viernes, 14 de mayo de 2010

ISRAEL: Haifa, Akko, Nazaret - JERUSALÉN (I)

Relato del viaje a Israel y Palestina, del 23 de marzo al 6 de abril del 2010

Oriente Próximo-2010 (01)

Día 23.- Llegamos al aeropuerto de Barcelona con casi tres horas de antelación de la salida del avión.

Antes de facturar el equipaje, hemos de pasar por un control de seguridad de la compañía El Al.

Una amable policía nos pide que abramos la maleta y con un artilugio en la mano, lo pasa sobre cada una de las cosas que componen nuestro equipaje. Suponemos que debe de cambiar de color si llevamos algún producto prohibido: drogas, explosivos…. Mientras va revisando todo con gran meticulosidad, nos pregunta quién ha hecho el equipaje, si lo hemos “perdido de vista” en algún momento, si hemos aceptado llevar encargos a alguien, a qué vamos a Israel, si conocemos a algún árabe, si conocemos a algún palestino…

Revisa nuestros pasaportes. Está el sello y visado de Argelia y pregunta a qué fuimos: “turismo”, le decimos al unísono.

Facturamos, pasamos el control “normal” de seguridad del aeropuerto y vamos a la sala de embarque.

Un cartel nos indica que saldremos con dos horas de retraso. Estamos a la espera de un vuelo, procedente de los EEUU, lleno de israelitas, que van a celebrar el Pesaj (Pascua Judía).

Creo que somos los únicos cristianos del avión.

En el mismo aeropuerto de Tel Aviv, un tren nos lleva hasta Arlozoroff (Mercaz) Station, situada a unos dos kilómetros del Hotel Debora -que hacemos andando-, donde nos alojaremos sólo hoy.

Día 24.- Regresamos a la estación -la que llegamos ayer- donde un tren nos lleva hasta Haifa.

Hace un día espléndido, estamos frente a la playa que invita a un baño, pero decidimos dejar el equipaje en el Hotel Nof, ubicado en lo alto del Monte Carmelo, y tomar el primer pulso a esta ciudad.

Haifa está situada al norte de Israel, frente a la bahía que le da nombre y es la tercera ciudad más grande de Israel.

Es nombrada en los textos escritos en el siglo III A.C. como una pequeña aldea. Tras conocer la dominación seleúcida
, macabea y romana, fue controlada por los bizantinos tras la escisión del Imperio romano. Fue conquistada varias veces por los persas sasánidas antes de ser sometida por la expansión árabe.

En el año 1100
fue ocupada por los Cruzados tras una violenta batalla contra la población judía. A lo largo de su historia pasó por manos egipcias, otomanas y británicas.

Haifa fue objetivo principal de judíos y árabes y escenario de violentos enfrentamientos entre ambos bandos, apostados en torno al Monte Carmelo, durante la guerra civil en el Mandato Británico de Palestina. Capturada por las fuerzas israelíes en 1948, se produjo el éxodo masivo de su población árabe (unos 60.000 habitantes) hacia el Líbano principalmente.

Desde entonces, el crecimiento de la ciudad ha sido constante, encaramándose por el Monte Carmelo, cuyo nombre quiere decir jardín ("Karmel" en árabe) o viñedos de Dios ("Karem El" en hebreo). En la antigüedad estaba cubierto por viñedos y fue siempre famoso por su fertilidad.

Se menciona en el Antiguo Testamento en el I Libro de los Reyes (18,36), narrando que es aquí donde el profeta Elías demuestra que “el Señor de Israel es el verdadero Dios”.

La orden de los Carmelitas fue fundada en este Monte, en el siglo XII, por un grupo –no se sabe bien- de ermitaños, peregrinos o cruzados. La orden creció hasta convertirse en una de las mayores órdenes religiosas católicas.

En la calle de atrás del hotel están los famosos Jardines Bahá’í, que no visitamos por estar cerrados.

Día 25.- Un largo paseo por las calles de Haifa nos lleva hasta la estación de autobuses, donde uno de ellos nos lleva hasta Nazaret. El paisaje, durante el trayecto, es yermo y pedregoso, con alguna pequeña plantación de olivos y almendros.

Nazaret es una localidad de Galilea, región histórica al norte de Samaria, y conocida por ser el lugar donde creció Jesús.

Galilea era una de las tres provincias que formaban la Palestina durante la ocupación romana en tiempos de Jesús. Las otras dos provincias eran Samaria y Judea. Galilea estaba situada al norte, con Judea en el sur y Samaria en medio de ambas.

En el evangelio según San Lucas, María y José viven en la ciudad de Nazaret y el nacimiento de Jesús es notificado a María por el Arcángel San Gabriel -lo que se conoce como Anunciación-. Aunque hay documentos que nos dicen que Nazaret no existía en el Año I, pues no se han encontrado evidencias arqueológicas de esa época.

Actualmente la población de esta ciudad está compuesta, principalmente, por ciudadanos árabes de Israel, un tercio de los cuales son de religión cristiana y el resto, musulmanes.

En el recinto donde se encuentra la Basílica de la Anunciación, hay un sencillo porche y de sus paredes cuelgan bonitos y curiosos cuadros de la Virgen y el Niño, de diferentes países del mundo, hechos en cerámica.

Entramos en la Basílica de la Anunciación, sobrio y gran edificio, completado en 1966, y construido sobre las ruinas de una iglesia bizantina y otra de los cruzados, parte de las cuales ha sido restaurada.


Su imponente estructura, coronada por una cúpula ornamentada en forma de pirámide y recubierta de cobre, consta de dos pisos: el inferior guarda como reliquia la Gruta de la Anunciación, flanqueada por dos columnas de granito rojo. El piso superior, conectado al inferior por una ancha escalera, sirve como iglesia parroquial para los servicios religiosos públicos.

A atardecer regresamos a Haifa.

Día 26.- Un autobús nos lleva hasta Acre (Akko, en hebreo), localizada al norte de Israel, ciudad amurallada, y a orillas del Mediterráneo. La fascinante historia que han vivido sus calles, el legado de sus conquistadores, los edificios que embellecen la ciudad y sus lugares de culto hicieron que la UNESCO la declarara Patrimonio de la Humanidad en 2001.

Es una de las ciudades habitada más antigua del mundo; se cree que fue fundada hacia el año 1500 a.C. En ella habitaron asirios, egipcios, formó parte del Imperio de Alejando Magno, del Imperio Romano…, hasta que cayó en manos de los cruzados (Tercera Cruzada), llamándose San Juan de Acre. La reina Berenguela de Navarra, vivió aquí mientras su esposo, Ricardo Corazón de León, se batía en campaña contra los sarracenos. Incluso Napoleón llegó hasta esta ciudad con ánimo de conquistarla, pero tras dos meses de asedio y de intentar en vano derribar las murallas de la ciudad, tuvo que retirarse humillado.

En Acre vivió prisionero -durante 22 años- Bahá'u'lláh, profeta fundador de la Fe Bahá'í. Aquí se encuentra su santuario, considerado el lugar más sagrado de la tierra para esta confesión religiosa; es uno de los centros principales de peregrinación bahá'í y punto a donde todos los bahá'ís del mundo se vuelven cada día para la oración obligatoria (no lo visitamos, porque queremos ir al de Haifa).

En mayo de 1948, en el marco de la Guerra de Independencia de Israel, fuerzas de la Haganah toman Acre, que quedará finalmente incorporada al Estado israelí. Como consecuencia de la guerra, Acre pierde tres cuartas partes de su población árabe. Desde entonces Acre es rebautizada con su nombre hebreo, Akko.

Paseamos por la ciudadela, de origen otomano, hasta llegar al Hammam (Baños turcos del Pasha), construidos sobre las ruinas de otros más antiguos. Están muy bien conservados, con representaciones de figuras humanas, en bronce; pinturas y utensilios de la época, todo ello ambientado con la luz natural que entra por las claraboyas de la cúpula y con “vapor” artificial, que proporciona relajación y paz.

Continuamos hasta el Túnel de los Templarios, construido durante la segunda mitad del siglo XII. Con 350 metros de largo, que van desde el Castillo Templario hasta el puerto, cuenta con una pasarela que fue colocada para evitar la inundación del túnel, pues a ambos lados de ésta corre agua del Mediterráneo.

Después de comer regresamos a Haifa.

Día 27.- Nos dirigimos hacia el Centro Mundial Bahá’í -sede administrativa del bahaísmo-, donde se encuentran los bellísimos Jardines Bahá'í.


Para visitar todo el conjunto hemos de hacerlo en grupo y con guía, y en este momento sólo hay uno de hebreos al que nos sumamos, pues sólo queremos disfrutar de esta belleza que se extiende por la ladera del Monte Carmelo.

El fundador de la Fe Bahá’í hizo construir un templete sobre la tumba del profeta que sentó las bases de esta religión, el Bab. En este momento su cúpula dorada está cubierta por reformas, pero se puede contemplar el mármol italiano y las columnas de granito con que está edificado. En su interior -muy sobrio- no se hacen oficios religiosos

Si el templo es el diamante del conjunto, no por ello hay que dejar de observar los increíbles jardines que lo rodean. Su diseño refleja la creencia baha'í en armonía con el entorno y están perfectamente integrados en la ladera del monte. Los jardines se extienden sobre 19 terrazas.

En la superior se encuentran los vistosos "jardines persas", en los que se han dibujado, con plantas, estrellas de ocho puntas. Desde allí, escalinatas de piedra conducen a los "jardines colgantes", que llenan la ladera de un encanto cautivante.

Los jardines están diseñados en nueve círculos -que parecen ondas-, que se propagan desde el templo en el centro, ayudando así al ojo y al corazón a centrarse en el núcleo mismo. Las plantas se combinan con trabajos forjados en hierro y piedra que, junto con fuentes y amplias extensiones de césped, crean una imagen de particular belleza.

El sendero principal está rodeado, a lo largo de todo su trazado, por jardines muy cuidados que se van transformando gradualmente en vegetación variada, reviviendo el paisaje de la zona y creando una especie de reserva natural. No en vano se apoda a este lugar "la octava maravilla". Su cautivante belleza nos llena de armonía.

Salimos por una puerta cercana a La Colonia Alemana y caminamos hasta la Estación Hijaz, homónima de la visitada en Damasco, que no podemos ver por ser sabath.

El Ferrocarril del Hijaz fue una línea ferroviaria creada para facilitar la peregrinación a la Meca, uniendo las ciudades santas con Damasco.

Volvemos nuestros pasos hacia La Colonia Alemana, donde paramos a comer. La Colonia fue construida en el siglo XIX por templarios alemanes, que deseaban establecer una comunidad cristiana en Tierra Santa. Sus bonitas casas de piedra dan encanto y romanticismo a este barrio. Algunas de estas casas se han conservado y todavía tienen grabado el nombre de sus primeros ocupantes.

Día 28.- Vamos a Jerusalén en autobús y al llegar un taxi nos lleva hasta el Hotel Jerusalem Panorama, situado al exterior de las murallas, en el barrio árabe Ras al-Amoud y en la cima del Monte de los Olivos.

Dejamos el equipaje y nos disponemos a hacer las primeras visitas de una de las ciudades más antigua del mundo, fundada por la tribu cananea de los jebuseos durante el tercer milenio antes de Cristo. Los hebreos la conquistaron en tiempos del rey David y la transformaron en capital de su reino. Fue la ciudad de Abraham, de David, de Salomón, de Nabuconodosor, de Herodes el Grande y el escenario de la condena, muerte y resurección de Cristo.

Bajando el Monte de los Olivos llegamos al Valle de Cedrón donde se levanta la Iglesia de las Naciones, situada en el Huerto de Getsemaní, que no podemos visitar por estar cerrada.

En los terrenos del Huerto de Getsemaní está la Iglesia de la Asunción con la Tumba de la Virgen María, que se halla en la cripta de la iglesia. Ésta es de origen bizantino y fue reconstruida por los cruzados en la Edad Media (siglo XII). Actualmente se encuentra dividida entre las iglesias ortodoxas griega y armenia. A pesar de que hay opiniones teológicas diversas sobre el lugar de la muerte y la tumba de María –hay quienes dicen que fue en Éfeso-, este lugar es visitado por millones de peregrinos.

Por Jericho Road llegamos hasta Bab al-Asbat (Puerta de los Leones), una de las siete que encaminan hacia la Ciudad Vieja. Es la puerta por la cual los paracaidistas israelíes entraron a la “Ciudad Santa” durante la Guerra de los Seis Días en 1967.

Es la única abierta en la muralla oriental y una de las originales de la muralla que rodeaba la ciudad en el siglo XVI.

El acceso desemboca en la Vía Dolorosa, donde empiezan las Estaciones del Vía Crucis.

Parece una amarga ironía que a esta ciudad se le llame "Ciudad de la Paz". Desde hace más dos mil años no ha habido paz en Jerusalén: la ciudad en que aconteció la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En ningún lugar santo del mundo han corrido tantos ríos de sangre como aquí. En ningún lugar se ha luchado con tal ardor, se ha odiado tan profundamente como en esta ciudad enclavada en las grises colinas rocosas de las montañas de Judá.


Y desde 1948 Jordania e Israel han luchado denodadamente por la posesión de la "Ciudad Santa". Por mediación de las Naciones Unidas se concertó un armisticio. Ambos contrincantes se quedaron con la parte de la ciudad que en aquel momento ocupaban. Pero durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, Jordania perdió el control de la parte oriental –Jerusalén Este-, que pasó a manos de Israel. Inmediatamente la segregó de Cisjordania y la anexionó de facto al resto del municipio.

Desde los días de Jesucristo, la ciudad ha sido conquistada once veces y destruida totalmente cinco. Mas sus ruinas siguen guardando los recuerdos del pasado. Aunque es difícil descubrir bajo la actual Jerusalén la ciudad de Jesucristo, no puedo dejar de sentir la descarga espiritual que me produce, a pesar del ajetreo comercial junto a los Lugares Santos, que toma -no pocas veces- formas repulsivas.

Es considerada una ciudad sagrada para las tres mayores religiones monoteístas: para los cristianos, es el lugar donde Jesús predicó sus enseñanzas y donde fue crucificado; para los musulmanes, es el lugar desde donde Muhammad ascendió a los cielos y para los judíos, es el lugar donde el rey David estableció la capital del Reino de Israel y donde su hijo, el rey Salomón, construyó el Primer Templo, en el que se guardaba el Arca de la Alianza y hacia donde deben dirigirse las plegarias.

La ciudad amurallada -declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1981- está dividida en cuatro barrios: cristiano, árabe, armenio y judío. No es fácil saber cuándo se pasa de un barrio a otro; sin embargo, con un poco de observación, adviertes que en las tiendas del barrio judío no venden símbolos religiosos ni identificativos árabes.

Paseando por un enjambre de estrechas y empinadas callejuelas, donde es arduo orientarse incluso con un plano, llegamos hasta una barrera donde militares judíos nos revisan la bolsa, nos piden los pasaportes y pasamos por el arco de metales para acceder al Muro de las Lamentaciones, lugar más importante para los judíos, pues es el último remanente del templo judío construido por Herodes sobre las ruinas del Templo del rey Salomón. El Templo fue edificado en el lugar en el que, según la tradición judía, Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac y del que sólo queda este trozo de muro levantado con grandes piedras.

Los sábados y días de fiesta, hombres de largas barbas grises, con sombrero, tirabuzones en el lugar de las patillas y completamente vestidos de negro, besan las piedras llorando la destrucción del templo y, entre ellas, colocan papelitos con peticiones para que lleguen a las manos de Dios. Pero… no solamente están los hombres vestidos de negro que había visto en televisión; también observamos que hay jóvenes, niños y alguno con discapacidad psíquica, vestidos de esta guisa.

Las mujeres tienen un sitio reservado para orar en el Muro. Ellas -con la cabeza cubierta por un pañuelo o gorro, faldas por debajo de la rodilla y manga larga-, se acercan a las piedras milenarias para orar y dejar también -entre las grietas- papelitos, bien doblados, con oraciones o peticiones.

Al caer la tarde, la Ciudad Vieja se llena de soldados israelíes, fuertemente armados, patrullando, cerrando los accesos al barrio árabe y apostados en los terrados de los edificios.

Ya de noche, sólo se oyen nuestros pasos cuando tomamos el camino de regreso al hotel.

Siguiente: PALESTINA (I): Ramallah - JERUSALÉN (II)

1 comentario:

Montserrat Sala dijo...

Bon dia amiga: entre tú una altra bloquera que també ha visitat Isarel, no fa massa tepms, em faré una bona ides de con es tot el país. No el conec gens. El que passe es que desprès me'n agafe unes ganes de anar-hi, i véure'l amb els propis ulls...
Gracies per compartir les teves experiencies. que tinguis un bon cap de setmana, amiga.

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