sábado, 2 de enero de 2010

UGANDA (I): Jinja, Kampala, Fort Portal, Kasindi




●África-2009 (02)

Día 11.- Anoche salió el autobús a las 23:30 h. El viaje, hasta Uganda ha sido un infierno. Las carreteras, de esta ruta de Kenia, están llenas de baches y en muy mal estado, y para acabarlo de “adornar” el conductor debe de ser un suicida.

En una hora hacemos los trámites en las dos aduanas y a las seis ya estamos rodando por Uganda. Cuando ha empezado a clarear el paisaje se nos ha mostrado lleno de campos de cultivo, plataneros, palmeras…verdaderamente un paisaje tropical. A las 8 h. el bus nos ha dejado en un cruce, a unos 2 Km., de Jinja.

Nuestra primera intención ha sido hacer estos kilómetros caminando, para “descansar” de tantas horas sentados, pero nos han informado que donde queremos alojarnos está más allá del pueblo, como a unos 2 Km. más, así que decidimos utilizar el transporte nacional: el “boda-boda”, nada más que una motocicleta, que nos ha dejado en el
Explorers Backpackers.

Mientras esperamos a que abran la recepción, nos acompañan al bonito jardín que bordea a la casa. Rodeados de árboles, palmeras y el canto de los pájaros, hemos desayunado.

Son algo más de las diez de la mañana y empieza a apretar el calor. Hacemos camino hasta las Fuentes del Nilo, situada a unos 3 Km.

Varias expediciones habían fracasado en sus intentos por determinar dónde nacía el Nilo, aunque aquí hay un cartel que nos explica que, en 1862
John Hanning Speke informó al Presidente de la Royal Geographical Society in London (Real Sociedad Geográfica de Londres), que había descubierto las Fuentes del Nilo, cuya agua provenía del Lago Victoria.

UN POCO DE HISTORIA: “Corría el año de 1856, cuando la Royal Geographical Society encarga a
Richard Francis Burton una expedición a África con el objeto de descubrir las fuentes del Nilo, Speke se integra a esta expedición y salieron desde Zanzíbar para explorar un "mar interior".

A principios de 1858 alcanzan el gran lago al que Burton denominó Tanganyka, que significa “lugar de encuentro de las aguas”. Para entonces, las condiciones físicas de ambos hombres eran lamentables: la sed, el hambre y las inclemencias del terreno, así como el ataque tanto de tribus como de animales habían hecho sus estragos. Las piernas heridas de Burton y su mandíbula ulcerada hacían que se transportara en camilla durante largas jornadas; por su parte, Speke estaba ya medio ciego. Tras unos días de reposo comenzaron a explorar el lago, pero no pudieron comprobar que, ahí, estuviera el nacimiento del río.

Burton quedó recuperándose en África mientras Speke siguió hacia el norte, localizando el gran Lago Victoria, para regresar más adelante a Inglaterra, y sin esperar a Burton, comunicó su descubrimiento a la Royal Geographical Society y se hizo acreedor de unos honores que en justicia, debieron haber sido, al menos, compartidos. Por eso el cartel que hay en la orilla del Nilo, dice que su descubridor fue Speke.

El conocido explorador y misionero británico,
David Livingstone, fracasó en su intento de confirmar las aseveraciones de Speke al desplazarse demasiado al oeste y entrar en la cuenca del Congo. Finalmente fue el explorador galés Henry Morton Stanley quien confirmó la veracidad del descubrimiento de Speke al circunnavegar el Lago Victoria y describir la gran salida de agua de las cataratas Rippon en la orilla Norte”.

Parece ser que donde me encuentro es en realidad el punto en que el Nilo abandona las aguas del Lago Victoria y que en Burundi, a orillas del río Kagera, hay un lugar donde claramente pone: "Source of the Nile" (Fuente del Nilo), y que modernamente se considera el punto donde el agua del Nilo comienza a fluir en su largo camino hacia el Mediterráneo.

Sea cuál sea la verdadera fuente del mítico Nilo, sé que lo que tengo enfrente es lo que queda de las cataratas Rippon (anegadas actualmente por la construcción de la presa Owen Falls Dam, una importante central hidroeléctrica que está cerca), a mi izquierda el Lago Victoria y a mi derecha el Nilo. Y eso me basta para rememorar hechos históricos y disfrutar de la belleza del lugar.

A unos metros de aquí han erigido un monumento con el busto del Mahatma Gandhi, para recordar el lugar donde se esparcieron parte de sus cenizas, en 1948, tal como dejó dicho antes de morir.

Día 12.- Vamos hacia el pueblo caminando. Queremos averiguar a qué hora hay matatus (minibús) hacia Kampala. El sol empieza a lanzar sus ardientes rayos y el trayecto empieza a ser incómodo. Las calles de tierra roja, como en toda la zona, están muy limpias y llegamos a Jinja, tras caminar unos cuatro kilómetros.

Jinja está volviendo a la prosperidad con el regreso de buena parte de la población asiática (básicamente india y paquistaní) que fue expulsada en la época de la tiranía de Idi Amin. Antes de esto, Jinja tenía mucha población de origen asiático y esto se nota en el gran número de edificios de estilo asiático que hay por toda la ciudad, con calles y edificios que nos trasladan de inmediato a cualquier ciudad india. También se nota en el hecho de que la mayoría de propietarios de restaurantes, joyerías y negocios en general son indios.

No hemos de preocuparnos por el horario de matatus hacia Kampala: salen a menudo.

A la sombra de un gran árbol están los boda-boda con sus conductores y preguntamos el precio para ir hasta Bujagali, a unos 12 Km., de distancia.

Durante el trayecto me sorprende la profundidad de la vegetación, las casas de barro, la gente, pero sobre todo la pobreza, mucha pobreza. Y los niños salen a nuestro encuentro gritando: Jambo, muzungu! (Hola, blanco!), supongo que con la esperanza de que les dejemos algunas monedas.

Llegamos a la recepción del Parque Bujagali y pagamos la correspondiente entrada, y por un camino de tierra llegamos a las “cataratas”. Frente a nosotros se muestra un paisaje espectacular: el Nilo, apenas recién nacido, pero ya de dimensiones muy respetables, forma unos rápidos y saltos de agua bastante espectaculares en un entorno precioso, con mucha vegetación y pájaros que planean sobre sus aguas espumosas.

Un grupo numeroso de escolares, de 13-14 años, uniformados, y dos profesores se acercan al río para ver los saltos de agua. Nosotros tomamos otra posición, para hacer fotos.

Una de las chicas se acerca, me mira y observa. Mi compañero cree que quiere hacerse una foto conmigo, pero no acabamos de entendernos, a base de gestos. Los otros alumnos se percatan de la situación; van acercándose donde estoy y me rodean. Los profesores se dan cuenta y acuden rápidamente, me dan la mano y me dicen algo, en inglés, que no entiendo y solicito la ayuda de mi compañero.

Parece que uno de los chicos quiere hacerse una foto, conmigo, dándome la mano, y acepto gustosa. El profesor, cámara en mano, le dice algo al chico y éste mete la mano en su bolsillo y saca un billete que da al profesor. Y hace la foto.

Al momento un revuelo me llama la atención: chicos y chicas van dando dinero al profe para hacerse una foto a mi lado. Estoy que no entiendo nada. Mientras tanto mi compañero, desde otra posición también va haciendo fotos.

No sé cuántos han estado a mi lado. Unos cogiéndome de la mano, otros por la cintura o los hombros. Hasta que, después de la última foto, nos hemos despedido con una gran sonrisa y un “Good bye”.

Hemos llegado a la conclusión que el dinero, que le han dado al profesor, es para el revelado de las fotos, pues la cámara era de un modelo antediluviano. Lo que no sabré nunca es si se han hecho las fotos porque soy blanca y rubia: como una “cosa” exótica o, simplemente, porque querían.

Me acerco de nuevo al ancho Nilo y, en un pequeño recodo, me mojo los pies. El Nilo: un río. Un nombre. Un mito.

Día 13.- Hemos ido, a las diez de la mañana, a la parada de minibuses para ir a Kampala y no ha salido hasta que se ha llenado; como siempre.

Los 80 Km., a la capital los hemos hecho en dos horas, acompañados por un paisaje muy verde y con pequeñas y redondeadas colinas. Al llegar, un nutrido grupo de jóvenes nos ha rodeado ofreciéndonos transporte. Es hora de pactar precio-recorrido, pues vamos a la Embajada del Congo y está muy lejos de donde nos encontramos. Subimos cada uno en una moto con las mochilas a la espalda y, en una carrera de suicidas, esquivando coches, peatones y motos, llegamos a nuestro destino.

Nos dan los formularios, que rellenamos, adjuntando dos fotos cada uno y las fotocopias de los pasaportes y lo entregamos todo a una amable y sonriente congoleña. ¡Estamos de suerte! Nos conceden el visado para un mes y de múltiples entradas. Sabemos que tramitarlo en la frontera sólo lo dan para una semana y hemos querido probar suerte directamente en la Embajada y la hemos tenido. Nos entregarán los pasaportes, con los visados, mañana a las tres de la tarde.

Volvemos a subir cada uno en una moto y, en un recorrido frenético imposible de explicar, llegamos al Backpacker’s Hostel , situado a 2 Km. del centro de la ciudad, sanos y salvos. Es un lugar rodeado de una frondosa vegetación tropical, acogedor y muy limpio. A pesar de que son las 15:30 la cocina está abierta y comemos.

Día 14.- Subimos a una van que nos deja en el centro de la ciudad. Aquí está concentrada toda la vida comercial de los kampaleses y parece que todos han venido a hacer las compras en el mismo momento. Se mezclan vendedores, peatones, motos, coches, bocinazos. Ruido. Agobio.

Decidimos salir de este maremágnum y llegamos hasta una avenida muy ancha, donde encontramos La Posta, oficina de correos y de autobuses. Queremos ir mañana a Fort Portal y nos comunican que el bus sale a las siete de la mañana.

Sendas motos nos llevan a la Embajada del Congo para recoger los pasaportes.

Día 15.- Esta noche hemos estado jugando al “gato y la rata”. Gato no hemos tenido, pero ratita o ratoncillo sí. Estaba ya en el séptimo cielo, cuando me despierta un golpe seco que ha dado mi compañero. Le pregunto qué le pasa y me dice que ha oído roer la bolsa de las magdalenas. Nos quedamos en silencio y segundos después oímos “cric, cric”. Enciendo la luz y ni rastro de animalillo, pero en la bolsa había un agujerito y falta un trozo de magdalena. La hemos guardado dentro de la mochila y a dormir.

No llevábamos ni dos horas durmiendo, cuando ha empezado a caer un aguacero, que parecía no tener fin. Entre trueno y trueno y un no parar de llover, se han hecho las seis y nos hemos tenido que levantar para coger el bus.

Cubiertos con las capelinas y con los pantalones arremangados hasta las rodillas hemos llegado hasta la garita del guardián del Backpacker, y lo encontramos sumido en un profundo sueño apoyado en su fusil. En un primer momento no se ha dado cuenta de nuestra presencia. Me quedo con él y las mochilas, mientras mi compañero llega hasta la calle para parar algún vehículo que nos lleve hasta La Posta. Pasan unos 10 minutos y sale un coche del alojamiento, con dos chicas de pasajeras y se ofrecen a llevarnos.

Cuando han abierto la taquilla pedimos dos billetes para Fort Portal, y nos comunican que ya no salen desde aquí y que hemos de ir a otra estación de autobuses. ¡Y eso que ayer vinimos a confirmar la salida!. Por suerte ha cesado la lluvia y un taxi nos lleva hasta la otra parada; así que llegamos hay un bus a punto de salir.

¡Otro conductor suicida! Además de apretar el gas a fondo se ha metido en todos los hoyos que ha encontrado en la carreta. El viaje, en estas condiciones, ha durado cuatro horas recorriendo un paisaje lleno de vegetación, bosques frondosos y extensas plantaciones de té.

Y llegamos a Fort Portal, población situada entre las misteriosas Montañas Rwenzori (las legendarias Montañas de la Luna), el P.N. de Kibale y el P.N. Queen Elizabeth. Nos alojamos en el
Rwenzori Travellers Inn, situado en el centro de la ciudad.

Día 16.- Paseamos por el pueblo hasta llegar al mercado. Llama la atención la cantidad de gasolineras que hay: una cada pocos metros.

Preguntamos a un taxista el precio para ir mañana a Kasindi; nos pide 60 dólares, que encontramos correcto y quedamos para mañana.

Pasamos frente a la Gran Mezquita y cuatro niños que están jugando, en el patio, me piden hacerse fotos conmigo. Para darme las gracias me “tiran” besitos.

Decidimos ir hasta el Lago Nkuruba y nos montamos en sendas boda-boda. Durante el trayecto (25 Km.), a pie de carretera, hay diversos poblados. Las casas están construidas en barro y caña y con el tejado de palma y, también, las hay de madera, con el techo de uralita. Los niños, como en todos los sitios que hemos estado, se acercan corriendo al arcén y nos gritan: jauaryu? (How are you?).

Hay muchos hombres que se trasladan en bicicleta y, en las cuestas, como no tienen cambio de marchas se apean y caminan al lado de la bicicleta y más si llevan una carga de plátanos, que es lo más corriente por estos lares.

Nos cruzamos con un rebaño de bueyes, con unos cuernos de más de un metro de altura. No dan muchas ganas de hacerles una caricia, que digamos.

Llegamos al recinto donde se encuentra el lago y una chica, de las que lleva el campamento, nos pide 5.000 USH por persona, para cruzar el lugar y llegar al lago. Le decimos que es excesivamente caro y que sólo queremos hacer una par de fotos. No sé cómo pero la hemos convencido y entramos sin pagar.

En medio de una vegetación salvaje se encuentra el lago de unos 100 metros de diámetro que es el cráter de un volcán extinto.

Hacemos las fotos y al pasar frente la cocina del campamento, sale la chica y me dice: Mama muzungu! (Mamá blanca!) y empieza a abrazarme y darme besos en el pecho. Al primer momento me he quedado perpleja, pero como no se separaba y seguía besándome yo le he abrazado y besado en la cabeza, pues me quedaba a esa altura. No sé cuánto rato hemos estado así: se separaba, me abrazaba, besaba y mama muzungu!. Luego ha mirado a mi compañero y le ha dicho: Daddy muzungu, ¿cuándo volveréis? (en inglés) y él le ha explicado que sólo estaremos por la zona un par de días y luego seguiremos ruta y ha puesto cara triste y me ha vuelto a abrazar.

Día 17.- A las 9:30 llega el taxista que ha de llevarnos a Kasindi (frontera con el Congo), pero –siempre ha de haber un “pero”- ya no está de acuerdo con los 60 dólares que aceptó ayer y pide 10 dólares más. Como lo pactado es razonable, aceptamos pagar lo que nos solicita de más.

Vamos a poner gasolina, nos pide dinero y le damos los 70 dólares. En la gasolinera no aceptan esta moneda y vamos a una casa de cambio. Entra el taxista y sale a los dos minutos, diciendo que no le gusta el cambio, que es muy bajo y murmura entre dientes. Mi compañero le sugiere que sólo cambie lo necesario para la gasolina y el resto para cuando el cambio le sea favorable. El tipo no lo hace. Sube al coche, arranca, da una vuelta, aparca, baja del coche, va a algún sitio y regresa a los cinco minutos, con cara sonriente, diciendo que ya está arreglado. Pone sólo siete litros de gasolina y, por fin, rodamos por la carretera.

Platanales, palmeras, campos de trigo, árboles y grandes extensiones de césped hacen que podamos disfrutar de diferentes tonalidades de verde durante el recorrido. En los arcenes cabras y vacas, al comer, van “segando” las hierbas. Y siempre, siempre, las altas Montañas Rwenzori a nuestra derecha.

Poco antes de llegar a Kasese, se revienta una rueda y entra en una gasolinera. Al momento sale una cuadrilla de hombres: sacan la rueda, la reparan, la hinchan y la colocan en tan sólo 30 minutos. Y pone cinco litros más de gasolina.

Seguimos ruta y dejamos el cruce que hemos de seguir. Cien metros más allá –del cruce- está “la línea del ecuador”. Un símbolo que indica que a un lado está el Hemisferio Norte y al otro el Hemisferio Sur. Siento como si tuviera mariposas revoloteando en mi estómago, por el significado de dónde me encuentro.

Retomamos la carretera y pasamos por poblados con casas hechas de tablones de madera y techo de uralita, o casitas hechas de barro con el “corazón” de ramas. Las mujeres, sentadas en el arcén, venden toda suerte de productos.

De nuevo el taxista empieza a murmurar: “la gasolina es muy cara”, “esta ruta es larga”, “no había venido nunca por aquí”… y, sinceramente, no le hacemos mucho caso.


Después de cuatro horas de viaje y en el pueblo antes de la frontera, Bwera, se para a un lado de la carretera frente a una parada de buses y dice que no sigue más, que no sabía que tenía que ir tan lejos, que aquí no conoce a nadie y que ya no tiene más gasolina. Nosotros perplejos creyendo que no lo hemos entendido, pues su inglés es bastante básico. Nos lo vuelve a repetir, pero añadiendo que si queremos que nos lleve hasta la frontera, Kasindi, tenemos que pagar el llenado del depósito de gasolina, pues ya no tiene más dinero. Estoy atónita, enfurecida y digo de llamar a la policía. Mi compañero, tranquilamente, le dice que con las dos veces que ha puesto gasolina no ha gastado los 70 dólares. El taxista va insistiendo que no tiene dinero y que si queremos seguir, le hemos de llenar el depósito.

Va pasando el tiempo y el tipo no cambia de opinión por más que le intentemos hacer razonar que no vamos a llenar el depósito; primero, porque aún le queda dinero y segundo, porque la frontera no está tan lejos.

Le digo a mi compañero que baje del coche y cargamos las mochilas. El taxista pregunta si vamos a ir en bus y mi compañero le dice: “no, vamos a ir caminando!”. Nos pide que subamos al coche y, una vez dentro, saca una gran Biblia de la guantera y la besa, nos dice que es cristiano y le pide a Dios que le ayude (en inglés, para que lo entendamos). Arranca y llegamos a la frontera tan sólo a 500 metros de toda la comedia que ha montado por la gasolina.

Bajamos del coche y un grupo de jóvenes, con sus motos, nos rodea y se ofrecen a acompañarnos para hacer los trámites aduaneros; previo pago, claro!. Ya lo haremos solos. Y empezamos un peregrinaje de ir de un sitio a otro: unos policías están en una cabaña de madera, otros sentados a la sombra de un árbol y, en cada lugar, van tomando datos de los pasaportes y anotándolos en una libreta. Hasta que por fin uno nos pone el sello de salida de Uganda.

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14 comentarios:

soqui dijo...

Hola Merçè, buenos días, termino de leer tu relato y realmente no se qué decir, me impresiona mucho todo lo que cuentas y el pensar que has podido estar en todos esos lugares, son unas experiencias increibles y que te tienen que ir dejando una gran riqueza interior
Me he tomado un descanso por unos días o.... no se si más, pero seguiré pasando a leerte, gracias por compartir todo ésto

Un fuerte abrazo

Mª Mercè dijo...

Hola Soqui, tienes razón en lo de "riqueza interior".

También me he tomado un descanso del otro blog. Tengo mucho que escribir en éste y quiero dedicarme casi por entero, ya que he de dejar fuerzas para otros proyectos que tengo "in mente" (ya te los haré saber).

Te mando un fortísimo abrazo!

Angel Hidalgo dijo...

Enhorabuena otra vez más por tu blog¡¡¡ tus fotos y la manera de relatar tus viajes¡¡¡

Feliz año 2010

Un abrazo de Angel
Manchegodeurda

Mª Mercè dijo...

Gracias, Manchego, por tus palabras!

En unos días la siguiente entrega del relato.

Feliz 2010!!

Núria Borràs dijo...

uauuu!!

tinc la carn de gallina de llegir-te!
m'ha encantat allò de "mama muzungu", quina energia que us devíeu transmetre en l'abraçada!
les fotos són precioses M.Mercè, la del llac al cràter del volcà m'ha enganxat.

una abraçada!
esperem el següent tram!

Mª Mercè dijo...

Núria!!

Quina il.lusió m'ha fet trobar el teu comentari.

No pots imaginar qué maca era la noieta. I quan em deia "mama muzungu" s'em posaven els pèls de punta.

Una abraçada!!

Ricard dijo...

Hola

He aterrat en el teu blog i m'ha encantat.

Espero tenir temps per llegir-ho, especialment l'últim viatge que has fet.

Bo, doncs res, a veure si algun dia viatgem junts... jajaja

Una abraçada

Mª Mercè dijo...

Hola Ricard...

Ben aterrat i benvingut al meu blog!!

Salutacions!

GusPlanet dijo...

Hola Ma.Mercé: una vez más te quería agradecer tanto por tus relatos, no sabes lo que significa leerte y compartir desde aqui tus experiencias ... en ellos reflejas una gran tolerancia, porque entiendo muy bien que no debe ser nada fácil tener que 'negociar' cada paso que dan, 'negociar' inclusive con los ratones del albergue !

Pero wowwww, claro que al leerte más quiero ir a seguir tus pasos. Claro que yo no tendría tú 'éxito' con los locales: mi piel es marrón, bronceada, y si tomo mucho sol puedo pasar por un local! JAJAJAJA


Un beso grande y re-leeré tus relatos para disfrutarlos una vez más ... por favor no dejes de compartir tan bien tus experiencias.

¡Saludos!

Anónimo dijo...

Hola MªMercè,
Gran viaje y grandes narraciones, me encanta la naturalidad con la que escribes. Hace poco descubrí por casualidad tu blog, y lo sigo al compartir la aventura de viajar, y justamente el año pasado estuve 3 meses recorriendo Tanzania y acabando en Zanzibar, por si te interesa alguna informacion.....no sé cuanto tiempo estarás por el Congo, pero queria comentarte que del 11 al 18 febrero hay un festival de musicas africanas en Zanzibar muy interesante, en Stone Town, Patrimonio de la Unesco, y que el año pasado me fascinó....Bueno, te deseo mucha suerte en la aventura Africana, y a ver si podemos conocernos pel poble, ya que tambien sóc Premianenc.
Una abraçada desde l´hivern del Maresme.
Albert Pimpinela

Mª Mercè dijo...

Hola Gus,

Me alegra que te gusten mis relatos. Realmente mi intención es acercar a los lectores las experiencias que vivo en cada uno de ellos, y con tus palabras parece que lo estoy consiguiendo.

Un abrazo y te veo pronto en el próximo capítulo.

Mª Mercè dijo...

Hola Albert,

Bienvenido al blog!

Y decirte que ya estoy en el nostre poble, desde diciembre. Lo que publico, siempre ya en casa, es el relato de las notas de viaje, que voy tomando.

Las playas de Zanzíbar... sencillamente era como estar en el mismo paraíso!!

Salutacions.

Javier Adán dijo...

Que fotos , que paisajes que luz emana de tu blog.
Enhorabuena.

Valeria dijo...

Literalmente: sos una viajera infatigable, una cosa es hacer "turismo" con las comodidades típicas de un plan de viaje, y otra muy distinta vivir la experiencia como lo hacen ustedes, es admirable la resistencia que tienen (jajaja sobre todo a los sobresaltos como el de la ratita) y la paciencia para negociar, hacer trámites y aguntar algunas inclemencias. Pero en eso está lo atractivo, no? es vivir a pleno la experiencia, y desde ya, gracias por compartirlo, es como que una se mete de acompañante invisible en sus andanzas!! (la foto de las manos enlazadas me alucinó, y la chica que te besaba, no sé, qué fuerte!!)

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