viernes, 7 de mayo de 2010

HOLANDA (II): Keukenhof, Amsterdam – BÉLGICA (III): Bruselas

Anterior: BÉLGICA (II): Amberes - HOLANDA (I): Volendam, Marken, Amsterdam

●Bélgica-Holanda-2009 (03)

Día 22.- En una de las VVV (Oficina de Información Turística), la que está enfrente de la Estación Central, compramos un combi-ticket (billete combinado, transporte + entrada: 23 euros por persona). A continuación nos dirigimos a Leidseplein donde cogemos el bus 198 que nos lleva al aeropuerto (el 370 también va); en el aeropuerto subimos a otro bus, el 58, hasta el Keukenhof.

El Keukenhof es un parque ubicado en Lisse, una pequeña villa cercana a Leiden y no muy lejos del aeropuerto Schiphol.

En él y sus alrededores la palabra es tulipán, no en vano los campos que lo circundan son plantaciones de tulipanes. Éstos se dan en primavera y, aunque el parque abre desde mediados de marzo hasta mediados de junio, el mes de abril es la mejor época para visitarlo.


Una vez dentro, casi no sabemos por dónde empezar. Son numerosos senderos por los que transitar, en muchas hectáreas limpias y bien cuidadas. Ningún sendero desmerece al otro. En cualquier rincón, allá donde dirijamos la mirada siempre las mismas sensaciones visuales de colores blancos, rojos, anaranjados, amarillos, negros..., los tulipanes: una explosión de colores, que cada año se da en este maravilloso parque y, entre ellos, también disfrutamos de la belleza de narcisos y jacintos.

Y para aderezar esta grata estancia nos acercamos al bonito lago donde cisnes, patos y gansos completan el decorado de algunas de las cientos de fotos que pueden llegar a hacerse. O también al molino de viento, que se puede visitar y subir a la parte superior, desde donde se pueden admirar las grandes plantaciones florales.

Y si con los tulipanes uno no ha tenido suficiente, en pabellones cubiertos se suceden exposiciones florales a lo largo del tiempo en que el parque está abierto. En nuestro caso, suerte o no, visitamos el pabellón donde se celebra un concurso de orquídeas. A cada cual más original, a cada cual más imposible en sus formas, a cada cual más hermosa... ¡El arte con la naturaleza también es posible!


Día 23.- Un largo paseo a pie nos lleva hasta el NEMO (Museo de la Ciencia) donde, justo al lado, está atracado una réplica del hermoso velero Amsterdam. El museo no lo hemos visitado, aunque sí subimos a lo alto, a través de una rampa exterior, para contemplar una buena parte de la ciudad.

Muy cerca tenemos uno de los edificios más bonitos la zona, el Museo Marítimo que, desafortunadamente, no podemos visitar: estará cerrado por reformas hasta el 2010. En su interior el Museo Marítimo Holandés repasa la historia del país y la destrucción de la Armada Española a través de modelos a escala de cargueros, medallas y navíos. La colección se completa con retratos de héroes navales y esculturas en madera.

Un molino de viento, que divisamos a lo lejos, nos da pie para dirigirnos hacia él y continuar adentrándonos en calles no transitadas por turistas. En los canales de esta zona vemos las famosas y más auténticas casas-barco, algunas de las cuales son auténticos palacetes flotantes con servicios de agua y luz.

El peregrinaje a pie nos lleva hasta Waterlooplein (Plaza Waterloo), donde se encuentra el nuevo Ayuntamiento y el impresionante Muziektheater (Teatro de la Ópera).

La Waterlooplein fue construida en 1880 cuando se unieron dos canales. Las autoridades de la época decidieron que los comerciantes judíos, cuyos negocios se encontraban distribuidos por el Jodenbreestraat, tenían que vender su mercancía en la nueva plaza. Así es como nació el mercado.

El mercado judío desapareció totalmente tras la persecución nazi en 1941, volviendo a funcionar tras la Guerra; pero nunca alcanzó la grandeza de antaño.

Continuamos hasta Rembrantplein (Plaza Rembrant), en la que sólo nos detenemos unos instantes para contemplar la estatua del pintor, y seguimos hasta toparnos con el monumental edificio –1885- del Rijksmuseum, que tampoco visitamos por estar en reformas.

El Rijksmuseum es conocido como el tesoro oculto de Holanda. Es el mayor museo de historia y arte de Holanda y mundialmente conocido por su colección. El alma de la colección son las pinturas de la época dorada de Holanda. Posee obras de Vermeer, Frans Hals, Jan Steen y la obra maestra de Rembrandt: La Ronda de Noche.

Muy cerca está el Van Gogh Museum, y, detrás de él y enfrente del Rijkmuseum, la Explanada de los Museos con una extensa zona de césped. Aquí se celebran conciertos en verano y es pista de patinaje, sobre hielo, en invierno. El famoso letrero I Amsterdam se encuentra aquí.

Seguimos caminando por la ciudad y llegamos hasta una animada plaza. En ella, en el 24 de Plantage Middenlaan se encuentra el Hollandsche Schouwburg, el teatro más importante de Amsterdam con un pasado lleno de acontecimientos: En 1893 se estableció como Teatro de los Artistas y hasta 1914 fue el centro del teatro de Holanda. Durante la II Guerra Mundial, reunían aquí a los judíos antes de ser deportados a los campos de concentración. Después de la Guerra, se convirtió en un monumento para conmemorarlos.

Descubriendo calles y rincones, poco turísticos, alcanzamos la ya muy conocida Estación Central y, esta vez, no nos resistimos a mezclarnos con las miles de bicicletas aparcadas en el parking-rampa, que hay enfrente, de tres niveles repleto de bicicletas. Sencillamente impresionante.

Día 24.- En una parada cercana al camping, y para evitarnos los muchos kilómetros que andamos ayer, subimos a un tranvía que nos deja en las cercanías del Museo Van Gogh. Durante estas fechas se exponen cuadros procedentes de colecciones internacionales bajo el título: Van Gogh y los colores de la noche.

A Vincent van Gogh siempre le gustó enormemente el ambiente del anochecer y de la noche. Asociaba la noche con el amparo, el consuelo y la poesía. El pintor veía el anochecer y la noche como momentos de reflexión y creatividad. Por eso le gustaba trabajar en esas oscuras horas; le daba energía e inspiración.

Durante un par de horas contemplamos las obras de arte, bocetos hechos a lápiz y cartas manuscritas del pintor, principalmente a su hermano Theo. Después, seguimos por otras salas donde se expone la colección permanente.

Es mi segunda vez en Amsterdam, y la segunda vez que mis ojos contemplan la belleza de trazos y colores de este magnífico pintor nada valorado en vida.

En la revista de Iberia, que recibimos este mes, había un boleto para navegar, durante una hora, por los canales. Desde el barco la visión, que tenemos de Amsterdam, después de haber caminado incontables kilómetros por sus calles, nos deja indiferentes. No obstante, nos quedamos con algunas estampas de los puentes desde el canal, y con la majestuosidad del velero Amsterdam visto desde abajo; desde el agua.

Aunque la hemos estado buscando, desde el barco nos señalan la “casa más estrecha” del mundo (Singel, 7); está en el libro de los récords. Pero para ser más exactos habría que decir la “fachada más estrecha” –mide sólo 101 cm de ancho-, porque el interior de la casa es de dimensiones normales.

Al atardecer nos encontramos en la calle Damrak, la arteria que comunica la Plaza Dam y la Estación Central, que ya hemos recorrido varias veces, pero esta vez es para algo especial: nos paramos a la altura de un puesto de patatas fritas: el Manneken Pis.

Según dicen, los que entienden de patatas fritas, las de este puesto son las mejores; las sirven al instante en cucuruchos de papel de tamaño pequeño, mediano -alrededor de medio kilo- y grande -sobre un kilo-. Compramos sendos de medio kilo, con mayonesa encima, y nos sentamos en un banco a comer patatas y ver pasar a la gente.

Después de esta insólita cena, damos por acabado el día de hoy.

Día 25.- Seguimos descubriendo Amsterdam. Cerca de la estación, en Prins Hendrikkade, está la Schreierstoren (Torre de las Lágrimas), erigida en 1482. La Torre, junto a otras que se conectaban entre ellas, formaba parte de la muralla defensiva que rodeaba la ciudad. Originariamente se llamaba Schreyhoeckstoren y como muchas mujeres lloraban (schreiend), al ver a sus amados alejarse desde esta torre, se le cambió el nombre por Schreierstoren.

Y no muy lejos de aquí, en el 1 de Zeedijk podemos contemplar una de las dos casas de madera que aún existen en la ciudad. Anteriormente existían muchas más, pero los incendios que desolaron la ciudad las arrasaron y a partir del último gran incendio se prohibió su construcción.

Alrededor de mediodía llegamos al número 40 de Oudezijds Voorburgwal, en el Barrio Rojo, el cual pertenece al edificio
Ons’ Lieve Heer op Solder (Nuestro Señor en la Buhardilla).

Aquí se encuentra el segundo museo más antiguo de Amsterdam y, sorprendentemente, es una casa particular del s. XVII, con una iglesia en el último piso.

En ella vivió, en el Siglo de Oro, el comerciante Jan Hartman con su familia. Construyó una iglesia en la buhardilla, un templo clandestino que sirvió como lugar de culto en una época en la que los oficios católicos estaban prohibidos.

La práctica de la religión católica estaba oficialmente prohibida en el s. XVII (a partir de 1578, año en que el ayuntamiento de Amsterdam declaró oficial el protestantismo y los católicos no podían practicar su religión en público), aunque las autoridades de ideología protestante hacían la vista gorda. La única condición era que las iglesias no debían ser reconocibles desde fuera.

Las estancias, a las que se acceden por estrechas y empinadas escaleras de madera, los muebles y una buena colección de cuadros son de la época en la que la familia vivió. También podemos ver un órgano de 1794. Visita totalmente recomendable. Diría que imprescindible.

Después de esta visita, en la Estación Central subimos a un tren, que en 20 minutos nos lleva a las afueras de la ciudad, a Zaanse Schans: un pueblito cuya principal atracción son los molinos de viento... y el queso.

Para no perderse: los trenes son los que tienen destino Alkmaar o Uitgeest -llamados Sprinter-, y la parada es la cuarta: Koog-Zaandijk. Desde esta parada seguimos las señales que dirigen al centro del pueblo, separado de Zaanse Schans por un canal. Mientras se acaban las obras de rehabilitación del puente un servicio de ferry gratuito hace sus funciones.

Zaanse Schans es sinónimo de tranquilidad. Cada paso que damos en este pequeño pueblo nos asombra: maravillosas de casas de madera, pintadas en tonos verdosos, rodeadas de canales y verde, mucho verde de césped y flores, y puentecitos de madera que ayudan a salvarlos.

Y en un entorno de agua y verdes campiñas los molinos de viento, que no visitamos por haberlo hecho en Keukenhof.

El paseo por este envidiable lugar, ideal para vivir, que fue o es residencia de gente adinerada, acaba en una de las muchas tiendas de las que difícilmente se sale sin haber comprado un queso ante la amplia variedad de sabores y texturas.

A las 17:30h regresamos a Amsterdam donde compramos los billetes de tren para ir, mañana, a Bruselas.

En días anteriores paseamos por las calles del Rosse Buurt (Barrio Rojo), pero de día; y hoy, nuestro último día en Amsterdam, lo haremos de noche. Queremos palpar su famoso ambiente nocturno ya que durante el día este barrio parece un barrio normal. La gente vive aquí. La gente trabaja aquí. La gente pasa por aquí para ir a cualquier otro sitio. Y las chicas tras las ventanas están aquí también.

Pero en la noche, cuando las luces rojas se encienden, este lugar es mucho más excitante. Mucha más gente pasea y mucha más gente se para ante los escaparates mientras ellas incitan y los chulos en las inmediaciones que, con su presencia, evitan que se les hagan fotos.

El precio de un servicio, de unos 15 minutos, ronda los 50 euros, por lo que de una forma poco poética llaman “suck and fuck” (con condón). Algunas prostitutas están endeudadas y otras son drogadictas que necesitan dinero, pero muchas tienen control de su propio destino. Las mujeres alquilan las ventanas por 100-150 euros las 8 horas. Y las que son más populares llegan a costar 500-750 euros un día entero. (Fuente: revista turística de Ámsterdam)

Día 26.- A las tres de la tarde llegamos a la estación Brussel Central, de Bruselas. A las 20:50 h. tenemos el vuelo de regreso a Barcelona y dedicaremos unas horas para visitar el centro de la capital de la UE. Buscamos un armario de consigna donde dejar el equipaje y nos llevamos la sorpresa, al contrario que en Gante y Amberes, de que no existen armarios: sólo hay una consigna donde se ha de pagar por cada pieza que se deje y además carísimo. Por ello, decidimos acarrear con la maleta.


No muy lejos de la estación de tren, la Grand Place con sus edificios gremiales y el Ayuntamiento nos impresiona: por su tamaño, por lo monumental, por lo bella y por lo exquisita. Durante este viaje hemos estado en plazas, calles y rincones copados de edificios históricos a cual más bello, pero esta plaza es el súmmum. Una panorámica visual de 360 grados embriaga a cualquiera de historia, de arquitectura, de diseño. De belleza, en definitiva.

Una de las calles radiales nos lleva a la encrucijada de callejuelas donde se alza la legendaria estatuilla del Manneken Pis –el niño que hace pipí-. Lo encontramos vestido con un traje típico, similar al que viste el grupo folclórico portugués, que danza y canta frente a ella.

Por razones de equipaje no podemos ir muy lejos y hacemos tiempo escuchando a un par de ecuatorianos que, con su música autóctona, atrae y para a todo aquel que pasa por las cercanías. Música del corazón en un país frío.


4 comentarios:

Montserrat Sala dijo...

Hola Mª Mercé. Lo d'avui no es pot dir que sigui un bloc normal i corrent. Es tota una guía complerta d'un país que encara que es petit en extenxó es molt gran es historia, costumari i paissatges. M'agradat molt el reportatge que n'has fet. Jo ja el coneixo molt bé d'haberlo visitat en més d'una ocasió. La primera vegada l'any 1979. Però gracies pel recordatori.

Mª Mercè dijo...

Montse, gràcies per les teves paraules reconfortants. M'animen a seguir així!

Una abraçada!

aleunam dijo...

hola maria merce tu reportaje de amsterdam ha sido muy bonito te invita air a conocerlo , yo estaba mirando los jardines de keukenhof y mira por donde aparece yu blog y me pongo a mirarlo es muy ilustrativi y me servira si un dia viajo a holanda.muchas gracias pues es el modo mas popular de ver las cosas.
manuela

Mª Mercè dijo...

Hola Manuela...

Agradezco mucho tu comentario. Las personas que llegan desde Google u otro buscador nunca dejan comentarios, así que el tuyo lo valoro muchísimo.

Bienvenida, y ya sabes...Keukebhof es precioso!

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