Tenemos ganas de hacer un viaje muy diferente a los últimos. Éste será un viaje para empaparnos de cultura, historia y bellezas arquitectónicas.
●Bélgica-Holanda-2009 (01)
Día 16.- A las 10 de la noche, tras dos horas de vuelo desde Barcelona a Bruselas (Brussel, en flamenco; Bruxelles, en francés) y 20 minutos de tren desde el aeropuerto, Zaventem, hasta la estación Bruselas Norte, llegamos al Hotel Queen Anne, a 300 metros de la estación.
Día 17.- Temprano por la mañana nos dirigimos a la estación de tren, a esperar el primero con destino Gante (Gent, en flamenco; Gand, en francés), a 55 Km. de distancia.
En la estación, Gent Sint-Pieters, dejamos el equipaje en un armario de consigna y nos disponemos a visitar la ciudad en un día lluvioso, frío y gris.

A medio camino entre Brujas y Bruselas, Gante fue, en el s. XVI, la ciudad más grande de Europa al norte de los Alpes, después de París. En Gante nació el Emperador Carlos V (I de España), en el año 1500.
El Emperador, y el hecho de que Gante fuera residencia de los Condes de Flandes, hizo de ella una de las ciudades más importantes en la Europa de su tiempo. Ello ha quedado reflejado en su atractivo centro medieval y en la gran abundancia de edificios históricos.
Sin plano de la ciudad y guiados solamente por la intuición, recorremos las tranquilas y limpias calles de esta ciudad universitaria sin que tardemos mucho en conectar con las primeras señales que nos indican el camino a seguir. Un agradable paseo por la orilla de un canal, con refinadas casas en ambas orillas y abundantes puentes que las unen, nos dirige al centro histórico.

Llovizna constantemente y quizá sea éste el motivo por el que apenas se ven turistas por un centro histórico plagado de edificios bellísimos, llenos de historia, y cuya arquitectura ha sabido mantener el paso del tiempo, haciendo frente a la corrupción urbanística tan en boga en nuestras ciudades.
Tres torres son el símbolo más reconocible de la ciudad: el campanario de la Catedral de San Bavón, la Atalaya o Belfort y la torre de la iglesia de San Nicolás.
Hacemos una breve visita a Sint Baafs (Catedral de San Bavón), espléndido edificio en el que se mezclan los estilos románico, gótico y barroco, y que pasa por ser la más importante de Gante: en ella fue bautizado el Emperador Carlos I de España y V de Alemania.
La Beffroi (Torre de guardia Belfort, s. XIV), de 95 metros de altura y coronada por una veleta en forma de dragón, fue el símbolo del poder que alcanzaron los gremios medievales. El 4 de diciembre de 1999 fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.Por un precio asequible (3€) entramos en el recinto y subimos en ascensor hasta los 65 metros de altura. Desde lo alto se divisa buena parte del centro histórico de la ciudad, que no disfrutamos por las inclemencias del tiempo: el día nublado, el viento que sopla fuertemente y la lluvia nos obligan a guarecernos en el interior. No obstante, sólo por el hecho de ver en una sala el carillón, que hace tocar a las 54 campanas, y a toda la maquinaria en funcionamiento, se justifica la visita.

A lo largo de la historia, el castillo fue residencia de los Condes de Flandes, Casa de la Moneda, prisión e incluso fábrica de algodón. No lo visitamos por dentro (8€ la entrada).
De entre el grupo de casas levantadas a lo largo del río Lys, en el periodo comprendido entre los siglos XII y XVII, dos sobresalen por su relación directa con la riqueza y el poder que atesoraban los gremios medievales.
Una, Spijker, el edificio más antiguo de la calle Graslei, de finales del siglo XII y principios del XIII. En él se almacenaba durante dos o tres semanas, como reserva en caso de hambruna, el trigo y otros cereales que los barcos transportaban vía Gante, siendo ésta la ciudad que tenía el privilegio de hacerlo.
La otra, Gildehuis van de vrije Schippers, conocida como la de los marineros, un bello edificio de fachada gótico tardío construido en 1355. Posteriormente fue reconstruido y vendido –en 1530- al poderoso gremio de los marineros, el cual tenía la exclusiva del transporte en el muelle de Gante.
Las pocas horas de que hemos dispuesto para visitar Gante nos saben a poco, pero hemos de continuar el viaje con el primer tren que pase con destino a Brujas (Brugge, en flamenco; Bruges, en francés), a 45 kilómetros de distancia, llamada la Venecia del Norte.
Desde la estación de Brujas, y por un error nuestro de apreciación en el plano de la ciudad, a pie hacemos un pequeño tour, de varios kilómetros, hasta llegar al centro histórico, a la tranquila calle donde se ubica el básico, pero muy bien situado, Lybeer Travellers Hostel .
Durante la ocupación francesa, en el siglo XVIII, expulsaron al obispo de la catedral de Sint Donaas y ésta fue parcialmente quemada, dándose el título de catedral a la iglesia medieval de San Salvador.
La iglesia fue construida en estilo románico en el siglo XII y, en el siglo XIII, reconstruida en estilo gótico, con una torre de 122 metros de altura, y finalizada en 1350. El campanario es el edificio más alto de la ciudad y la segunda estructura más alta de ladrillo del mundo.



El pequeño bosque, que tiene en su interior, es mágico y la diminuta iglesia barroca del Requinario de Brujas -de 1700, aunque sus orígenes datan de 1584-, bien merece una visita tanto por sí misma como por las valiosas obras de arte que hay en su interior. Coincidiendo con nuestra visita, un grupo de 20 monjas benedictinas, que cada día vienen a esta iglesia, celebran la Eucaristía y acaban con una oración coral, en gregoriano.


Hacia el siglo XV Brujas cultivó el arte del encaje como nadie. Su producción de encaje de bolillos fue unida a su declive como antigua potencia comercial. En el siglo XVIII, la mitad de sus apenas 30.000 habitantes vivía en la pobreza, mientras la aristocracia y descendientes de la burguesía más pudiente se refinaba y adornaba sus puños y cuellos con encajes.
Esta moda causó furor en toda Europa, así que las ciudades de Flandes se dedicaron con esmero a tejer encajes. Cada una se especializó en un punto diferente. El de Brujas era el punto del hada, el más delicado. Lástima que hoy muy pocos son capaces de realizarlo, además de que es muy difícil encontrar materiales tan finos.
Actualmente el centro del encaje de Brujas, Kantcentrum, mantiene esta tradición y posee una escuela para iniciar a los artesanos que lo deseen. El centro está abierto al público.No puedo dejar de comprar un par de libros para mi hermana, que tiene manos de oro para realizar todo tipo de encajes: del clásico al contemporáneo.
El campanario, con sus portales, data del siglo XIII y es, después del Hospital de San Juan, el complejo de edificios más antiguo de Brujas. La Torre del Campanario, de 83 metros de altura, ofrece una vista panorámica de la ciudad una vez se han subido 366 escalones; además alberga el mecanismo del reloj y 46 campanas.
Esta plaza, un entorno de bella arquitectura neogótica -la imagen más conocida de la ciudad-, ha sido degradada visualmente: paradas de coches de caballos y restaurantes con sus terrazas copan la mayor parte de ella, y, para más inri, en el mismo centro, se han instalado atracciones de feria y puestos de comida. Por vergüenza nos negamos a hacer siquiera una foto.
Desde Grote Markt subimos por la bulliciosa y comercial Steenstraat hasta llegar a la amplia Plaza ‘T Zand, muy cerca de nuestro hostel.
Brujas nos ha gustado, pero, quizá, no tanto como Gante. El turismo inunda sus calles y la ciudad es cara, muy cara: 35.000 euros mensuales suelen pagar por el alquiler de locales, en edificios históricos de la Steenstraat, firmas internacionales como Zara, Mango y otras.
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