viernes, 28 de mayo de 2010

PALESTINA (I): Ramallah - JERUSALÉN (II)

Anterior: ISRAEL: Haifa, Akko, Nazaret - JERUSALÉN (I)

●Oriente Próximo-2010 (02)

Día 29.- Un taxi nos lleva hasta la parada de autobuses situada en Nablus Road y, a las ocho de la mañana, subimos a uno que nos lleva hasta Ramallah (رام اﷲ), en 40 minutos. Durante el trayecto vemos el primer trozo del Muro de la Vergüenza y se me encoje el corazón.

Como el resto de Cisjordania, Ramallah estuvo bajo ocupación jordana desde la guerra de 1948 hasta la Guerra de los Seis Días, de 1967, en que fue ocupada por las tropas israelíes, como el resto del territorio al oeste del río Jordán. En 1994, la ciudad fue entregada por Israel a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) dentro de los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993, siendo desde entonces administrada por ésta.

En lo alto de una pequeña colina está situada la Muqataa, sede de la Autoridad Nacional Palestina, que fue destruida completamente en 2002 por el ejército israelí y donde han levantado un mausoleo en el que se encuentra la tumba de Yasser Arafat desde 2004, en que falleció. La tumba está permanentemente custodiada por dos militares. En la actualidad, la sede de la ANP se encuentra en otro lugar.

Volvemos hacia el centro de la ciudad, pues queremos visitar el Centro Hispano Palestino, al que contacté antes de salir de Barcelona. Nos recibe Hazem, palestino cristiano-ortodoxo, residente en Belén, de padre palestino y madre gallega. Estamos más de dos horas de charla, inclusive un rato con Eduardo, director del Centro. Salimos con un poco más de “sabiduría” de la situación árabe-israelí, de Hamas, Fateh y Gaza.

En el paseo por esta ciudad y en el restaurante donde comemos observo a muchas jóvenes ataviadas con el hijab, pero de la manera que lo llevan, el resto de su vestuario, sus movimientos y sus risas, no parece que sea una prenda impuesta; parece más un signo de elegancia y coquetería.

Regresamos, en autobús, a Jerusalén. En el trayecto hemos de pasar por un check-point: descendemos todos los pasajeros; el autobús nos esperará en el otro lado. En fila india accedemos a una especie de jaula, con gruesos barrotes, en donde no podemos ir dos personas de lado. Al final de este largo pasillo hay un acceso con barras giratorias –en vez de puerta-, controlado por policías israelíes que están “al otro lado”, de manera que cada tres personas se bloquea el giro con el consiguiente bloqueo, entre esos barrotes, de las personas que se encuentren en el interior.

Una vez pasada esa “puerta” giratoria pongo el equipaje de mano y cámara fotográfica en una cinta y desde un monitor comprueban su interior. Lo recojo y quedo frente a una especie de búnker. En su interior hay una joven policía israelí, repantigada en una silla, mascando chicle, y me vocea que le enseñe el pasaporte. Se lo enseño. Vuelve a vocear: “Visa”, abro la página correspondiente y se la arrimo al grueso cristal. Sin dejar de mascar chicle, con la boca abierta, me hace un gesto con la cabeza para que pase.

En el exterior el bus está esperando. Nos devuelve a la estación de autobuses de Jerusalén. Descendemos por Nablus Road hasta llegar a Bab al-Amoud (Puerta de Damasco).

Cruzamos el zoco, y por Al-Wad Street y la Vía Dolorosa llegamos hasta la Basílica del Santo Sepulcro, que no visitamos por la inmensa cola que hay para acceder a él. Ya volveremos en otro momento.

Nos perdemos por callejones del barrio cristiano, lleno ya de turistas y peregrinos que pasarán la Semana Santa aquí. Por la Puerta de los Leones salimos a Jericho Road, enfilamos el Monte de los Olivos hasta llegar al hotel.

Día 30.- Temprano, por la mañana, nos dirigimos por Jericho Road hacia la Basílica de la Agonía o de las Naciones, templo católico en los terrenos del Huerto de Getsemaní, en cuyo interior se guarda la Roca de la Agonía, donde se dice que Jesús oró antes de su apresamiento: “Llegaron a una finca que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “ -Sentaos aquí mientras yo voy a orar’”. (Marcos 14, 32)

Fue edificada a primeros del siglo XX, mediante fondos de diversas naciones, de ahí su sobrenombre. Seis columnas sostienen 12 cúpulas, cuyos interiores están decorados con mosaicos que representan los emblemas nacionales de los países donantes.

Subiendo por una calle lateral, y justo al lado de esta Basílica, entramos en el Huerto de Getsemaní o Huerto de los Olivos. El nombre de Getsemaní procede del vocablo arameo Gath-Šmânê, que significa 'prensa de aceite'.

Nuestra mirada se asombra frente a los venerables olivos, que aquí se alzan, protegidos por una pequeña verja de hierro.

Hemos de recordar que durante el asedio de Jerusalén, en el año 70 d.C., los romanos asolaron el campo circundante y cortaron todos los árboles necesarios para la construcción de terraplenes. La tala de los árboles alrededor de las murallas facilitaba la vigilancia e impedía los intentos de huida de los asediados. El Huerto de los Olivos debió de sufrir el mismo destino. Así pues, creo que estos olivos no son más que nuevos árboles que nacieron de las raíces primitivas, aunque por sus retorcidos y amplísimos troncos deben ser muy viejos.

El profundo silencio de este pequeño jardín, sólo roto por el canto de los pájaros, hace que sienta el peso de la historia de este lugar.

Llevo entre mis manos los dos pañuelos palestinos que he comprado, uno para una amiga y el otro para mí. Como no se puede acceder hasta los olivos, le pido a uno de los guardianes que pase los pañuelos por el olivo más anciano, corte una pequeña ramita y que en una bolsa, que ya llevo, me ponga un puñado de tierra que otra amiga me pidió. Lo hace sin extrañarse y, emocionada, le doy las gracias.

Salimos del Huerto, con mi pequeño tesoro entre las manos y, unos metros más abajo, justo al lado de la Iglesia de la Asunción, está la Cueva del Prendimiento, lugar de la traición y del prendimiento de Jesús (Mt. 26, 48-50).

Entramos, otra vez, a la ciudad vieja por la Puerta de los Leones y siguiendo por la ya conocida Vía Dolorosa nos adentramos por diferentes callejas y llegamos al recinto de la Basílica del Santo Sepulcro, lugar religioso y de peregrinación de cristianos católicos y ortodoxos. Aquí se encuentran los lugares santos de la muerte y resurreción de Jesús: La Piedra de la Unción, el Gólgota o Calvario, lugar exacto de la Crucifixión de Jesucristo, y el Santo Sepulcro. Además alberga diversas capillas e iglesias católicas, como la de los franciscanos, custodios de Tierra Santa.

En tiempo de Jesús este lugar estaba cerca de la muralla, pero fuera de ella, y próxima a una de las puertas de la ciudad.

Probablemente la roca del Gólgota, que asemejaba una calavera, era el lugar público de ejecución usado por los romanos. Los palos verticales estarían allí puestos de modo permanente. El reo portaba solo el madero transvesal sobre sus hombros.

En el entorno de la roca había un huerto, justo al lado de una cantera de piedra ya abandonada. Varias de las cuevas en esta cantera eran utilizadas como sepulcros. José de Arimatea cedió una de ellas para que enterrasen a Jesús.

Sorprende el hecho de que el Calvario y el Sepulcro estén tan cerca y puedan albergarse bajo el techo de una misma iglesia. Sobre los Santos Lugares cristianos el emperador Constantino hizo construir una impresionante basílica, que fue más tarde destruida por los musulmanes. La iglesia actual, que data del siglo XII, fue reconstruida por los cruzados sobre las ruinas de la antigua basílica.

Justo en el centro de la Basílica, y debajo de la gran cúpula, está el templete con los restos de la roca horadada, donde estuvo enterrado el cuerpo de Cristo. La capilla es utilizada por diversas confesiones cristianas que tienen derecho a celebrar en ella sus cultos. Una rígida ordenanza establece el uso del templo por ortodoxos griegos, latinos, armenios, coptos y etíopes.

Las diferentes órdenes cristianas defienden, desde hace siglos, la titularidad del templo del Santo Sepulcro. Pero, ¿quién tiene las llaves de uno de los principales santuarios de la cristiandad? El resentimiento entre las diferentes confesiones cristianas obligó, hace ya ocho siglos, a que la llave del templo esté en manos de una familia musulmana. Uno de sus miembros -descendiente de una prominente familia-, sabiéndose su principal guardián, custodia el lugar con riguroso celo y una neutralidad consagrada por la tradición, y acude cada día al santuario para abrirlo y cerrarlo.

Una vez al año, los depositarios de la llave la entregan como privilegio especial a las tres iglesias principales: a los franciscanos, custodios de Tierra Santa desde hace ocho siglos y miembros de la Iglesia católica-romana, el Jueves Santo; a los greco-ortodoxos, el Viernes Santo; y a los armenios el Sábado de Gloria.

Día 31.- Para estar más céntricos, a las 8:30 de la mañana nos dirigimos al nuevo alojamiento: Convento de las Hermanas de Notre Dame de Sion-Ecce Homo (eccehomo@inter.net.il), ubicado al principio de la Vía Dolorosa.

Dejamos el equipaje y volvemos sobre nuestros pasos hasta la iglesia ortodoxa de Santa María Magdalena, situada cerca de la Basílica de las Naciones. En la puerta hay un cartel que indica que la abren de 10 a 12, los martes y jueves. Hoy es miércoles. Volveremos mañana.

Al pasar frente a la entrada del Huerto de Getsemaní vemos que hay gente dentro del cercado del jardín, con un fraile franciscano entre ellos. Hablan en español. Le oigo decir que a uno de los olivos le hicieron la prueba del carbono 14 y que tiene 2.500 años.

Llegan más personas pertenecientes al mismo grupo; abren la portezuela y me cuelo entre ellos. Noto la mirada perpleja del franciscano sobre mí y, sin inmutarme, me acerco al olivo más viejo y pongo las manos sobre su tronco. Y después sobre la tierra que lo circunda.

Cuando salen, mezclada entre ellos, salgo también. ¡He conseguido lo que tanto ansiaba!

Queremos visitar la Explanada de las Mezquitas. Todos los accesos, por las callejuelas, están cerrados y custodiados por soldados israelíes, que nos dicen que sólo pueden acceder los musulmanes. Preguntamos infinidad de veces, tanto a judíos como a musulmanes, y no hay manera de que nos den el mismo horario de acceso y dónde está la entrada.

Un joven musulmán nos acompaña por diferentes calles hasta casi el recinto del Muro de los Lamentos, y nos señala una rampa de madera que hay en un lateral, por la que se accede a la Explanada.

Hoy es uno de los días principales de la Pascua judía y, mientras esperamos a que sean las 13:30, hora permitida a los no musulmanes para visitar la Explanada, paseamos entre los fieles que han venido a rezar y a festejar con cantos y danzas su día sagrado.

El espectáculo está en la zona reservada a los varones: adultos, jóvenes y niños. Parece que la mayoría son practicantes del judaísmo jasídico. El jasidismo es un movimiento religioso ortodoxo y místico dentro del judaísmo. Las principales características del jasidismo son: la influencia de la Cábala; la vida en comunidades tradicionales y la observancia estricta de la aplicación de los preceptos de la Toráh o ley judía. Comúnmente no trabajan, ya que han de dedicar las horas a la lectura del Libro Sagrado y a rezos.

Un grupo numeroso, de todas las edades, se pone en fila india con la mano derecha sobre el hombro del que está delante y, serpenteando por el recinto, bailan y cantan una cansina canción (quizás son oraciones).

Una de las características más conocidas es la forma particular de vestir de sus miembros varones. Se ven largos caftanes negros sobre blancas camisas completamente abrochadas, y sin corbata. Todos cubren su cabeza con una kipá de terciopelo negro; algunos llevan sobre la kipá sombreros también negros y los que más nos llaman la atención llevan un sombrero de piel (con el calor que hace), llamado shtraimel.

Los varones jasídicos normalmente no se rasuran la barba, y se dejan crecer mechones largos de pelo en el lugar de las patillas. El resto del cabello se lleva cortísimo.

Algunos van cubiertos con un gran paño blanco con flecos anudados, llamado Tallit. El propósito de los nudos o Tzitzit es recordar los Mandamientos de Dios.

Los hay que están frente al Muro, con el Libro Sagrado en las manos, rezando. Otros, leyéndolo sobre un atril.

Es ya la una de la tarde y nos dirigimos hacia donde está la fila para entrar en la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo.

Recinto de unos 0,15 kilómetros cuadrados, es un lugar sagrado para musulmanes, judíos y cristianos.

Para los judíos es el monte donde se sitúa la historia bíblica del sacrificio de Isaac. El lugar de "la piedra del sacrificio de Isaac" fue elegido por el rey David para construir un santuario que albergara el objeto más sagrado del judaísmo, el Arca de la Alianza. Las obras fueron acabadas más tarde por su hijo el rey Salomón y destruido, posteriormente, por Nabuconodosor, dando inicio al exilio judío a Babilonia. Unos años después se reconstruyó el Segundo Templo, que volvió a ser destruido en el 70 d. C. por los romanos, con la excepción del muro occidental, el conocido Muro de las Lamentaciones, único vestigio que tienen los judíos actualmente, y con lo que se han de conformar, ya que tienen restringido su acceso a la Explanada, lugar sagrado, hoy por hoy, para los musulmanes.

En este gran recinto, entre cuidados jardines y grandes árboles, se encuentran dos de los templos más importantes del Islam: la Mezquita Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, construidas ambas en el siglo VII.

La segunda debe su nombre a que alberga en su interior la que —según la tradición— es la piedra sobre la que Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo (Ismail, y no Isaac, según el Corán). Y desde ésa misma piedra, según la tradición musulmana, fue elevado el profeta Muhammad al cielo para reunirse con Allah, acompañado por el ángel Gabriel. La gran cúpula dorada es uno de los lugares más representativos de la ciudad.

Sin cambios esenciales durante más de trece siglos, la Cúpula de la Roca sigue siendo uno de los más preciosos y duraderos tesoros arquitectónicos del mundo.

La Mezquita de Al-Aqsa, el es tercer lugar más importante para el Islam. Hay algunas pruebas de que la mezquita fue construida sobre las ruinas de parte del Templo de Jerusalén original. Es la más grande de la ciudad y puede albergar hasta 5.000 fieles, dentro y fuera del edificio.

Como parte del muro exterior que rodea a la mezquita es el Muro de las Lamentaciones, y como he indicado más arriba, éste es un "punto caliente" donde se producen, de vez en cuando, enfrentamientos. Ha habido veces en que algunos musulmanes han arrojado piedras sobre los judíos que rezaban en el Muro. Un grupo judío, denominado "Los fieles del Monte del Templo", tiene planes para reconstruir el Templo de Jerusalén en este lugar.

La tristemente famosa Segunda Intifada se inició aquí el 29 de septiembre del 2000, cuando en pleno debate sobre el futuro de Jerusalén, durante la cumbre de Camp David, el entonces líder de la oposición israelí, Ariel Sharon, se paseó –desafiante- por el recinto de la Explanada. Esta visita, interpretada como una gravísima provocación por parte del pueblo palestino, provocó algunos incidentes y choques entre éstos y las fuerzas de seguridad.

Al día siguiente, durante la plegaria del viernes y con la tensión entre ambas poblaciones en aumento, cientos de jóvenes musulmanes apedrearon desde la Explanada de las Mezquitas a los fieles judíos congregados ante el Muro. La policía israelí disparó usando fuego real, matando a siete palestinos, extendiéndose los incidentes por toda la parte árabe de Jerusalén.

El resto de esta amarga historia, todos la sabemos.

(Nota: Las fotos de los esquemas son de
www.upcomillas.es)

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