba, y se dejan crecer mechones largos de pelo en el lugar de las patillas. El resto del cabello se lleva cortísimo.

Algunos van cubiertos con un gran paño blanco con flecos anudados, llamado Tallit. El propósito de los nudos o Tzitzit es recordar los Mandamientos de Dios.

Los hay que están frente al Muro, con el Libro Sagrado en las manos, rezando. Otros, leyéndolo sobre un atril.

Es ya la una de la tarde y nos dirigimos hacia donde está la fila para entrar en la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo.

Recinto de unos 0,15 kilómetros cuadrados, es un lugar sagrado para musulmanes, judíos y cristianos.

Para los judíos es el monte donde se sitúa la historia bíblica del sacrificio de Isaac. El lugar de "la piedra del sacrificio de Isaac" fue elegido por el rey David para construir un santuario que albergara el objeto más sagrado del judaísmo, el Arca de la Alianza. Las obras fueron acabadas más tarde por su hijo el rey Salomón y destruido, posteriormente, por Nabuconodosor, dando inicio al exilio judío a Babilonia. Unos años después se reconstruyó el Segundo Templo, que volvió a ser destruido en el 70 d. C. por los romanos, con la excepción del muro occidental, el conocido Muro de las Lamentaciones, único vestigio que tienen los judíos actualmente, y con lo que se han de conformar, ya que tienen restringido su acceso a la Explanada, lugar sagrado, hoy por hoy, para los musulmanes.

En este gran recinto, entre cuidados jardines y grandes árboles, se encuentran dos de los templos más importantes del Islam: la Mezquita Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, construidas ambas en el siglo VII.

La segunda debe su nombre a que alberga en su interior la que —según la tradición— es la piedra sobre la que Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo (Ismail, y no Isaac, según el Corán). Y desde ésa misma piedra, según la tradición musulmana, fue elevado el profeta Muhammad al cielo para reunirse con Allah, acompañado por el ángel Gabriel. La gran cúpula dorada es uno de los lugares más representativos de la ciudad.

Sin cambios esenciales durante más de trece siglos, la Cúpula de la Roca sigue siendo uno de los más preciosos y duraderos tesoros arquitectónicos del mundo.

La Mezquita de Al-Aqsa, el es tercer lugar más importante para el Islam. Hay algunas pruebas de que la mezquita fue construida sobre las ruinas de parte del Templo de Jerusalén original. Es la más grande de la ciudad y puede albergar hasta 5.000 fieles, dentro y fuera del edificio.

Como parte del muro exterior que rodea a la mezquita es el Muro de las Lamentaciones, y como he indicado más arriba, éste es un "punto caliente" donde se producen, de vez en cuando, enfrentamientos. Ha habido veces en que algunos musulmanes han arrojado piedras sobre los judíos que rezaban en el Muro. Un grupo judío, denominado "Los fieles del Monte del Templo", tiene planes para reconstruir el Templo de Jerusalén en este lugar.

La tristemente famosa Segunda Intifada se inició aquí el 29 de septiembre del 2000, cuando en pleno debate sobre el futuro de Jerusalén, durante la cumbre de Camp David, el entonces líder de la oposición israelí, Ariel Sharon, se paseó –desafiante- por el recinto de la Explanada. Esta visita, interpretada como una gravísima provocación por parte del pueblo palestino, provocó algunos incidentes y choques entre éstos y las fuerzas de seguridad.

Al día siguiente, durante la plegaria del viernes y con la tensión entre ambas poblaciones en aumento, cientos de jóvenes musulmanes apedrearon desde la Explanada de las Mezquitas a los fieles judíos congregados ante el Muro. La policía israelí disparó usando fuego real, matando a siete palestinos, extendiéndose los incidentes por toda la parte árabe de Jerusalén.

El resto de esta amarga historia, todos la sabemos.

(Nota: Las fotos de los esquemas son de
www.upcomillas.es)

viernes 14 de mayo de 2010

ISRAEL: Haifa, Akko, Nazaret - JERUSALÉN (I)

Relato del viaje a Israel y Palestina, del 23 de marzo al 6 de abril del 2010

Oriente Próximo-2010 (01)

Día 23.- Llegamos al aeropuerto de Barcelona con casi tres horas de antelación de la salida del avión.

Antes de facturar el equipaje, hemos de pasar por un control de seguridad de la compañía El Al.

Una amable policía nos pide que abramos la maleta y con un artilugio en la mano, lo pasa sobre cada una de las cosas que componen nuestro equipaje. Suponemos que debe de cambiar de color si llevamos algún producto prohibido: drogas, explosivos…. Mientras va revisando todo con gran meticulosidad, nos pregunta quién ha hecho el equipaje, si lo hemos “perdido de vista” en algún momento, si hemos aceptado llevar encargos a alguien, a qué vamos a Israel, si conocemos a algún árabe, si conocemos a algún palestino…

Revisa nuestros pasaportes. Está el sello y visado de Argelia y pregunta a qué fuimos: “turismo”, le decimos al unísono.

Facturamos, pasamos el control “normal” de seguridad del aeropuerto y vamos a la sala de embarque.

Un cartel nos indica que saldremos con dos horas de retraso. Estamos a la espera de un vuelo, procedente de los EEUU, lleno de israelitas, que van a celebrar el Pesaj (Pascua Judía).

Creo que somos los únicos cristianos del avión.

En el mismo aeropuerto de Tel Aviv, un tren nos lleva hasta Arlozoroff (Mercaz) Station, situada a unos dos kilómetros del Hotel Debora -que hacemos andando-, donde nos alojaremos sólo hoy.

Día 24.- Regresamos a la estación -la que llegamos ayer- donde un tren nos lleva hasta Haifa.

Hace un día espléndido, estamos frente a la playa que invita a un baño, pero decidimos dejar el equipaje en el Hotel Nof, ubicado en lo alto del Monte Carmelo, y tomar el primer pulso a esta ciudad.

Haifa está situada al norte de Israel, frente a la bahía que le da nombre y es la tercera ciudad más grande de Israel.

Es nombrada en los textos escritos en el siglo III A.C. como una pequeña aldea. Tras conocer la dominación seleúcida
, macabea y romana, fue controlada por los bizantinos tras la escisión del Imperio romano. Fue conquistada varias veces por los persas sasánidas antes de ser sometida por la expansión árabe.

En el año 1100
fue ocupada por los Cruzados tras una violenta batalla contra la población judía. A lo largo de su historia pasó por manos egipcias, otomanas y británicas.

Haifa fue objetivo principal de judíos y árabes y escenario de violentos enfrentamientos entre ambos bandos, apostados en torno al Monte Carmelo, durante la guerra civil en el Mandato Británico de Palestina. Capturada por las fuerzas israelíes en 1948, se produjo el éxodo masivo de su población árabe (unos 60.000 habitantes) hacia el Líbano principalmente.

Desde entonces, el crecimiento de la ciudad ha sido constante, encaramándose por el Monte Carmelo, cuyo nombre quiere decir jardín ("Karmel" en árabe) o viñedos de Dios ("Karem El" en hebreo). En la antigüedad estaba cubierto por viñedos y fue siempre famoso por su fertilidad.

Se menciona en el Antiguo Testamento en el I Libro de los Reyes (18,36), narrando que es aquí donde el profeta Elías demuestra que “el Señor de Israel es el verdadero Dios”.

La orden de los Carmelitas fue fundada en este Monte, en el siglo XII, por un grupo –no se sabe bien- de ermitaños, peregrinos o cruzados. La orden creció hasta convertirse en una de las mayores órdenes religiosas católicas.

En la calle de atrás del hotel están los famosos Jardines Bahá’í, que no visitamos por estar cerrados.

Día 25.- Un largo paseo por las calles de Haifa nos lleva hasta la estación de autobuses, donde uno de ellos nos lleva hasta Nazaret. El paisaje, durante el trayecto, es yermo y pedregoso, con alguna pequeña plantación de olivos y almendros.

Nazaret es una localidad de Galilea, región histórica al norte de Samaria, y conocida por ser el lugar donde creció Jesús.

Galilea era una de las tres provincias que formaban la Palestina durante la ocupación romana en tiempos de Jesús. Las otras dos provincias eran Samaria y Judea. Galilea estaba situada al norte, con Judea en el sur y Samaria en medio de ambas.

En el evangelio según San Lucas, María y José viven en la ciudad de Nazaret y el nacimiento de Jesús es notificado a María por el Arcángel San Gabriel -lo que se conoce como Anunciación-. Aunque hay documentos que nos dicen que Nazaret no existía en el Año I, pues no se han encontrado evidencias arqueológicas de esa época.

Actualmente la población de esta ciudad está compuesta, principalmente, por ciudadanos árabes de Israel, un tercio de los cuales son de religión cristiana y el resto, musulmanes.

En el recinto donde se encuentra la Basílica de la Anunciación, hay un sencillo porche y de sus paredes cuelgan bonitos y curiosos cuadros de la Virgen y el Niño, de diferentes países del mundo, hechos en cerámica.

Entramos en la Basílica de la Anunciación, sobrio y gran edificio, completado en 1966, y construido sobre las ruinas de una iglesia bizantina y otra de los cruzados, parte de las cuales ha sido restaurada.


Su imponente estructura, coronada por una cúpula ornamentada en forma de pirámide y recubierta de cobre, consta de dos pisos: el inferior guarda como reliquia la Gruta de la Anunciación, flanqueada por dos columnas de granito rojo. El piso superior, conectado al inferior por una ancha escalera, sirve como iglesia parroquial para los servicios religiosos públicos.

A atardecer regresamos a Haifa.

Día 26.- Un autobús nos lleva hasta Acre (Akko, en hebreo), localizada al norte de Israel, ciudad amurallada, y a orillas del Mediterráneo. La fascinante historia que han vivido sus calles, el legado de sus conquistadores, los edificios que embellecen la ciudad y sus lugares de culto hicieron que la UNESCO la declarara Patrimonio de la Humanidad en 2001.

Es una de las ciudades habitada más antigua del mundo; se cree que fue fundada hacia el año 1500 a.C. En ella habitaron asirios, egipcios, formó parte del Imperio de Alejando Magno, del Imperio Romano…, hasta que cayó en manos de los cruzados (Tercera Cruzada), llamándose San Juan de Acre. La reina Berenguela de Navarra, vivió aquí mientras su esposo, Ricardo Corazón de León, se batía en campaña contra los sarracenos. Incluso Napoleón llegó hasta esta ciudad con ánimo de conquistarla, pero tras dos meses de asedio y de intentar en vano derribar las murallas de la ciudad, tuvo que retirarse humillado.

En Acre vivió prisionero -durante 22 años- Bahá'u'lláh, profeta fundador de la Fe Bahá'í. Aquí se encuentra su santuario, considerado el lugar más sagrado de la tierra para esta confesión religiosa; es uno de los centros principales de peregrinación bahá'í y punto a donde todos los bahá'ís del mundo se vuelven cada día para la oración obligatoria (no lo visitamos, porque queremos ir al de Haifa).

En mayo de 1948, en el marco de la Guerra de Independencia de Israel, fuerzas de la Haganah toman Acre, que quedará finalmente incorporada al Estado israelí. Como consecuencia de la guerra, Acre pierde tres cuartas partes de su población árabe. Desde entonces Acre es rebautizada con su nombre hebreo, Akko.

Paseamos por la ciudadela, de origen otomano, hasta llegar al Hammam (Baños turcos del Pasha), construidos sobre las ruinas de otros más antiguos. Están muy bien conservados, con representaciones de figuras humanas, en bronce; pinturas y utensilios de la época, todo ello ambientado con la luz natural que entra por las claraboyas de la cúpula y con “vapor” artificial, que proporciona relajación y paz.

Continuamos hasta el Túnel de los Templarios, construido durante la segunda mitad del siglo XII. Con 350 metros de largo, que van desde el Castillo Templario hasta el puerto, cuenta con una pasarela que fue colocada para evitar la inundación del túnel, pues a ambos lados de ésta corre agua del Mediterráneo.

Después de comer regresamos a Haifa.

Día 27.- Nos dirigimos hacia el Centro Mundial Bahá’í -sede administrativa del bahaísmo-, donde se encuentran los bellísimos Jardines Bahá'í.


Para visitar todo el conjunto hemos de hacerlo en grupo y con guía, y en este momento sólo hay uno de hebreos al que nos sumamos, pues sólo queremos disfrutar de esta belleza que se extiende por la ladera del Monte Carmelo.

El fundador de la Fe Bahá’í hizo construir un templete sobre la tumba del profeta que sentó las bases de esta religión, el Bab. En este momento su cúpula dorada está cubierta por reformas, pero se puede contemplar el mármol italiano y las columnas de granito con que está edificado. En su interior -muy sobrio- no se hacen oficios religiosos

Si el templo es el diamante del conjunto, no por ello hay que dejar de observar los increíbles jardines que lo rodean. Su diseño refleja la creencia baha'í en armonía con el entorno y están perfectamente integrados en la ladera del monte. Los jardines se extienden sobre 19 terrazas.

En la superior se encuentran los vistosos "jardines persas", en los que se han dibujado, con plantas, estrellas de ocho puntas. Desde allí, escalinatas de piedra conducen a los "jardines colgantes", que llenan la ladera de un encanto cautivante.

Los jardines están diseñados en nueve círculos -que parecen ondas-, que se propagan desde el templo en el centro, ayudando así al ojo y al corazón a centrarse en el núcleo mismo. Las plantas se combinan con trabajos forjados en hierro y piedra que, junto con fuentes y amplias extensiones de césped, crean una imagen de particular belleza.

El sendero principal está rodeado, a lo largo de todo su trazado, por jardines muy cuidados que se van transformando gradualmente en vegetación variada, reviviendo el paisaje de la zona y creando una especie de reserva natural. No en vano se apoda a este lugar "la octava maravilla". Su cautivante belleza nos llena de armonía.

Salimos por una puerta cercana a La Colonia Alemana y caminamos hasta la Estación Hijaz, homónima de la visitada en Damasco, que no podemos ver por ser sabath.

El Ferrocarril del Hijaz fue una línea ferroviaria creada para facilitar la peregrinación a la Meca, uniendo las ciudades santas con Damasco.

Volvemos nuestros pasos hacia La Colonia Alemana, donde paramos a comer. La Colonia fue construida en el siglo XIX por templarios alemanes, que deseaban establecer una comunidad cristiana en Tierra Santa. Sus bonitas casas de piedra dan encanto y romanticismo a este barrio. Algunas de estas casas se han conservado y todavía tienen grabado el nombre de sus primeros ocupantes.

Día 28.- Vamos a Jerusalén en autobús y al llegar un taxi nos lleva hasta el Hotel Jerusalem Panorama, situado al exterior de las murallas, en el barrio árabe Ras al-Amoud y en la cima del Monte de los Olivos.

Dejamos el equipaje y nos disponemos a hacer las primeras visitas de una de las ciudades más antigua del mundo, fundada por la tribu cananea de los jebuseos durante el tercer milenio antes de Cristo. Los hebreos la conquistaron en tiempos del rey David y la transformaron en capital de su reino. Fue la ciudad de Abraham, de David, de Salomón, de Nabuconodosor, de Herodes el Grande y el escenario de la condena, muerte y resurección de Cristo.

Bajando el Monte de los Olivos llegamos al Valle de Cedrón donde se levanta la Iglesia de las Naciones, situada en el Huerto de Getsemaní, que no podemos visitar por estar cerrada.

En los terrenos del Huerto de Getsemaní está la Iglesia de la Asunción con la Tumba de la Virgen María, que se halla en la cripta de la iglesia. Ésta es de origen bizantino y fue reconstruida por los cruzados en la Edad Media (siglo XII). Actualmente se encuentra dividida entre las iglesias ortodoxas griega y armenia. A pesar de que hay opiniones teológicas diversas sobre el lugar de la muerte y la tumba de María –hay quienes dicen que fue en Éfeso-, este lugar es visitado por millones de peregrinos.

Por Jericho Road llegamos hasta Bab al-Asbat (Puerta de los Leones), una de las siete que encaminan hacia la Ciudad Vieja. Es la puerta por la cual los paracaidistas israelíes entraron a la “Ciudad Santa” durante la Guerra de los Seis Días en 1967.

Es la única abierta en la muralla oriental y una de las originales de la muralla que rodeaba la ciudad en el siglo XVI.

El acceso desemboca en la Vía Dolorosa, donde empiezan las Estaciones del Vía Crucis.

Parece una amarga ironía que a esta ciudad se le llame "Ciudad de la Paz". Desde hace más dos mil años no ha habido paz en Jerusalén: la ciudad en que aconteció la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En ningún lugar santo del mundo han corrido tantos ríos de sangre como aquí. En ningún lugar se ha luchado con tal ardor, se ha odiado tan profundamente como en esta ciudad enclavada en las grises colinas rocosas de las montañas de Judá.


Y desde 1948 Jordania e Israel han luchado denodadamente por la posesión de la "Ciudad Santa". Por mediación de las Naciones Unidas se concertó un armisticio. Ambos contrincantes se quedaron con la parte de la ciudad que en aquel momento ocupaban. Pero durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, Jordania perdió el control de la parte oriental –Jerusalén Este-, que pasó a manos de Israel. Inmediatamente la segregó de Cisjordania y la anexionó de facto al resto del municipio.

Desde los días de Jesucristo, la ciudad ha sido conquistada once veces y destruida totalmente cinco. Mas sus ruinas siguen guardando los recuerdos del pasado. Aunque es difícil descubrir bajo la actual Jerusalén la ciudad de Jesucristo, no puedo dejar de sentir la descarga espiritual que me produce, a pesar del ajetreo comercial junto a los Lugares Santos, que toma -no pocas veces- formas repulsivas.

Es considerada una ciudad sagrada para las tres mayores religiones monoteístas: para los cristianos, es el lugar donde Jesús predicó sus enseñanzas y donde fue crucificado; para los musulmanes, es el lugar desde donde Muhammad ascendió a los cielos y para los judíos, es el lugar donde el rey David estableció la capital del Reino de Israel y donde su hijo, el rey Salomón, construyó el Primer Templo, en el que se guardaba el Arca de la Alianza y hacia donde deben dirigirse las plegarias.

La ciudad amurallada -declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1981- está dividida en cuatro barrios: cristiano, árabe, armenio y judío. No es fácil saber cuándo se pasa de un barrio a otro; sin embargo, con un poco de observación, adviertes que en las tiendas del barrio judío no venden símbolos religiosos ni identificativos árabes.

Paseando por un enjambre de estrechas y empinadas callejuelas, donde es arduo orientarse incluso con un plano, llegamos hasta una barrera donde militares judíos nos revisan la bolsa, nos piden los pasaportes y pasamos por el arco de metales para acceder al Muro de las Lamentaciones, lugar más importante para los judíos, pues es el último remanente del templo judío construido por Herodes sobre las ruinas del Templo del rey Salomón. El Templo fue edificado en el lugar en el que, según la tradición judía, Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac y del que sólo queda este trozo de muro levantado con grandes piedras.

Los sábados y días de fiesta, hombres de largas barbas grises, con sombrero, tirabuzones en el lugar de las patillas y completamente vestidos de negro, besan las piedras llorando la destrucción del templo y, entre ellas, colocan papelitos con peticiones para que lleguen a las manos de Dios. Pero… no solamente están los hombres vestidos de negro que había visto en televisión; también observamos que hay jóvenes, niños y alguno con discapacidad psíquica, vestidos de esta guisa.

Las mujeres tienen un sitio reservado para orar en el Muro. Ellas -con la cabeza cubierta por un pañuelo o gorro, faldas por debajo de la rodilla y manga larga-, se acercan a las piedras milenarias para orar y dejar también -entre las grietas- papelitos, bien doblados, con oraciones o peticiones.

Al caer la tarde, la Ciudad Vieja se llena de soldados israelíes, fuertemente armados, patrullando, cerrando los accesos al barrio árabe y apostados en los terrados de los edificios.

Ya de noche, sólo se oyen nuestros pasos cuando tomamos el camino de regreso al hotel.

Siguiente: PALESTINA (I): Ramallah - JERUSALÉN (II)

viernes 7 de mayo de 2010

HOLANDA (II): Keukenhof, Amsterdam – BÉLGICA (III): Bruselas

Anterior: BÉLGICA (II): Amberes - HOLANDA (I): Volendam, Marken, Amsterdam

●Bélgica-Holanda-2009 (03)

Día 22.- En una de las VVV (Oficina de Información Turística), la que está enfrente de la Estación Central, compramos un combi-ticket (billete combinado, transporte + entrada: 23 euros por persona). A continuación nos dirigimos a Leidseplein donde cogemos el bus 198 que nos lleva al aeropuerto (el 370 también va); en el aeropuerto subimos a otro bus, el 58, hasta el Keukenhof.

El Keukenhof es un parque ubicado en Lisse, una pequeña villa cercana a Leiden y no muy lejos del aeropuerto Schiphol.

En él y sus alrededores la palabra es tulipán, no en vano los campos que lo circundan son plantaciones de tulipanes. Éstos se dan en primavera y, aunque el parque abre desde mediados de marzo hasta mediados de junio, el mes de abril es la mejor época para visitarlo.


Una vez dentro, casi no sabemos por dónde empezar. Son numerosos senderos por los que transitar, en muchas hectáreas limpias y bien cuidadas. Ningún sendero desmerece al otro. En cualquier rincón, allá donde dirijamos la mirada siempre las mismas sensaciones visuales de colores blancos, rojos, anaranjados, amarillos, negros..., los tulipanes: una explosión de colores, que cada año se da en este maravilloso parque y, entre ellos, también disfrutamos de la belleza de narcisos y jacintos.

Y para aderezar esta grata estancia nos acercamos al bonito lago donde cisnes, patos y gansos completan el decorado de algunas de las cientos de fotos que pueden llegar a hacerse. O también al molino de viento, que se puede visitar y subir a la parte superior, desde donde se pueden admirar las grandes plantaciones florales.

Y si con los tulipanes uno no ha tenido suficiente, en pabellones cubiertos se suceden exposiciones florales a lo largo del tiempo en que el parque está abierto. En nuestro caso, suerte o no, visitamos el pabellón donde se celebra un concurso de orquídeas. A cada cual más original, a cada cual más imposible en sus formas, a cada cual más hermosa... ¡El arte con la naturaleza también es posible!


Día 23.- Un largo paseo a pie nos lleva hasta el NEMO (Museo de la Ciencia) donde, justo al lado, está atracado una réplica del hermoso velero Amsterdam. El museo no lo hemos visitado, aunque sí subimos a lo alto, a través de una rampa exterior, para contemplar una buena parte de la ciudad.

Muy cerca tenemos uno de los edificios más bonitos la zona, el Museo Marítimo que, desafortunadamente, no podemos visitar: estará cerrado por reformas hasta el 2010. En su interior el Museo Marítimo Holandés repasa la historia del país y la destrucción de la Armada Española a través de modelos a escala de cargueros, medallas y navíos. La colección se completa con retratos de héroes navales y esculturas en madera.

Un molino de viento, que divisamos a lo lejos, nos da pie para dirigirnos hacia él y continuar adentrándonos en calles no transitadas por turistas. En los canales de esta zona vemos las famosas y más auténticas casas-barco, algunas de las cuales son auténticos palacetes flotantes con servicios de agua y luz.

El peregrinaje a pie nos lleva hasta Waterlooplein (Plaza Waterloo), donde se encuentra el nuevo Ayuntamiento y el impresionante Muziektheater (Teatro de la Ópera).

La Waterlooplein fue construida en 1880 cuando se unieron dos canales. Las autoridades de la época decidieron que los comerciantes judíos, cuyos negocios se encontraban distribuidos por el Jodenbreestraat, tenían que vender su mercancía en la nueva plaza. Así es como nació el mercado.

El mercado judío desapareció totalmente tras la persecución nazi en 1941, volviendo a funcionar tras la Guerra; pero nunca alcanzó la grandeza de antaño.

Continuamos hasta Rembrantplein (Plaza Rembrant), en la que sólo nos detenemos unos instantes para contemplar la estatua del pintor, y seguimos hasta toparnos con el monumental edificio –1885- del Rijksmuseum, que tampoco visitamos por estar en reformas.

El Rijksmuseum es conocido como el tesoro oculto de Holanda. Es el mayor museo de historia y arte de Holanda y mundialmente conocido por su colección. El alma de la colección son las pinturas de la época dorada de Holanda. Posee obras de Vermeer, Frans Hals, Jan Steen y la obra maestra de Rembrandt: La Ronda de Noche.

Muy cerca está el Van Gogh Museum, y, detrás de él y enfrente del Rijkmuseum, la Explanada de los Museos con una extensa zona de césped. Aquí se celebran conciertos en verano y es pista de patinaje, sobre hielo, en invierno. El famoso letrero I Amsterdam se encuentra aquí.

Seguimos caminando por la ciudad y llegamos hasta una animada plaza. En ella, en el 24 de Plantage Middenlaan se encuentra el Hollandsche Schouwburg, el teatro más importante de Amsterdam con un pasado lleno de acontecimientos: En 1893 se estableció como Teatro de los Artistas y hasta 1914 fue el centro del teatro de Holanda. Durante la II Guerra Mundial, reunían aquí a los judíos antes de ser deportados a los campos de concentración. Después de la Guerra, se convirtió en un monumento para conmemorarlos.

Descubriendo calles y rincones, poco turísticos, alcanzamos la ya muy conocida Estación Central y, esta vez, no nos resistimos a mezclarnos con las miles de bicicletas aparcadas en el parking-rampa, que hay enfrente, de tres niveles repleto de bicicletas. Sencillamente impresionante.

Día 24.- En una parada cercana al camping, y para evitarnos los muchos kilómetros que andamos ayer, subimos a un tranvía que nos deja en las cercanías del Museo Van Gogh. Durante estas fechas se exponen cuadros procedentes de colecciones internacionales bajo el título: Van Gogh y los colores de la noche.

A Vincent van Gogh siempre le gustó enormemente el ambiente del anochecer y de la noche. Asociaba la noche con el amparo, el consuelo y la poesía. El pintor veía el anochecer y la noche como momentos de reflexión y creatividad. Por eso le gustaba trabajar en esas oscuras horas; le daba energía e inspiración.

Durante un par de horas contemplamos las obras de arte, bocetos hechos a lápiz y cartas manuscritas del pintor, principalmente a su hermano Theo. Después, seguimos por otras salas donde se expone la colección permanente.

Es mi segunda vez en Amsterdam, y la segunda vez que mis ojos contemplan la belleza de trazos y colores de este magnífico pintor nada valorado en vida.

En la revista de Iberia, que recibimos este mes, había un boleto para navegar, durante una hora, por los canales. Desde el barco la visión, que tenemos de Amsterdam, después de haber caminado incontables kilómetros por sus calles, nos deja indiferentes. No obstante, nos quedamos con algunas estampas de los puentes desde el canal, y con la majestuosidad del velero Amsterdam visto desde abajo; desde el agua.

Aunque la hemos estado buscando, desde el barco nos señalan la “casa más estrecha” del mundo (Singel, 7); está en el libro de los récords. Pero para ser más exactos habría que decir la “fachada más estrecha” –mide sólo 101 cm de ancho-, porque el interior de la casa es de dimensiones normales.

Al atardecer nos encontramos en la calle Damrak, la arteria que comunica la Plaza Dam y la Estación Central, que ya hemos recorrido varias veces, pero esta vez es para algo especial: nos paramos a la altura de un puesto de patatas fritas: el Manneken Pis.

Según dicen, los que entienden de patatas fritas, las de este puesto son las mejores; las sirven al instante en cucuruchos de papel de tamaño pequeño, mediano -alrededor de medio kilo- y grande -sobre un kilo-. Compramos sendos de medio kilo, con mayonesa encima, y nos sentamos en un banco a comer patatas y ver pasar a la gente.

Después de esta insólita cena, damos por acabado el día de hoy.

Día 25.- Seguimos descubriendo Amsterdam. Cerca de la estación, en Prins Hendrikkade, está la Schreierstoren (Torre de las Lágrimas), erigida en 1482. La Torre, junto a otras que se conectaban entre ellas, formaba parte de la muralla defensiva que rodeaba la ciudad. Originariamente se llamaba Schreyhoeckstoren y como muchas mujeres lloraban (schreiend), al ver a sus amados alejarse desde esta torre, se le cambió el nombre por Schreierstoren.

Y no muy lejos de aquí, en el 1 de Zeedijk podemos contemplar una de las dos casas de madera que aún existen en la ciudad. Anteriormente existían muchas más, pero los incendios que desolaron la ciudad las arrasaron y a partir del último gran incendio se prohibió su construcción.

Alrededor de mediodía llegamos al número 40 de Oudezijds Voorburgwal, en el Barrio Rojo, el cual pertenece al edificio
Ons’ Lieve Heer op Solder (Nuestro Señor en la Buhardilla).

Aquí se encuentra el segundo museo más antiguo de Amsterdam y, sorprendentemente, es una casa particular del s. XVII, con una iglesia en el último piso.

En ella vivió, en el Siglo de Oro, el comerciante Jan Hartman con su familia. Construyó una iglesia en la buhardilla, un templo clandestino que sirvió como lugar de culto en una época en la que los oficios católicos estaban prohibidos.

La práctica de la religión católica estaba oficialmente prohibida en el s. XVII (a partir de 1578, año en que el ayuntamiento de Amsterdam declaró oficial el protestantismo y los católicos no podían practicar su religión en público), aunque las autoridades de ideología protestante hacían la vista gorda. La única condición era que las iglesias no debían ser reconocibles desde fuera.

Las estancias, a las que se acceden por estrechas y empinadas escaleras de madera, los muebles y una buena colección de cuadros son de la época en la que la familia vivió. También podemos ver un órgano de 1794. Visita totalmente recomendable. Diría que imprescindible.

Después de esta visita, en la Estación Central subimos a un tren, que en 20 minutos nos lleva a las afueras de la ciudad, a Zaanse Schans: un pueblito cuya principal atracción son los molinos de viento... y el queso.

Para no perderse: los trenes son los que tienen destino Alkmaar o Uitgeest -llamados Sprinter-, y la parada es la cuarta: Koog-Zaandijk. Desde esta parada seguimos las señales que dirigen al centro del pueblo, separado de Zaanse Schans por un canal. Mientras se acaban las obras de rehabilitación del puente un servicio de ferry gratuito hace sus funciones.

Zaanse Schans es sinónimo de tranquilidad. Cada paso que damos en este pequeño pueblo nos asombra: maravillosas de casas de madera, pintadas en tonos verdosos, rodeadas de canales y verde, mucho verde de césped y flores, y puentecitos de madera que ayudan a salvarlos.

Y en un entorno de agua y verdes campiñas los molinos de viento, que no visitamos por haberlo hecho en Keukenhof.

El paseo por este envidiable lugar, ideal para vivir, que fue o es residencia de gente adinerada, acaba en una de las muchas tiendas de las que difícilmente se sale sin haber comprado un queso ante la amplia variedad de sabores y texturas.

A las 17:30h regresamos a Amsterdam donde compramos los billetes de tren para ir, mañana, a Bruselas.

En días anteriores paseamos por las calles del Rosse Buurt (Barrio Rojo), pero de día; y hoy, nuestro último día en Amsterdam, lo haremos de noche. Queremos palpar su famoso ambiente nocturno ya que durante el día este barrio parece un barrio normal. La gente vive aquí. La gente trabaja aquí. La gente pasa por aquí para ir a cualquier otro sitio. Y las chicas tras las ventanas están aquí también.

Pero en la noche, cuando las luces rojas se encienden, este lugar es mucho más excitante. Mucha más gente pasea y mucha más gente se para ante los escaparates mientras ellas incitan y los chulos en las inmediaciones que, con su presencia, evitan que se les hagan fotos.

El precio de un servicio, de unos 15 minutos, ronda los 50 euros, por lo que de una forma poco poética llaman “suck and fuck” (con condón). Algunas prostitutas están endeudadas y otras son drogadictas que necesitan dinero, pero muchas tienen control de su propio destino. Las mujeres alquilan las ventanas por 100-150 euros las 8 horas. Y las que son más populares llegan a costar 500-750 euros un día entero. (Fuente: revista turística de Ámsterdam)

Día 26.- A las tres de la tarde llegamos a la estación Brussel Central, de Bruselas. A las 20:50 h. tenemos el vuelo de regreso a Barcelona y dedicaremos unas horas para visitar el centro de la capital de la UE. Buscamos un armario de consigna donde dejar el equipaje y nos llevamos la sorpresa, al contrario que en Gante y Amberes, de que no existen armarios: sólo hay una consigna donde se ha de pagar por cada pieza que se deje y además carísimo. Por ello, decidimos acarrear con la maleta.


No muy lejos de la estación de tren, la Grand Place con sus edificios gremiales y el Ayuntamiento nos impresiona: por su tamaño, por lo monumental, por lo bella y por lo exquisita. Durante este viaje hemos estado en plazas, calles y rincones copados de edificios históricos a cual más bello, pero esta plaza es el súmmum. Una panorámica visual de 360 grados embriaga a cualquiera de historia, de arquitectura, de diseño. De belleza, en definitiva.

Una de las calles radiales nos lleva a la encrucijada de callejuelas donde se alza la legendaria estatuilla del Manneken Pis –el niño que hace pipí-. Lo encontramos vestido con un traje típico, similar al que viste el grupo folclórico portugués, que danza y canta frente a ella.

Por razones de equipaje no podemos ir muy lejos y hacemos tiempo escuchando a un par de ecuatorianos que, con su música autóctona, atrae y para a todo aquel que pasa por las cercanías. Música del corazón en un país frío.


Siguen mis pasos

This application is created by interactive maps.
You can also have your visited countries map on your site.

If you see this message, you need to upgrade your flash player.
Make your visited countries mapJavaScript charts

¿Qué es?



By using this icon on my website I am stating...

1. That I am opposed to the use of corporate advertising on blogs.

2. That I feel the use of corporate advertising on blogs devalues the medium.

3. That I do not accept money in return for advertising space on my blog.

Signed, Mª Mercè (The author)

Blog Archive

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP